Mirada Multipolar | G20: Energía, finanzas y pandemia

Mirada Multipolar | G20: Energía, finanzas y pandemia

por Sebastián Tapia

El G20 vuelve a reunirse presencialmente tras la pandemia de COVID-19. La cita en Roma plantea cómo reorganizar las relaciones entre las grandes potencias mundiales en el escenario de pos-pandemia y favorece el contacto bilateral entre los asistentes. Energía, pandemia, finanzas e impuestos son los principales temas de la cumbre.

Todos los caminos conducen a Roma

Joseph Biden llegó a Roma unos días antes del comienzo de la reunión del G20, para poder encontrarse con el primer ministro de Italia y mantener un encuentro con el Papa Francisco. Biden es el segundo presidente católico de los Estados Unidos y se encuentra enfrentado con la Conferencia Episcopal estadounidense por su posición en favor del derecho al aborto. Más allá de resolver cuestiones religiosas personales, Biden trae a la mesa del G20 cuatro grandes temas: la provisión de energía a nivel mundial, la restauración de las cadenas de suministros globales, la relación con sus aliados europeos y el apoyo a la propuesta de un impuesto mundial a las grandes empresas.

En el primer día de reunión del G20, Joe Biden instó  a los principales países productores de energía del G20 con capacidad sobrante (Arabia Saudita en petróleo y Rusia en gas natural)  a aumentar la producción para garantizar una recuperación económica mundial. La presión sobre estos países se da en un momento en que el precio del gas europeo llega a un punto máximo – en medio de tensiones en el este de Ucrania, la falta de habilitación del gasoducto Nordstream II y la negativa de países europeos a negociar contratos a largo plazo – y mientras se negocia con la OPEP un aumento de la producción para lograr una baja del precio del petróleo.

En el segundo día, la propuesta de debate por parte de Estados Unidos es identificar y mejorar los puntos débiles de las cadenas de suministros globales, que fueron afectadas seriamente por la pandemia de COVID-19. Los problemas logísticos creados a partir de las cuarentenas y la falta de trabajadores en logística han creado cuellos de botella en los suministros de materias primas y de bienes de consumo. Lo cual se vuelve más serio ante el aumento de la demanda estacional por la época de fiestas navideñas y de fin de año.

En cuanto a mejorar la relación con los aliados estadounidenses, Biden recurrió a una serie de reuniones bilaterales. En su encuentro con el presidente francés, Emmanuel Macron, el presidente estadounidense se disculpó por la manera en la que se llevó adelante la negociación del AUKUS pero no dió un paso atrás con respecto a la construcción de submarinos para Australia:

“Lo que hicimos fue torpe. No se hizo con mucha gracia. Tenía la impresión de que habían sucedido cosas que no habían sucedido, pero quiero dejar claro que Francia es un socio extremadamente, extremadamente valorado. Extremadamente, es una potencia en sí misma”

La respuesta de Macron muestra que ambos países siguen manteniendo muchos intereses en común, más allá de lo que ellos definieron como una “puñalada en la espalda”:

“Para mí, lo importante es que en las últimas semanas hemos construido acciones muy concretas para reforzar la asociación en el Sahel. Se ha aclarado lo que significa la defensa europea y su total compatibilidad con la OTAN, pero también lo que significa la soberanía europea y su importancia para su seguridad global, y ésta es una aclaración extremadamente importante”.

Otro miembro de la OTAN con quien se había deteriorado la relación bilateral es Turquía. Biden se reunió con Erdogan para intentar recomponer la relación. Por un lado, Estados Unidos le pide un mayor respeto a los derechos humanos, cuestión que la semana pasada casi termina con la expulsión del embajador estadounidense y otros 9 embajadores occidentales. Por otro lado, Turquía requiere la compra de nuevos aviones F-16 con el excedente de la inversión que hizo en el programa F-35, del cual fue expulsada por haber comprado misiles antiaéreos a Rusia. Ambos temas fueron tratados en la reunión y quedaron en continuar la negociación.

En otra reunión al margen del G20, se emitió un comunicado entre Estados Unidos, Francia, Alemania y el Reino Unido, en el cual Biden se compromete a volver a la mesa de negociación del Acuerdo Nuclear con Irán. El nuevo compromiso estadounidense sería que no se retirarán del acuerdo, a menos que Teherán viole el pacto. Esto sucede dos días después que el principal negociador iraní anuncia que Irán estaría dispuesto a volver a negociar hacia finales de Noviembre.

Un impuesto global

Uno de los logros de la diplomacia estadounidense en este G20 fue lograr el apoyo de las otras naciones para el establecimiento de un impuesto mínimo global a las grandes empresas del 15%. La medida fue aprobada al finalizar el primer día del G20, pero entrará en vigencia lentamente hasta ser efectiva en 2023.

Si bien es un paso adelante para evitar la competencia desleal que las guaridas fiscales realizan contra los otros estados, el proyecto tiene algunas desventajas que ya hemos comentado antes. El porcentaje del 15% es muy cercano al que cobran estas guaridas fiscales y lejano de la mayoría de los estados, la recaudación de este impuesto favorece principalmente a las economías más grandes, entre otras.

La posición rusa

El presidente ruso, Vladimir Putin, no asistió personalmente al encuentro. En su lugar participó el canciller, Sergei Lavrov, quien mantuvo las reuniones bilaterales con otros estados. Sin embargo, Putin participó del plenario mediante videoconferencia.

En su mensaje, Putin realizó un análisis de la situación económica mundial, haciendo incapié en el aumento de los déficit presupuestarios durante la pandemia:

“Mientras que en 2017-2019, el déficit presupuestario promedio fue de alrededor del 3.8 por ciento del PIB, creció al 11.2 por ciento en 2020 en medio de la pandemia. Este año, aunque ligeramente más bajo, el déficit presupuestario sigue siendo bastante alto, con un 8,7 por ciento. Me gustaría señalar que Estados Unidos representará el 40 por ciento de los déficits presupuestarios de los países del G20 combinados en 2020-2021. Digo esto porque todos entendemos muy bien que el estado de la economía estadounidense es lo que determina el estado de la economía global.”

Putin identifica en estos déficits desorbitados, principalmente el estadounidense, la causa de la inflación que sufrimos a nivel mundial y el peor escollo para la reactivación post-pandemia:

“El estímulo excesivo se ha traducido en una falta generalizada de estabilidad, precios crecientes de bienes y activos financieros en ciertos mercados como energía, alimentos, etc. Una vez más, los importantes déficits presupuestarios de las economías desarrolladas son la principal causa de estos desarrollos. Con la persistencia de estos déficits, existe el riesgo de una alta inflación global en el mediano plazo, lo que no solo aumenta el riesgo de menor actividad empresarial sino que refuerza y ??exacerba la desigualdad que también se mencionó hoy.”

Como solución al problema del déficit no propuso austeridad, sino:

“normalizar las políticas presupuestarias y monetarias, mejorar la calidad de la gestión de la demanda en la economía y actualizar las prioridades económicas, y priorizar principalmente la superación de la desigualdad y el impulso del bienestar público.”

En cuanto a la pandemia, sostuvo que hay proteccionismo y una competencia deshonesta que impide que todo el mundo pueda acceder a las vacunas. Para mejorar la circulación y favorecer el restablecimiento de lazos comerciales y turísiticos propuso “instruir a los ministerios de salud del G20 para que aborden la cuestión del reconocimiento mutuo de los certificados nacionales de vacunación en el plazo más breve posible.”

En respuesta a la presión estadounidense y europea para aumentar el suministro de gas, Putin respondió que el mercado energético es un juego de a dos:

“Suministrar energía asequible a los consumidores es extremadamente importante y nuestros colegas acaban de hablar de ello. Me gustaría añadir que la estabilidad de los mercados energéticos mundiales depende directamente de la conducta responsable de todos los participantes del mercado, tanto los productores de energía como los consumidores de energía, teniendo debidamente en cuenta los intereses a largo plazo de cada una de las partes.”

Argentina: la deuda y la transición ecológica

El presidente argentino, Alberto Fernández, también participó personalmente de la reunión del G20 en Roma. Viajó acompañado por el ministro de Relaciones Exteriores, Santiago Cafiero,  y el de Economía, Martín Guzmán. Entre los tres llevaron adelante una serie de encuentros bilaterales con el objetivo de mejorar la posición de negociación argentina con el FMI, en cuanto a la deuda contraída por el gobierno anterior.

Fernández se reunió con la canciller alemana Angela Merkel, con el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, con el presidente francés, Emmanuel Macron, con el presidente del Gobierno español Pedro Sánchez, con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen y mantuvo un encuentro virtual con Vladimir Putin, el presidente de Rusia. La estrategia es reunir la mayor cantidad de apoyo posible de los países europeos, que cuentan con una participación importante en el FMI. Sin embargo, no pudo realizar una bilateral con Joseph Biden, siendo que Estados Unidos es el principal accionista del FMI. Pero pudo lograr un encuentro casual donde expresaron su voluntad de una pronta reunión.

Con respecto al FMI, Fernández sostuvo una bilalteral con la Directora Gerenta del FMI, Kristalina Georgieva en la embajada argentina en Roma. La reunión fue considerada buena y continuará el diálogo el lunes Martín Guzmán, cuando se reuna con Julie Kozack, la vicedirectora para el Hemisferio Occidental del FMI.

El discurso de Alberto Fernández el primer día del G20 se enfocó en la deuda y de cómo debe mejorarse el sistema financiero internacional:

“La deuda externa que mi gobierno heredó con el Fondo Monetario Internacional y que hoy estamos afrontando es un claro ejemplo de lo que está mal: única en la historia por su monto y por sus condiciones de repago, aprobada para favorecer a un gobierno en la coyuntura, acaba condenando a generaciones que miran impávidas el destino que les ha sido impuesto”

En este caso, considera que la deuda también es un juego de a dos. No sólo es responsabilidad de quién pide el préstamo, sino también del organismo que lo autoriza e impone las condiciones de pago:

“son tan responsables los que se endeudaron sin atender las ruinosas consecuencias sobrevinientes, como los que dieron esos recursos para financiar la fuga de divisas en una economía desquiciada”

En el segundo día, Fernandez vinculó el tema del financiamiento internacional con el de la acción para evitar el cambio climático, una antesala a la reunión COP 26 a la que asistirá en Glasgow a partir del lunes.

“La justicia ambiental requiere justicia financiera global. Sin financiamiento sostenible no habrá desarrollo sostenible. Los recursos para la implementación del Acuerdo de París siguen siendo insuficientes, especialmente para los países más desfavorecidos.”

También resaltó la desigualdad con la que los países afrontan la transición a una economía más verde, marcando la diferencia entre los más desarrollados y los que están en desarrollo.

“Son los países desarrollados quienes más se beneficiaron del uso intensivo de los recursos ambientales del planeta durante los últimos siglos. Por eso es esencial el concepto de responsabilidades comunes pero diferenciadas. Los países que produjeron la mayor huella ambiental son los mismos que dominan las tecnologías que pueden reducir el impacto de la producción sobre el medio ambiente. Esta transición tendrá sobre ellos un efecto positivo, no solo en materia ambiental, sino sobre la producción y el empleo.”

Y destacó que los países de ingresos medios, como la Argentina, son quienes más tienen para perder en esta transición:

“Para nosotros el impacto de esta transición puede ser negativo en términos de cohesión social. Al mismo tiempo y dada la primarización de nuestras exportaciones, es imprescindible que las nuevas reglas ambientales estén respaldadas en evidencia científica para que no constituyan una barrera injustificada al comercio. El deterioro de la casa común reclama revisar sus cimientos. No es suficiente con una renovación cosmética.”

No parece haber un resultado claro de esta reunión del G20. El impuesto global mínimo a las grandes empresas es un acuerdo palpable, aunque de dudosa eficacia. Lo que deja en claro esta reunión en Roma es que todos los países, desarrollados o no, coinciden en identificar las amenazas globales. Pero el abordaje de estos problemas sigue siendo difícil a escala global si no se tiene en cuenta las asimetrías entre los distintos actores.

Mirada Multipolar | AUKUS: una alianza desestabilizadora

Mirada Multipolar | AUKUS: una alianza desestabilizadora

por Sebastián Tapia

Estados Unidos, el Reino Unido y Australia anunciaron este miércoles un nuevo pacto de seguridad para compartir inteligencia y tecnología avanzada de defensa, con miras a consolidar su política de contención de China en el área del Indo-Pacífico. Sin embargo, tan sólo el anuncio de esta nueva alianza enemistó más a otros aliados interesados en la región. La forma en la que este pacto fue negociado, sumado al desastre causado por la retirada unilateral de Estados Unidos de Afganistán, crea una mayor incertidumbre en sus aliados, especialmente europeos, que comienzan a considerar otras alternativas.

El AUKUS

Esta nueva asociación fue bautizada según el acrónimo en inglés de Australia (A), Reino Unido (UK) y Estados Unidos (US). Fue presentada en un acto oficial por Joe Biden desde Washington, acompañado por videoconferencia por el primer ministro británico, Boris Johnson, y el australiano, Scott Morrison, de quien el presidente estadounidense olvidó su nombre y se refirió como “el tipo de allá abajo”.

Que el mundo anglosajón se reúna para compartir inteligencia en seguridad sobre otros estados, no es algo nuevo. La alianza de los Cinco Ojos (Reino Unido, Estados Unidos, Australia, Canadá y Nueva Zelanda) que viene de la posguerra mundial continúa en actividad, por lo que es extraño que hayan decidido dejar a dos de sus miembros fuera de este nuevo pacto.

Por otro lado, la estrategia estadounidense para contener a China se había centrado en el Quad. Esta asociación de países (India, Japón, Australia y Estados Unidos), con larga data de confrontamiento con China, no había podido materializarse todavía. Curiosamente, debe reunirse la semana que viene en Washington, pero tampoco se ha explicado por qué se dejó a Japón e India afuera del AUKUS. En especial, teniendo en cuenta que India también posee submarinos nucleares, un punto importante en esta alianza.

Bajo el mar

Uno de los puntos más controversiales del acuerdo es la transferencia tecnológica para que Australia construya submarinos de propulsión nuclear por primera vez. De acuerdo al comunicado conjunto:

“Como primera iniciativa de AUKUS, reconociendo nuestra tradición común como democracias marítimas, nos comprometemos con una ambición compartida de apoyar a Australia en la adquisición de submarinos de propulsión nuclear para la Royal Australian Navy.”

El comunicado también deja en claro que sólo la propulsión será nuclear en estos submarinos, no tendrán armamento nuclear. Hasta ahora Estados Unidos solo había compartido su tecnología para desarrollar submarinos con propulsión nuclear con un solo país, el Reino Unido, en 1958. El objetivo de esta transferencia tecnológica es emparejar el escenario naval en el Pacífico con China, cuya flota cuenta con este tipo de submarinos. Desde el diario chino Global Times dejaron en claro que esta acción tendrá repercusiones más fuertes que sólo el enfrentamiento con China:

“Si Washington ayuda a Australia a adquirir submarinos con capacidad nuclear, esto acabará por legalizar la exportación de esta tecnología, con lo que más regiones se verán envueltas en más tensiones, y obtener estos submarinos se convertirá en una tentación universal”

La posesión de submarinos nucleares por parte de Australia también la enfrenta con sus vecinos. La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, afirmó que su país no cambiará su política nuclear ni la prohibición de submarinos de propulsión nuclear.

“La posición de Nueva Zelanda en relación con la prohibición de embarcaciones de propulsión nuclear en nuestras aguas se mantiene sin cambios (…) Ciertamente, los submarinos (de propulsión nuclear) no podrán entrar en nuestras aguas… esa es la postura de todos los partidos”.

La puñalada en la espalda

La adquisición de submarinos nucleares por Australia también afecta la relación de los Estados Unidos y del Reino Unido con otros aliado, debido a los compromisos de la industria naval australiana.

El nuevo pacto habría puesto fin a un acuerdo de Australia con Francia para fabricar submarinos de diseño francés firmado en 2016 por 50.000 millones de dólares australianos. El trato incluía la construcción de 12 submarinos para la Armada australiana por la empresa francesa Naval Group y había llevado un largo tiempo de negociación por la exigencia de Canberra de darle prioridad a la producción local. Ahora, el estado australiano deberá enfrentar multas entre 140 y 400 millones de dólares, dependiendo de qué tan avanzado esté el proyecto en la naviera francesa. Pero no es sólo una cuestión económica, sino de confianza. El canciller francés, Yves Le Drian, definió la situación de la siguiente manera:

“Es realmente una puñalada por la espalda. Habíamos establecido una relación de confianza con Australia, esta confianza ha sido traicionada ”

Como respuesta, Francia retiró sus embajadores en Washington y en Canberra en protesta por el acuerdo AUKUS. Pero no lo hizo todavía con el embajador en Londres. Es probable que lo haga tras la revelación que el acuerdo fue negociado durante la cumbre del G7 en Cornwall, a espaldas del presidente Emmanuel Macron.

Un quiebre en Occidente

El AUKUS parece ser el último quiebre dentro de Occidente entre Europa y el mundo anglosajón. El Brexit, la salida desordenada de Afganistán sin consultar con sus socios europeos y ahora el acuerdo a costa de las industrias francesas pone en cuestión qué tan unida es la OTAN y hasta dónde está dispuesta Europa a acompañar los objetivos estadounidenses. Porque si hay algo de lo que Europa carece, es de objetivos propios en política exterior y defensa.

Poco a poco hay señales de una búsqueda de independencia del liderazgo estadounidense, al menos por algunos países europeos. El completar el gasoducto Nordstream II por parte de Alemania fue un desafío a la provisión de gas licuado estadounidense por barco, mucho más caro, justo en un momento en que los mil metros cúbicos superan los 950 dólares.  Por otro lado, Ursula van der Leyen en su discurso del Estado de la Unión Europea anunció la necesidad de crear una esfera de decisión propia de Europa en cuanto a defensa:

“Por todo lo que antecede, el presidente Macron y yo convocaremos una Cumbre Europea de la Defensa durante la Presidencia francesa del Consejo de la Unión Europea: ha llegado, en definitiva, la hora de que Europa pase a un nuevo nivel.”

Esto retoma varios proyectos franceses y alemanes de crear fuerzas armadas propias de Europa, por fuera de la OTAN, pero manteniendo la colaboración. En cambio, cuando van der Leyen se refirió a la cooperación con Estados Unidos no nombró a la seguridad ni defensa:

“Con los Estados Unidos desarrollaremos nuestra nueva agenda para el cambio global, desde el nuevo Consejo de Comercio y Tecnología a la seguridad sanitaria y la sostenibilidad.”

El contraste

Es importante destacar cómo las iniciativas de asociación dentro del bloque occidental se caracterizan por estar dirigidas contra terceros países, principalmente rondando el área de lo militar. Si bien el primer ministro Boris Johnson declaró en el parlamento que “el AUKUS no tiene la intención de ser adversario de ningún otro poder “, la intención es tan manifiesta que su propia compañera, Theresa May, se vió obligada a cuestionar si el acuerdo obliga al Reino Unido a reaccionar en caso que China ocupe la isla de Taiwán.

Mientras tanto, otras regiones del planeta apuestan a otro tipo de cooperación. Hemos hablado recientemente de los avances en la integración euroasiática, profundizada tras la última reunión de la Organización de Cooperación de Shanghái donde Irán fue admitido como miembro pleno. Incluso en el continente americano, donde la Cumbre de la CELAC concluyó con una declaración de 44 puntos de acuerdo entre 32 países latinoamericanos y del Caribe. Además, se firmaron declaraciones especiales sobre el fin del bloqueo económico sobre Cuba, el tema de las Malvinas o la Cumbrec del Cambio Climátioco Cop26.

Queda cada vez más claro quienes apuestan a un mundo multipolar estable y basado en la cooperación, y quienes apuestan a sabotearlo.

Adiós a la hegemonía

Adiós a la hegemonía

por Fyodor Lukyanov para Russia in Global Affairs

La historia se desarrolla a veces de manera sorprendentemente rítmica, moviéndose a un ritmo mesurado. Podemos contar sus hitos cada diez años desde finales del siglo XX: 1991 — Operación Tormenta del Desierto y el colapso de la URSS; 2001—9 / 11ataques en los EE. UU .; 2011: Primavera Árabe, el asesinato casi ritual de Gadafi; 2021: la confusa retirada de los estadounidenses de Afganistán y el triunfo de los talibanes. Por supuesto, el mundo ha sido testigo de otros eventos importantes durante estos años, pero solo tomamos aquellos que han marcado el comienzo de cambios cualitativos en el orden mundial.

El discurso de Biden el 16 de agosto de 2021, donde comentó las circunstancias que rodearon la finalización de la misión de Estados Unidos en Afganistán, y su declaración del 1 de septiembre debe considerarse un punto de inflexión en la política exterior de Estados Unidos. “Sé que mi decisión será criticada, pero prefiero aceptar todas esas críticas que pasar esta decisión a otro presidente”, dijo Biden, dando a entender que sus tres predecesores no habían dado el paso necesario. Por lo tanto, se enfrentó no solo a Donald Trump (mencionándolo por su nombre), sino también a George W. Bush, e incluso a Barack Obama. Según Biden, Estados Unidos nunca tuvo la intención de participar en la construcción de una nación en Afganistán, pero abordó tareas de seguridad específicas para destruir a los responsables de los ataques terroristas en Estados Unidos, y estas tareas se resolvieron. En cuanto a la construcción de una nación, es una completa mentira, pero es digno de mención cuán ansiosamente Washington está renunciando ahora a los postulados que consideraba fundamentales hace veinte años.

La invasión de Afganistán en 2001 fue un acto de represalia por los ataques terroristas en Nueva York y Washington, pero, sobre todo, fue una operación histórica que significó la disposición de Estados Unidos para transformar por la fuerza el mundo de la manera “correcta”. Este curso no fue creado por George W. Bush, ni siquiera por Bill Clinton, sino por el presidente estadounidense que proclamó la victoria en la Guerra Fría: George H.W. Bush. La primera manifestación del “nuevo orden mundial” fue la Operación Tormenta del Desierto a principios de 1991. La Unión Soviética todavía existía en ese momento, y la intervención terminó con la expulsión de Saddam Hussein de Kuwait, no con un cambio de régimen en Irak, como algunos políticos y militares estadounidenses habían exigido. Con la desintegración de la URSS, no quedaron restricciones externas y Estados Unidos entró en el llamado “momento unipolar”. Le dio a Estados Unidos la capacidad y la posibilidad de hacer lo que quisiera en el escenario mundial. En el sentido político-militar, esto significó la ausencia de competidores equivalentes. Una serie de globos de prueba lanzados con diversos grados de éxito, como acciones militares en Haití, Somalia y Bosnia, culminó con el bombardeo de Yugoslavia. Esto resultó en la desintegración final del “Estado no deseado” y el posterior derrocamiento del régimen inaceptable para Occidente. Esto se hizo sin invasión terrestre, a pesar de que se había discutido en principio. Conceptualmente, la política estadounidense de la era posterior a la Guerra Fría se formuló precisamente en la década de 1990. Su autor principal fue Bill Clinton, conocido en su juventud como pacifista y evasor del servicio militar.

Los ataques del 11 de septiembre le dieron a Estados Unidos las manos libres para hacer cumplir su “enfoque transformacional” (Condoleezza Rice lo describió como la base de la política estadounidense) a escala global.

Crear un mundo democrático seguro para los estadounidenses se había convertido en realidad en el objetivo principal: cuantas más democracias haya, menor será el riesgo para Estados Unidos.

El conjunto de herramientas de instrumentos político-militares que se utilizarán para lograr este objetivo (desde la intervención armada hasta la promoción de formas aprobadas de organización sociopolítica mediante revoluciones de color) se formó en la primera mitad de la década de 2000. Pero ya a mediados de esa década, habían aparecido los primeros signos que indicaban que esta política tenía sus inconvenientes, por decir lo mínimo, y no necesariamente producía los resultados esperados.

La prolongada campaña en Afganistán, los desordenados acontecimientos en Irak, la creciente “resistencia del material” en el espacio postsoviético, la fatal disfunción de Palestina después de las elecciones democráticas impuestas, todo esto debería haber creado conciencia de lo que Biden insinuó en su discurso sobre Afganistán: la necesidad de un cambio radical de política. Sin embargo, ni George W. Bush durante su segundo mandato, ni Barack Obama, ni siquiera el rebelde Trump pudieron hacer esto. La corrección práctica comenzó bajo Bush, Obama trató de comenzar una salida suave de las obligaciones sin cambiar la narrativa, y Trump cambió drásticamente la retórica y desautorizó las políticas anteriores, pero no tuvo tiempo de completar el trabajo.

El desastre de Kabul en agosto de 2021 probablemente podría haberse evitado si Washington hubiera sido más responsable y reflexivo al reducir su presencia en Afganistán. Pero, aparentemente, tenía demasiada confianza en sí mismo y también se veía obstaculizado por las disputas ideológicas y propagandísticas en el país. La percepción de Estados Unidos como un hegemón global incondicional se arraigó tanto en el establishment estadounidense después de la Guerra Fría que su salida provocó una feroz resistencia, aunque muchos entendieron objetivamente que ya no era posible seguir así. En otras palabras, el deseo de camuflar ambiciones decrecientes e imitar su continuidad, y el compromiso de principios con los fundamentos ideológicos no permitieron a Estados Unidos reducir la carga de manera controlada. Como resultado, el mundo entero observó con asombro cómo la situación se convertía en una crisis y caía en el caos, acompañada de acusaciones de traicionar aliados e ideales.

La hegemonía mundial estadounidense de la edición 1991-2021 fue tan impresionante y probablemente sin precedentes en escala que no fue posible una salida suave y gradual de ella.

Este evento iba a estar marcado por algo no menos histórico y simbólico que la caída del Muro de Berlín o los ataques aéreos a las torres gemelas de Nueva York. Las imágenes que capturan el escape del aeropuerto de Kabul, y todo lo que lo acompañó, pasarán a la historia como un epítome del fin de una era. En su discurso, Biden básicamente anunció que Estados Unidos se centraría en sí mismo y sus problemas para garantizar su propia seguridad y luchar contra rivales estratégicos (China y Rusia), pero ya no buscaría cambiar el mundo, es lo que es. Este es un momento aleccionador después de la euforia de finales del siglo XX. Las recaídas son posibles, pero no hay retorno al estado estadounidense anterior.

La retirada de Estados Unidos de Afganistán “se trata de poner fin a una era de importantes operaciones militares para rehacer otros países”, dijo Biden, al anunciar el fin del puente aéreo. El lema “Estados Unidos ha vuelto” que repitió tantas veces durante su campaña presidencial significa, como podemos ver, no un nuevo regreso a la arena mundial, sino un “regreso a casa”. En este sentido, Biden continúa la política de Trump, sin importar cuánto le desagrade. Lo mismo ocurre con el “enfrentamiento entre las grandes potencias” como eje central de las políticas globales y estadounidenses. Este postulado se presenta en documentos doctrinales adoptados bajo Trump, pero no ha sido revisado bajo Biden. Retóricamente, la actual administración de los Estados Unidos concede una importancia cada vez mayor al componente ideológico: la confrontación entre democracia y autocracia. Pero esto se hace más con fines instrumentales para facilitar la formación de bloques y la estructuración de la política mundial. Después de la vergüenza afgana (por decirlo suavemente), esta parte de la “doctrina Biden” palidece hasta la insignificancia.

Independientemente de la retórica que acompañe a las acciones reales, Estados Unidos está cambiando a políticas abiertamente egoístas dirigidas exclusivamente a sí mismo. Hace veinte años, los neoconservadores y neoliberales acérrimos en Washington realmente creían que el establecimiento de la democracia en todo el mundo y la imposición de reglas universales era lo mejor para Estados Unidos. De ahí los planes dementes para construir un “estado democrático moderno” en Afganistán, ahora negado por Joe Biden. Ahora que los sueños se han disipado, solo queda el pragmatismo puro, dejando de lado las reglas. La era de la “posbipolaridad”, que, como entendemos ahora, no fue un período de creación, sino de deconstrucción, contuvo algunas inercias institucionales de la segunda mitad del siglo XX, probablemente el período más ordenado de la historia política mundial. En general, la transición de Estados Unidos a una política egoísta es un cambio positivo, al menos es honesto. Las ficciones sobre la “antorcha de la democracia”, incluso (especialmente) si se creen, solo exacerban el caos. Pero todas las contrapartes estadounidenses en la arena internacional no deben olvidar que Estados Unidos ahora utilizará todos los medios disponibles para lograr sus objetivos, principalmente los domésticos, porque es muy importante para él. Todos los demás deberían estar preparados para esto.


Traducido de Lukyanov, F. A., 2021. Farewell to Hegemony. Russia in Global Affairs, 19(3), pp. 5-8. doi: 10.31278/1810-6374-2021-19-3-5-8.

La América que ya no es prioridad

La América que ya no es prioridad

por Ariadna Dacil Lanza para Panamá

El mundo hasta el 10 de septiembre de 2001 no solo era un lugar donde tres Beatles aún estaban vivos y Oriana Fallaci caminaba las calles de Manhattan, era también un lugar donde “Lula” da Silva ya se había presentado a tres elecciones presidenciales en Brasil pero aún no había triunfado; Fernando de la Rúa tambaleaba pero seguía al frente del gobierno argentino; Álvaro Uribe en Colombia y Gonzalo Sánchez de Lozada en Bolivia recién preparaban sus candidaturas presidenciales; a Fidel Castro aún le pegaba el sol de Cuba en la cara; y habían pasado unos meses desde que Hugo Chávez recibió a George Bush -quien había ido por un viaje de pesca- en Miraflores, mientras Bush hijo subía a su primer vuelo internacional como Presidente con destino a México. Era un mundo donde se contabilizaban tres Cumbres de las Américas y se había escrito un borrador preliminar para avanzar en un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA); en tanto la Concertación de Ricardo Lagos gobernaba Chile mientras Pinochet seguía libre bajo fianza; en Perú Alberto Fujimori había cumplido un ciclo y Alejandro Toledo ya estaba en Casa de Pizarro, donde sería anfitrión para la firma de la Carta Democrática Interamerica, y además aún no tenía causas asociadas a Odebrecht, la cual aún no era un símbolo de corrupción. 

Pero más allá de qué hacían los latinoamericanos con su destino, en tanto región “dependiente”, en “desarrollo” o parte “del tercer mundo”, resulta necesario saber cómo era vista, pero cómo era vista esencialmente por la principal potencia global. Jean Paul Sartre dijo que “el infierno son los otros”, no porque las relaciones con los otros esten “envenenadas” sino porque “nos juzgamos con los medios que los demás tienen -nos han dado- para juzgarnos. Diga yo lo que diga acerca de mí, siempre el juicio ajeno entra en ello”. Tomemos esa idea como metáfora para ponderar la mirada del otro, en este caso Estados Unidos (EU), sobre el “nosotros”, América Latina (AL) y volver un poco más explícita la visión y el lugar que le asignó pero exclusivamente en las distintas Estrategias de Seguridad Nacional desde los atentados del 11S. Está claro que no es posible juzgar esa relación únicamente partiendo desde aquí pero es un elemento a considerar.

Hasta ese momento, la última Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) era la que había definido William “Bill” Clinton en el año 2000 donde AL ocupaba un punto extenso. El terrorismo aún no tenía el peso que tomará después, y se atendía el tráfico de drogas con desembolsos por ejemplo para el Plan Colombia. Se destacaban avances en la “restauración de las instituciones democráticas” y se daba una línea de acción para casi todos sus países: en términos políticos por ejemplo se destacaba a Chile, Uruguay, Nicaragua, Guatemala, Ecuador, Paraguay, República Dominicana y México; mientras que en Cuba promoverían “una transición pacífica a la democracia”, manteniendo “la presión sobre el régimen para que haga reformas” y alentando el “surgimiento de una sociedad civil”;. Hablaban de actividades militares “modestas” en la región y en lo económico, continuarían con asociaciones a través del FMI, el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) “para ayudar” a los países en su “transición hacia economías de mercado integradas” y en la “recuperación” de los bancos apoyando los “esfuerzos” por ejemplo de “Brasil y Argentina para reducir su vulnerabilidad los choques externos”, y a Ecuador en su “difícil camino hacia la recuperación” frente a sus altos servicio de deuda. Mientras que en Haití se continuaría con “asistencia humanitaria” y se aseguraba que en “cooperación con la OEA y las instituciones financieras” presionarían “al régimen haitiano” tanto para que vaya a elecciones libres como “para privatizar las industrias de propiedad estatal”. AL era en parte incluida en una visión multilateralista de Clinton, con un G20 en ciernes, pero la prioridad era el ALCA. Desde una visión más general se sostenía que “en algunos países de AL, los ciudadanos no se dan cuenta de todos los beneficios de la liberalización política” y una economía “sin leyes regulatorias”.

El 11S daría un giro relativo a esa mirada que se pasará sobre Oriente dejando en otro plano a la región. Y mientras esa atención declinaba, AL vivía transformaciones sustanciales. Steven Levitsky y Kenneth M. Roberts ubican en la década del 90 el inicio del “resquebrajamiento del consenso neoliberal” y describen algunos factores, tales como la creciente desigualdad hasta el incremento del precio de las commodities, como factores que favorecieron el surgimiento de lo que denominan “gobiernos de izquierda” en la región, aunque no se detienen en la relación de estos países con la principal potencia. Todavía era incipiente ese giro y el Congreso norteamericano aún no había aprobado la Ley Patriótica, Bush publicó su primera Estrategia de Seguridad Nacional (ESN-B). Si Clinton apelaba al multilateralismo y el G20, Bush sintonizará por el unilateralismo y el G7 ampliado con Rusia. Y si el primero reconocía algunos procesos “propios” de los países de la región, desde fenómenos electorales, climáticos o económicos, en el caso de Bush la región es vista principalmente bajo la lógica medios-fines y en el que “todas las naciones tienen responsabilidades importantes” en la cruzada norteamericana contra el terrorismo. La idea de “guerra global” habilitará que cualquier punto de la tierra pueda ser definido como tablero de operaciones y serán conflictos “de duración incierta”. La ESN-B se basaba en un “internacionalismo americano”, donde la idea de “autodefensa” incluye los “ataques preventivos” (ya no disuasivos) principalmente para evitar ofensivas contra EEUU o a “sus aliados y amigos”, con “Armas de Destrucción Masiva” (ADM) -químicas y biológicas-. En suma, si bien se postulaba un “equilibrio de poder” como define Gabriel Merino se apela en verdad a “la supremacía militar y al dominio de región de Medio Oriente para asegurar la posición hegemónica de Estados Unidos en el orden mundial”. Y más en general en palabras de Henry Kissinger: “sólo rara vez han existido sistemas de equilibrio del poder en la historia humana (…) el imperio ha sido la forma habitual de gobierno. Los imperios no tienen ningún interés en operar dentro de un sistema internacional; aspiran a ser ellos el sistema internacional. Los imperios no necesitan un equilibrio del poder. Así es como los EEUU han dirigido su política exterior en América”.

En esta guerra global, si bien se arrogan logros en Afganistán que “ha sido liberado” y dicen que siguen “cazando a los talibanes y al-Qaida” afirmaban que “no es solo este campo de batalla”. Las prioridades tenían más que ver con seguir comprometiendo a los países de la OTAN porque “los atentados del 11 de septiembre también fueron un ataque” a ellos. En tanto China y Rusia no eran vistos como enemigos y de hecho EEUU alentaba su participación en la OMC. El gigante asiático, que era el cuarto socio comercial de EEUU, era clave en la alianza Asia-Pacífico, y no una competencia (“Damos la bienvenida al surgimiento de una China fuerte, pacífica y próspera”). Mientras que el país liderado por Putin era adosado al G7 porque “ya no son adversarios estratégicos”. Sin embargo, Latinoamérica ocupaba un lugar secundario en la lucha contra el terrorismo islámico y solo continuarían haciendo esfuerzos para “aíslar a los terroristas” -en caso de haberlos- dando todas las “herramientas” a los estados “para terminar la tarea”. En la región decían que habían “formado coaliciones flexibles con países” que compartían las “prioridades” de EEUU, entre ellos México, Brasil, Canadá, Chile y Colombia y una prioridad era contar con una “hemisferio verdaderamente democrático”. AL era vista con preocupación en todo caso por actividades también definidas como terroristas pero de otro “tipo” y también por el tráfico de drogas. “Conflictos, especialmente derivado de la violencia de cárteles de la droga” que podrían poner en peligro a EEUU. Por eso, proponían ayudar a las “naciones andinas a ajustar sus economías”, a “derrotar a las organizaciones terroristas” y “cortar el suministro de drogas”. En Colombia, proponían “derrotar a los grupos armados ilegales de izquierda y derecha” para extender la “soberanía”. En el plano militar, se aseguraba que “la presencia de fuerzas estadounidenses en el extranjero es uno de los símbolos más profundos del compromiso de los EEUU con aliados y amigos” y que seguiría requiriendo “bases y estaciones” principalmente en Europa y noreste de Asia sin mención a AL. 

La mirada de EU siguió corrida y de hecho el foco de acciones terroristas fueron lugares como Egipto, Indonesia, Jordania, Marruecos, Rusia, Arabia Saudita, España y UK. En la región, en Argentina, Nestor Kirchner promediaba su mandato, Ecuador ya contaba con el dólar como moneda nacional y con Rafael Correa en la presidencia, Lula en Brasil, Michelle Bachelet en Chile, Tabaré Vázquez en Uruguay y Evo Morales en Bolivia.

En 2006 la adminsitración Bush aggiornó la ESN y arrancó diciendo que “EU está en guerra” y enfrenta un grave desafío: “el aumento del terrorismo alimentado por una ideología agresiva de odio y asesinato plenamente revelada al pueblo estadounidense el 11 de septiembre de 2001”. El diagnóstico es que han dejado a su enemigo “debilitado, pero aún no derrotado”. Afganistán e Irak son los estados que concentran mayor atención, se habla ahora también de tiranías, y aparecen Siria e Irán por ser “aliados del terror” al  “albergar terroristas”. Los acuerdos de no proliferación son otro aspecto de la misma lucha.

El foco sigue lejos de la AL pero cuando se mencionan por un lado los “nuevos avances” se hablaba de las “transferencias pacíficas de poder; crecimiento de los poderes judiciales independientes y del estado de derecho”, además de “mejores prácticas electorales y ampliación de derechos”. Por el lado de los pendientes ubican en Colombia, un aliado democrático en la lucha contra los “persistentes ataques de terroristas marxistas y narcotraficantes”; en Venezuela, apuntan contra lo que llamaban un “demagogo inundado de dinero del petróleo” que  estaba “socavando la democracia” y que buscaba “desestabilizar la región”; en Cuba, definían a Fidel Castro como “un dictador antinorteamericano” que continuaba “oprimiendo a su pueblo” y buscaba “subvertir la libertad en la región”. Ahora bien, a la hora de definir cómo abordar los conflictos en cada región, nombraban tres estrategias -“prevención y resolución de conflictos”; “intervención”; hasta “reconstrucción”- sin definir cuál sería aplicada en cada caso.

Mientras que aún la UNASUR no estaba conformada, en Argentina se había realizado la Cumbre de las Américas en 2005 y se sucedían reuniones entre Kirchner, Lula, Tabaré Vázquez, Nicanor Duarte Frutos y Chávez en la Cumbre del MERCOSUR. La estrategia comercial definida por Bush seguía impulsando iniciativas comerciales regionales y bilaterales: usar los TLC para hacer reformas económicas. El TLC de Centroamérica-República Dominicana” (CAFTA-DR), el cual había sido defendido un año antes por el presidente dominicano Leonel Fernández en la Cumbre de Mar del Plata y que esta ESN-B decía que había sido “buscado durante mucho tiempo”. En relación con Brasil, se pide trabajar en conjunto en tanto empezaba a ser visto como uno de los países que son “motor del crecimiento regional y global”. Toda la región es vista como un área de libre comercio basado en el TLC de América del Norte, el CAFTA-DR y el TLC con Chile, y se buscaba otros con Colombia, Perú, Ecuador y Panamá.

El “hemisferio occidental”, al que hacen equivaler con América, es la “primera línea de defensa de la seguridad” estadounidense porque “si los vecinos más cercanos de EEUU no son seguros y estables, los estadounidenses estarán menos seguros”, y México y Canadá es donde “comienza” la estrategia para el hemisferio. En esta zona el objetivo es tener un continente “democrático” y con “cooperación en materia de seguridad” mientras que “los tiranos (…) pertenecen a una época diferente”. Acá aparece por primera vez la palabra populismo: “No se debe permitir que el atractivo engañoso del populismo contra el libre mercado erosione las libertades políticas y atrape a los más pobres”. En síntesis, cuando repasaban la estrategia global, AL está en otro plano, África era de “importancia geoestratégica creciente” y “una de las principales prioridades de esta Administración”; Oriente Medio “en general sigue atrayendo la atención del mundo”; Europa como aliado con la OTAN como pilar vital de la política exterior de EU; Asia de “gran importancia estratégica” y “persistentes tensiones”, mientras que en menor medida se atendía a Rusia.  

Recién en 2010, dos años después de su victoria, Barack Obama publica su ESN y donde se afirmaba que “el lado oscuro de este mundo globalizado pasó a primer plano para el pueblo estadounidense el 11 de septiembre de 2001”. Allí el “orden internacional impulsado por el liderazgo de los EU” en tanto “única superpotencia” está “cediendo bajo el peso de nuevas amenazas”. La ESN-O no rechaza la idea de una defensa preventiva pero abandona el lenguaje de la “guerra global contra el terrorismo”, y sostiene que EU está en guerra con “un red de violencia y terror” además de insistir en la idea de “renovar el liderazgo” del país. El foco va a seguir en Irak y Afganistán; ahora también en Pakistán -donde recién un año después hallarían a Bin Laden-, además de en Irán por la potencial producción de armas químicas; mientras que la mirada sobre Rusia cambia para ser vista como amenaza por los ciberataques. Israel y Palestina, al igual que en la administración de Bush siempre tiene la atención norteamericana y China aún no ocupaba un lugar de amenaza a pesar de su creciente rol en la región, a lo sumo recibía críticas por algunas políticas restrictivas y descuidos respecto al cambio climático, y es valorada al igual que India. Pero advertían: las relaciones de “EEUU con China, India y Rusia, serán críticas”. El G-8 es visto como sus “socios probados y de larga data” y reaparece el G20, definido como “el principal foro económico internacional global” al representar el 80% del PBI mundial. 

¿Y América Latina? En parte, como dijimos, representada en el G20. Y si la administración Clinton hablaba de la región como la que tenía “las mayores disparidades” porque “el 20% más pobre de las personas” recibía “solo el 4,5% del ingreso total”, Obama enuncia una visión distinta de la región, con otro potencial. Insistimos en que hablamos de las visión o incluso los discursos que se trazaron en la ESN, y en este caso allí se apelaba a los “profundos lazos” y alianzas de la región “fundamentales para los intereses de EEUU”, luego en la misma ESN solo algunos países son definidos como aliados o “centros de influencia emergentes” como por ejemplo el caso de la Argentina, “la bienvenida al liderazgo de Brasil”, también parte del G20 y la Ronda de Doha, a su “éxito macroeconómico” y las medidas para “reducir las brechas socioeconómicas” y se alentaban “los esfuerzos brasileños contra las redes transnacionales ilícitas”. En términos de recursos se lo definía como “guardián de un patrimonio ambiental nacional único y líder en combustibles renovables”, por eso era “un socio importante”. Un año antes en Londres, Obama le había estrechado la mano a Lula diciendo: “amo a este tipo”. México lo ubicaban, al igual que Bush, junto a Canadá porque tienen “un efecto directo en la seguridad de nuestra patria”, además de importancia por el TLCAN, y para “identificar amenazas”. 

En 2015 Obama actualiza su ESN donde vuelven al tema del liderazgo norteamericano: “EU lidera desde una posición de fuerza”. Si bien en los seis años previos se da una reducción de 180 mil soldados de EEUU en Irak y Afganistán a 15 mil, según la misma ESN, se produce el surgimiento de otro actor de peso que vuelve a llevar la atención a Oriente: ISIS. Otro cambio entre las amenazas se da con Cuba, hay “apertura” en la relación bilateral. El neighborhood sigue bajo la misma lupa, se la menciona para hablar del tráfico de drogas en el Mar Caribe, el G20 aunque se insiste ahora ya no con el ALCA sino con la Asociación Transpacífica (TPP) y la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (T-TIP), pero que sigue buscando colocar “a los EEUU en el centro de una zona de libre comercio”. La ESN-O destacaba que en la región los gobiernos lograron que el número de personas de clase media superara el número de personas que viven en la pobreza “por primera vez en la historia” y que son “importantes para el suministro energético”. Pero sigue viendo que las ganancias de la región están en riesgo por las “instituciones débiles” además de “altas tasas de delincuencia” y “tráfico de drogas”. La mejora de los indicadores no es atribuida al “giro a la izquierda” pero tampoco a ninguno en particular salvo al Brasil de Dilma Rousseff a quienes sí le reconocen “logros en la reducción de la pobreza” y “altos estándares de servicios públicos”. Chile, Perú y México son colaboradores en pos de “sistemas comerciales abiertos para incluir TPP.  Derechos humanos, estado de derecho, asociación público-privada, migración eran también parte de la agenda regional.

“Creo que Trump puede ser uno de esos personajes en la historia que aparece de vez en cuando para marcar el final de una era y forzarla a renunciar a sus viejas pretensiones. No necesariamente quiere decir que él sepa esto, o que esté considerando una gran alternativa. Puede que sea sólo un accidente”, dijo Kissinger en una entrevista con el Financial Times justo después de que el norteamericano se reuniera con Putin en Helsinski. Ese final o giro de la historia del que habla KIssinger se expresa también en la ESN de Trump publicada el mismo año de su asunción en 2017 para “preservar la paz a través de la fuerza”. La rivalidad con China y Rusia copa la escena porque “desafían el poder, la influencia y los intereses estadounidenses” y que “están decididos a hacer economías menos libres (…) para hacer crecer sus ejércitos, y para controlar la información y los datos para reprimir sus sociedades”. Dicen que China “roba propiedad intelectual” de EU y que usa inteligencia artificial para “calificar la lealtad de sus ciudadanos”. En otro escalón, Corea del Norte e Irán, dos “dictaduras” ante las que había que construir un “escudo antimisiles”. Se mantiene la tensión también en Medio Oriente con centro en Siria, Irak y Afganistán. 

El desplazamiento de la mirada hacia estos países vuelve a ubicar a AL fuera de la escena principal, más aún si se considera el American First. La idea de “atacar al problema en su origen” aplicará tanto para las migraciones, ciberseguridad, como a los derivados de gobiernos definidos como “enemigos” entre ellos Cuba y Venezuela. Son gobiernos con “modelos autoritarios de izquierda anacrónicos” y por eso si insiste en las presiones sobre ambos. En lo económico, tanto el TLCAN está en la mira en un momento en que Trump postula, en la misma ESN, la construcción de muros fronterizos.

Desde aquel 11S pasaron dos décadas en la que América Latina no fue el centro de la mirada de la principal potencia global y eso se observa en una multiplicidad de factores, entre ellos también las ESN. Qué hicimos los latinoamericanos con eso es otra pregunta que corresponderá ser respondida a partir de estudios múltiples. Sartre aseguraba que “existe cantidad de gente en el mundo que está en el infierno, porque depende demasiado del juicio ajeno” y agregaba que “no quiere decir en absoluto que no se puedan tener otras relaciones con los demás, sólo señala la capital importancia de todos los demás para cada uno de nosotros”. Porque necesitamos de los otros, necesitamos saber cómo nos ven, y necesitamos también hacer algo con eso.

Mirada Multipolar | EEUU vuelve a la región hablando suavemente

Mirada Multipolar | EEUU vuelve a la región hablando suavemente

por Sebastián Tapia

El gobierno de Joseph Biden está enfocando plenamente su política exterior en la competencia estratégica con China y Rusia. Poco ha cambiado con respecto a su antecesor, Donald Trump, a excepción de la utilización de un discurso más amigable hacia los propios aliados. Recordemos la gira del presidente por Europa, junto al G7, la UE y la OTAN, y la de la vice-presidenta por Centroamérica. El objetivo es cerrar filas con sus aliados para cerrarle mercados y disminuir la influencia de China y Rusia en ambas regiones.

Garrotes y zanahorias

En 1901, el entonces vice-presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, citó a un proverbio de África Occidental en un discurso en la feria del Estado de Minnessota. La cita decía: “Habla suavemente y lleva un gran garrote; llegarás lejos”. Dos semanas más tarde, tras el asesinato del presidente William McKinley, Roosevelt ser haría cargo del ejecutivo estadounidense e implementaría lo que se conoce como la “política del gran garrote” hacia latinoamérica.

Esta semana, el asesor en Seguridad Nacional del gobierno de Biden, Jake Sullivan, vino a Sudamérica para “hablar suavemente”. Su visita constó de dos paradas, en Brasil y en Argentina. En cada lugar discutió temas comunes a las agendas bilaterales y a problemas globales, pero con propuestas diferentes.

Argentina

En el caso argentino, la visita no parece haber traído grandes propuestas. Se abordaron distintos temas de interés bilateral como el cuidado del medio ambiente y el cambio climático, la revisión de las instituciones financieras y la lucha contra la pandemia. El presidente Alberto Fernández le entregó al funcionario norteamericano una carta dirigida al presidente Biden, en la que le agradeció la donación recibida de los Estados Unidos de 3,5 millones de dosis de la vacuna Moderna. No trascendieron grandes negociaciones. Con los ministros argentinos, Sullivan trató la agenda productiva, tecnológica y comercial, la agenda de financiamiento en temas de medio ambiente, la agenda de economía del conocimiento y acuerdos de cooperación en materia de defensa.

Este último punto es interesante, debido a que Argentina se encuentra en negociaciones para comprar nuevos aviones cazas supersónicos. Hasta ahora, las ofertas más importantes y seguras son por parte de Rusia, el MiG-35, y por China, el JF-17. Estados Unidos sólo había ofertados unos viejos F-16 en desuso, muy por debajo en capacidades y estado de mantenimiento que las ofertas rusa y china.

Pero esta semana, el 3 de agosto, la teniente general Laura J. Richardson, candidata a Jefe del Comando Sur de los EE.UU. (SOUTHCOM), como parte de su audiencia para el puesto frente al Comité de Servicios Armados del Senado estadounidense, anunció que se comprometerá a entablar un nuevo enfoque en sus relaciones con Argentina a fin de ayudar al país a adquirir un nuevo caza de procedencia occidental.

Es probable que Sullivan, en combinación con Richardson, vengan a ofrecer algo mejor que unos viejos F-16s polvorientos, para evitar perder a la Argentina como cliente en la cadena de armamento de la fuerza aérea. Los únicos cazas en funcionamiento en Argentina son los A4-AR Fightinghawk, coproducidos entre EEUU y Argentina a mediados de los ‘90, que pronto también deberán ser reemplazados.

Brasil

El día anterior al encuentro con Fernández, Jake Sullivan, se reunió con el presidente brasileño Jair Bolsonaro, para abordar temas de seguridad, entre los que se encuentra la expansión de la red 5G en el país suramericano.

No es casual que al Asesor de Seguridad Nacional lo hayan acompañado el director del Consejo de Seguridad Nacional para el hemisferio occidental, Juan González, el director de Tecnología y Seguridad Nacional, Tarun Chhabra; el director de Cibernética, Amit Mital, y el director de la Oficina para el hemisferio occidental del Departamento de Estado, Ricardo Zúñiga. El ciberespacio es un tema de alto nivel para el gobierno de Biden y donde se juega una fuerte competencia con China y Rusia.

Con respecto a las telecomunicaciones el objetivo de las conversaciones es que las autoridades brasileñas veten la participación de la empresa china Huawei en el futuro mercado del 5G, por lo que Brasil obtendría a cambio el apoyo de EE.UU. para que ingrese como socio global a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Esta es quizás una zanahoria más que apetecible para las fuerzas armadas brasileñas.

La delegación estadounidense también discutió con tres gobernadores estatales planes y estrategias frente al cambio climático y la deforestación. Sabiendo que no es tema para hablar con el ejecutivo nacional, Sullivan se dirigió directamente a los gobernadores e incluso ofreció financiamiento y tecnología para el desarrollo económico sostenible en la Amazonia.

Socio global

La posibilidad de ser un Socio Global de la OTAN para Brasil puede redundar en facilidades en la compra de equipamiento militar, aumento de la cooperación en ejercicios militares o en compartir inteligencia militar. Pero es poco más que eso. Colombia ingresó con ese estatus en 2017 a la organización y hay otros 8 socios globales.

Ser un socio global permite la participación en las operaciones que realiza la OTAN. El problema con estas operaciones es su dudosa legalidad: por ejemplo, el bombardeo de Yugoslavia o la invasión a Afganistán.

Es difícil creer que un país con un ejército nacionalista como el brasilero podría aceptar ingresar a una organización internacional como vagón de cola, fuera del ámbito decisorio, y dispuesto a poner el cuerpo en caso de un conflicto militar no relacionado con el país.

Los otros socios globales son Australia y Nueva Zelanda, ambos miembros de los Cinco Ojos e históricamente cercanos al mundo anglosajón, Mongolia, que cuenta con una situación geopolítica especial entre Rusia y China, y seis países militarmente ocupados por Estados Unidos: Afganistán, Colombia, Japón, Corea del Sur, Pakistán e Irak.

Pero el ingreso de Brasil a la OTAN si brinda un beneficio importantísimo para la política exterior estadounidense. No sólo pondría bajo su mando al mayor ejército de la región, sino que además permitiría cerrar el cerco sobre Venezuela. La OTAN rodearía al país bolivariano por el oeste con Colombia, al norte con las islas neerlandesas de Aruba y Curazao y al sur con Brasil.

Para el gobierno de Bolsonaro, cualquier oferta que mantenga contento al ejército es buena, ya que a medida que pasa el tiempo es la única base de poder real que todavía continúa sosteniéndolo.

Otras regiones

Todavía no es posible ver si este “hablar despacio” por parte de los Estados Unidos funcionará en Sudamérica. La misma política también se está llevando adelante en otras regiones, por ejemplo en el sudeste asiático donde la vicepresidenta Harris estará visitando Singapur y Vietnam el mes siguiente, después que esos lugares recibieron al Secretario de Defensa, Lloyd Austin.

Lo que sí parece ser creíble es que el “garrote” no es tan grande cuando se trata de enfrentarse a Rusia y a China. Por un lado, la prueba estadounidense de su misil hipersónico volvió a fallar, dejando a este país por detrás en una tecnología que tanto Rusia como China ya dominan. Por otro, la amenaza colectiva de defender la “libertad de navegación” en el mar meridional de China tampoco fue un éxito. El portaaviones británico HMS Queen Elizabeth, enviado para desafiar el control chino sobre las islas en ese mar, evitó disputar la soberanía china sobre las aguas cercanas a las islas, sino que mantuvo un perfil bajo en la zona.

En cuanto a la región sudamericana, por ahora nos hablan despacio. Pero hay que tener en cuenta que ese garrote sigue siendo grande para nosotros.

Perspectiva latinoamericana | México se enfrenta judicialmente a la poderosa industria de armas en EE.UU.

Perspectiva latinoamericana | México se enfrenta judicialmente a la poderosa industria de armas en EE.UU.

por Amparo Sayago

La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) de México presentó el pasado miércoles una demanda civil ante un tribunal federal de EE.UU. en contra de las mayores empresas fabricantes de armas estadounidenses por facilitar el tráfico transfronterizo y la distribución ilegal en México. Las empresas denunciadas son once en total: Smith & Wesson Brands Inc.; Barrett Firearms Manufacturing Inc.; Beretta USA Corp.; Beretta Holding S.P.A.; Century Internacional Arms Inc.; Colt’s Manufacturing Company LLC; Glock Inc.; Glock Ges M.B.H.; Sturm, Ruger & Co. Inc.; Witmer Public Safety Group Inc., y D/B/A Interstate Arms.

La fecha elegida por el canciller Marcelo Ebrad para oficializar la demanda fue un día después de cumplirse el segundo aniversario de la masacre cometida en un hipermercado Wal Mart en la localidad de El paso, Texas. El 03 de agosto de 2019, el joven estadunidense Patrick Wood Crusius, compró un arma por internet y asesino a 23 personas, de las cuales nueve eran inmigrantes mexicanos. Si bien, el pedido de un control férreo en el contrabando de armas es un reclamo preexistente del Ejecutivo mexicano, desde el tiroteo en El Paso el problema del tráfico ilegal se posiciono en la agenda del gobierno de Morena, el cual aseguró que se estuvo trabajando dos años en el escrito de la denuncia.

La respuesta del lobby armamentista no se hizo esperar. Al día siguiente de la presentación judicial, Lawrence G. Keane, vicepresidente de NSSF -organización que agrupa a los fabricantes y distribuidores de armamento- afirmo que:

“Las acusaciones de tráfico transfronterizo de armas al por mayor son evidentemente falsas. El gobierno mexicano es responsable del crimen desenfrenado y la corrupción dentro de sus propias fronteras”.

Por su parte, Andrés Manuel López Obrador durante su tradicional conferencia de prensa mañanera, se refirió a la causa judicial aduciendo que:

“no es un hecho injerencista, no es contra el gobierno de EEUU, es un procedimiento civil porque nos afecta que no haya control sobre la venta de armas, no es ir en contra de la enmienda que les da el derecho a los estadounidenses que les da el derecho a los de portar armas, sino la forma en que se fabrican y se venden estas armas que llegan a nuestro país y causan muertes porque no hay limitaciones, ningún control. Entonces hasta compran por internet. Es la primera vez que se hace un planteamiento así, respetuoso”.

Co-responsabilidades del aumento de la violencia en México

Existen estadísticas que el gobierno de México expone en la denuncia que dan cuenta de la correlación entre la suba de los hechos de violencia registrados en el país y el aumento de la compra de armas provenientes de EE.UU. Por un lado, el porcentaje de homicidios en México cometidos con un arma subió del 25% en 2004 a más de 69% en 2018, mientras que el 70% de las armas en México provienen del país vecino, al cual se le atribuye un incremento en la producción específicamente de armas de asalto, y su tráfico por la frontera.

Resulta significativo que varios modelos de armas de fuego tienen diseños dirigidos a satisfacer los gustos estéticos y preferencias de los grupos delictivitos y carteles de droga en México. Tienen, por ejemplo, frases en español referidas a la revolución mexicana con la imagen de Emiliano Zapata. Estos modelos constituyen artículos de lujo con gran demanda por parte de los carteles de droga.

Se prevé que el litigio demore años en resolverse y resulta probable que sucesivas apelaciones lleven la denuncia a instancias de la Corte Suprema. Sin embargo, las autoridades mexicanas tienen confianza que en el mediano/largo plazo la justicia falle a su favor. Tienen en cuenta los antecedentes en causas llevadas a cabo por más de treinta ciudades y condados en EE.UU contra los fabricantes de armas por ser víctimas de la violencia generada como consecuencia de la falta de control en la venta.

¿Qué dice la demanda?

El litigio no tiene precedentes históricos ya que es la primera vez que México se enfrenta judicialmente a una de las industrias con mayor capacidad de lobby en EE.UU. Las ganancias obtenidas por el comercio negligente se calcula alcanza los 170 millones de dólares al año, lo que da cuenta del gran poderío económico del sector. La denuncia se radico en la justicia federal, en la Corte de Distrito de Massachusetts en Boston, lugar donde se concentra la industria armamentista y donde se espera que la causa caiga en manos de jueces liberales proclives al control de armas.

La demanda civil de 139 páginas, afirma que las once empresas son responsables de armar a los cárteles de la droga y otros grupos criminales. Las acusa de negligencia en sus prácticas comerciales, que incluyen el apoyo de distribuidores corruptos, con el objetivo de obtener ganancias millonarias. Asimismo, documenta 17 mil homicidios cometidos anualmente en México con 873 mil armas traficadas ilegalmente desde la frontera del norte. De ese material, entre el 39% y el 70% proceden de los fabricantes y vendedores acusados.

Steve Shadowen, abogado del gobierno mexicano del despacho Shadowen PLLC declaró en una entrevista que las empresas del sector:

“Tienen información y datos en tiempo real de quiénes están comprando las armas. Ellos saben qué distribuidor dentro de su red son los problemáticos. El gobierno de México no conoce esta información, tampoco el de Estados Unidos. Consideraron que los gobiernos de Estados Unidos y de México están haciendo su trabajo para atender este problema, pero que los productores de armas no”.

El gobierno mexicano espera obtener una compensación económica por 15 mil millones de dólares, cifra que representa por ahí de 2% del PBI del país. También tiene como objetivo que los productores de armas tomen medidas para evitar el tráfico de armas.

Así, el Poder Ejecutivo mexicano introduce un tema que se encontraba por fuera de la agenda de las relaciones bilaterales con EE.UU., cuyo epicentro estaba eclipsado por el interés de Washington en frenar las caravanas migratorias provenientes del llamado “Triángulo Norte” (Guatemala, Honduras y El Salvador). Siempre cuidando las formas, AMLO avanza sobre las co-responsabilidades que le caben a una industria que proporciona los medios para que México ocupe el tercer lugar mundial en muertes por arma de fuego, sumados a los miles de secuestros y personas desaparecidas por año que reproducen la violencia endémica en el país. Los fabricantes de armas tienen cada vez mayor gravitación en el mercado criminal en la región de Centroamérica. Tal es así que otro argumento de la denuncia gira entorno a la estimación que el 47% de los distribuidores estadounidenses iría a la quiebra si los grupos ilícitos vinculados al narcotráfico no existieran.

La propia administración de Joe Biden se niega a abordar el tema del control de armas en su país en un contexto de fuerte polarización del escenario político. La pandemia ha incluso incrementado la tenencia de armas entre los estadounidenses. En ese sentido, habrá que estar atentos a la reacción que el litigio estratégico suscite tanto en el gobierno demócrata como en el partido republicano. No obstante, la denuncia del SRE tiene por delante un complejo y largo recorrido en los tribunales de la justicia federal de EE.UU. donde se cristalizarán los diversos intereses económicos y políticos implícitos en la causa.

Relaciones internacionales en la era del declive estadounidense: ortodoxia del conocimiento y política exterior obstructiva

Relaciones internacionales en la era del declive estadounidense: ortodoxia del conocimiento y política exterior obstructiva

por Greg Simmons para Russia in Global Affairs

Desde la creación del orden global unipolar liderado por Estados Unidos, este país ha disfrutado de los beneficios de la hegemonía. Sin embargo, el surgimiento de potencias no occidentales, dentro de un orden global multipolar que aún se está formando, ha provocado intentos por parte de Estados Unidos de limitar las fortalezas y oportunidades de esas potencias emergentes y, por lo tanto, retener un poder relativo y una ventaja de influencia.

Evolución del orden global

Estados Unidos y muchos países europeos se enfrentan a diversas crisis: declive económico, malestar social y desigualdad, legitimidad política, etc. Estos son a menudo el resultado de su propia creación, los estragos de décadas de “reformas” neoliberales y las “guerras sin fin” que se engendraron en el marco de la Guerra global contra el terrorismo. Un resultado obvio ha sido el declive del poder e influencia políticos, militares y económicos de Estados Unidos y Europa, que ha dado forma al orden mundial durante siglos.

Hay una transformación gradualmente más evidente y perceptible de la hegemonía del orden geopolítico global, desde un orden unipolar, centrado en Occidente y liderado por Estados Unidos, hacia una configuración multipolar no centrada en Occidente. Existe un acuerdo general de que el orden global se está transformando, pero existe un desacuerdo sobre si esto es reversible o irreversible, incluso entre los académicos liberales estadounidenses que ven favorablemente la hegemonía global estadounidense.

El ex asesor de seguridad nacional Zbigniew Brzezinski en 1997 habló de los imperativos estratégicos para Estados Unidos y su hegemonía global en el apogeo de su poder unipolar. Señaló que para consolidar y expandir su influencia y poder global, Estados Unidos necesitaba mantener el cumplimiento de sus estados “vasallos” y “clientes”, evitar la creación de coaliciones que puedan desafiar la supremacía estadounidense y evitar el surgimiento de poderosos estados desafiantes.

Ortodoxia del conocimiento

Para influir en la percepción de la audiencia objetivo del ámbito físico (en este caso, las relaciones internacionales y los actores), el uso de información simbólica e interpretativa selectiva se comunica a través del ámbito de la información para dar forma al ámbito cognitivo de las diversas audiencias. Esto es particularmente importante cuando la calidad de la información afecta la calidad de la toma de decisiones, tanto para bien como para mal.

En política exterior y relaciones internacionales, el uso de la lógica (logos), la ética (ethos) y la emoción (pathos) se puede lograr utilizando “apilamiento de cartas” (card stacking), “generalidades brillantes” (glittering generalities), “formación de caravanas” (band wagoning) y “afirmaciónes” (assertions). Se hace con la intención de ganar el dominio de la información, que es un medio de convertir el reino de la información en un arma para controlar los flujos de información sobre eventos, personas y procesos en el reino físico. El resultado deseado es controlar mejor las percepciones y opiniones de la audiencia sobre las “realidades” comunicadas que se pueden poner en práctica para crear mayores fortalezas y oportunidades, al tiempo que imponen debilidades y amenazas a las opciones operativas del oponente.

Estas consideraciones anteriores son el camino hacia lo que yo llamo la creación de una ortodoxia del conocimiento. Esto plantea las preguntas, ¿qué es la ortodoxia del conocimiento y por qué es importante en las relaciones internacionales y la política exterior? La ortodoxia del conocimiento ocurre cuando se da una interpretación particular del ámbito físico a través del ámbito de la información, lo que significa que esta información se vuelve “pegajosa” y domina otras interpretaciones y explicaciones del objeto o sujeto específico bajo escrutinio. En efecto, el resultado es reducir el discurso “permisible” porque el aspecto de la ortodoxia infiere y refuerza una interpretación bastante monolítica que limita las opciones operativas de algunos actores internacionales y amplía esas opciones para otros. Por ejemplo, la teoría de la paz democrática, que promovió la idea de que las democracias no luchan entre sí y estableció el contexto para una expansión mesiánica de la “democracia” a través de varias tipologías de guerra. Este proceso se refiere a la ingeniería de la percepción y la política basadas en el conocimiento mediante el dominio de la narrativa pública sobre la caracterización de un tema o actor.

Política exterior obstructiva

Una ortodoxia establecida del conocimiento puede operacionalizarse para servir a la base de una política exterior obstructiva. El objetivo de la política exterior obstructiva (de palabra y de hecho) es utilizar el ámbito de la información como un medio para politizar e influir en el ámbito cognitivo donde el iniciador de la comunicación busca crear un entorno diplomático hostil (incluida la diplomacia pública) que impone condiciones y restricciones en la toma de decisiones y la capacidad del país de destino para seleccionar o promulgar opciones apropiadas de política exterior que puedan atender efectivamente a los objetivos y metas de ese país. Al hacerlo, el país objetivo no es tan eficaz en la ejecución de su programa de política exterior y, por lo tanto, en la creación de un entorno de relaciones internacionales en el que Estados Unidos se las arregla para mantener una superioridad relativa sobre cualquier competidor individual.

Por ejemplo, crear la ortodoxia del conocimiento sobre la atribución de ciberataques, que crea la impresión de un Estados Unidos defensivo y unas China y Rusia ofensivas. Sin embargo, esto ignora una larga historia de operaciones de ataques a redes informáticas desde EE. UU., como la del Stuxnet. Esto también se aplica a las afirmaciones sobre la supuesta “invasión inminente” de China a Taiwán. La intención, junto con demandas y atención desproporcionadas (en nombre de ‘democracia’ o ‘seguridad’ o ‘paz’) es poner a China y Rusia a la defensiva para responder a las afirmaciones sin limitarse operacionalmente, ya que la atención se desvía de la mala conducta de Estados Unidos en asuntos internacionales.

Al intentar quemar puentes y evitar que se establezcan o mantengan dinámicas de relaciones positivas, EE. UU. espera crear la impresión de una falta de opciones de política exterior para Rusia y China y, por lo tanto, lógicamente se ven obligados a comprometerse con EE. UU. Esto se hace a menudo mediante el uso de “formación de caravanas” selectivas, generalidades brillantes y propaganda de apilamiento de cartas sobre las opciones de política exterior soberana de Rusia, y la aplicación de falsas lógicas y valores éticos a los programas geoeconómicos estratégicos de China, como la iniciativa de La Franja y la Ruta. Estos están destinados a actuar como grilletes cognitivos y restricciones sobre las fortalezas y oportunidades potenciales para la agenda de política exterior de los desafiantes en el orden multipolar emergente.

¿A donde nos dirigimos?

Dado el declive de la influencia global, el poder y el prestigio de Estados Unidos y el regreso de la política liberal del establishment dominante, es probable que haya un mayor nivel de tensiones y conflictos en todo el mundo a nivel local, regional y global. Joe Biden anunció abiertamente antes de las elecciones presidenciales el deseo de Estados Unidos de volver a liderar la agenda global. Sin embargo, esto se está haciendo en un momento de fragmentación política y social, declive económico y un ejército que se ha visto debilitado por décadas de Guerras Sin Fin. El declive de Estados Unidos es evidente para muchos observadores de todo el mundo, lo que limita la credibilidad y la viabilidad del intento de insertarse como líder del ‘mundo libre democrático’. El resultado es que hay una gran vacilación y cautela en las potencias emergentes que son cortejadas por Estados Unidos para que las sigan ciegamente al abismo con el fin de preservar un imperio que se desmorona.

Mirada Multipolar | Estados Unidos vs China: Round 2

Mirada Multipolar | Estados Unidos vs China: Round 2

por Sebastián Tapia

La subsecretaria de Estado estadounidense, Wendy Sherman, visitó la ciudad china de Tianjin para un encuentro con el canciller chino Wang Yi. Es la segunda reunión de alto nivel entre las diplomacias china y estadounidense desde la asunción de Joseph Biden, siendo el primero un frío encuentro en Alaska en Marzo pasado.

Al igual que en Alaska, no parece haber mucho lugar para una mejora en las relaciones. Sin embargo, hay áreas en las que ambas potencias están de acuerdo en cooperar.

La previa

El encuentro entre ambos diplomáticos llega en un momento donde aumenta la tensión entre las principales potencias mundiales.

Dos temas han sido fuente de tensión este mismo mes. Por un lado, el 12 de julio Estados Unidos realizó un ejercicio de “libertad de navegación” con el destructor USS Benfold cerca de las islas Paracel, reclamadas por China como parte de su mar soberano en el Mar de la China Meridional. China asegura que forzó al destructor a abandonar la zona, mientras que la armada estadounidense sostiene que hizo uso de su derecho de “paso inocente”.

Por el otro, el 19 de julio Estados Unidos junto a la OTAN, la Unión Europea, Australia, Gran Bretaña, Canadá, Japón y Nueva Zelanda acusaron a China de haber realizado ciberespionage, incluyendo un fuerte ataque a servidores de correo de Microsoft.  El portavoz de la cancillería china, Zhao Lijian, negó que eso haya ocurrido y aclaró que Washington no ha presentado pruebas concretas del ataque.

El mismo tipo de acusación ya fue presentada anteriormente contra Rusia, algo que los presidentes de ambos países conversaron en su reunión del 16 de junio. Esta vez, el presidente Biden trató de bajar el tono de la acusación:

“Tengo entendido que el gobierno chino, al igual que el gobierno ruso, no está haciendo esto por sí mismo, sino que está protegiendo a quienes lo están haciendo. Y tal vez incluso facilitando que puedan hacerlo”.

Pero lo que parecería un tema no tan importante, comparado con el problema de soberanía en el Mar de la China Meridional, se tornó crucial a partir de una declaración de Biden del 27 de julio:

“Creo que es más que probable que terminemos, si terminamos en una guerra, una verdadera guerra de disparos con una gran potencia, será como consecuencia de una infracción cibernética de grandes consecuencias y está aumentando exponencialmente, las capacidades”

Desde el lado chino, el canciller Wang Yi se adelantó a marcar la cancha antes del encuentro con Sherman. Para evitar los choques que tuvieron en la reunión de Marzo, el canciller declaró al canal de televisión chino Phoenix:

“China nunca aceptaría a ningún país que diga ser superior a otros (…) Si Estados Unidos no ha aprendido a tratar a otros países por igual, China y la comunidad internacional tienen la responsabilidad de ayudar a Estados Unidos a aprender cómo hacerlo”.

El encuentro

El comunicado publicado por la Secretaría de Estado estadounidense es muy escueto y resume el encuentro de manera positiva por parte del portavoz Ned Price. Deja en claro que Sherman llevó a la mesa los mismos temas presentados en Marzo:

“La Subsecretaria expresó su preocupación en privado, como lo hemos hecho en público, sobre una serie de acciones de la República Popular China que van en contra de nuestros valores e intereses y los de nuestros aliados y socios, y que socavan el orden internacional basado en reglas. En particular, planteó nuestras preocupaciones sobre los derechos humanos, incluida la represión antidemocrática de Beijing en Hong Kong; el genocidio y los crímenes de lesa humanidad en curso en Xinjiang; abusos en el Tíbet; y la restricción del acceso a los medios de comunicación y la libertad de prensa. También habló sobre nuestras preocupaciones sobre la conducta de Beijing en el ciberespacio; a través del Estrecho de Taiwán; y en los mares de China Oriental y Meridional.”

Vale la pena destacar que sí hubo temas en los que pudo avanzar la cooperación y el diálogo fue más ameno:

“Al mismo tiempo, el Subsecretario afirmó la importancia de la cooperación en áreas de interés global, como la crisis climática, la lucha contra el narcotráfico, la no proliferación y preocupaciones regionales que incluyen a Corea del Norte, Irán, Afganistán y Myanmar.”

Desde el lado chino, la principal preocupación fue marcar la posición china con respecto a la “competencia estratégica” entre ambos países. En palabras de Wang Yi:

“El desarrollo de China no es para desafiar ni reemplazar a Estados Unidos. No nos interesa apostar ganancias o pérdidas del lado estadounidense. El desarrollo de China no se basa en la premisa del declive de Estados Unidos. Nunca exportamos nuestra ideología o modelo de desarrollo porque asumimos la posición básica de que cada país debe explorar de forma independiente un camino de desarrollo adecuado a sus condiciones nacionales.”

En cuanto al mejoramiento de las relaciones entre ambas potencias, el canciller Yi propuso tres puntos a los que Estados Unidos debería atenerse:

“Primero, Estados Unidos no debe desafiar, calumniar o incluso intentar subvertir el camino y el sistema del socialismo con características chinas. Elegido por la historia y el pueblo chino, el camino y el sistema de China son cuestiones del bienestar de 1.400 millones de chinos y del futuro de la nación china, así como de los intereses fundamentales que China debe defender con firmeza.

En segundo lugar, Estados Unidos no debe intentar obstruir o incluso interrumpir el proceso de desarrollo de China. El pueblo chino tiene derecho a vivir una vida mejor y China tiene derecho a lograr la modernización. La modernización no es un derecho exclusivo de los Estados Unidos, sino que involucra la conciencia básica de la humanidad y la justicia internacional. China insta a Estados Unidos a eliminar todas las sanciones unilaterales, los aranceles elevados, la jurisdicción de brazo largo y el bloqueo tecnológico que ha impuesto a China lo antes posible.

En tercer lugar, Estados Unidos no debe infringir la soberanía estatal de China, ni siquiera dañar la integridad territorial de China. Las cuestiones relativas a Xinjiang, Xizang y Hong Kong nunca han sido sobre ‘derechos humanos o ‘democracia’, sino sobre la lucha contra la ‘independencia de Xinjiang’, la ‘independencia de Xizang’ y la ‘independencia de Hong Kong’. Ningún país permitirá que se comprometa su soberanía y seguridad nacionales.”

Wang fue más enfático en cuanto a Taiwán. Es una línea roja que no debe cruzarse, y se lo recordó a Sherman:

“En cuanto a la cuestión de Taiwán, es aún más importante. Aunque los dos lados del Estrecho de Taiwán aún no se han reunificado, el hecho de que China continental y Taiwán pertenezcan a la misma China y Taiwán sea parte de China nunca ha cambiado y nunca cambiará. Si las fuerzas de la “independencia de Taiwán” se atreven a provocar, China tiene derecho a tomar cualquier medida necesaria para detenerla. Instamos a la parte estadounidense a que cumpla su compromiso sobre la cuestión de Taiwán y actúe con prudencia.”

Está claro que en los temas en los que divergen más fuertemente son justo los temas más sensibles para el gobierno chino. Por eso, Wang sostiene que la raíz de la competencia entre ambos países podría ser resuelta si Estados Unidos adpota una política más pragmática hacia China, más allá de las diferencias ideológicas.

Después de la reunión

El encuentro en Tianjin no deja resultados operativos claros. Parece favorecer el diálogo en temas secundarios, pero el enfrentamiento sigue siendo fuerte en los temas más preocupantes. La subsecretaria Sherman continuó su gira por Asia para visitar Oman. Antes de China había estado en Corea del Sur, Japón y Mongolia, reevaluando la relación estadounidense con toda la región. A pesar del encuentro, es probable que la tensión militar no se reduzca, ya que el Secretario de Defensa, Lloyd Austin, hará una gira por la región parando en Singapur, Hanoi y Manila. El objetivo de Austin es aumentar la presión con sus aliados sobre el Mar de la China Meridional. Esta gira coincide con la llegada del portaviones británico HMS Queen Elizabeth a esta zona en disputa.

Mientras tanto, China recibió una delegación de los Talibanes para conversar sobre el futuro de Afganistán y la posibilidad de realizar un proceso de paz netamente afgano. Para esto les pidió que abandonen el apoyo y cobertura a otros grupos islámicos que pudieran utilizar a Afganistán como base de operaciones y que ejerzan una política más inclusiva de otros pueblos y facciones afghanas.

A pesar de la falta de resultados, es bueno que se mantenga el diálogo. Es lo único que puede evitar que las tensiones regionales se conviertan en una guerra abierta entre las dos grandes potencias mundiales. Motivos para ello no faltan, sólo queda la voluntad de estos gobiernos por evitar una catástrofe mayor.

Mirada Multipolar | ¿Quién se beneficia con el asesinato de Moïse?

Mirada Multipolar | ¿Quién se beneficia con el asesinato de Moïse?

por Sebastián Tapia

En la madrugada del 7 de Julio, un grupo armado ingresó a la residencia del presidente haitiano, Jovenel Moïse, en Pétion-Ville. Asesinaron al presidente con doce disparos de armas de grueso calibre e hirieron de gravedad a la primera dama. Este hecho sacudió el ya turbulento panorama político haitiano. El país estaba en proceso de grandes cambios políticos, incluyendo una reforma constitucional y elecciones populares. ¿A quién le conviene frenar este proceso?

Los mercenarios

La investigación que lleva a cabo la policía nacional de Haití sostiene que el ataque fue perpetrado por un grupo de al menos 28 personas, dos de ellas con nacionalidad haitiano-estadounidense y 26 de ellas con nacionalidad colombiana. 19 han sido arrestados, 3 muertos y 6 se encuentran prófugos. De los arrestados, 11 fueron detenidos en el territorio de la embajada de Taiwán. Cabe destacar que la misma delegación taiwanesa autorizó  el ingreso de la policía haitiana para detener a esta banda que trató de ingresar por la fuerza, a una embajada que estaba cerrada debido al Estado de Sitio impuesto por el gobierno tras el asesinato.

El gobierno de Colombia ofreció su colaboración para la investigacion, ya que 15 de los colombianos implicados en el hecho son militares retirados de su ejército. Uno de ellos incluso había comparecido ante la Jurisdicción Especial para la Paz por su involucramiento en los “falsos positivos”. Otro es primo de un consejero presidencial para la Seguridad Nacional.

El gobierno colombiano investiga a cuatro empresas sospechosas de reclutar a los mercenarios, pero publicó el nombre de estas empresas. La hermana de uno de los mercenarios muertos y la mujer de uno de los detenidos nombraron a CTU Security como sus empleadores. Ante este hecho, el gobierno venezolano dió a conocer que el presidente de esta empresa es un venezolano radicado en Miami, un activista de Juan Guaidó que llamó públicamente al derrocamiento de Nicolás Maduro.

Curiosamente, quienes colaboran con la investigación haitiana son los gobiernos colombianos y estadounidenses. Los mercenarios, además de tener ciudadanía de estos países, se identificaron como miembros de la DEA (Agencia antidrogas estadonidense) al ingresar al domicilio del presidente. Esto fue declarado por el embajador haitiano en Washington, Bocchit Edmont, pero la pertenencia de los mercenarios a esta organización fue desmentida por el portavoz del Departamento de Estado, Ned Pierce.

Los sucesores

Moïse gobernó su últmo año en un conflicto institucional con la oposición, que sostenía que el mandato de Moïse ya había concluído. En Febrero se había nombrado al juez Joseph Mécène Jean-Louis como “presidente de la transición”, pero en respuesta, el presidente Moïse ordenó por decreto la jubilación forzosa de los jueces Joseph Mécène Jean Louis, Yvickel Dabrésil y Wendelle Coq Thelot, descabezando así al poder judicial. Tras el fin de los mandatos de los legisladores, Moïse continuó gobernado por decretos y sólo un tercio del Senado continuó reuniéndose en desafío al presidente. Este tercio el viernes nombró a su jefe, Joseph Lambert, como presidente interino.

En la nueva constitución propuesta por Moïse y que se votaría en Septiembre junto a las elecciones presidenciales y legislativas, se propone acabar con el Senado, instaurando un parlamento unicameral. También se busca eliminar la figura del Primer Ministro, pasando de un semipresidencialismo a un presidencialismo pleno.

Ariel Henry había sido nombrado Primer Ministro por decreto presidencial un día antes del asesinato. Sin embargo, no llegó a jurar su cargo. Claude Joseph, quien actuaba como Primer Ministro interino desde el año pasado, asumió la presidencia de manera transitorio y cuenta con el apoyo de la policía y del ejército, además de ser reconocido como presidente interino por potencias extranjeras, como Estados Unidos.

Finalmente es Joseph quien está a cargo del ejecutivo en estos días y quien lleva adelante la investigación del hecho.

Otras amenazas

Además de su conflicto con el poder judicial y con el legislativo, Moïse se enfrentó a gran parte de la oligarquía haitiana. Tanto Réginald Boulos, dueño de un grupo empresarial, como Dimitri Vorbe, dueño de las empresas eléctricas a las cuales el gobierno de Moïse decretó reducir el precio que pagaba el Estado, fueron acusados por el difunto presidente como los instigadores de los disturbios que sacudieron al país en 2018. Incluso ellos están siendo citados por la fiscalía para declarar en la investigación del asesinato. 

La primera dama, Martine Moïse, desde Miami y en plena recuperación del ataque, realizó la siguiente declaración sobre quienes sospecha que están detrás del ataque:

“Enviaron mercenarios a matar al presidente en su casa con miembros de su familia dentro, y los motivos son las carreteras, el agua, la luz, el referendo, así como elecciones a fin de año para que no haya transición en el país”

La razón por la que la oligarquía haitiana haya acelerado los tiempos para remover a Moïse, y asegurarse el poder, puede ser una combinación entre el nombramiento de un nuevo Primer Ministro y un alzamiento popular.

El editor del medio haitiano “Haite Liberte”, Kim Ives, explica el clima social que se vive en Haití hace unos años:

“Esencialmente, la agricultura haitiana es una sombra de lo que fue antes y todos esos campesinos desplazados terminaron en las ciudades de estos enormes barrios de chabolas donde la gente no tiene trabajo, no tiene servicios y vive el día a día. Como resultado, lo que han surgido son caudillos, en estos vecindarios, pandillas, algunas de ellas involucradas en secuestros y delitos y cosas terribles, que se aprovechan incluso de su propia población. Pero surgió otra facción que se llamó a sí misma el G9, ahora se llama las Fuerzas Revolucionarias de la familia G9 y sus aliados. Y estaban en contra de los elementos criminales. Luchaban contra los elementos criminales y, de hecho, ahora han pedido una revolución.”

Ives se refiere al movimiento liderado por el ex policía Jimmy Cherizier, alias Barbecue, que ha organizado una serie de saqueos a tiendas y negocios en Puerto Príncipe el mes pasado. Se hizo popular un llamado que realizó por las redes sociales que decía:

“Es tu dinero el que está en bancos, tiendas, supermercados y concesionarias, así que ve y consigue lo que es tuyo por derecho”

De acuerdo a algunos activistas de movimientos por los derechos humanos, la actividad de Cherizer no está enfocada contra el gobierno de Moïse, sino en la oligarquía que mantiene a la oposición. No es descabellado considerar que ante un posible levantamiento popular, que sostenga o profundice los cambios propuestos por Moïse, el conjunto de la oligarquía, tanto oposición como partidarios, hayan resuelto quitar del medio al presidente para recuperar las riendas del país.

La influencia estadounidense

El presidente interino, Claude Joseph, rápidamente se comunicó con el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Anthony Blinken, y le requirió el envío de tropas para proteger la infraestructura principal del país: el puerto, aeropuerto, las compañías eléctricas, etc.

Hasta ahora, el gobierno estadounidense se rehúsa a enviar asistencia militar. Sí va a colaborar con la investigación policial a través de una misión del FBI.

El presidente también envió una carta con un pedido similar a la oficina de Naciones Unidas en Haití, pero eso sólo será respondido tras una decisión del Consejo de Seguridad.

Una intervención extranjera para protejer los activos principales del país, recuerda a lo que fue la intervención estadounidense en Haití desde 1915 a 1934. En ese caso, el presidente demócrata, Woodrow Wilson, decidió invadir y ocupar el país cuando un levantamiento popular, liderado por el doctor Rosalvo Bobo, mató al presidente Vilbrun Guillaume Sam y ponía en riesgo la continuidad de los intereses estadounidenses en la economía haitiana.

Desde entonces Estados Unidos intervino activamente en la política haitiana, por ejemplo instaurando a Jean-Bertrand Aristide en 1994 y derrocándolo en 2004, debido a considerar que Haití se encuentra bajo su esfera de influencia.

Todavía no hay evidencia que apunte directamente a los gobiernos de Estados Unidos o Colombia como instigadores o proponentes del asesinato de Moïse. Los indicios apuntan a la decisión de la oligarquía local para resolver por la fuerza la crisis política interna y evitar un posible levantamiento popular. El ejemplo histórico puede haber servido de inspiración para la situación actual, esta vez no siendo decidida por Estados Unidos, sino buscando forzar la invasión extranjera. Pero queda claro las conexiones entre las oligarquías regionales, en este caso Haití, Colombia y Venezuela, que no dudan en utilizar la violencia para resolver sus problemas políticos.

 

Mirada Multipolar | Estados Unidos se va de Afganistán ¿pero quién queda a cargo?

Mirada Multipolar | Estados Unidos se va de Afganistán ¿pero quién queda a cargo?

por Sebastián Tapia

El retiro de las tropas estadounidenses de Afganistán está en pleno proceso, ya casi concluído. El ejército de ocupación, que llegó a tener más de 100.000 soldados hacia 2011, ya cuenta con 2.500 y sigue reduciéndose. Pero el vacío de poder generado por la retirada podría restaurar al movimiento Talibán en el dominio del país. El objetivo ahora es evitar un “momento Saigón”.

Bye bye Afganistán

Dos grandes eventos se sucedieron esta semana en cuanto al retiro de las tropas de la OTAN de Afganistán. Por un lado, Alemania anunció que completó el retiro de sus tropas, unos 1.100 soldados, iniciado en Mayo. Esto pone fin a una participación de 20 años en la invasión, desde la creación de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en Diciembre de 2001 hasta la misión Apoyo Decidido de la OTAN. Otros miembros de la OTAN ya completaron su retiro, debido a que habían desplegado menos recursos, como Italia, España, Estonia o Dinamarca.

La otra gran noticia es el traspaso de la base aérea de Bagram por las fuerzas estadounidenses a las fuerzas armadas afganas. Esta acción tienen un gran simbolismo para los afganos, ya que fue el centro de operaciones del contingente estadounidense. La base de Bagram era todo un símbolo de la ocupación, una pequeña ciudad estadounidense en medio de Afganistán. No sólo residían miles de soldados allí, además contaba con hospitales, comercios y restaurantes (incluyendo Pizza Hut y Subway), una prisión propia y el complejo de Camp Vance, sede de las fuerzas especiales estadounidenses. La base fue visitada por todos los presidentes que encabezaron la ocupación: Bush jr, Obama y Trump.

Sobre la retirada estadounidense de Bagram, el portavoz talibán, Zabiullah Mojahid, dijo:

“La presencia de fuerzas extranjeras en Afganistán fue una razón para la continuación de los combates en el país (…) Si las fuerzas extranjeras abandonan Afganistán, los afganos pueden decidir entre ellos los problemas futuros. Daremos un paso adelante por la seguridad del país y nuestra esperanza de paz aumentará y, inshallah, tendremos desarrollo”.  

La vietnamización del conflicto

Hay muchos paralelismos que se pueden realizar entre lo que fue la retirada estadounidense de Vietnam y lo que es la retirada actual de Afganistán. No sólo porque, por segunda vez, el ejército mejor equipado y con mayor tecnología del mundo no puede vencer a grupos irregulares de campesinos armados. Sino porque Estados Unidos tomó decisiones similares en cómo llevar adelante el proceso.

En el caso vietnamita, a partir de 1969 Nixon llevó adelante una política de “vietnamización” del conflicto. Es decir, hacer una transición entre el ejército estadounidense y las fuerzas armadas de Vietnam del Sur, en cuanto a quién lleva adelante el mayor esfuerzo en la guerra. En el caso afgano, este proceso está en camino desde 2015, cuando se vence la resolución del CSNU que instauró la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad y la OTAN estableción la misión Apoyo Decidido. Esta misión busca entrenar a las fuerzas afganas para que puedan sostenerse por sí mismas y controlar todo el territorio nacional.

Para llegar a los acuerdos de paz de Doha, firmados en 2020 entre Estados Unidos y los Talibanes donde se estableció la retirada de las tropas de la OTAN y los EEUU a cambio de evitar que Al Qaeda vuelva a operar en Afganistán y que se inicie una conversación diplomática entre los talibanes y el gobierno afgano, se recurrió a una estrategia similar que en Vietnam. En ese entonces, las operaciones de bombardeos aéreos masivos Linebacker y Linebacker II detuvieron el avance del Vietcong y lo forzaron a ir a la mesa de negociación en París. Durante 2019 y 2020, el gobierno de Donald Trump llevó adelante una campaña de bombardeo masivo que logró llevar a los talibanes a las negociaciones de Doha.

En el caso vietnamita, al poco tiempo de terminar la intervención estadounidense, se reanudó la guerra civil entre el norte y el sur. Esto culminó el 30 de Abril de 1975 con la toma de Saigón por el Norte (el ejército popular de Vietnam y el Vietcong), reunificando al país y concluyendo una guerra civil iniciada en 1959. Estados Unidos se vió forzado a llevar adelante la operación “Frequent Wind”, una evacuación masiva de su personal y de sudvietnamitas que colaboraban con ellos.

Las imágenes de esta operación son un símbolo de la derrota estadounidense, y no están dispuestos a que vuelva a suceder.

Kabul no es Saigón

Al igual que en el caso vietnamita, se espera que tras la retirada de las tropas extranjeras se retome la guerra civil afgana. Esta guerra comenzó en 1978, sólo interrumpida por la intervención soviética (1979-1989) y por la estadounidense (2001-2021). Desde entonces el país no logra tener un sólo gobierno. Incluso cuando los Talibanes controlaban la mayoría del país y la capital, Kabul, al momento de la intervención estadounidense en 2001, las provincias del norte estaban bajo control de un grupo contrario – la Alianza del Norte. La ayuda extranjera le permitió a la Alianza expulsar al Talibán del gobierno y conformarse en lo que ahora es reconocido como el gobierno afgano.

Datos del 23 de Junio 2021
Fuente: FDD’s Long War Journal, Esri’s Disaster Response Program and Natural Earth
Gráfico: Jiachuan Wu / NBC News

Desde la firma de los acuerdos de Doha, los talibanes están recuperando el control de cada vez más territorio. En especial, desde el comienzo de la retirada de tropas extranjeras en Mayo. Ya tienen control sobre un 30% del territorio y disputan otro 42%. Pero no es definitivo todavía.

En algunas zonas del país, los soldados del gobierno afgano se rinden y entregan sus armas al Talibán sin pelear. En otras zonas, el gobierno autorizó la conformación de milicias locales, las cuales están conformadas por civiles que no desean unirse al Talibán, pero ponen en peligro la continuidad posterior al gobierno. En cierta manera, es el retorno a la situación anterior  la intervención estadounidense.

El gobierno afgano está confiado en que puede hacer frente al avance talibán. En palabras del embajador afgano en China:

“Tenemos 350.000 fuerzas de seguridad nacional, entre las cuales hay fuerzas especiales. No tenemos ningún miedo a perder terreno. No veo muchos cambios junto con la retirada. La retirada sería una sorpresa más para los talibanes que para nosotros. No hay otra forma para los talibanes que volver a la mesa de la paz. Por lo tanto, proponemos que deberíamos tener un alto el fuego y la comunidad internacional debería presionar a los talibanes para que lo acepten “.

Le presidente afgano, Ashraf Ghani, propuso en Marzo pasado realizar elecciones conjuntas:

“Estamos dispuestos a discutir la celebración de elecciones libres, justas e inclusivas bajo los auspicios de la comunidad internacional. También podemos hablar de la fecha de las elecciones y llegar a una conclusión “

Sin embargo, los talibanes desecharon la idea rápidamente.

La gran diferencia con el caso vietnamita es que la derrota de las fuerzas extranjeras no va a estar asociado directamente a la liberación del pueblo afgano. Recordemos que el Talibán es un movimiento fundamentalista islámico, donde la sharia se interpreta de manera dogmática y se ha llegado a prohibir la música. Las mujeres probablemente vuelvan a perder los pequeños derechos ganados en estos años, como no tener que utilizar la burqa, a no ser lapidadas en caso de adulterio o a recibir educación.

¿Quién queda al mando?

Las tropas estadounidenses terminarán su retiro en la fecha simbólica del 11 de Septiembre, 20 años después del atentado a las torres gemelas. Sin embargo, se mantendrán unos 650 soldados para defender la enorme embajada estadounidense en Kabul. La seguridad del aeropuerto internacional de Kabul, principal puerta de entrada y salida del país, está siendo negociadada. Turquía ve la posibilidad de quedarse ahí como una herramienta para su política exterior, una forma de tender un puente hacia el centro de Asia y aumentar su prestigio dentro del mundo musulmán, a la vez que permite algo de tranquilidad a sus socios de la OTAN.

Lo que no está en discusión en el plan de retiro son los más de 18.000 “contratistas” (es decir, mercenarios) estadounidenses que protegen las inversiones del capital norteamericano en el país. Probablemente se mantengan en el territorio hasta que la guerra civil se resuelva.

Quien está interesada en mantener la estabilidad del país para integrarlo a su proyecto económico es China. Comparte una frontera con Afganistán a través del Corredor de Wakhan, una franja de 76km de largo con 12.000 habitantes y que formó parte de la antigua Ruta de la Seda. Esta región nunca fue controlada por el Talibán, pero la influencia del extremismo islámico sí cruzó esta frontera hacia la región de Xinjiang. El temor de China yace en que un Talibán vigoroso sea un ejemplo a seguir por el Movimiento por la Independencia de Turquestán Oriental (MITO), un grupo terrorista que asoló la región en los 90’s y principios del 2000.

Ante la amenaza de un posible regreso del MITO a la región, un informe de Naciones Unidas sostiene que los combatientes del MITO que están ahora en Siria podrían regresar a Xinjiang, China entró en contacto con el Talibán. La promesa de mejorar la infraestructura e integrar al país al proyecto de La Franja y la Ruta, es igual par talibanes y para el actual gobierno afgano. La estabilidad de la región y la mejora de la interconexión entre los países vecinos es el principal objetivo chino.

Falta todavía ver cómo evoluciona la situacion en el terreno tras la salida total de las tropas extranjeras. No se puede descartar una nueva evacuación de la embajada estadounidense en caso que el Talibán vuelva a retomar Kabul. Pero la gran incógnita es qué modelo va a adoptar la sociedad afgana, si volverá al emirato fundamentalista que tuvo bajo el gobierno talibán de los 90’s o se adaptará a una sociedad un poco más abierta tras la experiencia actual. Lo importante es que lo puedan decidir los mismos afganos, sin fuerzas extranjeras. Esperemos que sea de la manera más democrática posible.