Rusia y América Latina: Cada vez más cerca

Rusia y América Latina: Cada vez más cerca

El Observatorio del Sur Global, junto a la agencia de noticias y radio Sputnik y al programa GPS Internacional, los invita a participar de esta charla sobre la creciente relación entre Rusia y América Latina. Participarán como expositores:

  • Sebastián Tapia, licenciado en relaciones internacionales y editor general del Observatorio del Sur Global
  • Patricia Lee, jefa de redacción de Sputnik para América Latina

Modera: Fabián Cardozo, conductor de GPS Internacional

La charla tendrá lugar el martes 14 de Diciembre a las 19:00hs (Buenos Aires) por Zoom. Para recibir el enlace, por favor inscríbase aquí

Perspectiva Latinoamericana | ¡Alerta! ¿Camina la espada de Bolívar por América Latina?

Perspectiva Latinoamericana | ¡Alerta! ¿Camina la espada de Bolívar por América Latina?

por Pablo Vilas¹

En Noviembre del año 2005 se celebró en la Ciudad de Mar del Plata la cumbre de jefes y jefas de Estado de la Alianza de Libre Comercio de las Américas, ALCA. Esa reunión pasó a la historia por la conducción soberana de Néstor Kirchner, quien con la presencia del presidente George Bush Jr. representante de la potencia militar y económica del continente, le dejó en claro que en la Suramérica, que en la Argentina de este tiempo no se toleraría que nos vinieran a “patotear”, para imponer con números de mayorías coyunturales la desgracia y el hambre para nuestros pueblos.

También en esas tardes marplatenses, con el portaviones norteamericano anclado frente a su costa, apuntando sus cañones hacia nuestras casas, los movimientos sociales, sindicales, y el pueblo organizado, desde un estadio de futbol colmado de vida, le gritaba con fuerza un coro conducido por Hugo Chávez, “ALCA al carajo”.

Dos imágenes que nos acompañan y que nos recuerdan lo que representa la unidad nuestra americana. En Unidad, Todos, podíamos torcer la voluntad del imperialismo y hacer retroceder al capitalismo financiero.

A partir de este hito, Nuestra América vivió grandes conquistas de parte de las fuerzas populares democráticas, que lograron imponer un verdadero cambio de época. Ese mismo año Evo Morales, hijo de la tierra, protagonizaba el inicio de la transformación boliviana. Por primera vez un descendiente directo de los pueblos preexistentes ganaba las elecciones en Bolivia, dejando atrás en los años posteriores a la republica opresora y dando vida junto a las fuerzas vivas del pueblo al Estado Plurinacional.

Y en sus propios tiempos y con características particulares, se sucedieron triunfos en Ecuador, Paraguay, El Salvador, Nicaragua, Honduras. Nacieron la Alianza Bolivariana de América (ALBA), el Parlamento del Mercosur, la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC). Sin duda un “Cambio de Época y no una Época de Cambios”, como dijera Rafael Correa alguna vez.

Los otros también juegan

Sin embargo, esta consecución de triunfos populares y de gestación de instituciones para la integración regional, no fueron los únicos movimientos. Si nos reconocemos en la “Nuestra América” de José Martí, también reconocemos que hay la otra América. Y esta América imperialista, a partir del golpe que recibió cuando se rompió la intención del ALCA, no quedó expectante a una nueva oportunidad como nunca lo ha hecho en nuestros doscientos años de Estado Nación.

Mientras nuestra militancia cantaba en marchas consignas de liberación ¡Alerta..! El poder económico se reorganizó, y bajo nuevos nombres y copando nuevas instituciones volvió a la arremetida casi inmediatamente.

Si en los 70s la conjunción cívico militar, golpeó las democracias, torturó, desapareció y secuestró el futuro, en los 80s la escuela de Chicago formó a quienes darían anclaje al Consenso de Washington durante la década de los 90s, privatizando y destruyendo las estructuras que las dictaduras no alcanzaron y dando paso a las crisis financieras subregionales. Samba, Tequila, Tango, denominaciones que no solo georreferenciaban la crisis, sino que dejaban por atrás la necesidad de la fuerza militar para gobernar de facto y sin legitimidad democrática los destinos de nuestras patrias. El poder de los medios de comunicación saltó del cuarto lugar a convertirse en un instrumento indiscutible en los años siguientes, instalando “percepciones” o “relatos” de una falsa realidad sostenida por el individualismo y el sálvese quien pueda.

Frente a la recuperación del valor de la política como herramienta de transformación, principal legado de esa década que cambió la época, se gestó la banalización de la política, la judicialización de la política, y la corrupción de la política.

Si Néstor Kirchner y Hugo Chávez, resignificaron para nuestra región a la política, recuperando las nociones de Soberanía, Independencia Económica, Justicia Social, Solidaridad, Unidad Latinoamericana, Organización Popular y el Colectivo como principio antagónico al individualismo, “los otros” promovieron la concentración económica, la farándula que juzga a la política, la criminalización de la acción política, el “Lawfare” como brazo persecutor de la política y la oligarquía que fugó nuestros recursos, evadió y corrompió a sectores de la justicia.

Y entonces llegó… la Pandemia

En Argentina, la pandemia llegó en diciembre de 2015 con el gobierno de Mauricio Macri y este la promovió a la región. Fraude mediático previo al referéndum de Bolivia, radicalización de la derecha de Venezuela que al conseguir mayorías parlamentarias inició una ola de violencia contra el pueblo venezolano para intentar derrocar al gobierno de Nicolás Maduro. Golpe parlamentario a Dilma Rousseff en Brasil y posterior encarcelamiento ilegal a Lula. Destrucción de la UNASUR, alejamiento de Venezuela del MERCOSUR.

Destrucción del Estado, de la relación entre los Estados y de la cooperación desde una mirada global del sur, en pos de un nuevo alineamiento con los poderes económicos y financieros. Esta historia es más reciente por ende, está más fresca en nuestro imaginario, hambre, pobreza, endeudamiento, alianzas para la muerte, promoción de golpes, reconocimiento a gobiernos de facto.

Una pandemia económica, social y cultural, que promovida desde los gobiernos neoliberales intentó destruir la estructura misma del humanismo. El Estado dejó de ser la institución que regula las relaciones entre las personas a ser la herramienta de persecución y sometimiento de estas.

Presidentes auto proclamados, bloqueos económicos, represión de la protesta social, criminalización de movilización, persecución, encarcelamiento o asesinato de la dirigencia política que incomoda, con el fin de dividir al campo popular y generar más hambre y más pobreza. Es la única forma que tienen de “persuadir” a las mayorías para intentar instalarse en el gobierno.

Las consecuencias inmediatas de la primer pandemia quedaron visiblemente expuestas con la llegada de la pandemia sanitaria. Gobiernos asediados por el odio del capitalismo financiero, como Venezuela y Cuba. Estados vaciados y endeudados como Argentina y Perú. Gobiernos artífices de la crisis económica y social, mostrando desidia, negligencia e incompetencia a la hora de gestionar la pandemia. Pero también la falta de mecanismos regionales que existían y que en el marco de esta situación pudieron ahorrar millones de dólares y salvar miles de vidas.

No hubo compras de insumos colectivas por el Consejo Sudamericano de Salud, no se logró pronunciamientos y acciones concretas de Parlamentos regionales. La solidaridad internacional se quedó en casa mientras los piratas tomaban los suministros en aeropuertos de otro continente.

Rumbo a un nuevo Abrazo – la unidad es posible

La lucha de nuestros pueblos y la dirigencia democrática popular nos ha mostrado que la unidad de los gobiernos frente a desafíos comunes es posible. Pero tiene fecha de caducidad en el marco de las democracias burguesas liberales que rigen nuestras patrias: dos, tres, cuatro, cinco o seis años según el calendario electoral.

La unidad de Nuestra América es demasiado importante para dejarla en manos de los gobiernos. Fue el movimiento de trabajadores organizado el que generó tras años de lucha las condiciones para que en ese noviembre de 2005 los presidentes del MERCOSUR y Venezuela con Kirchner al frente le dijeran que NO al ALCA. Son los pueblos organizados los que resisten las olas neoliberales y que restituyen los gobiernos populares, como pasó en 2019 en Argentina con la conducción de Cristina Fernández de Kirchner.

