Conexión Brasil | Brasil vuelve a las calles para protestar contra Bolsonaro y principal reclamo es la economía

Por Rogério Tomaz Jr.¹

Más de doscientas ciudades de Brasil realizaron actos contra Bolsonaro este sábado (2) y, aunque las manifestaciones reunieron a menos personas que las anteriores, cabe destacar un dato importante: el principal reclamo esta vez fue el colapso de la economía.

Se vieron en gran cantidad carteles de “genocida” y “miliciano”, pero lo que dominó fueron las críticas sintetizadas en “BolsoCaro”, señalando que, con el gobierno del militar, todo está más caro en el país. Incluso empresarios e inversores se han sumado a las protestas contra la mala gestión de la economía.

De hecho, el gobierno de Bolsonaro no tiene una política económica para el país. Paulo Guedes, tratado como un “genio” en la campaña, resultó ser una farsa y lanzó a Brasil a un abismo del que parece no haber salida.

El superministro que controla la mayor economía de América Latina no tiene la menor idea de los conceptos básicos de la administración pública. En la práctica, su gestión consiste básicamente en intentar apagar incendios cuando están a punto de destruir el edificio en llamas.

Gracias a la omisión de Guedes, muy conveniente para sus amigos y socios en el mercado financiero internacional, la inflación de dos dígitos, que parecía ser un problema del pasado lejano, ha vuelto a la realidad.

El desempleo alcanza récords negativos a cada nueva encuesta. La informalidad y la situación de desaliento – personas que han dejado de buscar trabajo – continúan a un ritmo creciente.

El resultado macabro es visible en los supermercados: huesos y pieles de carne vacuna o de pollo se han convertido en alimentos que se ofrecen en todos los estantes.

Lo mismo ocurre con el arroz, alimento fundamental en Brasil, que se convirtió en un commodity de exportación preferencial durante el gobierno de Bolsonaro, dejando para el consumo interno las opciones con inflación en la estratosfera – 65% de aumento en 2020 – o el salvado de arroz, que es básicamente la cáscara del cereal, con muy baja calidad nutricional.

 

A todo esto se suma el aumento desenfrenado de los combustibles. Tan pronto como Michel Temer asumió el gobierno, con el golpe de 2016, Petrobras comenzó a indexar sus reajustes en función del precio del petróleo en el mercado internacional, con cotización y variación en dólares.

En el último mes de Dilma Rousseff como presidenta, mayo de 2016, el precio promedio de un litro de gasolina fue de R$ 3,64. En septiembre de 2021, cuesta R$ 6,07 y en algunas regiones ya se vende por R$ 7,20.

Bolsonaro no tuvo coraje de cambiar esta política de precios, que solo favorece a los accionistas de Petrobras. El mandatario decidió inventar mentiras para culpar a los gobernadores por los sucesivos aumentos. La estrategia no funcionó. Toda la población sabe ahora que el gobierno federal y Petrobras priorizan las ganancias de los accionistas y desprecian tanto los intereses de la sociedad en su conjunto como el impacto negativo que esta política tiene en la economía del país.

Es decir, además del desastre que llevó a la lucha contra la pandemia del coronavirus, Bolsonaro es ahora directamente responsable del caos económico, que se agravará aún más en 2022 por la crisis energética, que ya se siente en varias regiones – por falta de planificación e inversión en fuentes alternativas para mitigar los efectos de una sequía prolongada, otra omisión deliberada de Paulo Guedes, que debilitó el sistema Eletrobras para favorecer su privatización, aprobado por el Congreso Nacional en junio pasado. La vieja receta neoliberal…

La tragedia social que vive Brasil se expresa en el hambre endémica – más de 20 millones de personas no saben si podrán alimentarse al día siguiente – y en noticias cada vez más comunes sobre personas que se quemaron porque cocinaban con alcohol común, porque no podían comprar una garrafa de gas para cocinar, insumo que ha triplicado su precio desde la partida de Dilma Rousseff*.

El caso más reciente de este tipo de “accidentes” se registró el pasado lunes (27), fecha en la que Bolsonaro cumplió mil días en el poder. Ese día, Geisa Sfanini, de 32 años, madre de una niña de 8 meses, murió luego de estar hospitalizada durante 25 días. Causa de la muerte: Geisa tuvo el 90% de su cuerpo quemado mientras cocinaba usando alcohol.

Víctima directa de Bolsonaro y Paulo Guedes, el caso conmovió al país y fue recordado por varios legisladores en discursos en la Cámara de Diputados y en las redes sociales.

*En 2019, Paulo Guedes prometió que la garrafa de gas de cocina bajaría a la mitad del precio, pero sucedió exactamente lo contrario: el precio se duplicó y el producto acumula un aumento del 30% solo en 2021.


¹ Periodista brasileño, residente en Argentina, cursando la Maestría en Estudios Latinoamericanos en la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza. Trabajó durante 11 años en la Cámara de Diputados de Brasil.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *