Adiós a la hegemonía

Adiós a la hegemonía

por Fyodor Lukyanov para Russia in Global Affairs

La historia se desarrolla a veces de manera sorprendentemente rítmica, moviéndose a un ritmo mesurado. Podemos contar sus hitos cada diez años desde finales del siglo XX: 1991 — Operación Tormenta del Desierto y el colapso de la URSS; 2001—9 / 11ataques en los EE. UU .; 2011: Primavera Árabe, el asesinato casi ritual de Gadafi; 2021: la confusa retirada de los estadounidenses de Afganistán y el triunfo de los talibanes. Por supuesto, el mundo ha sido testigo de otros eventos importantes durante estos años, pero solo tomamos aquellos que han marcado el comienzo de cambios cualitativos en el orden mundial.

El discurso de Biden el 16 de agosto de 2021, donde comentó las circunstancias que rodearon la finalización de la misión de Estados Unidos en Afganistán, y su declaración del 1 de septiembre debe considerarse un punto de inflexión en la política exterior de Estados Unidos. “Sé que mi decisión será criticada, pero prefiero aceptar todas esas críticas que pasar esta decisión a otro presidente”, dijo Biden, dando a entender que sus tres predecesores no habían dado el paso necesario. Por lo tanto, se enfrentó no solo a Donald Trump (mencionándolo por su nombre), sino también a George W. Bush, e incluso a Barack Obama. Según Biden, Estados Unidos nunca tuvo la intención de participar en la construcción de una nación en Afganistán, pero abordó tareas de seguridad específicas para destruir a los responsables de los ataques terroristas en Estados Unidos, y estas tareas se resolvieron. En cuanto a la construcción de una nación, es una completa mentira, pero es digno de mención cuán ansiosamente Washington está renunciando ahora a los postulados que consideraba fundamentales hace veinte años.

La invasión de Afganistán en 2001 fue un acto de represalia por los ataques terroristas en Nueva York y Washington, pero, sobre todo, fue una operación histórica que significó la disposición de Estados Unidos para transformar por la fuerza el mundo de la manera “correcta”. Este curso no fue creado por George W. Bush, ni siquiera por Bill Clinton, sino por el presidente estadounidense que proclamó la victoria en la Guerra Fría: George H.W. Bush. La primera manifestación del “nuevo orden mundial” fue la Operación Tormenta del Desierto a principios de 1991. La Unión Soviética todavía existía en ese momento, y la intervención terminó con la expulsión de Saddam Hussein de Kuwait, no con un cambio de régimen en Irak, como algunos políticos y militares estadounidenses habían exigido. Con la desintegración de la URSS, no quedaron restricciones externas y Estados Unidos entró en el llamado “momento unipolar”. Le dio a Estados Unidos la capacidad y la posibilidad de hacer lo que quisiera en el escenario mundial. En el sentido político-militar, esto significó la ausencia de competidores equivalentes. Una serie de globos de prueba lanzados con diversos grados de éxito, como acciones militares en Haití, Somalia y Bosnia, culminó con el bombardeo de Yugoslavia. Esto resultó en la desintegración final del “Estado no deseado” y el posterior derrocamiento del régimen inaceptable para Occidente. Esto se hizo sin invasión terrestre, a pesar de que se había discutido en principio. Conceptualmente, la política estadounidense de la era posterior a la Guerra Fría se formuló precisamente en la década de 1990. Su autor principal fue Bill Clinton, conocido en su juventud como pacifista y evasor del servicio militar.

Los ataques del 11 de septiembre le dieron a Estados Unidos las manos libres para hacer cumplir su “enfoque transformacional” (Condoleezza Rice lo describió como la base de la política estadounidense) a escala global.

Crear un mundo democrático seguro para los estadounidenses se había convertido en realidad en el objetivo principal: cuantas más democracias haya, menor será el riesgo para Estados Unidos.

El conjunto de herramientas de instrumentos político-militares que se utilizarán para lograr este objetivo (desde la intervención armada hasta la promoción de formas aprobadas de organización sociopolítica mediante revoluciones de color) se formó en la primera mitad de la década de 2000. Pero ya a mediados de esa década, habían aparecido los primeros signos que indicaban que esta política tenía sus inconvenientes, por decir lo mínimo, y no necesariamente producía los resultados esperados.

