Observatorio del Sur Global

NO al ALCA y NO al Fondo. El desacople soberano

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(L to R) Presidents Nestor Kirchner from Argentina, Evo Morales from Bolivia, Luiz Inacio Lula da Silva from Brazil and Hugo Chavez from Venezuela join their hands while pose to photographers after a work meeting in Puerto Iguazu, north of Argentina, 04 May 2006. The leaders met to discuss Bolivia's move to nationalize the country's gas industry. Some 26 international energy firms, including Brazil's state giant Petrobras, Spain's Repsol YPF, Total of France, British Gas and Exxon of the United States are affected by the nationalization, which Morales promised to carry out before being elected last December. AFP PHOTO ANTONIO SCORZA (Photo by ANTONIO SCORZA / AFP)

Por Mariana Vazquez

“Nuestros pobres, nuestros excluidos, nuestros países, nuestras democracias, ya no soportan más que sigamos hablando en voz baja. Es fundamental hablar con mucho respeto y en voz alta para construir un sistema que nos vuelva a contener a todos en un marco de igualdad y nos devuelva la esperanza de construir un mundo mejor y una región que esté a la altura de las circunstancias.”

Néstor Carlos Kirchner, Mar del Plata, noviembre de 2005

Un nuevo aniversario de la Cumbre de las Américas en la cual fue enterrada, en la costa sudamericana de Mar del Plata, la propuesta estadounidense de conformación de un área de libre comercio hemisférica, en un contexto tan convulsionado como el actual, nos invita una vez más a la reflexión y, siempre, a un ejercicio de memoria.

Nuestra región ha sido por siglos una geografía en disputa, una frontera imperial, como llamaría el dominicano Juan Bosch al Caribe. El próximo año se cumplirán dos siglos de la doctrina Monroe, proclamada cuando asomaba la potencia de América del Norte cuya hegemonía hoy se encuentra cuestionada, en un mundo en transición en cuanto a su configuración de poder.

El reciente triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en las últimas elecciones presidenciales en Brasil, por un lado, permite avizorar un escenario más esperanzador para la región y, nos atrevemos a decir, también para el mundo. Y, por otro lado, nos lleva a aquel noviembre de 2005, su contexto inmediato y su proyección.

La Cumbre de Mar del Plata fue un momento bisagra que no puede comprenderse fuera de su contexto y algunas de cuyas implicancias deben destacarse. En años previos, el presidente de Venezuela Hugo Chavez Frías denunciaba en solitario la voracidad de países y capitales en la Cumbre de las Américas de Quebec, en abril de 2001. En años previos, también, se iniciaba en 2003 el cambio político del sur del sur con la llegada al poder de Luiz Inácio Lula da Silva y Néstor Carlos Kirchner, en Brasil y Argentina respectivamente. Detengamos el proyector un minuto en esta foto.

El 16 de octubre de 2003 ambos presidentes firmaban el Consenso de Buenos Aires, en claro antagonismo con las recomendaciones de políticas del Consenso de Washington y su recetario de reformas estructurales y neoliberalismo recargado que, en su colapso, había hecho colapsar estructuras productivas, empleos, proyectos de vida y sueños en nuestra región. En aquel Consenso, en su punto 1, ambos presidentes se comprometían a “(…) garantizar a todos los ciudadanos (…) el derecho al desarrollo.” