Federico Montero: “El triunfo de Lula demuestra la vigencia de la política frente al derrotismo”

Federico Montero
Federico Montero  - Federico Montero es docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y analista político especializado en política internacional. Director del Observatorio del Sur Global.
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Análisis de Federico Montero sobre el triunfo de Lula da Silva y el futuro regional
Análisis de Federico Montero sobre el triunfo de Lula da Silva y el futuro regional

El politólogo, docente universitario y Director del Observatorio del Sur Global, Federico Montero, analiza las claves de la victoria de Lula da Silva en Brasil: la activación militante, el rol del liderazgo histórico, la disputa en plataformas digitales y los desafíos para la integración en América Latina.

La remontada electoral y la reivindicación de la política

—Ayer contábamos que vinimos a relatar lo que era muy posible: que Lula fuera a perder. Todos estaban muy cautos, pero a medida que salían los números crecía el entusiasmo. Como esa sensación futbolera de «no mufemos el resultado», pero efectivamente se impuso, ¿no?

—Sí, creo que fue totalmente contraintuitivo lo que ocurrió ayer frente al derrotismo que nos impregna, producto de un contexto evidentemente desfavorable. Después de haber perdido en la primera vuelta, las encuestas habían marcado un viraje en las últimas 48 horas. A partir del día miércoles hubo un sostenido crecimiento en la intención de voto de Lula, basado fundamentalmente en la gente que se incorporaba a votar, pero también en un desgranamiento de una franja del electorado bolsonarista. Esto ocurrió en la medida en que se fue exponiendo lo que realmente representaba Bolsonaro, cuando él habló un poco más y bajó la espuma de una parte de la población que no estaba del todo satisfecha con los resultados económicos pero que ya se había descargado en la primera vuelta.

Todo eso fue conformando una activación de la militancia política del PT y se sumó al rol central que tuvo el liderazgo de Lula para marcar la cancha y plantarse frente a Bolsonaro en el debate. Fue histórica la secuencia donde le responde a la acusación de los «nueve dedos», dirigiéndose no tanto a Bolsonaro, sino al pueblo trabajador, mirándolo directamente a la cámara.

Se coordinaron una serie de factores cuyo epicentro está en el liderazgo de Lula como figura histórica y como expresión y síntesis política de un movimiento en Brasil. Los dispositivos de activación militante en las redes son instrumentos necesarios para adaptar la táctica a esta etapa, pero si no hay política, no alcanza únicamente con las redes. Lo que hubo fue una reivindicación de la política. Como veníamos de capa caída en relación a la política, no lo terminábamos de creer. Hay que aprovechar este envión de confianza y de autoestima para repensar las tareas que tenemos acá.

Poder institucional, estrategia de campaña y contexto regional

—Me quedé pensando en dos cosas. Señalás lo del debate y creo que fue clave. Viéndolo como faro para lo que viene en Argentina: acá hay que atreverse a decir el riesgo y todo lo que implica para el pueblo argentino que esto siga. Y lo otro, atreverse a corporizar el odio. No estoy tan seguro de que el amor venza siempre al odio.

—Yo creo que el amor vence al odio, pero no lo hace a los besos. El amor es una fuerza política que tiene que pelear en los términos en que se pelea en la política: con estrategia y en las distintas canchas. Hubo una dimensión de campaña y una dimensión institucional que hay que considerar con mucha claridad, porque el partido no se gana solamente teniendo más votos.

De hecho, en su momento fue clave el reconocimiento internacional para dar legitimidad política, como ocurrió con el aval de Estados Unidos en el balotaje del 2022, lo que impidió que la aventura del intento de golpe bolsonarista posterior se pudiera sostener políticamente. No es que necesites del aval norteamericano para ganar, sino que sabés que tenés un enemigo que está conspirando.

Ayer, por ejemplo, el hecho de que un juez de la Corte Suprema hubiera definido la ampliación del horario de votación demuestra momentos donde el partido te puede cambiar si te cobran un foul que no fue. Ahí estuvo el recaudo político de Lula de intervenir en la Corte Suprema y no dejársela toda a ellos. Es importante tener votos, pero también es importante el componente institucional, la militancia del PT coordinada en las redes y las medidas efectivas para el bolsillo de la mayoría.