La prolongada campaña en Afganistán, los desordenados acontecimientos en Irak, la creciente “resistencia del material” en el espacio postsoviético, la fatal disfunción de Palestina después de las elecciones democráticas impuestas, todo esto debería haber creado conciencia de lo que Biden insinuó en su discurso sobre Afganistán: la necesidad de un cambio radical de política. Sin embargo, ni George W. Bush durante su segundo mandato, ni Barack Obama, ni siquiera el rebelde Trump pudieron hacer esto. La corrección práctica comenzó bajo Bush, Obama trató de comenzar una salida suave de las obligaciones sin cambiar la narrativa, y Trump cambió drásticamente la retórica y desautorizó las políticas anteriores, pero no tuvo tiempo de completar el trabajo.

El desastre de Kabul en agosto de 2021 probablemente podría haberse evitado si Washington hubiera sido más responsable y reflexivo al reducir su presencia en Afganistán. Pero, aparentemente, tenía demasiada confianza en sí mismo y también se veía obstaculizado por las disputas ideológicas y propagandísticas en el país. La percepción de Estados Unidos como un hegemón global incondicional se arraigó tanto en el establishment estadounidense después de la Guerra Fría que su salida provocó una feroz resistencia, aunque muchos entendieron objetivamente que ya no era posible seguir así. En otras palabras, el deseo de camuflar ambiciones decrecientes e imitar su continuidad, y el compromiso de principios con los fundamentos ideológicos no permitieron a Estados Unidos reducir la carga de manera controlada. Como resultado, el mundo entero observó con asombro cómo la situación se convertía en una crisis y caía en el caos, acompañada de acusaciones de traicionar aliados e ideales.

La hegemonía mundial estadounidense de la edición 1991-2021 fue tan impresionante y probablemente sin precedentes en escala que no fue posible una salida suave y gradual de ella.

Este evento iba a estar marcado por algo no menos histórico y simbólico que la caída del Muro de Berlín o los ataques aéreos a las torres gemelas de Nueva York. Las imágenes que capturan el escape del aeropuerto de Kabul, y todo lo que lo acompañó, pasarán a la historia como un epítome del fin de una era. En su discurso, Biden básicamente anunció que Estados Unidos se centraría en sí mismo y sus problemas para garantizar su propia seguridad y luchar contra rivales estratégicos (China y Rusia), pero ya no buscaría cambiar el mundo, es lo que es. Este es un momento aleccionador después de la euforia de finales del siglo XX. Las recaídas son posibles, pero no hay retorno al estado estadounidense anterior.

La retirada de Estados Unidos de Afganistán “se trata de poner fin a una era de importantes operaciones militares para rehacer otros países”, dijo Biden, al anunciar el fin del puente aéreo. El lema “Estados Unidos ha vuelto” que repitió tantas veces durante su campaña presidencial significa, como podemos ver, no un nuevo regreso a la arena mundial, sino un “regreso a casa”. En este sentido, Biden continúa la política de Trump, sin importar cuánto le desagrade. Lo mismo ocurre con el “enfrentamiento entre las grandes potencias” como eje central de las políticas globales y estadounidenses. Este postulado se presenta en documentos doctrinales adoptados bajo Trump, pero no ha sido revisado bajo Biden. Retóricamente, la actual administración de los Estados Unidos concede una importancia cada vez mayor al componente ideológico: la confrontación entre democracia y autocracia. Pero esto se hace más con fines instrumentales para facilitar la formación de bloques y la estructuración de la política mundial. Después de la vergüenza afgana (por decirlo suavemente), esta parte de la “doctrina Biden” palidece hasta la insignificancia.

