Las propuestas de desarrollo sostenible de la CEPAL para América Latina

Las propuestas de desarrollo sostenible de la CEPAL para América Latina

El viernes 10 de junio se desarrolló la clase 8 del curso Política Internacional e Integración Regional. 

En la misma trabajamos las principales líneas de acción para el desarrollo económico, social y ambiental que plantea la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) en la región. Realizamos para ello un análisis del informe “Políticas para una recuperación transformadora: crecimiento, igualdad y sostenibilidad”. Entre los puntos principales destacamos:
1. Fiscalidad progresiva y nueva arquitectura financiera; 2. Internalización de las externalidades ambientales; 3. Políticas industriales para el desarrollo sostenible; 4. Un nuevo régimen de bienestar y protección social; 5. Refuerzo de la integración regional y multilateralismo renovado; y 6. El papel del Estado en las políticas públicas y el marco de alianzas sociales.

El curso es organizado por el Observatorio del Sur Global  y la DIRECCIÓN DE EDUCACIÓN Y CIUDADANÍA de la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de  Buenos Aires.

Los objetivos de desarrollo sostenible y la agenda 2030 de la ONU

Los objetivos de desarrollo sostenible y la agenda 2030 de la ONU

El viernes 3 de junio se desarrolló la clase 7 del curso Política Internacional e Integración Regional.  

En la misma se plantearon las metas de los 17 objetivos de desarrollo sostenible y la implementación de la agenda 2030 propuesta por la ONU en su asamblea anual de 2015: 1 Fin de la pobreza; 2 Hambre cero; 3 Salud y bienestar; 4 educación de calidad; 5 Igualdad de género; 6 agua limpia y saneamiento; 7 energía asequible y no contaminante; 8 Trabajo decente y crecimiento económico; 9 Industria, innovación e infraestructura; 10 reducción de las desigualdades; 11 ciudades y comunidades sostenibles; 12 Producción y consumo responsables; 13 acción por el clima; 14 Vida submarina; 15 Vida de ecosistemas terrestres; 16 Paz, justicia e instituciones sólidas; 17 alianzas para lograr los objetivos.

Se planteó la necesidad de avanzar en la realización de los mismos frente a la escasa voluntad política evidenciada en los Estados y las corporaciones económicas.  

El curso es organizado por el Observatorio del Sur Global  y la DIRECCIÓN DE EDUCACIÓN Y CIUDADANÍA de la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de  Buenos Aires.

Creación y desarrollo del Sistema de Naciones Unidas.

Creación y desarrollo del Sistema de Naciones Unidas.

El viernes 27 de mayo se desarrolló la clase 6 del curso Política Internacional e Integración Regional.  

En la mismo se abordó un análisis crítico de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y los organismos financieros del Bretton Woods (FMI, BM, GATT) como expresión del orden internacional emanado de la Segunda Posguerra Mundial, liderado por las potencias vencedoras de la Guerra (Estados Unidos, Reino Unido y la ex Unión Soviética).

El curso es organizado por el Observatorio del Sur Global  y la DIRECCIÓN DE EDUCACIÓN Y CIUDADANÍA de la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de  Buenos Aires.

Anticipando la COP26: ¿Por qué es tan importante la financiación climática?

Anticipando la COP26: ¿Por qué es tan importante la financiación climática?

por Mehmet Emin Birpinar para Daily Sabah

Antes de que sea demasiado tarde, la comunidad internacional debe encontrar una forma de movilizarse para abordar la crisis climática. La COP26 en Glasgow podría ser un buen comienzo para ello.

Han pasado casi cinco años desde que entró en vigor el histórico Acuerdo de París, adoptado en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2015, o COP21. Una de las expectativas del acuerdo, que se convirtió en la pieza central de la política internacional de cambio climático, fue dirigir los flujos financieros en las áreas de reducción de emisiones y adaptación al cambio climático.

De hecho, el acuerdo estipulaba que los países desarrollados deberían continuar proporcionando financiamiento público a los países en desarrollo para reducir las emisiones y realizar inversiones en adaptación al cambio climático. También invitó a otros países a brindar apoyo de forma voluntaria.

A partir de 2020, los países en desarrollo hicieron hincapié en las obligaciones de los países desarrollados de proporcionar 100.000 millones de dólares anuales en el contexto de la financiación climática. Se decidió aumentar aún más esta cifra después de 2025. El acuerdo también acordó la distribución equilibrada de los recursos financieros climáticos entre la adaptación y la mitigación en el campo de la financiación de la adaptación.

Las conferencias climáticas pasadas generalmente han intentado crear regulaciones para monitorear las finanzas proporcionadas por los países desarrollados. Además, el acceso de los países en desarrollo a estas finanzas o la insuficiencia de las inversiones en adaptación ha sido a menudo un tema de discusión.

En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2021, también conocida como COP26, que se celebrará en Glasgow en Escocia el 31 de octubre, se espera que los países discutan el objetivo de financiación climática después de 2025 y la posibilidad de aumentar las inversiones en adaptación.

A medida que se acerca la COP26, el tema del financiamiento climático pasa a un primer plano cada vez más en la agenda internacional. El informe de 2021 del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) mostró que si el aumento de la temperatura global se quiere mantener por debajo de 1,5 grados Celsius (2,7 grados Fahrenheit) en los próximos 20 años en comparación con la era preindustrial, se deben realizar conversiones estructurales a gran escala. La forma de realizar esta transformación es proporcionar suficientes recursos financieros y dirigir estos recursos financieros de la manera más adecuada.

Por lo tanto, los desarrollos globales en el contexto de la financiación climática deben abordarse durante las negociaciones de Glasgow, donde Turquía será parte por primera vez.

El objetivo anual de $ 100 mil millones

En 2010, los países desarrollados prometieron movilizar un recurso financiero anual de $ 100 mil millones para 2020 para ser transferidos a los países en desarrollo. Para ayudar a lograr este objetivo, se estableció el Fondo Verde para el Clima (FVC) en el ámbito de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y se preveía que se convertiría en el fondo más importante del mecanismo financiero de la CMNUCC.

En este punto, está claro que el FVC o el mecanismo financiero de la CMNUCC no deben evaluarse por sí solos para alcanzar la meta anual de $ 100 mil millones en la lucha contra el cambio climático. El sistema de financiamiento climático internacional consta de muchas estructuras y actores complejos e integrados, cada uno de los cuales tiene sus propias reglas y prioridades. De manera muy general, los mecanismos de este sistema contienen el mecanismo financiero de la CMNUCC, ayuda bilateral de países donantes, donaciones, préstamos y otras herramientas provistas por instituciones multilaterales de desarrollo.

Además, existe un apoyo directo del sector privado expresado en diversas plataformas. Todos estos actores y los países en desarrollo, que son los beneficiarios de estos fondos, constituyen el cuadro mencionado en la meta anual de $ 100 mil millones.

Según los datos proporcionados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la financiación climática total proporcionada y movilizada por los países desarrollados a los países en desarrollo en 2019 fue de 79.600 millones de dólares. En otras palabras, en 2020, se requerirá un aumento de más de $ 20 mil millones para alcanzar el objetivo de $ 100 mil millones. Los datos de 2020 aún no se han compartido. Teniendo en cuenta que los recursos financieros aumentaron en un 2% en 2019 en comparación con 2018, parece bastante discutible cuánto del aumento de $ 20 mil millones se puede lograr realmente.

En el mismo período, mientras que la financiación climática pública multilateral proporcionada por los países desarrollados creció en un 15%, la disminución de la financiación climática pública bilateral en un 10% es otra estadística notable.

