Observatorio del Sur Global

La América que ya no es prioridad

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por Ariadna Dacil Lanza para Panamá

El mundo hasta el 10 de septiembre de 2001 no solo era un lugar donde tres Beatles aún estaban vivos y Oriana Fallaci caminaba las calles de Manhattan, era también un lugar donde “Lula” da Silva ya se había presentado a tres elecciones presidenciales en Brasil pero aún no había triunfado; Fernando de la Rúa tambaleaba pero seguía al frente del gobierno argentino; Álvaro Uribe en Colombia y Gonzalo Sánchez de Lozada en Bolivia recién preparaban sus candidaturas presidenciales; a Fidel Castro aún le pegaba el sol de Cuba en la cara; y habían pasado unos meses desde que Hugo Chávez recibió a George Bush -quien había ido por un viaje de pesca- en Miraflores, mientras Bush hijo subía a su primer vuelo internacional como Presidente con destino a México. Era un mundo donde se contabilizaban tres Cumbres de las Américas y se había escrito un borrador preliminar para avanzar en un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA); en tanto la Concertación de Ricardo Lagos gobernaba Chile mientras Pinochet seguía libre bajo fianza; en Perú Alberto Fujimori había cumplido un ciclo y Alejandro Toledo ya estaba en Casa de Pizarro, donde sería anfitrión para la firma de la Carta Democrática Interamerica, y además aún no tenía causas asociadas a Odebrecht, la cual aún no era un símbolo de corrupción. 

Pero más allá de qué hacían los latinoamericanos con su destino, en tanto región “dependiente”, en “desarrollo” o parte “del tercer mundo”, resulta necesario saber cómo era vista, pero cómo era vista esencialmente por la principal potencia global. Jean Paul Sartre dijo que “el infierno son los otros”, no porque las relaciones con los otros esten “envenenadas” sino porque “nos juzgamos con los medios que los demás tienen -nos han dado- para juzgarnos. Diga yo lo que diga acerca de mí, siempre el juicio ajeno entra en ello”. Tomemos esa idea como metáfora para ponderar la mirada del otro, en este caso Estados Unidos (EU), sobre el “nosotros”, América Latina (AL) y volver un poco más explícita la visión y el lugar que le asignó pero exclusivamente en las distintas Estrategias de Seguridad Nacional desde los atentados del 11S. Está claro que no es posible juzgar esa relación únicamente partiendo desde aquí pero es un elemento a considerar.

Hasta ese momento, la última Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) era la que había definido William “Bill” Clinton en el año 2000 donde AL ocupaba un punto extenso. El terrorismo aún no tenía el peso que tomará después, y se atendía el tráfico de drogas con desembolsos por ejemplo para el Plan Colombia. Se destacaban avances en la “restauración de las instituciones democráticas” y se daba una línea de acción para casi todos sus países: en términos políticos por ejemplo se destacaba a Chile, Uruguay, Nicaragua, Guatemala, Ecuador, Paraguay, República Dominicana y México; mientras que en Cuba promoverían “una transición pacífica a la democracia”, manteniendo “la presión sobre el régimen para que haga reformas” y alentando el “surgimiento de una sociedad civil”;. Hablaban de actividades militares “modestas” en la región y en lo económico, continuarían con asociaciones a través del FMI, el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) “para ayudar” a los países en su “transición hacia economías de mercado integradas” y en la “recuperación” de los bancos apoyando los “esfuerzos” por ejemplo de “Brasil y Argentina para reducir su vulnerabilidad los choques externos”, y a Ecuador en su “difícil camino hacia la recuperación” frente a sus altos servicio de deuda. Mientras que en Haití se continuaría con “asistencia humanitaria” y se aseguraba que en “cooperación con la OEA y las instituciones financieras” presionarían “al régimen haitiano” tanto para que vaya a elecciones libres como “para privatizar las industrias de propiedad estatal”. AL era en parte incluida en una visión multilateralista de Clinton, con un G20 en ciernes, pero la prioridad era el ALCA. Desde una visión más general se sostenía que “en algunos países de AL, los ciudadanos no se dan cuenta de todos los beneficios de la liberalización política” y una economía “sin leyes regulatorias”.

El 11S daría un giro relativo a esa mirada que se pasará sobre Oriente dejando en otro plano a la región. Y mientras esa atención declinaba, AL vivía transformaciones sustanciales. Steven Levitsky y Kenneth M. Roberts ubican en la década del 90 el inicio del “resquebrajamiento del consenso neoliberal” y describen algunos factores, tales como la creciente desigualdad hasta el incremento del precio de las commodities, como factores que favorecieron el surgimiento de lo que denominan “gobiernos de izquierda” en la región, aunque no se detienen en la relación de estos países con la principal potencia. Todavía era incipiente ese giro y el Congreso norteamericano aún no había aprobado la Ley Patriótica, Bush publicó su primera Estrategia de Seguridad Nacional (ESN-B). Si Clinton apelaba al multilateralismo y el G20, Bush sintonizará por el unilateralismo y el G7 ampliado con Rusia. Y si el primero reconocía algunos procesos “propios” de los países de la región, desde fenómenos electorales, climáticos o económicos, en el caso de Bush la región es vista principalmente bajo la lógica medios-fines y en el que “todas las naciones tienen responsabilidades importantes” en la cruzada norteamericana contra el terrorismo. La idea de “guerra global” habilitará que cualquier punto de la tierra pueda ser definido como tablero de operaciones y serán conflictos “de duración incierta”. La ESN-B se basaba en un “internacionalismo americano”, donde la idea de “autodefensa” incluye los “ataques preventivos” (ya no disuasivos) principalmente para evitar ofensivas contra EEUU o a “sus aliados y amigos”, con “Armas de Destrucción Masiva” (ADM) -químicas y biológicas-. En suma, si bien se postulaba un “equilibrio de poder” como define Gabriel Merino se apela en verdad a “la supremacía militar y al dominio de región de Medio Oriente para asegurar la posición hegemónica de Estados Unidos en el orden mundial”. Y más en general en palabras de Henry Kissinger: “sólo rara vez han existido sistemas de equilibrio del poder en la historia humana (…) el imperio ha sido la forma habitual de gobierno. Los imperios no tienen ningún interés en operar dentro de un sistema internacional; aspiran a ser ellos el sistema internacional. Los imperios no necesitan un equilibrio del poder. Así es como los EEUU han dirigido su política exterior en América”.

En esta guerra global, si bien se arrogan logros en Afganistán que “ha sido liberado” y dicen que siguen “cazando a los talibanes y al-Qaida” afirmaban que “no es solo este campo de batalla”. Las prioridades tenían más que ver con seguir comprometiendo a los países de la OTAN porque “los atentados del 11 de septiembre también fueron un ataque” a ellos. En tanto China y Rusia no eran vistos como enemigos y de hecho EEUU alentaba su participación en la OMC. El gigante asiático, que era el cuarto socio comercial de EEUU, era clave en la alianza Asia-Pacífico, y no una competencia (“Damos la bienvenida al surgimiento de una China fuerte, pacífica y próspera”). Mientras que el país liderado por Putin era adosado al G7 porque “ya no son adversarios estratégicos”. Sin embargo, Latinoamérica ocupaba un lugar secundario en la lucha contra el terrorismo islámico y solo continuarían haciendo esfuerzos para “aíslar a los terroristas” -en caso de haberlos- dando todas las “herramientas” a los estados “para terminar la tarea”. En la región decían que habían “formado coaliciones flexibles con países” que compartían las “prioridades” de EEUU, entre ellos México, Brasil, Canadá, Chile y Colombia y una prioridad era contar con una “hemisferio verdaderamente democrático”. AL era vista con preocupación en todo caso por actividades también definidas como terroristas pero de otro “tipo” y también por el tráfico de drogas. “Conflictos, especialmente derivado de la violencia de cárteles de la droga” que podrían poner en peligro a EEUU. Por eso, proponían ayudar a las “naciones andinas a ajustar sus economías”, a “derrotar a las organizaciones terroristas” y “cortar el suministro de drogas”. En Colombia, proponían “derrotar a los grupos armados ilegales de izquierda y derecha” para extender la “soberanía”. En el plano militar, se aseguraba que “la presencia de fuerzas estadounidenses en el extranjero es uno de los símbolos más profundos del compromiso de los EEUU con aliados y amigos” y que seguiría requiriendo “bases y estaciones” principalmente en Europa y noreste de Asia sin mención a AL. 

La mirada de EU siguió corrida y de hecho el foco de acciones terroristas fueron lugares como Egipto, Indonesia, Jordania, Marruecos, Rusia, Arabia Saudita, España y UK. En la región, en Argentina, Nestor Kirchner promediaba su mandato, Ecuador ya contaba con el dólar como moneda nacional y con Rafael Correa en la presidencia, Lula en Brasil, Michelle Bachelet en Chile, Tabaré Vázquez en Uruguay y Evo Morales en Bolivia.

En 2006 la adminsitración Bush aggiornó la ESN y arrancó diciendo que “EU está en guerra” y enfrenta un grave desafío: “el aumento del terrorismo alimentado por una ideología agresiva de odio y asesinato plenamente revelada al pueblo estadounidense el 11 de septiembre de 2001”. El diagnóstico es que han dejado a su enemigo “debilitado, pero aún no derrotado”. Afganistán e Irak son los estados que concentran mayor atención, se habla ahora también de tiranías, y aparecen Siria e Irán por ser “aliados del terror” al  “albergar terroristas”. Los acuerdos de no proliferación son otro aspecto de la misma lucha.

El foco sigue lejos de la AL pero cuando se mencionan por un lado los “nuevos avances” se hablaba de las “transferencias pacíficas de poder; crecimiento de los poderes judiciales independientes y del estado de derecho”, además de “mejores prácticas electorales y ampliación de derechos”. Por el lado de los pendientes ubican en Colombia, un aliado democrático en la lucha contra los “persistentes ataques de terroristas marxistas y narcotraficantes”; en Venezuela, apuntan contra lo que llamaban un “demagogo inundado de dinero del petróleo” que  estaba “socavando la democracia” y que buscaba “desestabilizar la región”; en Cuba, definían a Fidel Castro como “un dictador antinorteamericano” que continuaba “oprimiendo a su pueblo” y buscaba “subvertir la libertad en la región”. Ahora bien, a la hora de definir cómo abordar los conflictos en cada región, nombraban tres estrategias -“prevención y resolución de conflictos”; “intervención”; hasta “reconstrucción”- sin definir cuál sería aplicada en cada caso.

Mientras que aún la UNASUR no estaba conformada, en Argentina se había realizado la Cumbre de las Américas en 2005 y se sucedían reuniones entre Kirchner, Lula, Tabaré Vázquez, Nicanor Duarte Frutos y Chávez en la Cumbre del MERCOSUR. La estrategia comercial definida por Bush seguía impulsando iniciativas comerciales regionales y bilaterales: usar los TLC para hacer reformas económicas. El TLC de Centroamérica-República Dominicana” (CAFTA-DR), el cual había sido defendido un año antes por el presidente dominicano Leonel Fernández en la Cumbre de Mar del Plata y que esta ESN-B decía que había sido “buscado durante mucho tiempo”. En relación con Brasil, se pide trabajar en conjunto en tanto empezaba a ser visto como uno de los países que son “motor del crecimiento regional y global”. Toda la región es vista como un área de libre comercio basado en el TLC de América del Norte, el CAFTA-DR y el TLC con Chile, y se buscaba otros con Colombia, Perú, Ecuador y Panamá.

El “hemisferio occidental”, al que hacen equivaler con América, es la “primera línea de defensa de la seguridad” estadounidense porque “si los vecinos más cercanos de EEUU no son seguros y estables, los estadounidenses estarán menos seguros”, y México y Canadá es donde “comienza” la estrategia para el hemisferio. En esta zona el objetivo es tener un continente “democrático” y con “cooperación en materia de seguridad” mientras que “los tiranos (…) pertenecen a una época diferente”. Acá aparece por primera vez la palabra populismo: “No se debe permitir que el atractivo engañoso del populismo contra el libre mercado erosione las libertades políticas y atrape a los más pobres”. En síntesis, cuando repasaban la estrategia global, AL está en otro plano, África era de “importancia geoestratégica creciente” y “una de las principales prioridades de esta Administración”; Oriente Medio “en general sigue atrayendo la atención del mundo”; Europa como aliado con la OTAN como pilar vital de la política exterior de EU; Asia de “gran importancia estratégica” y “persistentes tensiones”, mientras que en menor medida se atendía a Rusia.  

Recién en 2010, dos años después de su victoria, Barack Obama publica su ESN y donde se afirmaba que “el lado oscuro de este mundo globalizado pasó a primer plano para el pueblo estadounidense el 11 de septiembre de 2001”. Allí el “orden internacional impulsado por el liderazgo de los EU” en tanto “única superpotencia” está “cediendo bajo el peso de nuevas amenazas”. La ESN-O no rechaza la idea de una defensa preventiva pero abandona el lenguaje de la “guerra global contra el terrorismo”, y sostiene que EU está en guerra con “un red de violencia y terror” además de insistir en la idea de “renovar el liderazgo” del país. El foco va a seguir en Irak y Afganistán; ahora también en Pakistán -donde recién un año después hallarían a Bin Laden-, además de en Irán por la potencial producción de armas químicas; mientras que la mirada sobre Rusia cambia para ser vista como amenaza por los ciberataques. Israel y Palestina, al igual que en la administración de Bush siempre tiene la atención norteamericana y China aún no ocupaba un lugar de amenaza a pesar de su creciente rol en la región, a lo sumo recibía críticas por algunas políticas restrictivas y descuidos respecto al cambio climático, y es valorada al igual que India. Pero advertían: las relaciones de “EEUU con China, India y Rusia, serán críticas”. El G-8 es visto como sus “socios probados y de larga data” y reaparece el G20, definido como “el principal foro económico internacional global” al representar el 80% del PBI mundial. 

¿Y América Latina? En parte, como dijimos, representada en el G20. Y si la administración Clinton hablaba de la región como la que tenía “las mayores disparidades” porque “el 20% más pobre de las personas” recibía “solo el 4,5% del ingreso total”, Obama enuncia una visión distinta de la región, con otro potencial. Insistimos en que hablamos de las visión o incluso los discursos que se trazaron en la ESN, y en este caso allí se apelaba a los “profundos lazos” y alianzas de la región “fundamentales para los intereses de EEUU”, luego en la misma ESN solo algunos países son definidos como aliados o “centros de influencia emergentes” como por ejemplo el caso de la Argentina, “la bienvenida al liderazgo de Brasil”, también parte del G20 y la Ronda de Doha, a su “éxito macroeconómico” y las medidas para “reducir las brechas socioeconómicas” y se alentaban “los esfuerzos brasileños contra las redes transnacionales ilícitas”. En términos de recursos se lo definía como “guardián de un patrimonio ambiental nacional único y líder en combustibles renovables”, por eso era “un socio importante”. Un año antes en Londres, Obama le había estrechado la mano a Lula diciendo: “amo a este tipo”. México lo ubicaban, al igual que Bush, junto a Canadá porque tienen “un efecto directo en la seguridad de nuestra patria”, además de importancia por el TLCAN, y para “identificar amenazas”. 

En 2015 Obama actualiza su ESN donde vuelven al tema del liderazgo norteamericano: “EU lidera desde una posición de fuerza”. Si bien en los seis años previos se da una reducción de 180 mil soldados de EEUU en Irak y Afganistán a 15 mil, según la misma ESN, se produce el surgimiento de otro actor de peso que vuelve a llevar la atención a Oriente: ISIS. Otro cambio entre las amenazas se da con Cuba, hay “apertura” en la relación bilateral. El neighborhood sigue bajo la misma lupa, se la menciona para hablar del tráfico de drogas en el Mar Caribe, el G20 aunque se insiste ahora ya no con el ALCA sino con la Asociación Transpacífica (TPP) y la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (T-TIP), pero que sigue buscando colocar “a los EEUU en el centro de una zona de libre comercio”. La ESN-O destacaba que en la región los gobiernos lograron que el número de personas de clase media superara el número de personas que viven en la pobreza “por primera vez en la historia” y que son “importantes para el suministro energético”. Pero sigue viendo que las ganancias de la región están en riesgo por las “instituciones débiles” además de “altas tasas de delincuencia” y “tráfico de drogas”. La mejora de los indicadores no es atribuida al “giro a la izquierda” pero tampoco a ninguno en particular salvo al Brasil de Dilma Rousseff a quienes sí le reconocen “logros en la reducción de la pobreza” y “altos estándares de servicios públicos”. Chile, Perú y México son colaboradores en pos de “sistemas comerciales abiertos para incluir TPP.  Derechos humanos, estado de derecho, asociación público-privada, migración eran también parte de la agenda regional.

“Creo que Trump puede ser uno de esos personajes en la historia que aparece de vez en cuando para marcar el final de una era y forzarla a renunciar a sus viejas pretensiones. No necesariamente quiere decir que él sepa esto, o que esté considerando una gran alternativa. Puede que sea sólo un accidente”, dijo Kissinger en una entrevista con el Financial Times justo después de que el norteamericano se reuniera con Putin en Helsinski. Ese final o giro de la historia del que habla KIssinger se expresa también en la ESN de Trump publicada el mismo año de su asunción en 2017 para “preservar la paz a través de la fuerza”. La rivalidad con China y Rusia copa la escena porque “desafían el poder, la influencia y los intereses estadounidenses” y que “están decididos a hacer economías menos libres (…) para hacer crecer sus ejércitos, y para controlar la información y los datos para reprimir sus sociedades”. Dicen que China “roba propiedad intelectual” de EU y que usa inteligencia artificial para “calificar la lealtad de sus ciudadanos”. En otro escalón, Corea del Norte e Irán, dos “dictaduras” ante las que había que construir un “escudo antimisiles”. Se mantiene la tensión también en Medio Oriente con centro en Siria, Irak y Afganistán. 

El desplazamiento de la mirada hacia estos países vuelve a ubicar a AL fuera de la escena principal, más aún si se considera el American First. La idea de “atacar al problema en su origen” aplicará tanto para las migraciones, ciberseguridad, como a los derivados de gobiernos definidos como “enemigos” entre ellos Cuba y Venezuela. Son gobiernos con “modelos autoritarios de izquierda anacrónicos” y por eso si insiste en las presiones sobre ambos. En lo económico, tanto el TLCAN está en la mira en un momento en que Trump postula, en la misma ESN, la construcción de muros fronterizos.

Desde aquel 11S pasaron dos décadas en la que América Latina no fue el centro de la mirada de la principal potencia global y eso se observa en una multiplicidad de factores, entre ellos también las ESN. Qué hicimos los latinoamericanos con eso es otra pregunta que corresponderá ser respondida a partir de estudios múltiples. Sartre aseguraba que “existe cantidad de gente en el mundo que está en el infierno, porque depende demasiado del juicio ajeno” y agregaba que “no quiere decir en absoluto que no se puedan tener otras relaciones con los demás, sólo señala la capital importancia de todos los demás para cada uno de nosotros”. Porque necesitamos de los otros, necesitamos saber cómo nos ven, y necesitamos también hacer algo con eso.

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