Independientemente de la retórica que acompañe a las acciones reales, Estados Unidos está cambiando a políticas abiertamente egoístas dirigidas exclusivamente a sí mismo. Hace veinte años, los neoconservadores y neoliberales acérrimos en Washington realmente creían que el establecimiento de la democracia en todo el mundo y la imposición de reglas universales era lo mejor para Estados Unidos. De ahí los planes dementes para construir un “estado democrático moderno” en Afganistán, ahora negado por Joe Biden. Ahora que los sueños se han disipado, solo queda el pragmatismo puro, dejando de lado las reglas. La era de la “posbipolaridad”, que, como entendemos ahora, no fue un período de creación, sino de deconstrucción, contuvo algunas inercias institucionales de la segunda mitad del siglo XX, probablemente el período más ordenado de la historia política mundial. En general, la transición de Estados Unidos a una política egoísta es un cambio positivo, al menos es honesto. Las ficciones sobre la “antorcha de la democracia”, incluso (especialmente) si se creen, solo exacerban el caos. Pero todas las contrapartes estadounidenses en la arena internacional no deben olvidar que Estados Unidos ahora utilizará todos los medios disponibles para lograr sus objetivos, principalmente los domésticos, porque es muy importante para él. Todos los demás deberían estar preparados para esto.


Traducido de Lukyanov, F. A., 2021. Farewell to Hegemony. Russia in Global Affairs, 19(3), pp. 5-8. doi: 10.31278/1810-6374-2021-19-3-5-8.

La América que ya no es prioridad

La América que ya no es prioridad

por Ariadna Dacil Lanza para Panamá

El mundo hasta el 10 de septiembre de 2001 no solo era un lugar donde tres Beatles aún estaban vivos y Oriana Fallaci caminaba las calles de Manhattan, era también un lugar donde “Lula” da Silva ya se había presentado a tres elecciones presidenciales en Brasil pero aún no había triunfado; Fernando de la Rúa tambaleaba pero seguía al frente del gobierno argentino; Álvaro Uribe en Colombia y Gonzalo Sánchez de Lozada en Bolivia recién preparaban sus candidaturas presidenciales; a Fidel Castro aún le pegaba el sol de Cuba en la cara; y habían pasado unos meses desde que Hugo Chávez recibió a George Bush -quien había ido por un viaje de pesca- en Miraflores, mientras Bush hijo subía a su primer vuelo internacional como Presidente con destino a México. Era un mundo donde se contabilizaban tres Cumbres de las Américas y se había escrito un borrador preliminar para avanzar en un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA); en tanto la Concertación de Ricardo Lagos gobernaba Chile mientras Pinochet seguía libre bajo fianza; en Perú Alberto Fujimori había cumplido un ciclo y Alejandro Toledo ya estaba en Casa de Pizarro, donde sería anfitrión para la firma de la Carta Democrática Interamerica, y además aún no tenía causas asociadas a Odebrecht, la cual aún no era un símbolo de corrupción. 

Pero más allá de qué hacían los latinoamericanos con su destino, en tanto región “dependiente”, en “desarrollo” o parte “del tercer mundo”, resulta necesario saber cómo era vista, pero cómo era vista esencialmente por la principal potencia global. Jean Paul Sartre dijo que “el infierno son los otros”, no porque las relaciones con los otros esten “envenenadas” sino porque “nos juzgamos con los medios que los demás tienen -nos han dado- para juzgarnos. Diga yo lo que diga acerca de mí, siempre el juicio ajeno entra en ello”. Tomemos esa idea como metáfora para ponderar la mirada del otro, en este caso Estados Unidos (EU), sobre el “nosotros”, América Latina (AL) y volver un poco más explícita la visión y el lugar que le asignó pero exclusivamente en las distintas Estrategias de Seguridad Nacional desde los atentados del 11S. Está claro que no es posible juzgar esa relación únicamente partiendo desde aquí pero es un elemento a considerar.

Hasta ese momento, la última Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) era la que había definido William “Bill” Clinton en el año 2000 donde AL ocupaba un punto extenso. El terrorismo aún no tenía el peso que tomará después, y se atendía el tráfico de drogas con desembolsos por ejemplo para el Plan Colombia. Se destacaban avances en la “restauración de las instituciones democráticas” y se daba una línea de acción para casi todos sus países: en términos políticos por ejemplo se destacaba a Chile, Uruguay, Nicaragua, Guatemala, Ecuador, Paraguay, República Dominicana y México; mientras que en Cuba promoverían “una transición pacífica a la democracia”, manteniendo “la presión sobre el régimen para que haga reformas” y alentando el “surgimiento de una sociedad civil”;. Hablaban de actividades militares “modestas” en la región y en lo económico, continuarían con asociaciones a través del FMI, el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) “para ayudar” a los países en su “transición hacia economías de mercado integradas” y en la “recuperación” de los bancos apoyando los “esfuerzos” por ejemplo de “Brasil y Argentina para reducir su vulnerabilidad los choques externos”, y a Ecuador en su “difícil camino hacia la recuperación” frente a sus altos servicio de deuda. Mientras que en Haití se continuaría con “asistencia humanitaria” y se aseguraba que en “cooperación con la OEA y las instituciones financieras” presionarían “al régimen haitiano” tanto para que vaya a elecciones libres como “para privatizar las industrias de propiedad estatal”. AL era en parte incluida en una visión multilateralista de Clinton, con un G20 en ciernes, pero la prioridad era el ALCA. Desde una visión más general se sostenía que “en algunos países de AL, los ciudadanos no se dan cuenta de todos los beneficios de la liberalización política” y una economía “sin leyes regulatorias”.

El 11S daría un giro relativo a esa mirada que se pasará sobre Oriente dejando en otro plano a la región. Y mientras esa atención declinaba, AL vivía transformaciones sustanciales. Steven Levitsky y Kenneth M. Roberts ubican en la década del 90 el inicio del “resquebrajamiento del consenso neoliberal” y describen algunos factores, tales como la creciente desigualdad hasta el incremento del precio de las commodities, como factores que favorecieron el surgimiento de lo que denominan “gobiernos de izquierda” en la región, aunque no se detienen en la relación de estos países con la principal potencia. Todavía era incipiente ese giro y el Congreso norteamericano aún no había aprobado la Ley Patriótica, Bush publicó su primera Estrategia de Seguridad Nacional (ESN-B). Si Clinton apelaba al multilateralismo y el G20, Bush sintonizará por el unilateralismo y el G7 ampliado con Rusia. Y si el primero reconocía algunos procesos “propios” de los países de la región, desde fenómenos electorales, climáticos o económicos, en el caso de Bush la región es vista principalmente bajo la lógica medios-fines y en el que “todas las naciones tienen responsabilidades importantes” en la cruzada norteamericana contra el terrorismo. La idea de “guerra global” habilitará que cualquier punto de la tierra pueda ser definido como tablero de operaciones y serán conflictos “de duración incierta”. La ESN-B se basaba en un “internacionalismo americano”, donde la idea de “autodefensa” incluye los “ataques preventivos” (ya no disuasivos) principalmente para evitar ofensivas contra EEUU o a “sus aliados y amigos”, con “Armas de Destrucción Masiva” (ADM) -químicas y biológicas-. En suma, si bien se postulaba un “equilibrio de poder” como define Gabriel Merino se apela en verdad a “la supremacía militar y al dominio de región de Medio Oriente para asegurar la posición hegemónica de Estados Unidos en el orden mundial”. Y más en general en palabras de Henry Kissinger: “sólo rara vez han existido sistemas de equilibrio del poder en la historia humana (…) el imperio ha sido la forma habitual de gobierno. Los imperios no tienen ningún interés en operar dentro de un sistema internacional; aspiran a ser ellos el sistema internacional. Los imperios no necesitan un equilibrio del poder. Así es como los EEUU han dirigido su política exterior en América”.

En esta guerra global, si bien se arrogan logros en Afganistán que “ha sido liberado” y dicen que siguen “cazando a los talibanes y al-Qaida” afirmaban que “no es solo este campo de batalla”. Las prioridades tenían más que ver con seguir comprometiendo a los países de la OTAN porque “los atentados del 11 de septiembre también fueron un ataque” a ellos. En tanto China y Rusia no eran vistos como enemigos y de hecho EEUU alentaba su participación en la OMC. El gigante asiático, que era el cuarto socio comercial de EEUU, era clave en la alianza Asia-Pacífico, y no una competencia (“Damos la bienvenida al surgimiento de una China fuerte, pacífica y próspera”). Mientras que el país liderado por Putin era adosado al G7 porque “ya no son adversarios estratégicos”. Sin embargo, Latinoamérica ocupaba un lugar secundario en la lucha contra el terrorismo islámico y solo continuarían haciendo esfuerzos para “aíslar a los terroristas” -en caso de haberlos- dando todas las “herramientas” a los estados “para terminar la tarea”. En la región decían que habían “formado coaliciones flexibles con países” que compartían las “prioridades” de EEUU, entre ellos México, Brasil, Canadá, Chile y Colombia y una prioridad era contar con una “hemisferio verdaderamente democrático”. AL era vista con preocupación en todo caso por actividades también definidas como terroristas pero de otro “tipo” y también por el tráfico de drogas. “Conflictos, especialmente derivado de la violencia de cárteles de la droga” que podrían poner en peligro a EEUU. Por eso, proponían ayudar a las “naciones andinas a ajustar sus economías”, a “derrotar a las organizaciones terroristas” y “cortar el suministro de drogas”. En Colombia, proponían “derrotar a los grupos armados ilegales de izquierda y derecha” para extender la “soberanía”. En el plano militar, se aseguraba que “la presencia de fuerzas estadounidenses en el extranjero es uno de los símbolos más profundos del compromiso de los EEUU con aliados y amigos” y que seguiría requiriendo “bases y estaciones” principalmente en Europa y noreste de Asia sin mención a AL. 