Nos enfrentamos a una situación familiar entre la mitigación y la adaptación. Según los informes, la proporción de fondos proporcionados para la reducción de gases de efecto invernadero en 2019 fue del 64%, mientras que la participación asignada a las inversiones para el cumplimiento del acuerdo fue del 25% y la participación de los fondos que sirven a ambas áreas fue del 11%.

El papel de los bancos en la batalla

Los bancos multilaterales de desarrollo han decidido cambiar la composición del apoyo que brindan a los países, especialmente desde el acuerdo de París. En este contexto, anunciaron que realizarán sus inversiones en línea con el acuerdo. En otras palabras, en el próximo período, los bancos multilaterales de desarrollo dejarán de apoyar las inversiones basadas en combustibles fósiles y apoyarán las inversiones verdes y ambientalistas.

Estos bancos han comenzado a proporcionar informes completos sobre el progreso que han realizado. Los nueve bancos, incluidos el Banco Mundial, el Banco Europeo de Inversiones (BEI) y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD), que compartieron su análisis de sus inversiones en 2020, anunciaron que contribuyeron con un total de 66 mil millones de dólares a la financiación climática en 2020, de los cuales 38 mil millones se destinaron a economías de ingresos bajos y medios.

Durante este período, el monto de financiamiento gastado en la reducción de gases de efecto invernadero fue de aproximadamente 50 mil millones de dólares, mientras que el monto asignado para la adaptación fue de  16 mil millones. Estas cifras nos muestran que el 76% del apoyo financiero brindado por los bancos multilaterales de desarrollo en 2020 se dirige a inversiones de reducción y el 24% restante a inversiones de adaptación.

El FVC, que se espera que sea el elemento principal de la financiación climática en el marco de la CMNUCC, ha desempeñado un papel en la financiación de 190 proyectos desde su establecimiento y ha creado un valor de 37.200 millones de dólares cuando se calcula junto con el cofinanciamiento.

Se ve que los países desarrollados y algunos países en desarrollo, que contribuyen voluntariamente, han hecho un compromiso de 10 mil millones de dólares en total para el FVC. De este monto, 6.1 mil millones se asignaron a proyectos actualmente en progreso y el fondo aprobó 13 nuevos proyectos en 2021. Si bien el 62% de dichas inversiones se realizaron con un enfoque de reducción, el 38% restante se gastó en inversiones de cumplimiento.

Debate en el horizonte

Cuando evaluamos todas estas cifras y hallazgos, surgen dos resultados principales. Primero, los recursos financieros climáticos son insuficientes en esta etapa en términos de alcanzar la meta anual de $ 100 mil millones y las inversiones en adaptación continúan a la zaga de las inversiones en mitigación.

Con frecuencia se menciona que los países del G-20 no cumplen con sus compromisos financieros con respecto a la insuficiencia del financiamiento climático. No reducen suficientemente sus inversiones basadas en combustibles fósiles. Basta pensar en el reciente aumento de los precios de la energía que ha impulsado la demanda de inversiones basadas en gas natural. Este mismo desarrollo también puede causar una disminución en la cantidad de fondos que se pueden asignar a inversiones ambientales. Al considerar esto, no es realista esperar que los países desarrollados tomen las medidas necesarias en un futuro próximo. Teniendo en cuenta el financiamiento climático bilateral de origen público, que disminuyó en un 10% incluso en 2019, cuando no se observó el impacto de la pandemia global, vemos el riesgo de una disminución en la participación de los presupuestos de los países para inversiones ambientales en el próximo período.

Los países en desarrollo, especialmente los menos desarrollados, necesitan apoyo para financiar inversiones en energía limpia debido a sus riesgos políticos o macroeconómicos. Los países en desarrollo claramente necesitan más ayuda, especialmente en el campo de la adaptación, donde es difícil atraer inversiones debido al creciente número de eventos climáticos adversos y desastres naturales causados ??por el cambio climático.

Por ejemplo, el Banco Mundial calculó que el costo del ciclón Idai, que devastó Malawi, Mozambique y Zimbabwe en 2019, fue de $ 2 mil millones. En el contexto de la reducción, la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) afirmó que se debe alcanzar un nivel de inversión anual de $ 5,7 billones para 2030 para que el sector energético alcance emisiones netas cero a escala global. La Comisión Europea reveló que se necesita una inversión adicional de $ 417 mil millones por año para alcanzar el objetivo climático de 2030.

A pesar de esta imagen pesimista, en la reciente reunión de la Asamblea General de la ONU (AGNU), el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, anunció que la participación del gobierno de los EE. UU. en la financiación climática aumentaría a 11.400 millones de dólares para 2024. O el presidente chino, Xi Jinping, dijo que Beijing pondría fin a los subsidios al carbón en el extranjero. En lo que respecta a la Unión Europea, el bloque tiene objetivos y compromisos ambiciosos para combatir el cambio climático. Estos ejemplos pueden definirse como desarrollos prometedores.

Es posible que se observe un impulso ascendente en la financiación climática a medida que los bancos multilaterales de desarrollo dejen de apoyar los combustibles fósiles y dirijan los fondos que asignarán en estas áreas a inversiones de conformidad con el Acuerdo de París.

En cuanto a la insuficiencia de las inversiones en adaptación, no se ha avanzado lo suficiente en la decisión tomada en el ámbito del Acuerdo de París, a pesar del tiempo transcurrido en cuanto al reparto equilibrado de fondos entre reducción y armonización. Especialmente en un momento en que han aumentado los eventos climáticos adversos y los desastres debido al cambio climático, este problema se ha convertido en una lucha por la supervivencia para muchos países subdesarrollados y pequeños estados insulares. En la composición de fondos de la ayuda bilateral y los bancos multilaterales de desarrollo, las inversiones en reducción dominan con mucho.

En este punto, sería útil abrir un paréntesis separado para el FVC. A pesar de su objetivo de crear una fuente de fondos para eliminar el desequilibrio entre la inversión y las inversiones de reducción, el FVC no puede lograr plenamente este objetivo. El mismo fondo es objeto de discusión en el momento de la aprobación de los proyectos. Como resultado de los conflictos políticos entre países desarrollados y en desarrollo en la junta directiva, los países en desarrollo se quejan de que los proyectos que necesitan no son aprobados por los países desarrollados por diversas excusas.

Responsabilidades de los estados desarrollados

En resumen, está claro que el objetivo de proporcionar financiación climática de 100.000 millones de dólares anuales a los países en desarrollo (lo prometieron los países desarrollados hace unos 11 años) todavía no se ha cumplido. Con esta promesa, aunque el mecanismo de financiamiento climático global se ha remodelado y ha ganado impulso con la aceptación del Acuerdo de París, es obvio que los países desarrollados con responsabilidades históricas deberían hacer más esfuerzos para cumplir con sus compromisos.

Los países subdesarrollados y los pequeños estados insulares, que necesitan importantes recursos financieros para realizar sus inversiones de adaptación, creían que algunos de los fondos gastados en inversiones de reducción con el Acuerdo de París podrían finalmente utilizarse para satisfacer estas necesidades. Sin embargo, a día de hoy, está claro que se necesita mucha más determinación a este respecto. La proporción de fondos para la mitigación en la financiación climática proporcionada tanto por la ayuda bilateral como por los bancos multilaterales de desarrollo es predominante, y esta brecha no se ha cerrado a pesar de los años.

El FVC juega un papel muy importante en el objetivo anual de $ 100 mil millones bajo la CMNUCC y se ha centrado en las discusiones dentro de sí mismo. Se ha impedido injustamente a Turquía beneficiarse de este importante fondo de la CMNUCC, y tampoco se ha incluido en ningún proyecto relacionado ya que no está clasificado como país en desarrollo.

Para concluir, la reciente Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York mostró cuánto se preocupan los líderes mundiales por el tema climático. Por lo tanto, sin lugar a dudas, la financiación climática estará a la cabeza de la agenda mundial. Es de esperar que todas las partes de las próximas negociaciones en Glasgow puedan actuar con responsabilidad y dar un paso histórico contra el cambio climático.

Mirada Multipolar | Coincidencias y diferencias en la Asamblea General

Mirada Multipolar | Coincidencias y diferencias en la Asamblea General

por Sebastián Tapia

La sesión de apertura de la Asamblea General de Naciones Unidas es un escenario mundial donde cada país expone sus logros y objetivos anuales. La 76° sesión, la de 2021, nos permite ver qué proponen las grandes potencias para el mundo pospandemia. A continuación, veremos las diferencia y coincidencias en los discursos de Joseph Biden y Xi Jinping.

Los discursos

Este fue el primer discurso de Joe Biden a la Asamblea General desde su asunción en Enero. Siendo el país anfitrión, Biden brindó su discurso de manera presencial. En cambio, Xi Jinping se hizo presente en la Asamblea mediante un mensaje grabado en video. El discurso de Xi es más corto y conciso que el de Biden, pero ambos tienen una estructura similar.

Ambos presidentes hicieron incapié en dos grandes problemas globales que afectan a todos los países por igual: el COVID-19 y el cambio climático.

Acciones por la pandemia

Ambos países hicieron gala de los esfuerzos realizados para enfrentar la pandemia hasta ahora y propusieron herramientas para continuar la lucha. En el caso de Biden:

“Y para el futuro, necesitamos crear un nuevo mecanismo para financiar la seguridad sanitaria global que se base en nuestra asistencia para el desarrollo existente, y un Consejo Global de Amenazas a la Salud que esté armado con las herramientas que necesitamos para monitorear e identificar las pandemias emergentes para que podamos tomar medidas inmediatas.
Estados Unidos ya ha invertido más de $ 15 mil millones en la respuesta global de COVID, la respuesta global de COVID. Hemos enviado más de 160 millones de dosis de la vacuna COVID-19 a otros países. Esto incluye 130 millones de dosis de nuestro propio suministro y los primeros tramos de los 500 millones de dosis de la vacuna Pfizer que compramos para donar a través de COVAX.”

Como vemos, la propuesta de un Consejo Global de Amenazas a la Salud sería un nuevo organismo que sobrepase a la Organización Mundial de la Salud, o al menos duplique sus capacidades. Esta es una constante en el discurso de Biden: dice sostener el Sistema de Naciones Unidas, pero continuamente propone alterarlo o desconocerlo.

En el caso de Xi, la apuesta es por mejorar el acceso a las vacunas a través de los métodos ya establecidos.

“La vacunación es nuestra poderosa arma contra COVID-19. En muchas ocasiones he subrayado la necesidad de hacer de las vacunas un bien público mundial y garantizar la accesibilidad y asequibilidad de las vacunas en los países en desarrollo. Una prioridad apremiante es garantizar la distribución justa y equitativa de las vacunas en todo el mundo. China se esforzará por proporcionar un total de dos mil millones de dosis de vacunas al mundo para fines de este año. Además de donar 100 millones de dólares estadounidenses a COVAX, China donará 100 millones de dosis de vacunas a otros países en desarrollo en el transcurso de este año. China continuará apoyando y participando en el rastreo de los orígenes basado en la ciencia a nivel mundial, y se opone firmemente a las maniobras políticas en cualquier forma.”

El cambio climático

Ambos mandatarios coincidieron en la necesidad de reducir emisiones de carbono para evitar el impacto de la actividad humana en el clima.

En cuanto a sus propias metas, Biden recordó que Estados Unidos volvió al Acuerdo de París y anunció una mejora en sus metas:

“En abril, anuncié el nuevo y ambicioso objetivo de los Estados Unidos en virtud del Acuerdo de París de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de los Estados Unidos entre un 50 y un 52 por ciento por debajo de los niveles de 2005 para 2030, mientras trabajamos para lograr una economía de energía limpia con cero emisiones netas. emisiones para 2050.
Y mi administración está trabajando en estrecha colaboración con nuestro Congreso para realizar las inversiones críticas en infraestructura verde y vehículos eléctricos que nos ayudarán a mantener el progreso en casa hacia nuestros objetivos climáticos.”

Para lograr esto y ayudar a otros países a seguir este camino, Biden comentó sobre los esfuerzos que realiza el país para favorecer el crédito para las iniciativas en este sentido:

“En abril, anuncié que Estados Unidos duplicaría nuestro financiamiento público internacional para ayudar a las naciones en desarrollo a enfrentar la crisis climática. Y hoy, me enorgullece anunciar que trabajaremos con el Congreso para duplicar ese número nuevamente, incluso para los esfuerzos de adaptación.
Esto convertirá a Estados Unidos en un líder en finanzas públicas para el clima. Y con nuestro apoyo adicional, junto con un mayor capital privado y otros – de otros donantes, podremos cumplir la meta de movilizar $ 100 mil millones para apoyar la acción climática en las naciones en desarrollo.”

Xi Jinping no se refirió a las acciones propias de su país, sino que propuso vincular los esfuerzos para mitigar el cambio climático con el desarrollo social y económico de los pueblos. Para esto propone una Iniciativa de Desarrollo Global que cuenta con los siguientes puntos:

  • Mantener el compromiso con el desarrollo como prioridad: “Fomentar asociaciones de desarrollo globales que sean más equitativas y equilibradas, forjar una mayor sinergia entre los procesos de cooperación multilateral para el desarrollo y acelerar la implementación de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible”.
  • Mantener el compromiso con un enfoque centrado en las personas. “debemos continuar nuestro trabajo para que la gente tenga un mayor sentido de felicidad, beneficio y seguridad, y logre un desarrollo integral”.
  • Mantenerse comprometido con los beneficios para todos. “Deberíamos preocuparnos por las necesidades especiales de los países en desarrollo. Podemos emplear medios como la suspensión de la deuda y la ayuda para el desarrollo para ayudar a los países en desarrollo”
  • Mantener el compromiso con el desarrollo impulsado por la innovación. “redoblar los esfuerzos para aprovechar los logros tecnológicos para impulsar la productividad y fomentar un entorno abierto, justo, equitativo y no discriminatorio para el desarrollo de la ciencia y la tecnología.”
  • Mantenerse comprometido con la armonía entre el hombre y la naturaleza. “Necesitamos acelerar la transición hacia una economía ecológica y con bajas emisiones de carbono y lograr la recuperación y el desarrollo ecológicos”
  • Mantener el compromiso de acciones orientadas a resultados. “Necesitamos aumentar los aportes al desarrollo, avanzar de manera prioritaria en la cooperación en el alivio de la pobreza, la seguridad alimentaria, la respuesta al COVID-19 y las vacunas, la financiación del desarrollo, el cambio climático y el desarrollo verde, la industrialización, la economía digital y la conectividad”

En cuanto a lo estrictamente medioambiental, Xi anunció los siguientes compromisos:

China se esforzará por alcanzar un pico de emisiones de dióxido de carbono antes de 2030 y lograr la neutralidad de carbono antes de 2060. Esto requiere un trabajo tremendo y haremos todo lo posible para alcanzar estos objetivos. China intensificará el apoyo a otros países en desarrollo en el desarrollo de energía verde y baja en carbono, y no construirá nuevos proyectos de energía a carbón en el extranjero.

