Marx y Confucio en el sueño chino de Xi Jinping

Marx y Confucio en el sueño chino de Xi Jinping

por Lucas Villasenin para La Ruta China

El rejuvenecimiento de China está lejos de ser una negación de las principales guías ideológicas que marcaron a su historia. El sueño chino más que grandes rupturas tiene mucho de continuidades y sincretismo entre las distintas tradiciones ideológicas.

En el sueño chino que propone Xi Jinping no deja de haber huellas del marxismo porque haya mucho mercado ni deja de haber huellas de confucianismo por la restauración del legalismo. Según la proyección de los dirigentes chinos el país está en la primera fase del socialismo en la que hay que alcanzar una modernización de la nación. El proyecto comunista no solo sigue estando presente en la liturgia, la simbología de los actos o los museos sino que es parte del horizonte futuro en la mente de quienes planifican destino del país más poblado del mundo.

A diferencia del universalismo que el comunismo adquirió para los seguidores de Marx en los siglos anteriores, los dirigentes chinos asumen que este tiene particularidades chinas. Desde occidente más que dedicarnos a calificar si esto se trata de comunismo o capitalismo deberíamos esforzarnos por entender más a qué hace referencia el proyecto del sueño chino.

Xi Jinping defiende al marxismo en sus tesis más pragmáticas al igual que Mao lo hizo en el pasado. Xi sostuvo en uno de sus primeros discursos como presidente que: “Como sostiene el fundamento principal del marxismo, buscar la verdad desde los hechos es un requerimiento básico de los comunistas chinos para transformar el mundo”. También en su recuperación del marxismo reivindica repetidamente el “principio básico” de la “línea de masas” en la que “el pueblo es el creador de la historia”.

El sueño chino no cae del cielo para Xi o se realiza a partir de las grandes ideas de los gobernantes como sostenía la milenaria tradición del mandato celeste. En diversos mensajes sostiene que la clase trabajadora es la fuerza principal, es la clase dirigente, representa el avance productivo de China y de las relaciones producción. También que el Partido Comunista Chino (PCCh) es la principal fuerza para realizar una sociedad moderadamente prospera y construir el socialismo con características chinas.  La vigencia de una filosofía de la praxis, la defensa de la clase trabajadora como motor de la historia y una arraigada defensa del humanismo son elementos de la tradición marxista que están sumamente presente en las ideas que transmite el líder chino en sus discursos.

La diferencia más marcada de la actual interpretación del marxismo respecto al maoísmo es su relación con el confucianismo. Durante décadas el confucianismo fue entendido como una herejía ideológica del pasado que había que destruir a tal punto que en el periodo de la Revolución Cultural los templos confucianos fueron asediados por los guardias rojos.

El confucianismo era entendido como parte de las tradiciones conservadoras y los valores familiares que se oponían a la modernización del país. El confucianismo era parte del pasado “feudal” que había que erradicar para dar lugar al proyecto comunista. El marxismo, en su interpretación maoísta, siempre fue entendido como una ideología de la modernidad que debía imponerse sobre el conservadurismo confuciano.

En 2011 se produjo un hecho que hubiera sido imposible hace décadas: la instalación de una estatua de Confucio en el frente del Museo Nacional de China a escasos metros del mausoleo de Mao en la plaza Tiananmen. Si bien la estatua fue removida y meses después colocada  en el patio del Museo, Confucio es parte de la reivindicación milenaria de la cultura china por parte de sus principales dirigentes. Tal como sostiene la historiadora Lin Chun el socialismo con características chinas actualmente “tiene deudas con el marxismo humanista y la sabiduría autóctona”.

La reivindicación del confucianismo es una realidad de la ideología que impregna el proyecto del nuevo sueño chino. Actualmente la valorización de la educación y la virtud, vinculados a la capacidad para gobernar, son elementos fundamentales de la revitalización del confucianismo llevada adelante por el PCCh. Este cambio en la mentalidad de la dirigencia china es un cambio sustancial respecto a la forma de selección de dirigentes durante el maoísmo ligada a la fidelidad ideológica.

En la reivindicación confuciana contemporánea se incorporan justamente elementos que no deberían ser antagónicos con el pensamiento marxista que se reivindica. El humanismo, la unidad entre teoría y práctica o el rechazo a las justificaciones extraterrenales son puntos que pueden buscar diálogos entre el marxismo y el confucianismo.

Una coincidencia histórica para nada menor entre ambos legados es que las dos fueron ideología de estado y sirvieron para garantizar el orden y la estabilidad en el país. También se puede sostener que ambas tradiciones de pensamieno fueron concebidas como tradiciones antagónicas con los valores occidentales, liberales y capitalistas.

Más que ceñirnos al dogmatismo, quienes intentamos entender este sincretismo ideológico debemos asumir que en los últimos siglos en el mundo hubo diversas interpretaciones de los textos de Marx, así como en los últimos milenios en China hubo diversas interpretaciones del legado de Confucio.

Durante siglos se intentó distinguir tajantemente el humanismo confuciano del naturalismo taoísta. Pero el especialista en filosofía china Wing-Tsist Chan en el último siglo ofreció una lectura alternativa al sostener que esta distinción radical es equivocada. Según Chan hay paralelismos claros en tanto que la idea de armonía es muy valiosa para ambas filosofías milenarias. Si es posible trazar sincronías entre estas filosofías sería extraño no poder hacerlo con la filosofía heredada de los textos de Marx que ha dado lugar a tantas interpretaciones en tan solo un par de siglos. Actualmente es evidente que en la sociedad armoniosa que propone construir el PCCh convive el marxismo como ideología modernizadora con los valores milenarios del confucianismo.

Es común escuchar hablar de que los comunistas chinos con Deng Xiaoping, desde hace cuatro décadas, abandonaron el dogmatismo marxista para devenir en un pragmatismo que les permitió tener éxitos en un mundo capitalista. Por cierto que el pragmatismo como corriente filosófica tiene diversas expresiones pero en el caso de ese cliché sobre la dirigencia china tiene más que ver con un desconocimiento sobre cómo ellos piensan que con estudios minucioso sobre sus discursos y decisiones. El razonamiento que sostenía (y, aún sostiene) que para que China logre progresos debía abandonar las ideas legadas por Marx o Confucio para avanzar hacia una modernización del país fracasó. En la misma plaza Tiananmen, en los discursos de Xi Jinping o en los logros de la economía china encontramos escenas de la derrota de semejante razonamiento simplista.

La experiencia histórica reciente de China demuestra que el “fin de la historia” propuesto por Francis Fukuyama o el agotamiento de los grandes relatos que defendió Jean-François Lyotard resultan más anacrónicos que las estatuas de Confucio y Marx.

Mirada Multipolar | Coincidencias y diferencias en la Asamblea General

Mirada Multipolar | Coincidencias y diferencias en la Asamblea General

por Sebastián Tapia

La sesión de apertura de la Asamblea General de Naciones Unidas es un escenario mundial donde cada país expone sus logros y objetivos anuales. La 76° sesión, la de 2021, nos permite ver qué proponen las grandes potencias para el mundo pospandemia. A continuación, veremos las diferencia y coincidencias en los discursos de Joseph Biden y Xi Jinping.

Los discursos

Este fue el primer discurso de Joe Biden a la Asamblea General desde su asunción en Enero. Siendo el país anfitrión, Biden brindó su discurso de manera presencial. En cambio, Xi Jinping se hizo presente en la Asamblea mediante un mensaje grabado en video. El discurso de Xi es más corto y conciso que el de Biden, pero ambos tienen una estructura similar.

Ambos presidentes hicieron incapié en dos grandes problemas globales que afectan a todos los países por igual: el COVID-19 y el cambio climático.

Acciones por la pandemia

Ambos países hicieron gala de los esfuerzos realizados para enfrentar la pandemia hasta ahora y propusieron herramientas para continuar la lucha. En el caso de Biden:

“Y para el futuro, necesitamos crear un nuevo mecanismo para financiar la seguridad sanitaria global que se base en nuestra asistencia para el desarrollo existente, y un Consejo Global de Amenazas a la Salud que esté armado con las herramientas que necesitamos para monitorear e identificar las pandemias emergentes para que podamos tomar medidas inmediatas.
Estados Unidos ya ha invertido más de $ 15 mil millones en la respuesta global de COVID, la respuesta global de COVID. Hemos enviado más de 160 millones de dosis de la vacuna COVID-19 a otros países. Esto incluye 130 millones de dosis de nuestro propio suministro y los primeros tramos de los 500 millones de dosis de la vacuna Pfizer que compramos para donar a través de COVAX.”

Como vemos, la propuesta de un Consejo Global de Amenazas a la Salud sería un nuevo organismo que sobrepase a la Organización Mundial de la Salud, o al menos duplique sus capacidades. Esta es una constante en el discurso de Biden: dice sostener el Sistema de Naciones Unidas, pero continuamente propone alterarlo o desconocerlo.

En el caso de Xi, la apuesta es por mejorar el acceso a las vacunas a través de los métodos ya establecidos.

“La vacunación es nuestra poderosa arma contra COVID-19. En muchas ocasiones he subrayado la necesidad de hacer de las vacunas un bien público mundial y garantizar la accesibilidad y asequibilidad de las vacunas en los países en desarrollo. Una prioridad apremiante es garantizar la distribución justa y equitativa de las vacunas en todo el mundo. China se esforzará por proporcionar un total de dos mil millones de dosis de vacunas al mundo para fines de este año. Además de donar 100 millones de dólares estadounidenses a COVAX, China donará 100 millones de dosis de vacunas a otros países en desarrollo en el transcurso de este año. China continuará apoyando y participando en el rastreo de los orígenes basado en la ciencia a nivel mundial, y se opone firmemente a las maniobras políticas en cualquier forma.”

El cambio climático

Ambos mandatarios coincidieron en la necesidad de reducir emisiones de carbono para evitar el impacto de la actividad humana en el clima.

En cuanto a sus propias metas, Biden recordó que Estados Unidos volvió al Acuerdo de París y anunció una mejora en sus metas:

“En abril, anuncié el nuevo y ambicioso objetivo de los Estados Unidos en virtud del Acuerdo de París de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de los Estados Unidos entre un 50 y un 52 por ciento por debajo de los niveles de 2005 para 2030, mientras trabajamos para lograr una economía de energía limpia con cero emisiones netas. emisiones para 2050.
Y mi administración está trabajando en estrecha colaboración con nuestro Congreso para realizar las inversiones críticas en infraestructura verde y vehículos eléctricos que nos ayudarán a mantener el progreso en casa hacia nuestros objetivos climáticos.”

Para lograr esto y ayudar a otros países a seguir este camino, Biden comentó sobre los esfuerzos que realiza el país para favorecer el crédito para las iniciativas en este sentido:

“En abril, anuncié que Estados Unidos duplicaría nuestro financiamiento público internacional para ayudar a las naciones en desarrollo a enfrentar la crisis climática. Y hoy, me enorgullece anunciar que trabajaremos con el Congreso para duplicar ese número nuevamente, incluso para los esfuerzos de adaptación.
Esto convertirá a Estados Unidos en un líder en finanzas públicas para el clima. Y con nuestro apoyo adicional, junto con un mayor capital privado y otros – de otros donantes, podremos cumplir la meta de movilizar $ 100 mil millones para apoyar la acción climática en las naciones en desarrollo.”

Xi Jinping no se refirió a las acciones propias de su país, sino que propuso vincular los esfuerzos para mitigar el cambio climático con el desarrollo social y económico de los pueblos. Para esto propone una Iniciativa de Desarrollo Global que cuenta con los siguientes puntos:

  • Mantener el compromiso con el desarrollo como prioridad: “Fomentar asociaciones de desarrollo globales que sean más equitativas y equilibradas, forjar una mayor sinergia entre los procesos de cooperación multilateral para el desarrollo y acelerar la implementación de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible”.
  • Mantener el compromiso con un enfoque centrado en las personas. “debemos continuar nuestro trabajo para que la gente tenga un mayor sentido de felicidad, beneficio y seguridad, y logre un desarrollo integral”.
  • Mantenerse comprometido con los beneficios para todos. “Deberíamos preocuparnos por las necesidades especiales de los países en desarrollo. Podemos emplear medios como la suspensión de la deuda y la ayuda para el desarrollo para ayudar a los países en desarrollo”
  • Mantener el compromiso con el desarrollo impulsado por la innovación. “redoblar los esfuerzos para aprovechar los logros tecnológicos para impulsar la productividad y fomentar un entorno abierto, justo, equitativo y no discriminatorio para el desarrollo de la ciencia y la tecnología.”
  • Mantenerse comprometido con la armonía entre el hombre y la naturaleza. “Necesitamos acelerar la transición hacia una economía ecológica y con bajas emisiones de carbono y lograr la recuperación y el desarrollo ecológicos”
  • Mantener el compromiso de acciones orientadas a resultados. “Necesitamos aumentar los aportes al desarrollo, avanzar de manera prioritaria en la cooperación en el alivio de la pobreza, la seguridad alimentaria, la respuesta al COVID-19 y las vacunas, la financiación del desarrollo, el cambio climático y el desarrollo verde, la industrialización, la economía digital y la conectividad”

En cuanto a lo estrictamente medioambiental, Xi anunció los siguientes compromisos:

China se esforzará por alcanzar un pico de emisiones de dióxido de carbono antes de 2030 y lograr la neutralidad de carbono antes de 2060. Esto requiere un trabajo tremendo y haremos todo lo posible para alcanzar estos objetivos. China intensificará el apoyo a otros países en desarrollo en el desarrollo de energía verde y baja en carbono, y no construirá nuevos proyectos de energía a carbón en el extranjero.

Esto último es particularmente interesante, debido a que el 70% de todas las plantas de carbón del mundo construidas actualmente dependen de fondos chinos. Sin dudas, este anuncio generará un cimbronazo en la industria del carbón y ayudará a buscar alternativas más limpias.

Paz y multilateralismo

A diferencia de su antecesor, Donald Trump, el presidente Biden buscó presentarse como un defensor de la paz internacional y del multilateralismo. Sin embargo se movió en una dualidad contínua: negó la necesidad de confrontación internacional, pero marcaba límites y establecía advertencias a otros países.

“Estados Unidos competirá, competirá vigorosamente y liderará con nuestros valores y nuestra fuerza. Defenderemos a nuestros aliados y amigos y nos opondremos a los intentos de países más fuertes de dominar a los más débiles, ya sea mediante cambios territoriales por la fuerza, coacción económica, explotación tecnológica o desinformación. Pero no buscamos, lo diré de nuevo, no buscamos una nueva Guerra Fría o un mundo dividido en bloques rígidos.”

La relación con sus aliados, especialmente europeos, no se encuentra en su mejor momento tras la salida de Afganistán y la formación del AUKUS. Y la promesa de no comenzar una nueva Guerra Fría no parece coincidir con un tópico propio de la política exterior de Biden y que se ve en el resto del discurso: la división entre países autoritarios y países democráticos.

Por ejemplo, hablando de los avances tecnológicos, sólo se propone trabajar con los países “democráticos”:

“A medida que las nuevas tecnologías continúen evolucionando, trabajaremos junto con nuestros socios democráticos para garantizar que los nuevos avances en áreas desde la biotecnología hasta la computación cuántica, 5G, inteligencia artificial y más se utilicen para elevar a las personas, resolver problemas y avanzar. libertad humana: no reprimir la disidencia ni apuntar a las comunidades minoritarias.”

Da por terminada la guerra contra el terrorismo, pero ahora pone el centro en la promoción de la democracia, según promete, sólo por medios diplomáticos:

“Hemos terminado 20 años de conflicto en Afganistán. Y al cerrar este período de guerra implacable, estamos abriendo una nueva era de diplomacia implacable; de utilizar el poder de nuestra ayuda al desarrollo para invertir en nuevas formas de ayudar a las personas en todo el mundo; de renovar y defender la democracia; de demostrar que no importa cuán desafiantes o complejos sean los problemas que vamos a enfrentar, el gobierno por y para la gente sigue siendo la mejor manera de cumplir para toda nuestra gente.”

Esto pone en cuestión por qué es necesario firmar un acuerdo militar como el AUKUS que favorece la difusión de tecnología bélica nuclear. Pero puede sentar las bases para futuras intervenciones en terceros países bajo la excusa de promoción de la democracia. En otro pasaje asegura:

“La gente ha salido a las calles en todas las regiones para exigir que sus gobiernos aborden las necesidades básicas de las personas, les den a todos una oportunidad justa para tener éxito y protejan los derechos que Dios les ha otorgado.
Y en ese coro de voces a través de idiomas y continentes, escuchamos un grito común: un grito de dignidad, simple dignidad. Como líderes, es nuestro deber responder a ese llamado, no silenciarlo.
Estados Unidos se compromete a usar nuestros recursos y nuestra plataforma internacional para apoyar estas voces, escucharlas, asociarse con ellas para encontrar formas de responder que promuevan la dignidad humana en todo el mundo.”

Poco dice de las protestas que sacudieron a Estados Unidos en 2019, como si la situación fue mágicamente resuelta por la elección presidencial. Pero queda claro que justo aquellos que están del lado correcto, del democrático, son aquellos que componen las oposiciones a los gobiernos que no coinciden con Estados Unidos:

“La verdad es: el mundo democrático está en todas partes. Vive en los activistas anticorrupción, los defensores de los derechos humanos, los periodistas, los manifestantes por la paz en el frente de esta lucha en Bielorrusia, Birmania, Siria, Cuba, Venezuela y en todas partes.”

En cambio, Xi mantuvo su línea llamando a la cooperación internacional y reconociendo a la democracia como un valor universal, cuya definición no depende de un sólo país:

“La democracia no es un derecho especial reservado a un país en particular, sino un derecho del que disfrutan las personas de todos los países. Los acontecimientos recientes en la situación mundial muestran una vez más que la intervención militar desde el exterior y la llamada transformación democrática no implican más que daños. Necesitamos defender la paz, el desarrollo, la equidad, la justicia, la democracia y la libertad, que son los valores comunes de la humanidad, y rechazar la práctica de formar pequeños círculos o juegos de suma cero.”

La crítica a las intervenciones militares en nombre de la Democracia toma un nuevo sentido tras el fracaso de 20 años de intervención estadounidense en Afganistán. Para eso, la apuesta de China pasa por el multilateralismo y el diálogo internacional:

“Las diferencias y problemas entre países, difícilmente evitables, deben manejarse mediante el diálogo y la cooperación sobre la base de la igualdad y el respeto mutuo. El éxito de un país no tiene por qué significar el fracaso de otro, y el mundo es lo suficientemente grande como para dar cabida al desarrollo y progreso común de todos los países. Necesitamos buscar el diálogo y la inclusión sobre la confrontación y la exclusión. Necesitamos construir un nuevo tipo de relaciones internacionales basadas en el respeto mutuo, la equidad, la justicia y la cooperación de beneficio mutuo, y hacer lo mejor que podamos para expandir la convergencia de nuestros intereses y lograr la mayor sinergia posible.”

Y para lograr ese diálogo y cooperación, Xi jinping dejó en claro que el único sistema vigente a nivel internacional es el orden establecido por Naciones Unidas:

“En el mundo, solo hay un sistema internacional, es decir, el sistema internacional con las Naciones Unidas en su centro. Existe un solo orden internacional, es decir, el orden internacional sustentado por el derecho internacional. Y solo hay un conjunto de reglas, es decir, las normas básicas que rigen las relaciones internacionales respaldadas por los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.”

Y esta es la principal discusión hoy en día entre las grandes potencias. Mantener el orden internacional multilateral establecido tras la Segunda Guerra Mundial, basado principalmente en la Carta de Naciones Unidas y el Sistema creado a partir de ella, o establecer nuevas reglas según la voluntad propia.

Aquí es Estados Unidos que se posiciona como una potencia revisionista. De acuerdo a Biden, su compromiso es con la misión y los valores de Naciones Unidas – no con su Carta:

“Nuestro enfoque está firmemente arraigado y es plenamente coherente con la misión de las Naciones Unidas y los valores que acordamos cuando redactamos esta Carta. Estos son compromisos que todos asumimos y que todos estamos obligados a respetar.”

Queda claro que juzgar a alguien por su adhesión a valores es más un criterio más laxo y subjetivo que si efectivamente cumple o no con los compromisos escritos en la Carta de Naciones Unidas. Pero no tiene duda en proponer cambios en las áreas en las que ya no se cree que cuente con ventaja. Por ejemplo:

“Buscaremos nuevas reglas de comercio global y crecimiento económico que se esfuercen por nivelar el campo de juego para que no se incline artificialmente a favor de ningún país a expensas de otros y cada nación tiene el derecho y la oportunidad de competir de manera justa.”

 

La transición hegemónica entre Estados Unidos y China se ve claramente reflejada en estos dos discursos. Para China no es necesario alterar el orden internacional, ya que bajo estas reglas creció y se posiciona como el nuevo líder. Sí hay es necesario hacer esfuerzos por mejorar las condiciones de vida y el bienestar de los pueblos dentro de este sistema, para eso hay que trabajar en conjunto con aquellos países que también lo deseen. En cambio, Estados Unidos propone crear nuevas organizaciones, bajo nuevos principios, donde pueda mantener su influencia. Y para ello es necesario mantener una línea divisoria entre un “ellos” y  un “nosotros”, entre amigos y enemigos: en este caso, demócratas y autócratas.

Día y noche de la mente china

Día y noche de la mente china

por Diego Mazzella para CEDI

China es lo que podríamos llamar un país civilización. Desde hace milenios, esta parte del mundo se ha caracterizado por ser una de las principales fuentes del pensamiento humano, desarrollando distintas formas de interpretar el mundo que nos rodea, sus fenómenos, la forma en el que las personas conviven en sociedad y hasta enfoques acerca del origen del cosmos.

En el libro China, de Henry Kissinger, nos encontramos que el autor destaca que dentro de la mente del pueblo chino conviven dos formas de interpretar el mundo. Se dice que China tiene momentos taoístas y momentos confucionistas. Estas dos filosofías, surgidas alrededor del siglo sexto antes de Cristo, fueron el producto de una época convulsionada y atravesada por múltiples conflictos: guerra, corrupción, crisis económica y desintegración social. Ambas escuelas intentaron, entre otras, dar con algo así como una solución en un mundo donde todo se venía abajo.

Por un lado, podríamos decir que el taoísmo es una respuesta desde lo individual, desde el pensamiento metafísico y hasta esotérico. Para esta escuela, hay un principio absoluto (el Tao) que rige la naturaleza de todos los procesos del universo. Frente a eso, el hombre, los Estados o los emperadores, no tienen más función que interpretar este principio y buscar acompasar su acción en concordancia con este fluir cósmico. El hombre pasa a ser un espectador de un proceso que es un arcano indescifrable e insondable, al cual admira con respeto y, como máximo, custodia. En el Tao, reina la indiferenciación y todo lo que existe no es sino manifestación de una unidad esencial, por lo tanto para el pensamiento taoísta no hay tal cosa como buenas o malas épocas, como fortuna o ruina, bien o mal, puesto que todos estos supuestos conviven en armonía dentro de una realidad dialéctica tal como el día y la noche se suceden dentro de lo que nosotros establecimos como un día (refiriéndonos al ciclo de 24hs).