La mirada de EU siguió corrida y de hecho el foco de acciones terroristas fueron lugares como Egipto, Indonesia, Jordania, Marruecos, Rusia, Arabia Saudita, España y UK. En la región, en Argentina, Nestor Kirchner promediaba su mandato, Ecuador ya contaba con el dólar como moneda nacional y con Rafael Correa en la presidencia, Lula en Brasil, Michelle Bachelet en Chile, Tabaré Vázquez en Uruguay y Evo Morales en Bolivia.

En 2006 la adminsitración Bush aggiornó la ESN y arrancó diciendo que “EU está en guerra” y enfrenta un grave desafío: “el aumento del terrorismo alimentado por una ideología agresiva de odio y asesinato plenamente revelada al pueblo estadounidense el 11 de septiembre de 2001”. El diagnóstico es que han dejado a su enemigo “debilitado, pero aún no derrotado”. Afganistán e Irak son los estados que concentran mayor atención, se habla ahora también de tiranías, y aparecen Siria e Irán por ser “aliados del terror” al  “albergar terroristas”. Los acuerdos de no proliferación son otro aspecto de la misma lucha.

El foco sigue lejos de la AL pero cuando se mencionan por un lado los “nuevos avances” se hablaba de las “transferencias pacíficas de poder; crecimiento de los poderes judiciales independientes y del estado de derecho”, además de “mejores prácticas electorales y ampliación de derechos”. Por el lado de los pendientes ubican en Colombia, un aliado democrático en la lucha contra los “persistentes ataques de terroristas marxistas y narcotraficantes”; en Venezuela, apuntan contra lo que llamaban un “demagogo inundado de dinero del petróleo” que  estaba “socavando la democracia” y que buscaba “desestabilizar la región”; en Cuba, definían a Fidel Castro como “un dictador antinorteamericano” que continuaba “oprimiendo a su pueblo” y buscaba “subvertir la libertad en la región”. Ahora bien, a la hora de definir cómo abordar los conflictos en cada región, nombraban tres estrategias -“prevención y resolución de conflictos”; “intervención”; hasta “reconstrucción”- sin definir cuál sería aplicada en cada caso.

Mientras que aún la UNASUR no estaba conformada, en Argentina se había realizado la Cumbre de las Américas en 2005 y se sucedían reuniones entre Kirchner, Lula, Tabaré Vázquez, Nicanor Duarte Frutos y Chávez en la Cumbre del MERCOSUR. La estrategia comercial definida por Bush seguía impulsando iniciativas comerciales regionales y bilaterales: usar los TLC para hacer reformas económicas. El TLC de Centroamérica-República Dominicana” (CAFTA-DR), el cual había sido defendido un año antes por el presidente dominicano Leonel Fernández en la Cumbre de Mar del Plata y que esta ESN-B decía que había sido “buscado durante mucho tiempo”. En relación con Brasil, se pide trabajar en conjunto en tanto empezaba a ser visto como uno de los países que son “motor del crecimiento regional y global”. Toda la región es vista como un área de libre comercio basado en el TLC de América del Norte, el CAFTA-DR y el TLC con Chile, y se buscaba otros con Colombia, Perú, Ecuador y Panamá.