“Los otros” necesitan de la violencia, el saqueo y la mentira para poder implantar sus modelos, es de nosotros la oportunidad que nos da el ser hijos de la América viva que dio vida a tantos hombres y mujeres que hoy llevamos como bandera. Un lápiz le ganó en Perú a ese imperio. La resistencia y persistencia en México abrió un nuevo tiempo. Las luchas resisten si hay un camino hacia el abrazo de los Pueblos.

No por romanticismo sino por necesidad, la espada de Bolívar, será afilada una vez más y empuñada hacia la definitiva concreción de la Nación Suramerianca.


¹ Parlamentario del Mercosur por la Argentina. Fue el primer director de la Casa Patria Grande “Presidente Néstor Carlos Kirchner” 2011 -2015. Militante de la causa latinoamericana y caribeña.

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Agenda feminista en América Latina

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Agenda feminista en América Latina

El miércoles 10 de noviembre se llevó adelante el segundo diálogo del ciclo de “Pensar la Unidad Sudamericana Hoy” edición 2021, coordinado por Mariana Vázquez. Los participantes del panel fueron: Virginia Franganillo, coordinadora de la Comisión de Cuidados de los Equipos Técnicos del Partido Justicialista y quien integra el Comité de Expertos para la elaboración del anteproyecto de ley de cuidados integrales; Ingrid Gomez, feminista de la 4a Transformación en México y Secretaria de las Mujeres de la Ciudad de México; y Rosa Neide, diputada brasileña por el Partido de los Trabajadores (PT) y coordinadora adjunta de la Bancada Femenina de la Secretaría de la Mujer de la Cámara de Diputados.

En la presentación inicial, Vazquez enfatizó la centralidad de los debates que son parte de la Agenda feminista, destacando que  “cada espacio donde sigamos dando esta lucha” es un lugar “que tenemos que ocupar y es muy relevante”.

La primera oradora fue la socióloga y creadora del Consejo Nacional de la Mujer Virginia Franganillo, quien remarcó las características regionales de este movimiento: “América Latina, el continente más desigual, América Latina con el más potente proceso o movimiento del feminismo. Fue algo muy vivificante. La potencia que tienen nuestras líderes populares creo que son el reaseguro para este presente y para lo que viene”.

También se refirió a la coyuntura en la que se encuentra la Argentina en este momento previo a las elecciones legislativas del próximo domingo 14 de noviembre donde hay una “oposición que representa sin tapujo a los poderes fácticos”  frente a un gobierno que “tuvo poco tiempo para desarrollar su proyecto” porque a los dos meses de su asunción, tuvo que enfrentar la pandemia desplegando “políticas activas” para toda la sociedad.

Además de la denuncia de las violencias, para Franganillo el paro feminista que hubo en argentina años atrás fue uno de los hitos que además se “internacionalizó” y que permitió que temas como la feminizacion de los cuidados, la división sexual del trabajo, la feminización e infantilización de la pobreza, la relación entre patriarcado y capitalismo sean parte de una “agenda” que además “supimos recoger desde el peronismo” haciendo una propuesta “sobre los cuidados”.

“Era un enunciado y había que transformarla en política pública”, reflexionó la socióloga y luego relató el proceso por el que se llegó a la elaboración, a partir de un grupo de expertos y expertas, de un anteproyecto de ley que propone un “nuevo paradigma que es ni más ni menos que el Estado asume algo que históricamente asumimos las mujeres (…) con esta ley se propone un sistema nacional de cuidados”.

Luego la psicóloga mexicana Ingrid Gomez quien afirmó que la alineación del gobierno nacional de Manuel López Obrador con el de la Ciudad de México permitió avances como la creación de la Secretaría de las Mujeres en la capital y el decreto de una “emergencia que permita la alineación de una serie de políticas públicas para atender las situaciones de violencia”.

“Desde la política pública del gobierno de la ciudad (de México) se pone en el centro el bienestar de las personas y la garantía del ejercicio de los derechos, y desde la agenda feminista, la emergencia de poder generar estrategias y políticas públias que prevengan y atiendan la violencia, y brinden el acceso a la justicia de las mujeres”, expresó Gómez.

Algunas de las estrategias que mencionó está la creación de las Unidades Territoriales de Atención y Prevención de la Violencia basada en un “modelo muy territorializado y de la proximidad barrial”; la prevención de violencia en el transporte y espacios públicos seguros; y la creación de la Fiscalía especializada en la investigación de delitos de femicidio.

La diputada brasileña Rosa Neide expuso sobre la situación actual de las demandas feministas y sociales con el gobierno de Jair Bolsonaro “estamos viendo fuertemente el papel de las mujeres (…) en  la lucha por la supervivencia” y criticó el cambio del Ministerio de la Mujer por otro más amplio que “no responde por todo aquello que necesitamos en relación a las mujeres del país que en su mayoría están en una situación de sufrimiento”.

“Durante la pandemia, con el aumento de violencia contra las niñas y mujeres, el gobierno registró el menor valor de inversiones en los programas y políticas para las mujeres desde 2015. Es un gobierno que realmente retiró las políticas de las mujeres como políticas prioritarias”, explicó Neide.

Y agregó: “Las mujeres pierden mucho espacio con un gobierno de este modelo. Necesitamos en este momento tener una decisión para que podamos derrotar este proyecto fascista”.

Luego de la exposición de las tres referentes latinoamericanas, hubo espacio para preguntas y respuestas, donde pudieron intercambiar ideas con las y los asistentes a la charla.

El próximo, y último encuentro de “Pensar la Unidad Sudamericana Hoy”  de este año, tendrá lugar el próximo miércoles 24 de noviembre bajo el título Democracia y Participación Popular como Pilar de la Unidad Sudamericana.

Mirada Multipolar | Propuestas para el orden mundial post-COVID19 ¿Y si nos organizamos?

Mirada Multipolar | Propuestas para el orden mundial post-COVID19 ¿Y si nos organizamos?

por Sebastián Tapia

La pandemia de COVID-19 parece estar disminuyendo en la región, lo que ayuda a comenzar a pensar el papel que jugará latinoamérica en el escenario global. Un mundo que ya no será igual, con un Estados Unidos más débil a nivel global, pero lo suficientemente fuerte para imponerse en la región, una China más decidida a reclamar el liderazgo en el concierto internacional, una Rusia mirando al Este y una Europa con crisis de identidad. Algunas ideas comienzan a surgir, centrándose principalmente en la integración regional.

La propuesta de Amorim

Esta semana el ex-ministro de relaciones exteriores y de defensa de Brasil durante el gobierno de Lula, Celso Amorim, estuvo participando de la reunión anual del Club de Discusión Valdai. Este think tank ruso hace años que viene discutiendo los cambios que se ven a nivel global en el siglos XXI. Amorim expuso mediante videoconferencia en una mesa llamada “¿Sustituto de una guerra mundial o preludio de ella?”, en referencia a la pandemia de COVID-19.

Celso comenzó por plantear que hay que cambiar la manera en que las naciones del mundo enfrentan las grandes cuestiones globales como la pandemia, el cambio climático, la dislocación causada por la globalización y, especialmente, la desigualdad.

“Para abordar estas cuestiones, primero tenemos que favorecer un mundo multipolar. Y creo que eso es lo que Brasil intentó hacer junto con Rusia, China, Sudáfrica e India al crear BRICS. Por ejemplo. Es un ejemplo de cómo hacer un esfuerzo por tener un mundo más multipolar. Pero la otra cosa, muy, muy importante, es cambiar la organización institucional del mundo. No podemos tener un mundo en el que hayamos discutido algo como la pandemia o el cambio climático en el consejo de seguridad, sujeto al veto de algún país. Eso es algo que está totalmente fuera de lugar “.

La frase podría ser considerada como un pedido de eliminación del poder de veto que mantienen los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (Rusia, China, Estados Unidos, Francia y el Reino Unido), algo que al día siguiente el presidente de Rusia, Vladimir Putin se opuso en el mismo foro. “Si destruimos el derecho de veto de los miembros permanentes, Naciones Unidas morirá ese mismo día. Se convertiría en una liga de naciones”, dijo. Pero Amorim no se refería a los temas de seguridad, sino a estos grandes temas globales que deberían ser resueltos por consenso. Para esto, propone que el G20 tome un rol más decisivo, pero que a la vez este foro sea más representativo de la comunidad global.

“Creo que lo más cercano que combina cierto grado de legitimidad o representatividad con cierto grado de efectividad es el G20. Creo que tendríamos que cambiar un poco el G20 para hacerlo un poco más africano, un poco más oscuro de alguna manera, un poco menos europeo, tal vez. Pero también para otorgar autoridad al G20 sobre organizaciones concretas, muy concretas, muy específicas: como el Banco Mundial, el FMI y la Organización Mundial del Comercio. Es inútil decidir algo en el G20 y luego hacer algo completamente diferente de acuerdo a los tecnócratas del banco mundial, que obedecen a un país más que a otro.”