Esto último es particularmente interesante, debido a que el 70% de todas las plantas de carbón del mundo construidas actualmente dependen de fondos chinos. Sin dudas, este anuncio generará un cimbronazo en la industria del carbón y ayudará a buscar alternativas más limpias.

Paz y multilateralismo

A diferencia de su antecesor, Donald Trump, el presidente Biden buscó presentarse como un defensor de la paz internacional y del multilateralismo. Sin embargo se movió en una dualidad contínua: negó la necesidad de confrontación internacional, pero marcaba límites y establecía advertencias a otros países.

“Estados Unidos competirá, competirá vigorosamente y liderará con nuestros valores y nuestra fuerza. Defenderemos a nuestros aliados y amigos y nos opondremos a los intentos de países más fuertes de dominar a los más débiles, ya sea mediante cambios territoriales por la fuerza, coacción económica, explotación tecnológica o desinformación. Pero no buscamos, lo diré de nuevo, no buscamos una nueva Guerra Fría o un mundo dividido en bloques rígidos.”

La relación con sus aliados, especialmente europeos, no se encuentra en su mejor momento tras la salida de Afganistán y la formación del AUKUS. Y la promesa de no comenzar una nueva Guerra Fría no parece coincidir con un tópico propio de la política exterior de Biden y que se ve en el resto del discurso: la división entre países autoritarios y países democráticos.

Por ejemplo, hablando de los avances tecnológicos, sólo se propone trabajar con los países “democráticos”:

“A medida que las nuevas tecnologías continúen evolucionando, trabajaremos junto con nuestros socios democráticos para garantizar que los nuevos avances en áreas desde la biotecnología hasta la computación cuántica, 5G, inteligencia artificial y más se utilicen para elevar a las personas, resolver problemas y avanzar. libertad humana: no reprimir la disidencia ni apuntar a las comunidades minoritarias.”

Da por terminada la guerra contra el terrorismo, pero ahora pone el centro en la promoción de la democracia, según promete, sólo por medios diplomáticos:

“Hemos terminado 20 años de conflicto en Afganistán. Y al cerrar este período de guerra implacable, estamos abriendo una nueva era de diplomacia implacable; de utilizar el poder de nuestra ayuda al desarrollo para invertir en nuevas formas de ayudar a las personas en todo el mundo; de renovar y defender la democracia; de demostrar que no importa cuán desafiantes o complejos sean los problemas que vamos a enfrentar, el gobierno por y para la gente sigue siendo la mejor manera de cumplir para toda nuestra gente.”

Esto pone en cuestión por qué es necesario firmar un acuerdo militar como el AUKUS que favorece la difusión de tecnología bélica nuclear. Pero puede sentar las bases para futuras intervenciones en terceros países bajo la excusa de promoción de la democracia. En otro pasaje asegura:

“La gente ha salido a las calles en todas las regiones para exigir que sus gobiernos aborden las necesidades básicas de las personas, les den a todos una oportunidad justa para tener éxito y protejan los derechos que Dios les ha otorgado.
Y en ese coro de voces a través de idiomas y continentes, escuchamos un grito común: un grito de dignidad, simple dignidad. Como líderes, es nuestro deber responder a ese llamado, no silenciarlo.
Estados Unidos se compromete a usar nuestros recursos y nuestra plataforma internacional para apoyar estas voces, escucharlas, asociarse con ellas para encontrar formas de responder que promuevan la dignidad humana en todo el mundo.”

Poco dice de las protestas que sacudieron a Estados Unidos en 2019, como si la situación fue mágicamente resuelta por la elección presidencial. Pero queda claro que justo aquellos que están del lado correcto, del democrático, son aquellos que componen las oposiciones a los gobiernos que no coinciden con Estados Unidos:

“La verdad es: el mundo democrático está en todas partes. Vive en los activistas anticorrupción, los defensores de los derechos humanos, los periodistas, los manifestantes por la paz en el frente de esta lucha en Bielorrusia, Birmania, Siria, Cuba, Venezuela y en todas partes.”

En cambio, Xi mantuvo su línea llamando a la cooperación internacional y reconociendo a la democracia como un valor universal, cuya definición no depende de un sólo país:

“La democracia no es un derecho especial reservado a un país en particular, sino un derecho del que disfrutan las personas de todos los países. Los acontecimientos recientes en la situación mundial muestran una vez más que la intervención militar desde el exterior y la llamada transformación democrática no implican más que daños. Necesitamos defender la paz, el desarrollo, la equidad, la justicia, la democracia y la libertad, que son los valores comunes de la humanidad, y rechazar la práctica de formar pequeños círculos o juegos de suma cero.”

La crítica a las intervenciones militares en nombre de la Democracia toma un nuevo sentido tras el fracaso de 20 años de intervención estadounidense en Afganistán. Para eso, la apuesta de China pasa por el multilateralismo y el diálogo internacional:

“Las diferencias y problemas entre países, difícilmente evitables, deben manejarse mediante el diálogo y la cooperación sobre la base de la igualdad y el respeto mutuo. El éxito de un país no tiene por qué significar el fracaso de otro, y el mundo es lo suficientemente grande como para dar cabida al desarrollo y progreso común de todos los países. Necesitamos buscar el diálogo y la inclusión sobre la confrontación y la exclusión. Necesitamos construir un nuevo tipo de relaciones internacionales basadas en el respeto mutuo, la equidad, la justicia y la cooperación de beneficio mutuo, y hacer lo mejor que podamos para expandir la convergencia de nuestros intereses y lograr la mayor sinergia posible.”

Y para lograr ese diálogo y cooperación, Xi jinping dejó en claro que el único sistema vigente a nivel internacional es el orden establecido por Naciones Unidas:

“En el mundo, solo hay un sistema internacional, es decir, el sistema internacional con las Naciones Unidas en su centro. Existe un solo orden internacional, es decir, el orden internacional sustentado por el derecho internacional. Y solo hay un conjunto de reglas, es decir, las normas básicas que rigen las relaciones internacionales respaldadas por los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.”

Y esta es la principal discusión hoy en día entre las grandes potencias. Mantener el orden internacional multilateral establecido tras la Segunda Guerra Mundial, basado principalmente en la Carta de Naciones Unidas y el Sistema creado a partir de ella, o establecer nuevas reglas según la voluntad propia.

Aquí es Estados Unidos que se posiciona como una potencia revisionista. De acuerdo a Biden, su compromiso es con la misión y los valores de Naciones Unidas – no con su Carta:

“Nuestro enfoque está firmemente arraigado y es plenamente coherente con la misión de las Naciones Unidas y los valores que acordamos cuando redactamos esta Carta. Estos son compromisos que todos asumimos y que todos estamos obligados a respetar.”

Queda claro que juzgar a alguien por su adhesión a valores es más un criterio más laxo y subjetivo que si efectivamente cumple o no con los compromisos escritos en la Carta de Naciones Unidas. Pero no tiene duda en proponer cambios en las áreas en las que ya no se cree que cuente con ventaja. Por ejemplo:

“Buscaremos nuevas reglas de comercio global y crecimiento económico que se esfuercen por nivelar el campo de juego para que no se incline artificialmente a favor de ningún país a expensas de otros y cada nación tiene el derecho y la oportunidad de competir de manera justa.”

 

La transición hegemónica entre Estados Unidos y China se ve claramente reflejada en estos dos discursos. Para China no es necesario alterar el orden internacional, ya que bajo estas reglas creció y se posiciona como el nuevo líder. Sí hay es necesario hacer esfuerzos por mejorar las condiciones de vida y el bienestar de los pueblos dentro de este sistema, para eso hay que trabajar en conjunto con aquellos países que también lo deseen. En cambio, Estados Unidos propone crear nuevas organizaciones, bajo nuevos principios, donde pueda mantener su influencia. Y para ello es necesario mantener una línea divisoria entre un “ellos” y  un “nosotros”, entre amigos y enemigos: en este caso, demócratas y autócratas.

Las ODS en América Latina: ¿Agenda para el MERCOSUR o lastre para los países?

Las ODS en América Latina: ¿Agenda para el MERCOSUR o lastre para los países?

Por Romina Finucci

El Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, ha marcado que los esfuerzos mundiales llevados a cabo hasta la fecha han sido insuficientes para lograr el cambio que necesitamos, lo que pone en riesgo el compromiso de la Agenda con las generaciones actuales y futuras.

Es vital hacer un breve analisis en relacion a que medidas tomaran los paises desarrollados que tienen mayor influencia mundial en relación a la sostenibilidad del medio ambiente en el mundo ya que las acciones se perfilan cada día hacia el incumplimiento y la idealización de la agenda 2030; porque apenas el 15% de sus metas en Europa, Estados Unidas y Canada, las han cumplido.

Este contexto internacional, expresa que de las 56 naciones que integran la Comisión Económica Europa (CEPE), solo lograran cumplir hacia fines de la década actual una parte mínima de dichos objetivos.

Queda claro que cuando en el 2015 se intentó llevar adelante estas acciones, se intentó definir un programa de acciones de tres lustros basado en el principio de las responsabilidades comunes, aunque diferenciadas, y con la única intención de construir una verdadera alianza de desarrollo para que participen todas las naciones.

Es necesario el compromiso político internacional de dichos líderes para revertir la actual situación de polución y contaminación medioambientales. Caso de que esto no suceda, quedarán los ODS como una mera declaración en papel sin poder avanzar a paso firme hacia el cumplimiento de lo planteado.

Ahora bien, qué pasa en América Latina y principalmente en el bloque regional donde resulta fundamental la armonización de políticas públicas y planificación en conjunto sobre este tema, haciendo más articulado el proceso de cambio de paradigma sobre el medioambiente.

En diciembre de 2015, en Argentina se determinó que el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales (CNCPS) realizará una priorización de metas de ODS para proponer al resto del Gabinete del Ejecutivo Nacional. Con este mandato, el CNCPS priorizó ciertas metas de acuerdo al objetivo de eliminación de la pobreza planteado en el eje de Gobierno “Pobreza Cero”.

En el marco de cumplimiento de dicha Agenda, el Estado argentino lleva adelante un trabajo de adaptación, implementación y seguimiento de dichos Objetivos y metas.

¿Cuál es el rol del Mercosur y del Parlasur, entendiendo que la Argentina tiene la presidencia pro tempore del Mercosur durante el 2021?.

Es fundamental que se logre instalar en el calendario de actividades los temas de ODS en el Mercosur porque los países miembros desde Enero del 2016 comenzaron a implementar una Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y esta agenda traza Objetivos que sirven como una hoja de ruta para todos los Estados, con la finalidad de erradicar la pobreza y generar un desarrollo sostenible, con un enfoque de derechos y bajo la premisa de “no dejar a nadie atrás”.

Luego de casi un año de presencia de una pandemia sin precedentes, resulta necesaria la vinculación armónica entre las dimensiones económica, social y ambiental, entendiendo esto como la única vía posible para satisfacer las necesidades de las generaciones actuales sin comprometer las de las generaciones futuras.

El PARLASUR tuvo intervención en el 2019, en la LXIV Sesión Plenaria, en donde se habló de llevar a cabo el Primer Seminario Internacional sobre “Los desafíos regionales para la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) – Agenda 2030 en el PARLASUR”, en la Antesala de la Cámara de Representantes del Palacio Legislativo de Montevideo – Uruguay.

El PARLASUR tiene como primer objetivo iniciar un camino de autoevaluación de las capacidades y las necesidades para contribuir de forma activa con los ODS. Por ello se comienza con este seminario informativo sobre los elementos claves de la Agenda 2030, los 17 ODS y los marcos que los acompañan en la región.

Es notorio el trabajo de fortalecimiento, y es de destacar su labor de acercamiento con el Instituto Social del MERCOSUR y el Instituto de Políticas Públicas y Derechos Humanos del MERCOSUR sobre la experiencia en la implementación de los ODS en la región, así como también con organismos internacionales como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) que a una perspectiva de la situación actual.

Por tal motivo resulta fundamental seguir con este trabajo en formato de seminarios en el 2021 para identificar prioridades y fortalecer vínculos con los grupos vulnerables, y así elaborar un objetivo de plan de acción que incorpore a los ODS en los mecanismos parlamentarios de manera exitosa.

Hoy la Agenda 2030 nos presenta 17 Objetivos con 169 metas de acción para focalizar y coordinar políticas públicas con una visión compartida de la humanidad. En este sentido los actores que intervienen en el proceso como los gobiernos y los parlamentos adquieren un rol fundamental, en la ejecución y la vigilancia de su implementación para para el Desarrollo Sostenible (ODS)

Hoy la Argentina necesita un PARLASUR fortalecido con un marco institucional en la temática (observatorio, comisión, delegación externa) para la adecuación de las normas y procedimientos, que permita la incorporación exitosa de la Agenda 2030 en las comisiones de trabajo y por ende la elaboración de proyectos parlamentarios sabiendo que solo restan 9 años.

Por ello, el MERCOSUR es el actor central en todo esto. La resolución 70/1 de la Asamblea General de las Naciones Unidas llama a “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible” reafirma la necesidad de generar alianzas de “Medios de implementación”:

La implementación de esta amplia, ambiciosa y novedosa agenda requiere una Alianza Mundial revitalizada, con la que estamos plenamente comprometidos. La Alianza trabajará con espíritu de solidaridad mundial, en particular con los más pobres y con las personas que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad. Además, facilitará una intensa participación mundial para respaldar el cumplimiento de todos los Objetivos y metas, aglutinando a los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil, el sistema de las Naciones Unidas y otras instancias y movilizando todos los recursos disponibles.

La propagación mundial del virus ha desbordado los sistemas sanitarios y ha provocado una amplia perturbación social y económica.

Hemos aprendido mucho acerca de este virus y seguimos aprendiendo. Esta actualización de la estrategia se basa en las evidencias que el mundo ha acumulado en los últimos meses sobre cómo se propaga la COVID-19, la gravedad de la enfermedad que causa, cómo tratarla y cómo detenerla.

Pero ya es hora de comenzar una alianza en nuestro continente basada en las ODS e impulsadas por nuestras instituciones como el MERCOSUR y el PARLASUR.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): ¿Un nuevo orden mundial?

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): ¿Un nuevo orden mundial?

por Damián Finucci

Pocas veces en la historia hemos asistido a movimientos realmente globales que involucren a la totalidad de los países que habitan el planeta tierra. Si hacemos un breve análisis por el siglo XX encontramos que hubieron dos guerras “mundiales” que involucraron a un puñado de países. Entre ambas guerras se ubica la crisis de 1930 que inauguró el periodo de los “estados benefactores” en occidente mientras que en oriente y al ritmo de la reciente URSS, se avanzaba en las primeras experiencias comunistas de la era contemporánea.

El fin de la segunda guerra mundial estableció los cimientos que forjaron parte de la arquitectura institucional de hoy en día. El 24 de octubre de 1945 y bajo el nombre de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) nació la primera organización mundial que con 51 países se propuso establecer una asamblea mundial que pueda canalizar descontentos y disidencias mediante espacios de negociación y diálogo. La finalidad de la ONU se centraba en evitar nuevos enfrentamientos bélicos tras el fracaso que había significado la antecesora Sociedad de las Naciones.

Durante la década de 1970 asistimos a dos eventos de corte económico que logran consecuencias mundiales: el fin del patrón oro y la “crisis del petróleo”. Estos eventos – a priori no relacionados – agregan piezas al armado mundial sucedido a partir de 1930. Con el fin del patrón oro, la reserva federal de los Estados Unidos constituyó al dólar como la moneda de cambio a nivel mundial sin necesidad de ser “avalada” por el oro; por su parte, en 1973 los estados productores de medio oriente decidieron un cese en la comercialización de petróleo a fin de repudiar el apoyo recibido por Israel en su guerra con Siria y Egipto.

Las consecuencias políticas de 1970 parecen formar una reacción al marco mundial generado en 1930 dado que los países de occidente le declaran la guerra a los estados benefactores en nombre de una nueva doctrina que comienza a nacer: el neoliberalismo.

Sin embargo, también es durante esta década que se hacen públicas las críticas al modelo de producción capitalista y sus consecuencias ambientales en la Conferencia Científica de las Naciones Unidas. Esta conferencia del año 1972 en Estocolmo-Suecia fue conocida como la Primera Cumbre para la Tierra y estableció entre otras cosas, un plan de acción internacional y medioambiental.

Este evento se constituye en cierta forma como la “prehistoria” de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Y si bien puede parecer exagerado, durante las décadas posteriores sucedieron nuevos congresos y encuentros que fueron trabajando la temática dándole cada vez más relevancia al tema. En esta línea se encuentra la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo” del año 1992 que establece en su principio 1 que Los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible. Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza.

Desde Río 92 y en adelante, los reclamos ambientalistas tomarán una mayor presencia en las agendas políticas de los organismos multilaterales como también en los países centrales mientras que en los países periféricos las políticas neoliberales iban deformando o destruyendo las conquistas sociales alcanzadas en años anteriores. En relación a la economía estas nuevas políticas profundizaron el carácter exportador estableciéndose una dependencia al mercado externo mediante un puñado de productos primarios.

Esta reconfiguración geopolítica debe ser entendida en el marco del fin de la guerra fría y la prevalencia de los Estados Unidos como el actor de mayor peso económico, político y militar. Así mismo, también forma parte de la “agenda verde” al participar del Protocolo de Kyoto de 1997 en donde se establecen “responsabilidades común” a todos los países acorde a las capacidades particulares y diferenciadas.

Es así que para el año 2000 se establecen los “Objetivos del Milenio” (ODM) en donde los 189 países de la ONU acordaron cumplir para el año 2015. Nuevamente los objetivos volvían a poner en el centro del debate la pobreza bregando por su erradicación. Se sumaban a ellos, objetivos vinculados a la educación, la igualdad de género, reducción de mortalidad infantil, una mejora en la salud (con especial énfasis en las personas con VIH) entre otras cuestiones.

Los ODM constituyen antesala directa a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que nacen en el 2015 con una impronta marcada por la agenda verde y la preocupación por un “desarrollo sostenible”. Expresnión de ello es el “Acuerdo de París” en 2016 donde se establecieron los marcos para lograr “enfriar” la temperatura del planeta por los peligros que implicaba. Para 2019 se refrendaron los ODS convocando a los países partes a profundizar los esfuerzos y cumplir las metas.

La base de los ODS radica en seguir manteniendo una tasa de desarrollo mundial que satisfaga las demandas actuales sin comprometer a las generaciones futuras. Desde los organismos multilaterales establecen que es necesario entre 6 y 7 billones de dólares para hacer frente a estas metas y lograr cumplirlas antes de 2030. Vale destacar que – a diferencia de las anteriores propuestas – las ODS invita a todos los países del mundo a llevar adelante la agenda mientras que – al igual que las anteriores – plantea la erradicación de la pobreza, la promoción de una vida sana, el acceso a la educación, el desarrollo de ciudades sustentables y de la industrialización inclusiva, sostenible e innovadora.

A la vista de los eventos mundiales desatados por la pandemia del COVID19 queda claro que el planeta ha dejado un aviso a quienes habitamos en él. Las agendas y los compromisos mundiales mucho han abarcado pero poco han apretado donde debían hacerlo. Los ODS parecen ser un capítulo nuevo en este deseo por cambiar lo que deba ser cambiado para continuar – más o menos – como venimos.

Mirada Multipolar | Choque de modelos en la Asamblea virtual de Naciones Unidas

Mirada Multipolar | Choque de modelos en la Asamblea virtual de Naciones Unidas

por Sebastián Tapia

El martes 22 de Septiembre comenzó el 75° período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas. Debido a la pandemia de COVID-19, el tradicional desfile de primeros mandatarios de todo el mundo fue reemplazado por una serie de mensajes grabados en video, dando paso a la primer sesión virtual de la Asamblea General en la historia de la organización.

Tal vez la comodidad de grabar los mensajes desde su propio país de origen, sin tener que movilizarse ni realizar trámites aduaneros o de migraciones, dejó ver una disminución en el barniz diplomático que suelen tener los discursos. Se pudieron distinguir claramente en las declaraciones dos grades modelos: el excepcionalismo, caracterizado por señalar culpables y promover sanciones, y el multipolarismo, defensor del tradicional multilateralismo de la organización y del diálogo como método de resolución de conflictos.

Dos modelos

El modelo del excepcionalismo fue marcado en el discurso del presidente estadounidense, Donald Trump. En su discurso, Estados Unidos es un país excepcional, único en el mundo, como se puede ver en frases como : “EEUU siempre será lider en derechos humanos”, “sabemos que la prosperidad estadounidense es la base de la libertad y seguridad en todo el mundo”, “tenemos un ejército más poderos que el de cualquier parte del mundo” o “atacan al excepcional comportamiento medioambiental de los Estados Unidos”. Por otro lado, presenta a un culpable de todos los males: “mientras perseguimos nuestro brillante futuro, debemos hacer responsable a la nación que desató esta plaga sobre la tierra: China”, “las Naciones Unidas debe hacer responsable a China por todas sus acciones”. Y por otro recuerda las sanciones: “Estados Unidos está completando su destino como pacificador, pero es una paz desde la fuerza” o “Nuestras armas están en un nivel avanzado como no lo estuvieron nunca (…) y sólo le rezo a Dios que no tengamos que usarlas”.

El discurso del presidente chino, Xi Jinping, no buscó confrontar las acusaciones estadounidenses. Todo lo contrario, siguiendo este modelo multipolar, buscó enfatizar la cooperación entre países y resaltar el orden mundial basado en la Organización de Naciones Unidas: “Todos los países están conectados y compartimos un futuro común. Ningún país puede ganar con las dificultades de otro o mantener su estabilidad tomando ventaja de los problemas de otro”, “Debemos vernos como miembros de una misma gran familia, buscar cooperación donde todos ganen”, “Debemos ser fieles al multilateralismo y salvaguardar al sistema internacional con las Naciones Unidas como núcleo. La gobernanza mundial debe basarse en el principio de consulta, cooperación conjunta y beneficios compartidos para asegurar a todos los países el disfrute de iguales derechos y oportunidades siguiendo las mismas reglas”.

El discurso de Vladimir Putin, presidente de Rusia, también entra en este segundo modelo: “La única manera de elaborar una solución (a la crisis del COVID-19) es trabajando juntos, lo que es la tarea más importante tanto para las Naciones Unidas como para los países del G20, como también otras organizaciones inter estatales y asociaciones de integración”, “esta misma idea de crecimiento integrativo cualitativo, la integración de integraciones, está detrás de la iniciativa rusa de crear una Gran Asociación Eurasiática involucrando a todos los países europeos y asiáticos sin excepción” o “Creemos que el prestigio de Naciones Unidas podrá reforzar y mejorar el rol del componente humano o humanitario en las relaciones multilaterales o bilaterales”

Esta diferencia, entre aquellos que ven el mundo como un conflicto donde unos están bien y el resto está mal, y deben pagar por eso, o quienes lo ven como una gran comunidad de naciones tratando de trabajar en conjunto, se vió reflejado en los discursos de los presidentes de los países de la región latinoamericana.

Enfrentamientos regionales

Ivan Duque, el presidente de Colombia, adoptó el modelo excepcionalista al momento de realizar su discurso en la Asamblea. En cuanto a lo privilegiado de su país, remarcó el accionar de Colombia en la conservación ambiental, reconoció el accionar de los líderes sociales y defensores de derechos humanos y resaltó la lucha contra la desigualdad social y el narcotráfico. Su discurso fue duramente criticado por quienes no creen que esto sea así, ni en lo ecológico, ni en lo social. Duque también identificó a un culpable de los problemas de la región: “el régimen dictatorial de Maduro se sostiene con los recursos del narcotráfico, alberga terroristas y es una amenaza constante a la paz de la región”.

Al igual que en el caso de Xi, Nicolás Maduro evitó responder las acusaciones de Duque. En su discurso, apostó por la multilateralidad y la multipolaridad:

“Hoy estamos ante un reto, o construimos un mundo multipolar donde todos existamos, seamos respetados, un mundo de equilibrio, con el respeto pleno del Sistema de Naciones Unidas y el sistema internacional, o se impone un mundo hegemónico, dominado por un solo hegemón, un mundo unipolar”

Siendo el primero un mundo que facilita la diversidad, la paz y la cooperación, mientras el segundo es el mundo del imperialismo. También sostuvo el accionar de la OMS, como organismo multilateral encargado de enfrentar la pandemia del COVID-19.

Quien aprovechó su discurso para amenazar con sanciones contra Venezuela fue el autodenominado presidente interino, Juan Guaidó. Por razones obvias su discurso no fue televisado en la sala de la Asamblea General, sino que fue transmitido sólo por Twitter, pero le sirvió de plataforma para pedir una intervención internacional a su país bajo el principio de Responsabilidad para Proteger. Ese mismo principio con el que Estados Unidos justificó los bombardeos en la ex-Yugoslavia, Irak, Libia, etc.

Otro líder regional que adoptó el modelo excepcionalista fue la presidenta de facto de Bolivia, Jeanine Áñez. En su caso, no culpó a Maduro de sus problemas, sino que denunció ante la Asamblea General “el acoso sistemático y abusivo que ejerce, desde la Argentina, el gobierno kirchnerista, contra las instituciones y contra los valores republicanos en Bolivia”.  Pero no es sólo un problema con Argentina. Según ella, si no fuera por “los proyectos del populismo caudillista y autoritario” América Latina disfrutaría de la libertad y prosperidad.

Al igual que en los casos anteriores, Alberto Fernández desoyó las acusaciones para encarar un discurso dirigido a todas las naciones, con un espíritu multipolar: “No es tiempo de globalizar la indiferencia sino de globalizar la solidaridad en múltiples dimensiones”, “(…) porque de la pandemia, al igual que de la pobreza, ‘nadie se salva solo'”, “Tenemos que ser arquitectos de una nueva ‘casa común’” y “Espero que la solidaridad, el diálogo y la cooperación entre naciones, como alguna vez supimos hacerlo, sigan siendo el camino para enfrentar los desafíos que tenemos como humanidad”

En cuanto al multilateralismo: “Necesitamos unas Naciones Unidas 4.0, con sus valores fundacionales intactos y con la lucidez para incorporar los inmensos cambios tecnológicos en marcha, para hacerlos más humanos, más democráticos y más inclusivos socialmente” e “Instamos a la comunidad internacional a continuar buscando nuevas alternativas multilaterales que faciliten la reestructuración ordenada de las deudas y asegurar la mayor disponibilidad de recursos para la aplicación de políticas públicas para enfrentar la pandemia y sostener el crecimiento inclusivo”.

Tampoco dudó en recordar los 55 años de la resolución 2065 de la Asamblea General que llama al diálogo entre al Argentina y el Reino Unido para resolver la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas, el rol del Comité Especial de Descolonización y los buenos oficios del Secretario General. Es decir, confía plenamente en el ámbito de Naciones Unidas para resolver este problema central en la identidad argentina.

 

Estos dos modelos que identificamos en los discursos muestran las dos opciones con las que se enfrentan los estados en esta nueva etapa. Son los dos bloques de esta “Nueva Guerra Fría”, o los referentes de aquello que está muriendo y aquello que está por nacer.

Economía y Pandemia | Ingreso Básico Temporal

Economía y Pandemia | Ingreso Básico Temporal

Newsletter Economía y Pandemia

La pandemia de COVID-19 va a servir como una bisagra en una serie de cambios a nivel mundial. Sirve para marcar de manera tajante el fin de la hegemonía estadounidense, el ascenso de China y un nuevo orden multipolar y el abandono de la globalización neoliberal como único modelo de integración mundial. Pero fundamentalmente es un tiempo para reflexionar sobre el rol del Estado en el bienestar de la población y qué medidas deberá adoptar durante y después de la pandemia. Deuda externa, Ingreso Básico Universal e Impuesto a las grande riquezas, son tres temas que resuenan en nuestro país y en muchos otros, como algunos primeros rasgos del modelo del siglo XXI. En el newsletter pasado tocamos el tema de la deuda exterior argentina. En este hablaremos de una propuesta del PNUD para la implementación de un Ingreso Básico Temporal durante la pandemia, pero que puede servir de ejemplo para lo que vendrá.

No es nuevo decir que, producto de la crisis desatada por el Covid-19, millones de personas alrededor del mundo caerían en la extrema pobreza. El FMI proyectó en abril una disminución del 3% del PBI mundial mientras que el Banco Mundial vaticinó una contracción del 5,2% y entre 70 y 100 millones de personas arrastradas a la pobreza. La ONU estima que la crisis podría llevar a 265 millones de personas al borde de la inanición. Ante esta situación, se han puesto en práctica diferente planes, proyectos y paquetes de ayuda.

Recientemente el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), dependiente de la ONU, publicó un informe en el que exige la implementación de un Ingreso Básico Temporal (IBT) para asistir al tercio más pobre y vulnerable de la población durante lo que dure la pandemia. El PNUD se presenta como la principal organización de la ONU que lucha en pos del desarrollo humano erradicando la pobreza, las desigualdades y el cambio climático. A causa de la pandemia, el PNUD predice que el desarrollo humano mundial disminuirá por primera vez desde que se introdujo el concepto.

El organismo internacional reconoce que la crisis acentuó desigualdades preexistentes y que los países en desarrollo están menos capacitados para enfrentar la crisis. Se calcula que en estos países 7 de cada 10 trabajadores deben salir de sus casas para ganar dinero y no es posible que se adapten al conocido formato de home office. A esto se le suma que, por pertenecer a un mercado laboral informal, estas personas no son alcanzadas por los programas de seguro social, por lo tanto el fortalecimiento de políticas sociales ya existentes no las contempla. Se estima que en el primer mes de la crisis los ingresos de los trabajadores informales se contrajeron un 82%. Por otra parte, algunos factores de riesgo (como la hipertensión o la diabetes) son más frecuentes en sectores sociales bajos. La vulnerabilidad aumenta al tener peores condiciones de vida, como falta de agua potable y centros de salud cercanos. El Ingreso Básico Temporal ayudaría a lograr un mayor acatamiento de la cuarentena y del distanciamiento social en los sectores sociales más perjudicados. Además, el administrador del PNUD Achum Steiner presentó al ingreso básico temporal como una herramienta para inyectar efectivo en la economías locales y afirmó que “los planes de rescate y recuperación no pueden centrarse solamente en los grandes mercados y las grandes empresa.”

El Ingreso Básico Temporal no es universal, sino que está dirigido a personas con medios de subsistencia por debajo del umbral de pobreza y personas que ya no son pobres pero enfrentan un riesgo considerable de caer en la pobreza. Este grupo de beneficiarios potenciales se define según los criterios del estándar de vida de cada región. Para Europa, Asia Central, América Latina y el Caribe se considera vulnerables a aquellas personas con ingresos inferiores a $13 dólares por día; en países de Asia Oriental, el Pacífico, Oriente Medio y África del Norte el límite del umbral es de $5,50 por día; y en el sur de Asia y África subsahariana quienes viven por debajo de $3,20 por día. Por otra parte, el IBT no implica condiciones de comportamiento, cómo puede ser la búsqueda de trabajo. Otra característica a resaltar es el carácter individual del IBT, independiente de la composición del hogar. Esto intenta evitar la suposición de economías de escala y la discriminación no intencional dentro del hogar que podría perjudicar a las mujeres. En este sentido, el informe reconoce que la pandemia acentuó las desigualdades de género ya que el empleo femenino es el más afectado y las tareas de cuidado han aumentado su carga. En cuanto a la duración de esta medida se plantea entre 3 a 9 meses.

El informe propone tres opciones para el modo de pago del IBT: sumas complementarias a los ingresos promedio actuales hasta llegar al umbral de vulnerabilidad, transferencias de una suma igual a la mitad de la mediana del ingreso per cápita hogareño y transferencias uniformes de un monto de 5,5 dólares por día, independientemente de dónde viva alguien en un país.

Tres desafíos de implementación:

Cómo ya dijimos, esta propuesta busca alcanzar a los sectores sociales normalmente excluidos. La mayoría de los países tienen amplios sectores que no tienen acceso a una cuenta bancaria o cuentas de dinero móvil, muchas veces por no contar con documentación formal o por vivir en áreas remotas o asentamientos informales.

En ese sentido uno de los más grandes obstáculos es administrativo y digital: ¿Cómo llegar a esas personas que no están incluidas en el registro administrativo y sistemas de pago existentes? La aplicación del IBT implicaría necesariamente una campaña de registro digital. Esto es precisamente lo que varios países han comenzado a hacer desde la crisis de Covid-19. Otra opción que se menciona en la propuesta, es la asociación con redes sociales locales que tienen una mayor proximidad a los sectores excluidos.

Un segundo desafío se relaciona al modo de financiación. El PNUD estipula que la implementación del Ingreso Básico Temporal costaría unos 199.000 millones de dólares al mes para al menos 2.700 millones de personas en un total de 132 países, cantidad que considera “abultada” pero “asumible”. Dejando de lado la implementación de nuevos impuestos, el informe del PNUD propone la reutilización de tres recursos existentes: los recursos fiscales dirigidos al pago de la deuda externa, reutilizar los subsidios a la energía y autofinanciación a través de posibles efectos multiplicadores de transferencias temporales de efectivo que se recuperarán parcialmente a través de impuestos directos e indirectos. La mayor parte de los recursos proviene de la reutilización de los pagos del servicio de la deuda externa a través de una parada integral de la deuda. Este bloqueo debe ser transparente para los acreedores, deudores y ciudadanos, tanto en servicios como en gastos, para evitar un mal uso del dinero. El segundo grupo de recursos, los subsidios energéticos tanto para los consumidores como para los productores, ya ha sido reutilizado por muchos países ya que el petrolero cayó por debajo de $ 20 por barril en marzo. Por último, las transferencias de efectivo de emergencia tienen efectos multiplicadores fiscales ya que se dirigen hacia el consumo inmediato de alimentos y productos esenciales. Parte de este efecto será capturado por los impuestos directos e indirectos durante los siguientes meses, proporcionando así un grado de autofinanciación.

El último desafío de implementación contemplado es político: ¿Quién se beneficia del IBT, y cómo eso formará una coalición política a favor y en contra? ¿Cómo se desarrollará un IBT después de la emergencia? El IBT es una señal de determinación política de una sociedad para prosperar o sobrevivir durante una crisis aguda. Implica agregar más beneficiarios al sistema de asistencia social existente sin expandir necesariamente las fuentes de financiamiento. Por otro lado, algunos gobiernos pueden señalar un puente explícito entre IBT y una futura política de ingresos mínimos (como comunicó el gobierno español), pero otros gobiernos lo tomarán como una política de emergencia sin esperar un apoyo continuo. El informe concluye que los desafíos políticos deben abordarse país por país.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo aclara que la implementación del Ingreso Básico Temporal no resuelve la necesidad de construir un sistema de asistencia social y seguro social que sea equitativo, desafío clave al que se enfrentan la mayoría de los países. “La idea de un ingreso básico temporal surge de un conjunto de respuestas sin precedentes a una crisis sin precedentes.”

¿Cómo está respondiendo Argentina?

Algunos países ya están llevando a cabo políticas que implican transferencias en efectivo como las que propone el PNUD. En la Argentina se implementó el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) que llega a casi 9 millones de personas siendo la política con mayor cobertura en el continente. El IFE presenta varios elementos que promueve el organismo con la propuesta del Ingreso Básico Temporal: se dirigen a hogares vulnerables con ingresos inestables, no está condicionada por la composición familiar y no establece condiciones de uso. Al mismo tiempo, el IFE es compatible con otro tipo transferencias de ingreso, como la Asignación Universal por Hijo que alcanza alrededor de 16 millones de familias. Además, el Estado argentino implementó políticas de carácter temporario frente a la crisis, como por ejemplo el pago extraordinario en la tarjeta Alimentar,

En cuanto a la financiación de las ayudas sociales, el IFE es una de las políticas que más esfuerzo fiscal significó para el Estado. Los primeros pagos tuvieron un costo cercanos a los $130 mil millones de pesos. Sin embargo, debemos recordar que el gobierno argentino tiene poco espacio fiscal. En este sentido los términos en los que se de la renegociación de la deuda externa es clave para el financiamiento de estas políticas. El ministro de economía Martin Guzmán aseguro que cumplir con lo que piden los acreedores compromete las políticas públicas que el país necesita. Los dichos de los organismos internacionales como el FMI y la ONU sobre la insostenibilidad de la deuda argentina y el respaldo a la oferta argentina, tienen un papel importante a la hora de sentarse a negociar. Como dijo Guzmán “no hay deudores irresponsables sin acreedores irresponsables.”

El gobierno argentino dio a conocer que avanza con el proyecto para reconvertir el IFE, que inicia su tercera ronda en agosto, en un Ingreso Básico Universal que pretende alcanzar a 3 millones de personas, el tercio más vulnerable de quienes ya perciben el ingreso familiar. El monto de esta nueva política sería el equivalente a un salario mínimo ($16.875 de pesos = 234 dólares), lo que lo ubica entre las dos cantidades recomendadas por el informe – 156 dólares como suma complementaria hasta el umbral de vulnerabilidad o 253 como mitad de la mediana del ingreso per cápita hogareño. Este anuncio fue acompañado con el relanzamiento del el programa Potenciar Trabajo. El objetivo es poder reemplazar los programas de asistencia por trabajo social garantizado en sectores productivos como la producción textil o infraestructura, reactivando la economía de abajo hacia arriba.

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