El “hemisferio occidental”, al que hacen equivaler con América, es la “primera línea de defensa de la seguridad” estadounidense porque “si los vecinos más cercanos de EEUU no son seguros y estables, los estadounidenses estarán menos seguros”, y México y Canadá es donde “comienza” la estrategia para el hemisferio. En esta zona el objetivo es tener un continente “democrático” y con “cooperación en materia de seguridad” mientras que “los tiranos (…) pertenecen a una época diferente”. Acá aparece por primera vez la palabra populismo: “No se debe permitir que el atractivo engañoso del populismo contra el libre mercado erosione las libertades políticas y atrape a los más pobres”. En síntesis, cuando repasaban la estrategia global, AL está en otro plano, África era de “importancia geoestratégica creciente” y “una de las principales prioridades de esta Administración”; Oriente Medio “en general sigue atrayendo la atención del mundo”; Europa como aliado con la OTAN como pilar vital de la política exterior de EU; Asia de “gran importancia estratégica” y “persistentes tensiones”, mientras que en menor medida se atendía a Rusia.  

Recién en 2010, dos años después de su victoria, Barack Obama publica su ESN y donde se afirmaba que “el lado oscuro de este mundo globalizado pasó a primer plano para el pueblo estadounidense el 11 de septiembre de 2001”. Allí el “orden internacional impulsado por el liderazgo de los EU” en tanto “única superpotencia” está “cediendo bajo el peso de nuevas amenazas”. La ESN-O no rechaza la idea de una defensa preventiva pero abandona el lenguaje de la “guerra global contra el terrorismo”, y sostiene que EU está en guerra con “un red de violencia y terror” además de insistir en la idea de “renovar el liderazgo” del país. El foco va a seguir en Irak y Afganistán; ahora también en Pakistán -donde recién un año después hallarían a Bin Laden-, además de en Irán por la potencial producción de armas químicas; mientras que la mirada sobre Rusia cambia para ser vista como amenaza por los ciberataques. Israel y Palestina, al igual que en la administración de Bush siempre tiene la atención norteamericana y China aún no ocupaba un lugar de amenaza a pesar de su creciente rol en la región, a lo sumo recibía críticas por algunas políticas restrictivas y descuidos respecto al cambio climático, y es valorada al igual que India. Pero advertían: las relaciones de “EEUU con China, India y Rusia, serán críticas”. El G-8 es visto como sus “socios probados y de larga data” y reaparece el G20, definido como “el principal foro económico internacional global” al representar el 80% del PBI mundial. 

¿Y América Latina? En parte, como dijimos, representada en el G20. Y si la administración Clinton hablaba de la región como la que tenía “las mayores disparidades” porque “el 20% más pobre de las personas” recibía “solo el 4,5% del ingreso total”, Obama enuncia una visión distinta de la región, con otro potencial. Insistimos en que hablamos de las visión o incluso los discursos que se trazaron en la ESN, y en este caso allí se apelaba a los “profundos lazos” y alianzas de la región “fundamentales para los intereses de EEUU”, luego en la misma ESN solo algunos países son definidos como aliados o “centros de influencia emergentes” como por ejemplo el caso de la Argentina, “la bienvenida al liderazgo de Brasil”, también parte del G20 y la Ronda de Doha, a su “éxito macroeconómico” y las medidas para “reducir las brechas socioeconómicas” y se alentaban “los esfuerzos brasileños contra las redes transnacionales ilícitas”. En términos de recursos se lo definía como “guardián de un patrimonio ambiental nacional único y líder en combustibles renovables”, por eso era “un socio importante”. Un año antes en Londres, Obama le había estrechado la mano a Lula diciendo: “amo a este tipo”. México lo ubicaban, al igual que Bush, junto a Canadá porque tienen “un efecto directo en la seguridad de nuestra patria”, además de importancia por el TLCAN, y para “identificar amenazas”. 

En 2015 Obama actualiza su ESN donde vuelven al tema del liderazgo norteamericano: “EU lidera desde una posición de fuerza”. Si bien en los seis años previos se da una reducción de 180 mil soldados de EEUU en Irak y Afganistán a 15 mil, según la misma ESN, se produce el surgimiento de otro actor de peso que vuelve a llevar la atención a Oriente: ISIS. Otro cambio entre las amenazas se da con Cuba, hay “apertura” en la relación bilateral. El neighborhood sigue bajo la misma lupa, se la menciona para hablar del tráfico de drogas en el Mar Caribe, el G20 aunque se insiste ahora ya no con el ALCA sino con la Asociación Transpacífica (TPP) y la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (T-TIP), pero que sigue buscando colocar “a los EEUU en el centro de una zona de libre comercio”. La ESN-O destacaba que en la región los gobiernos lograron que el número de personas de clase media superara el número de personas que viven en la pobreza “por primera vez en la historia” y que son “importantes para el suministro energético”. Pero sigue viendo que las ganancias de la región están en riesgo por las “instituciones débiles” además de “altas tasas de delincuencia” y “tráfico de drogas”. La mejora de los indicadores no es atribuida al “giro a la izquierda” pero tampoco a ninguno en particular salvo al Brasil de Dilma Rousseff a quienes sí le reconocen “logros en la reducción de la pobreza” y “altos estándares de servicios públicos”. Chile, Perú y México son colaboradores en pos de “sistemas comerciales abiertos para incluir TPP.  Derechos humanos, estado de derecho, asociación público-privada, migración eran también parte de la agenda regional.

“Creo que Trump puede ser uno de esos personajes en la historia que aparece de vez en cuando para marcar el final de una era y forzarla a renunciar a sus viejas pretensiones. No necesariamente quiere decir que él sepa esto, o que esté considerando una gran alternativa. Puede que sea sólo un accidente”, dijo Kissinger en una entrevista con el Financial Times justo después de que el norteamericano se reuniera con Putin en Helsinski. Ese final o giro de la historia del que habla KIssinger se expresa también en la ESN de Trump publicada el mismo año de su asunción en 2017 para “preservar la paz a través de la fuerza”. La rivalidad con China y Rusia copa la escena porque “desafían el poder, la influencia y los intereses estadounidenses” y que “están decididos a hacer economías menos libres (…) para hacer crecer sus ejércitos, y para controlar la información y los datos para reprimir sus sociedades”. Dicen que China “roba propiedad intelectual” de EU y que usa inteligencia artificial para “calificar la lealtad de sus ciudadanos”. En otro escalón, Corea del Norte e Irán, dos “dictaduras” ante las que había que construir un “escudo antimisiles”. Se mantiene la tensión también en Medio Oriente con centro en Siria, Irak y Afganistán. 

El desplazamiento de la mirada hacia estos países vuelve a ubicar a AL fuera de la escena principal, más aún si se considera el American First. La idea de “atacar al problema en su origen” aplicará tanto para las migraciones, ciberseguridad, como a los derivados de gobiernos definidos como “enemigos” entre ellos Cuba y Venezuela. Son gobiernos con “modelos autoritarios de izquierda anacrónicos” y por eso si insiste en las presiones sobre ambos. En lo económico, tanto el TLCAN está en la mira en un momento en que Trump postula, en la misma ESN, la construcción de muros fronterizos.

Desde aquel 11S pasaron dos décadas en la que América Latina no fue el centro de la mirada de la principal potencia global y eso se observa en una multiplicidad de factores, entre ellos también las ESN. Qué hicimos los latinoamericanos con eso es otra pregunta que corresponderá ser respondida a partir de estudios múltiples. Sartre aseguraba que “existe cantidad de gente en el mundo que está en el infierno, porque depende demasiado del juicio ajeno” y agregaba que “no quiere decir en absoluto que no se puedan tener otras relaciones con los demás, sólo señala la capital importancia de todos los demás para cada uno de nosotros”. Porque necesitamos de los otros, necesitamos saber cómo nos ven, y necesitamos también hacer algo con eso.

Política y pandemia en EEUU a 5 meses de las presidenciales

Política y pandemia en EEUU a 5 meses de las presidenciales

Aunque la cambiante coyuntura política norteamericana aparece en estos días sacudida por las intensas movilizaciones tras el asesinato del ciudadano George Floyd, a menos de 5 meses de las elecciones presidenciales, el panorama político-electoral de los Estados Unidos ha sufrido grandes cambios con respecto a lo que se esperaba el año pasado. La situación generada por el coronavirus provocó una crisis al interior del gobierno republicano y un escenario propicio para el resurgimiento de algunos temas que el partido demócrata viene planteando hace tiempo, como la infraestructura y la seguridad electoral.
El mes pasado Donald Trump despidió a cinco funcionarios encargados de vigilar y resguardar el Estado de derecho. Entre ellos se encuentran Christi Grimm, quien fue despedido tiempo después de publicar un informe donde detalla la escasez de suministros en hospitales que atienden casos de coronavirus, y Mitch Behm integrante del Comité de Responsabilidad de Respuesta ante Pandemias (PRAC), organismo que supervisa la implementación de paquetes de alivio aprobados por el congreso (que rondan los $2.4 billones de dólares). Mientras tanto, EE.UU. sigue encabezando la lista de los países con más muertes por el virus.