Pero este modelo no puede ser impuesto. Para adoptar estos cambios, Amorim propone una gran conferencia mundial, como se ha realizado en otros tiempos:

“Necesitamos un replanteamiento global del orden mundial. Y un replanteamiento global del orden mundial, que trata no solo del poder sino también de las instituciones, requiere una conferencia como la de San Francisco, Dumbarton Oaks o Bretton Woods.”

En la mesa expusieron otros invitados, entre los cuales uno propuso volver al principio de la escuela realista de esferas de influencia entre los grandes poderes. Amorim defendió la posición de los que él llamó “una región olvidada”:

“Creo que debemos tener mucho cuidado con su idea de esferas de influencia. Ciertamente, a Brasil y la mayor parte de América Latina no les gustaría ser tratados como el patio trasero de Estados Unidos. Hasta cierto punto es inevitable, pero podemos intentar equilibrar eso con la influencia de otras potencias: Europa, China, Rusia y también nuestras propias iniciativas. La regionalización de alguna manera es muy importante en términos de integración para América del Sur y América Latina, y hemos trabajado mucho en eso, pero también es importante combinar eso con alguna acción multilateral. O múltiples, digamos, acciones globales que de alguna manera lo ayudarían a crecer en un mejor equilibrio. No solo porque buscamos justicia en términos de equidad, sino también porque ustedes buscan un mundo en el que la guerra sea, digamos, menos probable. Y la dominación también sea menos probable.”

La propuesta de AMLO

Y en este punto, la integración latinoamericana como una manera de evitar la influencia de potencias extrarregionales, la única propuesta en pie en este momento proviene del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador. En su discurso en la última reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), el pasado 18 de Septiembre, AMLO propuso intensificar la institucionalidad de la CELAC para transformarlo en un organismo supranacional:

“La CELAC, en estos tiempos, puede convertirse en el principal instrumento para consolidar las relaciones entre nuestros países de América Latina y el Caribe, y alcanzar el ideal de una integración económica con Estados Unidos y Canadá en un marco de respeto a nuestras soberanías; es decir, construir en el continente americano algo parecido a lo que fue la Comunidad Económica que dio origen a la actual Unión Europea.”

En su propuesta, hay dos dimensiones clave. La política, en la cual predominan los principios de “no intervención” y de “autodeterminación de los pueblos”, y la económica, basada en la cooperación para el desarrollo y la ayuda mutua.

Las diferencias políticas deben ser resueltas entre los países latinoamericanos, con el sistema de Naciones Unidas como último árbitro. En sus palabras:

“Que las controversias sobre democracia y derechos humanos se diriman a petición de las partes en instancias verdaderamente neutrales creadas por los países de América y que la última palabra la tengan las agencias especializadas de la Organización de las Naciones Unidas.”

En cuanto a lo económico, su idea es fomentar el comercio intrarregional pero que el crecimiento sea repartido entre los países con criterios de justicia social:

“La propuesta es sencilla: se trata de reactivar pronto la economía en nuestro continente para producir en América lo que consumimos.
Las ventajas son muchas; entre otras, contamos con fuerza de trabajo joven y creativa; hay buen desarrollo tecnológico; somos un continente rico en recursos naturales, con una amplia diversidad cultural; las distancias entre nuestros países nos permiten ahorrar en fletes y, reitero, existe suficiente demanda de mercancías en nuestros mercados.
Solo se requiere hacer una planeación conjunta con la participación de organismos como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otros, y pedir a estas instituciones la elaboración de un plan con el objetivo superior de promover la comunidad económica, financiera y comercial de los países de América.
Por último, esta integración productiva con dimensión social debe contar con el componente de inversión para el bienestar de todos los pueblos de América, bajo el criterio de que el progreso sin justicia es retroceso. Se trata de ir hacia la modernidad, pero forjada desde abajo y para todos.”

 

Ambas propuestas son complementarias. La profundización de un proceso de integración latinoamericano, que fue destruido en la última oleada de gobiernos neoliberales, puede otorgarle a la región un peso mayor en el plano internacional. Las viejas palabras del Martín Fierro sobre la desunión de los hermanos que invita a la amenaza externa, es una lección que la región no ha sabido aprender en 200 años de independencia. La reorganización mundial tras la pandemia del COVID 19 es una oportunidad a aprovechar para integrarnos como región y así competir en el mundo.

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | ¿Qué significa hoy pensar en la Unidad Regional en América Latina? Condicionantes y dilemas

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | ¿Qué significa hoy pensar en la Unidad Regional en América Latina? Condicionantes y dilemas

El miércoles 29 de Septiembre se llevó adelante el primer diálogo del segundo ciclo de “Pensar la Unidad Sudamericana Hoy”, coordinado por Mariana Vázquez y presentado por el Director del Observatorio del Sur Global, Federico Montero. Los participantes del panel fueron: Maximiliano Reyes Zúñiga, subsecretario para América Latina y el Caribe de los Estados Unidos Mexicanos, Daiana Ferraro, ex coordinadora de la secretaría del MERCOSUR y ex coordinadora adjunta del MERCOSUR por Uruguay, Pablo Vilas, parlamentario del MERCOSUR por Argentina y Amado Boudou, ex vice-presidente y ex ministro de Economía de Argentina.

Podés ver el video completo aquí:

Maximiliano Reyes Zúñiga abrió el debate mediante un mensaje grabado en video, donde destacó la apuesta de México por la CELAC, porque creen que las similaridades de la región deben prevelecer por sobre las diferencias, y recorrió los logros obtenidos durante la presidencia pro-témpore de ese país. Hizo hincapié en los alcanzados en la última reunión como: la creación del fondo CELAC para desastres, el plan de autosuficiencia sanitaria y la Agencia Latinoamericana y Caribeña del Espacio (ALCE). Recordó que los retos de nuestra región no tienen ideologías y nos afectan de igual manera, por lo que destacó que las diferencias ideológicas fueron superadas en la última cumbre de la CELAC, al poder sentar a la misma mesa presidentes que antes no lo habían hecho. Finalmente propuso discutir el sistema interamericano para construir una América latina unida, fuerte y próspera.

El panel continuó con la presentación de Daiana Ferraro, quien reflexionó sobre los objetivos y los condicionantes de la unidad latinoamericana hoy en día. Comenzó por plantear la pregunta: ¿Tiene vigencia la unidad regional de América Latina? ¿Para qué la queremos? 
Ella respondió con tres objetivos que buscamos en la Unidad: El bienestar de la ciudadania, que incluye temas de sustentabilidad social: distribución del ingreso, derechos humanos, tipo de empleo, etc.; La solución pacífica de conflictos, siendo increíble que no haya más espacios para esto a nivel regional; y la autonomía, mediante la cual América Latina necesita para el desarrollo de sus propias políticas y para proyectar algunos principios a escala global. 

Pero hay varios condicionantes en el marco actual. Entre ellos encuentra: la transición hegemónica entre Estados Unidos y China, el paso de la economía centrada en el Atlántico al Pacífico, la aceleración de los cambios económicos, y el resultado de lo que quede de la pandemia. Planteó que la idea de una unidad latinoamericana implica la idea de una comunidad que comparte una visión del mundo y que a partir de ahí se relaciona con el mundo, por lo que es muy importante decidir con quién se vincula esa unidad.

Pablo Vilas continuó con el debate, explicando cómo la idea de una identidad común se vió contrastada con la realidad de los diferentes pueblos del continente, porque no somos tan iguales, pero sí tenemos las mismas necesidades. En pocas palabras:
“no es por amor, sino por espanto que buscamos la unidad”. El momento más plausible de alcanzar esa unidad fue el No al ALCA en 2005, cuando el principal desafío era la unidad de los sectores populares y los trabajadores. Sin embargo, para resistir a la crisis económica de 2009, se dejó de lado los procesos de cooperación con los pueblos hermanos de la región.

Vilas terminó dejando en claro que es desde la diversidad que vamos a lograr construir lo objetivos que nos lleven a la unidad. Recordó que la UNASUR fue una buena experiencia, marcó  un piso, pero no hay que volver a lo mismo, sino hay que buscar nuevas estructuras adecuadas a la realidad actual. 