En cambio, el confucionismo nació como un intento de imponer –frente al caos social– un orden basado en los ritos y la exaltación de antiguas virtudes de épocas doradas que se pierden en el origen de los tiempos. Confucio, principal exponente de esta escuela filosófica, dedicó su vida a estudiar a los antiguos y a partir de allí elaborar un sistema basado en valores como la cortesía, la piedad filial y la obediencia a las autoridades. A diferencia del sabio taoísta, el filósofo confuciano no es un mero espectador de un universo que se desenvuelve frente a sus ojos, sino que se percibe a sí mismo como un interventor activo que debe modelar la imperfecta materia social para que ésta encaje en un modelo rígido de virtud, orden y jerarquías.

Estas dos escuelas filosóficas, con el tiempo, se instalaron en el inconsciente del pueblo chino. Podemos decir que el taoísmo es una filosofía del desorden, la creatividad, la vida natural y que exalta sentimientos rebeldes y hasta anarquistas, esos sentimientos fundantes necesarios cuando este pueblo precisó reinventarse a sí mismo a través de alguna revuelta o revolución. El confucionismo, por su lado, podría caracterizarse como aquello que surge cuando ya la revuelta ha alcanzado su objetivo y se vuelve necesario recuperar el orden social y generar una nueva estructura que permita cimentar los nuevos cambios y establecer un sistema de orden social.

Pongamos por ejemplo la revolución China, con Mao Tsé Tung a la cabeza, que se originó zonas rurales del país, en esas zonas agrícolas y postergadas de los grandes centros urbanos burocráticos de la administración imperial. Esta revuelta, cuyo movimiento es de la periferia al centro, empleó una táctica no convencional basada en una guerra de guerrillas, que demostró una enorme superioridad sobre los obsoletos esquemas de la tradición militar, llevando a este movimiento a su victoria estratégica final. Recordemos la frase de Lao Tsé en el Tao Te King cuando dice “una gran marcha comienza con el primer paso”. Esta frase fue tomada por Mao en una clara muestra de simpatía filosófica, que llevó a denominar ese momento revolucionario como “La gran Marcha”. Una vez hubo triunfado la revolución comunista como nuevo sistema de Gobierno, luego de la guerra civil contra los nacionalistas, llegó la hora del momento confuciano qué implicó generar una nueva burocracia, un nuevo orden social basado en la obediencia al Partido Comunista, pasando ahora el espíritu rebelde a ser considerado una amenaza, tanto es así que hasta el taoísmo fue censurado por “revoltoso”.

Hoy en día vemos como China ha llevado la burocratización del aparato estatal a su máxima expresión. La sociedad china vive hoy en un esquema de férreo control gubernamental, alimentado por un uso y abuso de la tecnología que parece buscar la perfección en el control de cada aspecto de la vida de las personas. Frente a esto nos preguntamos en qué lugar quedan las ideas disruptivas o, por ejemplo, las expresiones artísticas no convencionales (pensemos el caso de ai wei wei). Qué espacio queda, vacío, donde un Estado omnipresente no pueda dictar normas o prohibiciones. Esta asfixia está generando un fenómeno cultural que hace que reviva en el país asiático el interés en el taoísmo, fundamentalmente en aquellas personas que desean recuperar su individualidad frente a una sociedad que, en su afán de expansión económica y geopolítica, no ha dejado ya lugar a la improvisación de ningún tipo, y mucho menos a la disidencia.

Volviendo a una lectura filosófica, podemos encontrar que ambas escuelas de pensamiento parten, aunque sea lejanamente, en sus esquemas de una idea de equilibrio entre opuestos. Podemos preguntarnos si este estado de cosas actual representa una justa medida de las cosas o en cambio demuestra que China avanza hacia sus objetivos políticos de una forma desequilibrada que tarde o temprano generará, en la conciencia de su pueblo, un hartazgo que se traducirá en un desorden que a gritos pida que se recuperen los ámbitos de la vida donde es posible improvisar, disentir y salirse de la regla. Creo que sobre esta dicotomía descansa el éxito del modelo social chino, tanto para dentro como para fuera de sus fronteras. Ya hemos visto esta disconformidad en las protestas de Hong Kong de 2020, nos preguntamos si luego de la crisis del coronavirus no volveremos a ver, quizás de forma más generalizada, un pueblo pidiendo más espacio para ser sí mismo.