Hay una mirada integral de la política sobre cómo se construyó esta victoria, y ese dispositivo integral es el que tenemos que tratar de recrear de acuerdo a nuestras condiciones. Igual, ojo: Lula no la tiene fácil. Los mercados están jugando su partido y va a haber sectores que lo van a querer condicionar, por lo que tendrá que armar un gobierno amplio para contener a un conjunto de aliados. Pero una cosa es jugar el partido y sacar del medio; siempre es más difícil mirar desde la tribuna.

Logística electoral y control institucional

—Esta ampliación del horario de voto que fue pedida por Lula para compensar las dificultades que tenían muchos votantes en relación a los lockouts patronales de los micros, ¿fue aceptada por el Partido Liberal de Bolsonaro?

—Sí, efectivamente, porque se verificó que las empresas de transporte en algunos estados bolsonaristas —incluso en consonancia con autoridades de transporte estaduales— boicotearon la movilización de la gente para ir a votar. También, en un punto, les convenía a algunos estados bolsonaristas del sur y sudeste donde por las lluvias no habían podido desplazarse.

Tampoco vamos a decir que se ganó solo por esa extensión, porque si uno analiza el aumento de votos de la primera a la segunda vuelta, está en el orden de los 10 millones de votos. Es una diferencia muy grande. Pero esa ampliación no solo permitió que mucha gente pudiera ir a votar, sino que significó un espaldarazo político ante el intento del bolsonarismo de bloquear la elección. Ya estaba determinando quién tenía el control institucional de la situación. Ahí hay una clave: Lula es un líder que convoca y convence, pero que también ejerce el poder cuando hay que hacerlo.

La batalla cultural y la firmeza política

—No es que el odio vence al amor, sino que ser timorato y edulcorado no vence al odio. Si vos hiciste una reflexión futbolera, yo te hago una musical: el verdadero amor es Charly García y no Julio Iglesias.

—[Risas] Puede ser, exactamente. Hay que tener toda la integralidad de la expresión artística: jugar a fondo, en todos los niveles y con toda la profundidad necesaria.

Soberanía tecnológica, regulación de plataformas e inteligencia artificial

—Ante la victoria y la situación que se va a generar en términos de presión para Lula con su mandato, ¿creés que hay algún cambio previsto o preparado para el gobierno después de la victoria?

—Si escuchamos atentamente el discurso de Lula de ayer, él ya adelantó varias cosas. Se refirió particularmente a una agenda de reformas que tienen que ver con cómo limitar y regular los nuevos actores que intervienen en el debate público y que afectan la soberanía.

La cuestión financiera y ese entramado entre el poder financiero y las plataformas digitales de comunicación fue un elemento central en su discurso, cuando dijo que iba a institucionalizar un nuevo Ministerio de Comunicación para hacerse cargo de eso. Esa es una tarea que nosotros también tenemos que afrontar, porque si no hacemos nada, las plataformas digitales y algoritmos van a seguir inclinando la cancha en contra del campo popular.

También se refirió a la soberanía en materia de inteligencia artificial, que es un tema determinante no solo en los procesos electorales, sino en cómo se adapta a los procesos productivos. Hay dos modelos en el mundo: el occidental, donde creemos que usar IA es subir una foto para que la mejore ChatGPT, y el modelo en Asia y China, fundamentalmente centrado en aumentar la capacidad de la competitividad industrial. Si Brasil avanza en ese sentido, es una señal determinante.

En su discurso se marcaron ejes que van a hacer al nuevo gobierno de Lula y que también deben formar parte de la agenda política del campo popular en la Argentina.

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Por Federico Montero Federico Montero es docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y analista político especializado en política internacional. Director del Observatorio del Sur Global.
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Federico Montero es docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y analista político especializado en política internacional. Profesor de Política Latinoamericana (UBA) y de Estado, Sociedad y Universidad (UNA). Director del Observatorio del Sur Global.