El último en exponer fue Amado Boudou. Sostuvo que además de preguntarse para qué queremos tener una Patria Grande, es importante dilucidar a quién le sirve la no integración. Comentó que tiene la sensación que a partir de la instauración de la Razón Neoliberal, desaparecieron los seres humanos del análisis político, económico e histórico. Aparece en reemplazo la Economía, y ésta es más importante que los hombres. Recordó que en algún G20, ante el discurso dominante de la libertad de capital y de comercio, hizo la pregunta de por qué no la libertad de movilidad de las personas. La respuesta fue claramente negativa. Esto debido a que la no integración le sirve a las potencias coloniales, que aún existen, y a las oligarquías locales que son los socios de las potencias coloniales. Son las potencias coloniales que crearon las repúblicas puerto, desde donde sacar los productos locales hacia el exterior.

Según Boudou, los mercados ya no son lo que dicen las antiguas teorías liberales, donde se crea valor y se lo distribuye. Los mercados son mecanismos para extraer valor de la ciudadanía para llevárselo a los países centrales. Explicó que gran parte del valor de lo que exportamos, todos nuestros países, sufre la discriminación en la morfología de los mercados. Para los productos primarios, un precio con rentabilidad mínima. Para los servicios necesarios para esa exportación, precios monopólicos u oligopólicos.

Sobre el contexto internacional explicó que la irrupción de China es una gran oportunidad para todos nuestros países. Pero no todo lo que es bueno para China es bueno para nosotros. Estamos en otro tipo de enfrentamiento entre las grandes potencias, pero tan determinante como lo fue la Guerra Fría. En esta nueva situación, estamos en presencia de una guerra entre dos potencias, pero una de ellas está en decadencia. No produce un discurso que pueda entusiasmar a otros países. Necesita cada vez más violencia para sostener su hegemonía. 

El próximo encuentro de “Pensar la Unidad Sudamericana Hoy” tendrá lugar el próximo miércoles 13 de octubre y buscará responder a la pregunta: ¿Hacia dónde va el MERCOSUR?

La América que ya no es prioridad

La América que ya no es prioridad

por Ariadna Dacil Lanza para Panamá

El mundo hasta el 10 de septiembre de 2001 no solo era un lugar donde tres Beatles aún estaban vivos y Oriana Fallaci caminaba las calles de Manhattan, era también un lugar donde “Lula” da Silva ya se había presentado a tres elecciones presidenciales en Brasil pero aún no había triunfado; Fernando de la Rúa tambaleaba pero seguía al frente del gobierno argentino; Álvaro Uribe en Colombia y Gonzalo Sánchez de Lozada en Bolivia recién preparaban sus candidaturas presidenciales; a Fidel Castro aún le pegaba el sol de Cuba en la cara; y habían pasado unos meses desde que Hugo Chávez recibió a George Bush -quien había ido por un viaje de pesca- en Miraflores, mientras Bush hijo subía a su primer vuelo internacional como Presidente con destino a México. Era un mundo donde se contabilizaban tres Cumbres de las Américas y se había escrito un borrador preliminar para avanzar en un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA); en tanto la Concertación de Ricardo Lagos gobernaba Chile mientras Pinochet seguía libre bajo fianza; en Perú Alberto Fujimori había cumplido un ciclo y Alejandro Toledo ya estaba en Casa de Pizarro, donde sería anfitrión para la firma de la Carta Democrática Interamerica, y además aún no tenía causas asociadas a Odebrecht, la cual aún no era un símbolo de corrupción. 

Pero más allá de qué hacían los latinoamericanos con su destino, en tanto región “dependiente”, en “desarrollo” o parte “del tercer mundo”, resulta necesario saber cómo era vista, pero cómo era vista esencialmente por la principal potencia global. Jean Paul Sartre dijo que “el infierno son los otros”, no porque las relaciones con los otros esten “envenenadas” sino porque “nos juzgamos con los medios que los demás tienen -nos han dado- para juzgarnos. Diga yo lo que diga acerca de mí, siempre el juicio ajeno entra en ello”. Tomemos esa idea como metáfora para ponderar la mirada del otro, en este caso Estados Unidos (EU), sobre el “nosotros”, América Latina (AL) y volver un poco más explícita la visión y el lugar que le asignó pero exclusivamente en las distintas Estrategias de Seguridad Nacional desde los atentados del 11S. Está claro que no es posible juzgar esa relación únicamente partiendo desde aquí pero es un elemento a considerar.

Hasta ese momento, la última Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) era la que había definido William “Bill” Clinton en el año 2000 donde AL ocupaba un punto extenso. El terrorismo aún no tenía el peso que tomará después, y se atendía el tráfico de drogas con desembolsos por ejemplo para el Plan Colombia. Se destacaban avances en la “restauración de las instituciones democráticas” y se daba una línea de acción para casi todos sus países: en términos políticos por ejemplo se destacaba a Chile, Uruguay, Nicaragua, Guatemala, Ecuador, Paraguay, República Dominicana y México; mientras que en Cuba promoverían “una transición pacífica a la democracia”, manteniendo “la presión sobre el régimen para que haga reformas” y alentando el “surgimiento de una sociedad civil”;. Hablaban de actividades militares “modestas” en la región y en lo económico, continuarían con asociaciones a través del FMI, el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) “para ayudar” a los países en su “transición hacia economías de mercado integradas” y en la “recuperación” de los bancos apoyando los “esfuerzos” por ejemplo de “Brasil y Argentina para reducir su vulnerabilidad los choques externos”, y a Ecuador en su “difícil camino hacia la recuperación” frente a sus altos servicio de deuda. Mientras que en Haití se continuaría con “asistencia humanitaria” y se aseguraba que en “cooperación con la OEA y las instituciones financieras” presionarían “al régimen haitiano” tanto para que vaya a elecciones libres como “para privatizar las industrias de propiedad estatal”. AL era en parte incluida en una visión multilateralista de Clinton, con un G20 en ciernes, pero la prioridad era el ALCA. Desde una visión más general se sostenía que “en algunos países de AL, los ciudadanos no se dan cuenta de todos los beneficios de la liberalización política” y una economía “sin leyes regulatorias”.

El 11S daría un giro relativo a esa mirada que se pasará sobre Oriente dejando en otro plano a la región. Y mientras esa atención declinaba, AL vivía transformaciones sustanciales. Steven Levitsky y Kenneth M. Roberts ubican en la década del 90 el inicio del “resquebrajamiento del consenso neoliberal” y describen algunos factores, tales como la creciente desigualdad hasta el incremento del precio de las commodities, como factores que favorecieron el surgimiento de lo que denominan “gobiernos de izquierda” en la región, aunque no se detienen en la relación de estos países con la principal potencia. Todavía era incipiente ese giro y el Congreso norteamericano aún no había aprobado la Ley Patriótica, Bush publicó su primera Estrategia de Seguridad Nacional (ESN-B). Si Clinton apelaba al multilateralismo y el G20, Bush sintonizará por el unilateralismo y el G7 ampliado con Rusia. Y si el primero reconocía algunos procesos “propios” de los países de la región, desde fenómenos electorales, climáticos o económicos, en el caso de Bush la región es vista principalmente bajo la lógica medios-fines y en el que “todas las naciones tienen responsabilidades importantes” en la cruzada norteamericana contra el terrorismo. La idea de “guerra global” habilitará que cualquier punto de la tierra pueda ser definido como tablero de operaciones y serán conflictos “de duración incierta”. La ESN-B se basaba en un “internacionalismo americano”, donde la idea de “autodefensa” incluye los “ataques preventivos” (ya no disuasivos) principalmente para evitar ofensivas contra EEUU o a “sus aliados y amigos”, con “Armas de Destrucción Masiva” (ADM) -químicas y biológicas-. En suma, si bien se postulaba un “equilibrio de poder” como define Gabriel Merino se apela en verdad a “la supremacía militar y al dominio de región de Medio Oriente para asegurar la posición hegemónica de Estados Unidos en el orden mundial”. Y más en general en palabras de Henry Kissinger: “sólo rara vez han existido sistemas de equilibrio del poder en la historia humana (…) el imperio ha sido la forma habitual de gobierno. Los imperios no tienen ningún interés en operar dentro de un sistema internacional; aspiran a ser ellos el sistema internacional. Los imperios no necesitan un equilibrio del poder. Así es como los EEUU han dirigido su política exterior en América”.