La economía de los Estados Unidos, al igual que el resto del mundo, se vió fuertemente afectada por la pandemia. En abril se registró una tasa de desempleo del 14,7% y se proyectaba que llegue al 20%, igualando los números de la Gran Depresión. A pesar de que en mayo bajó a un 13,3%,  innegablemente esta crisis se va a hacer sentir en las elecciones de noviembre. El FMI proyecta que este año el PBI de Estados Unidos caerá el 5,9%.  Ningún presidente consiguió la reelección en un contexto de crisis de esta magnitud.

Si recordamos que Donald Trump ganó las elecciones bajo el lema “Make America Great Again”, entendemos que el factor económico es decisivo a la hora de revisar su mandato. A comienzos de este año, EE.UU se encontraba en uno de los ciclos de expansión más largos de sus historia (128 meses hasta febrero) con el nivel más bajo de desempleo en 50 años (3,5%). Todo parecía asegurar la reelección del presidente republicano. Pero la subestimación al virus y la falta de medidas para enfrentar la crisis producto de la pandemia, parece inclinar la balanza a favor del opositor demócrata Joe Biden, quien supera a Trump en algunas encuestas. Diferentes analistas coinciden en señalar seis estados, en los que ganó Trump en el 2016, que hoy aparecen muy competitivos: Florida, Pennsylvania, Michigan, Carolina del Norte, Arizona y Wisconsin.

El abril pasado el ex vicepresidente de Obama, sostuvo que Trump intentará retrasar las elecciones. Frente a esta posibilidad, que favorece la reelección, el partido demócrata propuso la ampliación del sistema de votación por correo, gasto que debería incluirse en un nuevo paquete de alivio. El Presidente respondió que desconfía de este método. Algunos estados ya han retrasado las primarias y otros han promovido a la votación por correo. 

El senador republicano de Texas, John Cornyn sostiene que “si los votantes pueden ir al supermercado, pueden ir a votar” y afirmó que los demócratas quieren que el gobierno federal controle las elecciones cuando históricamente lo hacen los estados. En esta misma línea, el gobernador republicano de Missouri, Mike Parson, dijo que flexibilizar el acceso al voto en ausencia era un “problema político” y desestimó el miedo a contraer el virus como una razón válida para calificar al voto por correo. En marzo de este año, el Pew Research Center realizó una encuesta en la que un 63% de los votantes consideran que es necesario posponer las elecciones primarias.

Encuesta del Pew Research Center que muestra el porcentaje que cree que “posponer las elecciones primarias era necesario” y que “se sentiría incómodo si tuviera que ir a votar”. La columna gris indica porcentaje sobre el total, la roja porcentaje sobre voto republicano y la azul porcentaje sobre voto demócrata.

Como respuesta a su mal manejo de la crisis, Trump ha acentuado la rivalidad con China acusandola de no haber controlado el virus. El abandono de organismo multilaterales como la OMS por ser “pro-China”, debilita el liderazgo global que Trump prometía recuperar. Sin embargo, algunas encuestas muestran que un crecimiento en la mirada negativa sobre China por parte de los estadounidense y algunos estrategas republicanos creen que este discurso favorece la posibilidad de reelección. Por su parte, Joe Biden afirma que, frente al estallido social por la muerte de George Floyd, Trump busca fortalecerse fomentando la violencia y transformando a los Estados Unidos en un campo de batalla.

https://www.cbsnews.com/news/trump-inspectors-general-internal-watchdogs-fired-list/

https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52828966

https://www.politico.com/news/2020/04/05/vote-by-mail-election-coronavirus-164574

https://www.politico.com/news/2020/04/16/democrat-house-coronavirus-agenda-188721


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