En esta guerra global, si bien se arrogan logros en Afganistán que “ha sido liberado” y dicen que siguen “cazando a los talibanes y al-Qaida” afirmaban que “no es solo este campo de batalla”. Las prioridades tenían más que ver con seguir comprometiendo a los países de la OTAN porque “los atentados del 11 de septiembre también fueron un ataque” a ellos. En tanto China y Rusia no eran vistos como enemigos y de hecho EEUU alentaba su participación en la OMC. El gigante asiático, que era el cuarto socio comercial de EEUU, era clave en la alianza Asia-Pacífico, y no una competencia (“Damos la bienvenida al surgimiento de una China fuerte, pacífica y próspera”). Mientras que el país liderado por Putin era adosado al G7 porque “ya no son adversarios estratégicos”. Sin embargo, Latinoamérica ocupaba un lugar secundario en la lucha contra el terrorismo islámico y solo continuarían haciendo esfuerzos para “aíslar a los terroristas” -en caso de haberlos- dando todas las “herramientas” a los estados “para terminar la tarea”. En la región decían que habían “formado coaliciones flexibles con países” que compartían las “prioridades” de EEUU, entre ellos México, Brasil, Canadá, Chile y Colombia y una prioridad era contar con una “hemisferio verdaderamente democrático”. AL era vista con preocupación en todo caso por actividades también definidas como terroristas pero de otro “tipo” y también por el tráfico de drogas. “Conflictos, especialmente derivado de la violencia de cárteles de la droga” que podrían poner en peligro a EEUU. Por eso, proponían ayudar a las “naciones andinas a ajustar sus economías”, a “derrotar a las organizaciones terroristas” y “cortar el suministro de drogas”. En Colombia, proponían “derrotar a los grupos armados ilegales de izquierda y derecha” para extender la “soberanía”. En el plano militar, se aseguraba que “la presencia de fuerzas estadounidenses en el extranjero es uno de los símbolos más profundos del compromiso de los EEUU con aliados y amigos” y que seguiría requiriendo “bases y estaciones” principalmente en Europa y noreste de Asia sin mención a AL. 

La mirada de EU siguió corrida y de hecho el foco de acciones terroristas fueron lugares como Egipto, Indonesia, Jordania, Marruecos, Rusia, Arabia Saudita, España y UK. En la región, en Argentina, Nestor Kirchner promediaba su mandato, Ecuador ya contaba con el dólar como moneda nacional y con Rafael Correa en la presidencia, Lula en Brasil, Michelle Bachelet en Chile, Tabaré Vázquez en Uruguay y Evo Morales en Bolivia.

En 2006 la adminsitración Bush aggiornó la ESN y arrancó diciendo que “EU está en guerra” y enfrenta un grave desafío: “el aumento del terrorismo alimentado por una ideología agresiva de odio y asesinato plenamente revelada al pueblo estadounidense el 11 de septiembre de 2001”. El diagnóstico es que han dejado a su enemigo “debilitado, pero aún no derrotado”. Afganistán e Irak son los estados que concentran mayor atención, se habla ahora también de tiranías, y aparecen Siria e Irán por ser “aliados del terror” al  “albergar terroristas”. Los acuerdos de no proliferación son otro aspecto de la misma lucha.

El foco sigue lejos de la AL pero cuando se mencionan por un lado los “nuevos avances” se hablaba de las “transferencias pacíficas de poder; crecimiento de los poderes judiciales independientes y del estado de derecho”, además de “mejores prácticas electorales y ampliación de derechos”. Por el lado de los pendientes ubican en Colombia, un aliado democrático en la lucha contra los “persistentes ataques de terroristas marxistas y narcotraficantes”; en Venezuela, apuntan contra lo que llamaban un “demagogo inundado de dinero del petróleo” que  estaba “socavando la democracia” y que buscaba “desestabilizar la región”; en Cuba, definían a Fidel Castro como “un dictador antinorteamericano” que continuaba “oprimiendo a su pueblo” y buscaba “subvertir la libertad en la región”. Ahora bien, a la hora de definir cómo abordar los conflictos en cada región, nombraban tres estrategias -“prevención y resolución de conflictos”; “intervención”; hasta “reconstrucción”- sin definir cuál sería aplicada en cada caso.

Mientras que aún la UNASUR no estaba conformada, en Argentina se había realizado la Cumbre de las Américas en 2005 y se sucedían reuniones entre Kirchner, Lula, Tabaré Vázquez, Nicanor Duarte Frutos y Chávez en la Cumbre del MERCOSUR. La estrategia comercial definida por Bush seguía impulsando iniciativas comerciales regionales y bilaterales: usar los TLC para hacer reformas económicas. El TLC de Centroamérica-República Dominicana” (CAFTA-DR), el cual había sido defendido un año antes por el presidente dominicano Leonel Fernández en la Cumbre de Mar del Plata y que esta ESN-B decía que había sido “buscado durante mucho tiempo”. En relación con Brasil, se pide trabajar en conjunto en tanto empezaba a ser visto como uno de los países que son “motor del crecimiento regional y global”. Toda la región es vista como un área de libre comercio basado en el TLC de América del Norte, el CAFTA-DR y el TLC con Chile, y se buscaba otros con Colombia, Perú, Ecuador y Panamá.

El “hemisferio occidental”, al que hacen equivaler con América, es la “primera línea de defensa de la seguridad” estadounidense porque “si los vecinos más cercanos de EEUU no son seguros y estables, los estadounidenses estarán menos seguros”, y México y Canadá es donde “comienza” la estrategia para el hemisferio. En esta zona el objetivo es tener un continente “democrático” y con “cooperación en materia de seguridad” mientras que “los tiranos (…) pertenecen a una época diferente”. Acá aparece por primera vez la palabra populismo: “No se debe permitir que el atractivo engañoso del populismo contra el libre mercado erosione las libertades políticas y atrape a los más pobres”. En síntesis, cuando repasaban la estrategia global, AL está en otro plano, África era de “importancia geoestratégica creciente” y “una de las principales prioridades de esta Administración”; Oriente Medio “en general sigue atrayendo la atención del mundo”; Europa como aliado con la OTAN como pilar vital de la política exterior de EU; Asia de “gran importancia estratégica” y “persistentes tensiones”, mientras que en menor medida se atendía a Rusia.  

Recién en 2010, dos años después de su victoria, Barack Obama publica su ESN y donde se afirmaba que “el lado oscuro de este mundo globalizado pasó a primer plano para el pueblo estadounidense el 11 de septiembre de 2001”. Allí el “orden internacional impulsado por el liderazgo de los EU” en tanto “única superpotencia” está “cediendo bajo el peso de nuevas amenazas”. La ESN-O no rechaza la idea de una defensa preventiva pero abandona el lenguaje de la “guerra global contra el terrorismo”, y sostiene que EU está en guerra con “un red de violencia y terror” además de insistir en la idea de “renovar el liderazgo” del país. El foco va a seguir en Irak y Afganistán; ahora también en Pakistán -donde recién un año después hallarían a Bin Laden-, además de en Irán por la potencial producción de armas químicas; mientras que la mirada sobre Rusia cambia para ser vista como amenaza por los ciberataques. Israel y Palestina, al igual que en la administración de Bush siempre tiene la atención norteamericana y China aún no ocupaba un lugar de amenaza a pesar de su creciente rol en la región, a lo sumo recibía críticas por algunas políticas restrictivas y descuidos respecto al cambio climático, y es valorada al igual que India. Pero advertían: las relaciones de “EEUU con China, India y Rusia, serán críticas”. El G-8 es visto como sus “socios probados y de larga data” y reaparece el G20, definido como “el principal foro económico internacional global” al representar el 80% del PBI mundial. 

¿Y América Latina? En parte, como dijimos, representada en el G20. Y si la administración Clinton hablaba de la región como la que tenía “las mayores disparidades” porque “el 20% más pobre de las personas” recibía “solo el 4,5% del ingreso total”, Obama enuncia una visión distinta de la región, con otro potencial. Insistimos en que hablamos de las visión o incluso los discursos que se trazaron en la ESN, y en este caso allí se apelaba a los “profundos lazos” y alianzas de la región “fundamentales para los intereses de EEUU”, luego en la misma ESN solo algunos países son definidos como aliados o “centros de influencia emergentes” como por ejemplo el caso de la Argentina, “la bienvenida al liderazgo de Brasil”, también parte del G20 y la Ronda de Doha, a su “éxito macroeconómico” y las medidas para “reducir las brechas socioeconómicas” y se alentaban “los esfuerzos brasileños contra las redes transnacionales ilícitas”. En términos de recursos se lo definía como “guardián de un patrimonio ambiental nacional único y líder en combustibles renovables”, por eso era “un socio importante”. Un año antes en Londres, Obama le había estrechado la mano a Lula diciendo: “amo a este tipo”. México lo ubicaban, al igual que Bush, junto a Canadá porque tienen “un efecto directo en la seguridad de nuestra patria”, además de importancia por el TLCAN, y para “identificar amenazas”. 

En 2015 Obama actualiza su ESN donde vuelven al tema del liderazgo norteamericano: “EU lidera desde una posición de fuerza”. Si bien en los seis años previos se da una reducción de 180 mil soldados de EEUU en Irak y Afganistán a 15 mil, según la misma ESN, se produce el surgimiento de otro actor de peso que vuelve a llevar la atención a Oriente: ISIS. Otro cambio entre las amenazas se da con Cuba, hay “apertura” en la relación bilateral. El neighborhood sigue bajo la misma lupa, se la menciona para hablar del tráfico de drogas en el Mar Caribe, el G20 aunque se insiste ahora ya no con el ALCA sino con la Asociación Transpacífica (TPP) y la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (T-TIP), pero que sigue buscando colocar “a los EEUU en el centro de una zona de libre comercio”. La ESN-O destacaba que en la región los gobiernos lograron que el número de personas de clase media superara el número de personas que viven en la pobreza “por primera vez en la historia” y que son “importantes para el suministro energético”. Pero sigue viendo que las ganancias de la región están en riesgo por las “instituciones débiles” además de “altas tasas de delincuencia” y “tráfico de drogas”. La mejora de los indicadores no es atribuida al “giro a la izquierda” pero tampoco a ninguno en particular salvo al Brasil de Dilma Rousseff a quienes sí le reconocen “logros en la reducción de la pobreza” y “altos estándares de servicios públicos”. Chile, Perú y México son colaboradores en pos de “sistemas comerciales abiertos para incluir TPP.  Derechos humanos, estado de derecho, asociación público-privada, migración eran también parte de la agenda regional.

“Creo que Trump puede ser uno de esos personajes en la historia que aparece de vez en cuando para marcar el final de una era y forzarla a renunciar a sus viejas pretensiones. No necesariamente quiere decir que él sepa esto, o que esté considerando una gran alternativa. Puede que sea sólo un accidente”, dijo Kissinger en una entrevista con el Financial Times justo después de que el norteamericano se reuniera con Putin en Helsinski. Ese final o giro de la historia del que habla KIssinger se expresa también en la ESN de Trump publicada el mismo año de su asunción en 2017 para “preservar la paz a través de la fuerza”. La rivalidad con China y Rusia copa la escena porque “desafían el poder, la influencia y los intereses estadounidenses” y que “están decididos a hacer economías menos libres (…) para hacer crecer sus ejércitos, y para controlar la información y los datos para reprimir sus sociedades”. Dicen que China “roba propiedad intelectual” de EU y que usa inteligencia artificial para “calificar la lealtad de sus ciudadanos”. En otro escalón, Corea del Norte e Irán, dos “dictaduras” ante las que había que construir un “escudo antimisiles”. Se mantiene la tensión también en Medio Oriente con centro en Siria, Irak y Afganistán. 

El desplazamiento de la mirada hacia estos países vuelve a ubicar a AL fuera de la escena principal, más aún si se considera el American First. La idea de “atacar al problema en su origen” aplicará tanto para las migraciones, ciberseguridad, como a los derivados de gobiernos definidos como “enemigos” entre ellos Cuba y Venezuela. Son gobiernos con “modelos autoritarios de izquierda anacrónicos” y por eso si insiste en las presiones sobre ambos. En lo económico, tanto el TLCAN está en la mira en un momento en que Trump postula, en la misma ESN, la construcción de muros fronterizos.

Desde aquel 11S pasaron dos décadas en la que América Latina no fue el centro de la mirada de la principal potencia global y eso se observa en una multiplicidad de factores, entre ellos también las ESN. Qué hicimos los latinoamericanos con eso es otra pregunta que corresponderá ser respondida a partir de estudios múltiples. Sartre aseguraba que “existe cantidad de gente en el mundo que está en el infierno, porque depende demasiado del juicio ajeno” y agregaba que “no quiere decir en absoluto que no se puedan tener otras relaciones con los demás, sólo señala la capital importancia de todos los demás para cada uno de nosotros”. Porque necesitamos de los otros, necesitamos saber cómo nos ven, y necesitamos también hacer algo con eso.

Neoliberalismo y resistencias en América Latina

Neoliberalismo y resistencias en América Latina

por Damián Paikin

Acaba a salir a la venta una nueva publicación del Centro de Estudios para el Desarrollo Integral (CEDI). Se trata del segundo título de la colección “Crisis y Desarrollo”, un proyecto que, dado los tiempos que se viven, refleja obstinación y perseverancia. Y también una apuesta. El primer libro de la colección se tituló Se pinchó el globo. La larga agonía de la Argentina Neoliberal y fue publicado en octubre de 2019, previo a las elecciones que consagrarían el binomio Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner. Se trataba de un balance de la gestión de la Coalición Cambiemos y de sus efectos regresivos para los sectores populares argentinos. Esta nueva entrega, por su parte, se sitúa como una continuación de la trama de intervenciones en la coyuntura desde la perspectiva de un pensamiento estratégico integral en clave regional. Porque dar cuenta de los ciclos de crisis y sentar bases duraderas para el desarrollo e integración continental deviene tanto más complejo como urgente, dada la necesidad de reflexionar sobre el fortalecimiento de nuestras democracias latinoamericanas para vencer la fragmentación que se ha intensificado bajo los últimos gobiernos neoliberales de la región.

El libro es en conjunto una reflexión sobre la relación entre las derechas y las democracias latinoamericanas: la renovación de sus modos de incidencia en la política, las nuevas articulaciones judicial-mediáticas e incluso el rol que ha ocupado la OEA en el último tiempo, entre otros fenómenos de igual trascendencia, demuestran que la democracia como sistema político se encuentra incompleta sin una efectiva democratización económica y social. Ahora bien, como toda encrucijada puede traducirse en un desafío, quizás la región se encuentre ante la oportunidad histórica de lograr, finalmente, no una unidad en las crisis (como se ha visto en numerosas ocasiones), sino una fortaleza colectiva e institucionalizada traducida en una justicia social que se extienda a lo largo del continente, y que se traduzca en la bonanza que puede generar una progresiva autonomización respecto de los modelos históricamente prefabricados desde “el Norte”.

Los textos que componen Neoliberalismo y resistencias en América Latina coinciden en que en el reverso del fracaso sistemático de las recetas neoliberales se encuentra un núcleo de resistencias que se han ido institucionalizando en la búsqueda de la unión regional: el Mercosur, la UNASUR y la CELAC pueden y deben ser reconsideradas bajo esa perspectiva. Esta consideración es la que justifica que a las intervenciones de José Cruz Campagnoli, Mariana Gómez, Sebastián Pasquariello y Esteban Chiaradía sobre Venezuela, Bolivia, Chile y Paraguay, respectivamente, las anteceda un texto de Juan Facundo Muciaccia donde se analiza la historia latinoamericana desde los distintos modelos de integración regional en pugna, en el marco de la reactualización del proceso de globalización y la creciente interdependencia mundial.

El libro estará en las próximas semanas en venta en las principales librerías del país. Mientras tanto, se lo puede adquirir desde la página web del Centro de Estudios para el Desarrollo Integral https://www.cedesarrollointegral.com/

Neoliberalismo y resistencias en América Latina (Ciccus y CEDI)
Sebastián Pasquariello y Juan Facundo Muciaccia (comps.).
Prólogo de Pedro Brieger.
Textos de Juan Facundo Muciaccia, Sebastián Pasquariello, Gustavo Ignacio Míguez, Esteban Chiaradía, Mariana Gómez, José Cruz Campagnoli.
ISBN 978-987-693-854-9

Soberanía sanitaria e integración regional: escenarios post pandemia

Soberanía sanitaria e integración regional: escenarios post pandemia

Por Gabriel Balbo¹

Desde el inicio de la pandemia del COVID-19, la agenda sanitaria mundial se encuentra focalizada tanto en el desarrollo, la distribución y el acceso a las vacunas contra el virus, como en la prevención de los contagios. La carrera de los países para obtener la mayor cantidad posible de vacunas, ha demostrado una vez más la importancia decisiva que tiene la noción de soberanía sanitaria. América Latina, dada la desigualdad estructural que la caracteriza, ha sufrido los efectos de la pandemia no sólo reflejada en la salud de su población, sino en sus dimensiones sociales, laborales y económicas. En ese sentido, la región requiere de una agenda sanitaria regional, con enfoque en el derecho a la salud. El antecedente paradigmático que estableció una estrategia para América Latina fue la experiencia del Consejo de Salud de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). Este organismo regional resultó clave para la política exterior, al impulsar y coordinar políticas sanitarias, de desarrollo social y economía de la salud, asegurar el acceso a medicamentos y vacunas, y sobre todo, garantizar la salud como derecho. En otras palabras, UNASUR fue un mecanismo innovador de integración regional, pero también la posibilidad de construir una agenda de salud regional enfocada en la soberanía sanitaria y el derecho a la salud.

Los estragos generados por el coronavirus evidencian los costos sociales y económicos que afronta el conjunto de los países de la región, agravados justamente por no haber logrado conformar un conjunto homogéneo. Se trata de una de las necesidades regionales que se ve acentuada por el actual contexto: alcanzar una posición común (también) en materia sanitaria.

Una región unida permite proyectar condiciones de escala para producir cualquier tipo de bienes o servicios y, en el caso de la salud, desarrollar y producir vacunas y medicamentos sustentados en la financiación de un banco de desarrollo sudamericano y en acuerdos de cadenas de valor regional que, a su vez, puedan condicionar favorablemente la transferencia de tecnología desde las naciones centrales.

Lamentablemente, las posiciones comunes regionales no han encontrado en nuestras democracias una continuidad aditiva, y han sido particularmente bombardeadas en los últimos años por las élites económicas, más familiarizadas con los grandes centros de poder que con sus propios coterráneos, y más asociadas a la explotación de recursos naturales que a la producción de alta tecnología y valor agregado. Esta ausencia de empatía del poder económico, reflejado en la arena de la política, impide el desarrollo de una mirada globalizante de Sudamérica, fragmentándola en “islas” que deben afrontar el duro tiempo que vivimos de forma solitaria y con una consecuente debilidad negociadora.

Las economías más grandes de la región cuentan con capacidades para ese tipo de desarrollos. Así, actualmente Brasil, a través de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) está iniciando la producción de la vacuna Covishield, desarrollada por la Universidad de Oxford y AstraZeneca, luego de haber firmado un acuerdo de transferencia tecnológica durante 2020, con el horizonte de alcanzar una producción de más de 25 millones de dosis mensuales. En tanto, el Instituto Butantan ha comenzado -sin estar aún testeada- la producción de su propia vacuna, ButanVac, apoyado en la experiencia adquirida en la producción de la vacuna contra la gripe y en la vacuna CoronaVac, para la cual reciben los insumos desde China. Esperan alcanzar las 18 millones de dosis para mediados de 2021.

En el mismo sentido, el laboratorio Richmond de Argentina ha comenzado a producir la vacuna rusa Sputnik V, luego de cerrar un acuerdo por el cual el Fondo Ruso de Inversión Directa (RDFI) facilita la transferencia tecnológica. Su objetivo es alcanzar una producción a gran escala, de 5 millones de vacunas mensuales. Asimismo, el laboratorio Mbaxience -cuya cara visible es la del empresario Hugo Sigman- ha demostrado tener la capacidad de producir el principio activo de la vacuna de AstraZeneca, y la Universidad de San Martín (UNSAM) junto con el CONICET detentan un desarrollo de vacuna contra el COVID-19, que se encuentra actualmente en fase preclínica.

Estos ejemplos ratifican la capacidad de la región de poder llevar adelante una agenda sanitaria propia, tal como fuera el anhelo del Consejo de Salud que funcionó en la UNASUR y que alcanzó una relevante visualización en nombre de los países miembros. Por entonces, esbozando una suerte de diplomacia de la salud regional, el Consejo pugnó por un cambio de modelo respecto a la propiedad intelectual sobre los derechos y el acceso a los medicamentos, materia que actualmente está en el centro de la agenda vinculada al COVID-19.

El antecedente de UNASUR junto a las capacidades que detentan las principales economías de Sudamérica en el sector farmacéutico y en los organismos de los sistemas nacionales de innovación asociados -Instituto Butantan y ANVISA en Brasil o CONICET y ANMAT en Argentina, a modo de ejemplo- son auspiciosos para alimentar un escenario post-pandemia que aúne los esfuerzos regionales. No obstante, los mismos antagonismos políticos que han llevado a naufragar a la Unión de Naciones Sudamericanas, se manifiestan como un gran freno ante lo que sin dudas representaría un avance enorme hacia la soberanía sanitaria de nuestras naciones.

Una vez más, el contrapunto está dado entre los anhelos de una Patria Grande empoderada y una Sudamérica obediente a la lógica ricardiana del mundo, que le asigna un lugar en la periferia.


Este artículo fue redactado para el seminario virtual: Una mirada actual de la integración regional, realizado en conjunto por el Instituto Nacional de Capacitación Política del Ministerio del Interior y Casa Patria Grande “Presidente Néstor C. Kirchner”. Junio de 2021.

¹ Magíster en Estudios para el Desarrollo (Universitat Autónoma de Barcelona), diplomado en Ciencias Económicas (UNLP), docente investigador (UNLP y UNAJ), profesor adjunto de Vigilancia Tecnológica e Inteligencia Competitiva (UNAJ), a cargo del Programa RADAR VTIC, docente de Inteligencia Competitiva y Económica (UNLP).

La Pandemia y la Argentina: comparación regional y cooperación internacional

La Pandemia y la Argentina: comparación regional y cooperación internacional

En el estudio “La Argentina ante un mundo en pandemia”,  el Observatorio del Sur Global y la consultora Analogías relevan las opiniones de los habitantes del Área Metropolitana de Buenos Aires con respecto a la pandemia de COVID-19. Las preguntas realizadas sondean sobre la importancia de la pandemia, las medidas tomadas para evitar los contagios y cómo las aplica Argentina, la cooperación internacional y la liberación de la patente de las vacunas.

La importancia de la pandemia

La primer pregunta de la encuesta  tira por tierra el relato que presenta a la pandemia de COVID-19 como una enfermedad más. Un 82% de los encuestados se mostró de acuerdo con que “la pandemia del coronavirus es lo peor que le pasó a la humanidad en las últimas décadas”. En momento en que transitamos la segunda ola, la pandemia se ha vuelto la principal preocupación de los argentinos.

Las medidas y su aplicación

Dos medidas para limitar el contagio del COVID-19 son consideradas en el estudio: las cuarentenas, o restricciones a la circulación, y la limitación a la educación presencial en las escuelas.

La gran mayoría reconoce que las medidas han sido aplicadas en los países que lograron controlar el crecimiento de los casos de coronavirus. El 80,1% de los encuestados sabe que las restricciones a la circulación fueron aplicadas en dichos países y el 82,9% los hace con respecto a la limitación a las clases presenciales en las escuelas.

Más allá del debate planteado por los medios de comunicación sobre la eficacia de estas medidas, y el apoyo de la ciudadanía a su utilización, los encuestados coinciden en que sí son eficaces. El 64,7% de los encuestados cree que las restricciones a la movilidad son eficaces y el 56,6% cree que la limitación de la educación presencial es eficaz.

A pesar de la aplicación de estas medidas, que son consideradas efectivas, está la sensación en gran parte de los encuestados (43,8%) que la Argentina se encuentra en una situación  peor que el resto de la región sudamericana. Esta percepción es contraria a lo que indican los datos epidemiológicos ponderados por población, donde la Argentina tiene una menor cantidad de muertes por millón de habitantes y tasa de mortalidad. La Argentina sí tiene una mayor cantidad de casos por millón de habitantes que el promedio regional. El 23,3% de los encuestados coincide con los datos epidemiológicos y sostiene que la Argentina tienen una mejor situación que la región, en tanto el 26,7% cree que es una situación similar.

Una situación similar se da con el proceso de vacunación, cuestionado continuamente por los medios de comunicación masiva. Si bien la Argentina tiene una tasa de vacunación superior (12,3%) al de la región (9,9%), el 45,4% de los encuestados cree que el proceso de vacunación avanza peor que en la región. El 25,5% cree que está mejor, como lo indica la estadística, y el 21,8% cree que el proceso avanza a la velocidad de la región.

Cooperación internacional

Esta semana la Argentina recibió 2 millones de dosis de vacunas Sinopharm de China y más de 750 mil Sputnik V de Rusia, superando los 11 millones de vacunas recibidas desde el comienzo de la pandemia.

Esta cooperación internacional para la lucha contra la pandemia de COVID-19 es percibida fuertemente por la población del Área Metropolitana. El 42,2% de los encuestados cree que Rusia es el país que más ha colaborado con Argentina, seguido por Estados Unidos (7,6%), China (6,1%) y la Unión Europea (4,8%). 39,3% no supo identificar quién ayudó más.

La diferencia importante hacia el reconocimiento de Rusia como principal colaborador contra la pandemia puede deberse a la presencia mediática de la vacuna Sputnik V. El debate por la eficiencia de la vacuna, corroborada por estudios científicos, ocupó gran parte del verano. Además la gran cantidad de vuelos de Aerolíneas Argentinas a Moscú para buscar las dosis, la mantuvieron en la mira pública. Por otro lado, China colaboró ampliamente mediante la Operación Shangai, que constó de 32 vuelos y 8 buques con equipos de protección personal y respiradores, además de las vacunas Sinopharm. Sin embargo, no parece haber repercutido tanto en el público. Estados Unidos es más reconocido, a pesar de haber hecho donaciones menores, a través del Ministerio de Defensa.

La visibilización de la cooperación internacional con las grandes potencias plantea en la población la necesidad de aumentar la cooperación en la región latinoamericana. El 59,3% de los encuestados cree mucho o bastante que la Argentina debería coordinar más con los otros países latinoamericanos las acciones contra la pandemia. Sólo el 24,1% cree que debería hacerlo poco o nada y el 16,5% no supo contestar.

Ejemplo de esta cooperación latinoamericana fue la producción en conjunto entre Argentina y México de dosis de la vacuna de AstraZeneca. Este acuerdo para la producción de vacunas es ampliamente conocido (65,6%) por la población, y visto positivamente por una proporción mayor (72,2%). Sólo un 21,1% se encuentra poco o nada a favor del acuerdo y el 6,7% no sabe. Las demoras en el envasado en Mexico del principio activo hecho en Argentina, debido a la falta de filtros especiales y otros insumos, impidieron la entrega de esas dosis que pronto llegarán al país.

Liberación de patentes

Acuerdos similares al de Argentina y México podrían realizarse entre más países si la producción de las mismas no estuviera restringidas por los derechos de propiedad intelectual, es decir, las patentes. Al menos esa parece ser la opinión de la amplia mayoría de los encuestados, que en un 79,4% respondieron afirmativamente a la pregunta “¿Cree Ud. que las vacunas se tendrían que producir libres de patentes en el mundo para que lleguen a todos los que las necesitan?” El 11,3% respondió negativamente y el 9,3% no lo hizo.

Esta respuesta fue común a todas las categorías, por sexo, edad o región geográfica. Quienes más están de acuerdo con la liberación de patentes son los que se encuentran en grupo de riesgo por su edad (mayores de 60 años) con un 83,9%.

El estudio realizado deja en claro que una política exterior argentina basada en relaciones múltiples con diferentes potencias mejoran las posibilidades de cooperación en crisis que no puede resolver por ella misma. Las alianzas estratégicas con Rusia y China se han hecho valer al momento de recibir vacunas y nuestra relación natural con la región es estimada por la población como necesaria de ser profundizada.

La percepción de Argentina en el contexto internacional: oportunidades frente a un relativo declive de Estados Unidos

La percepción de Argentina en el contexto internacional: oportunidades frente a un relativo declive de Estados Unidos

El estudio “La Argentina ante un mundo en pandemia”, impulsado por el Observatorio del Sur Global en conjunto con la consultora Analogías, explora las consideraciones de los habitantes del Área Metropolitana de Buenos Aires con respecto al contexto internacional: la valoración de las potencias globales; cuál debe ser la agenda prioritaria de Argentina en términos de bloques político-económicos, su relación con Estados Unidos, la consideración en torno al Mercosur y la mirada sobre Venezuela.

En primer lugar, la distribución mundial del poder dista de ser percibida de forma igualitaria, y es interesante ver cómo varía la creencia en si es China o Estados Unidos el país más poderoso. Como tendencia mayoritaria, los encuestados se mostraron informados sobre el creciente rol de China en materia de poderío y liderazgo geopolítico. En todas las categorías (sexo, edad, nivel educativo y región) se estima que este país será el más poderoso en los próximos 10 años. Sin embargo, a la hora de evaluar el peso actual de las potencias las respuestas son más oscilantes y hay diferencias al interior de los grupos etarios; mientras que para los jóvenes y los adultos mayores, EEUU es más poderoso, para los adultos y adultos jóvenes, lo es China. En CABA, el país del norte de nuestro continente está más bien ponderado, mientras que en GBA lo es el gigante asiático.

Frente a la pregunta sobre a qué bloque debe dar prioridad la política exterior argentina, los consultados mostraron una distribución paritaria entre los bloques; América Latina tiene un predominio (29,8%) por sobre la Unión Europea (21,1%), y luego es seguida por Estados Unidos (17,2%) y China (10,7%). Se destaca una variación respecto a cuál es el país más poderoso según territorio y nivel de formación: mientras que en CABA se prefiere a EEUU (23,2%) por sobre Europa (20,2%); en el GBA se prefiere a Rusia (12,8%) por sobre China (11,3%); en tanto aquellos que tienen sólo primaria completa también prefieren al país gobernado por Vladimir Putin (16,3%) por sobre el de Xi Jinping (12%).

Además de ser América Latina el bloque mejor estimado para que Argentina direccione su política exterior, se percibe una destacada valoración del MERCOSUR y por ende la pertenencia de Argentina al bloque regional es bien vista, aunque la primera frecuencia de opiniones indica que fue Brasil quien más se benefició con su vigencia. En concreto, el 84,7% de los encuestados consideran importante esa pertenencia argentina al MERCOSUR , 57,8% muy importante, 26,9% bastante importante, y sólo el 10,2% lo considera de baja importancia. Esta evaluación es constante en todas las categorías. En cuanto a quién fue el más beneficiado, a Brasil le siguen las respuestas: “Todos los países” (24,8%), Uruguay (6,9%), Argentina (6,7%) y Paraguay (3%).

Respecto del acuerdo entre el MERCOSUR y la UE, y su efecto en la producción y el empleo para nuestro país, persiste un alto grado de desconocimiento (29,9%), mientras que el 48,3% de los encuestados cree que el acuerdo será positivo para el empleo y la producción, un 13,5% cree que será negativo y un 8,8% cree que no tendrá efecto alguno. Esta evaluación es pareja en todas las categorías. Sin embargo, los hombres tienden a creer más que será negativo (16,1%) que las mujeres (10,6%) y ellas están más inseguras sobre los efectos (35%) que ellos (24,2%)

El estado de la relación con Estados Unidos se valora de manera positiva pero acumulada en el punto más moderado de la escala. La gran mayoría de quienes respondieron a la encuesta considera que es una relación “regular” (58% entre regular positiva y regular negativa). Puestos a elegir entre positiva o negativa, el 52,7% sostiene que la relación es positiva mientras que el 38,1% cree que la relación es negativa.

En el caso de la actitud del país en relación a Venezuela, predominaron las respuestas que se encuadran en la no intervención y la ayuda al diálogo político de las partes en conflicto. Específicamente, un 28,3% cree que la Argentina no debe intervenir y un 20,9% cree que debe fomentar el diálogo. Así, la mayor parte de los entrevistados es contraria al intervencionismo norteamericano y a la salida que propone Juan Guaidó. La preferencia de estas estrategias se mantiene en casi todas las categorías, a excepción de la geográfica, en la que la CABA toma como primera opción “Apoyar el reclamo de Juan Guaidó” por sobre “No intervenir ni opinar”, como lo hace el GBA.

En suma, los principales resultados respecto a la política internacional de Argentina indican una preferencia entre los encuestados de que su atención prioritaria debe dirigirse al bloque Latinoamericano y en segundo lugar el Europeo; y en parte como consecuencia de esa mirada regional se pondera positivamente la participación en el MERCOSUR, pero se desconoce bastante el acuerdo con la UE. Actualmente se valora la relación con Estados Unidos de positiva a regular pero se ve a la potencia en relativo declive en relación a China, y es mirada con recelo una potencial intervención sobre Venezuela. En cuanto a este país caribeño, se alienta una política de diálogo y fomento del consenso político.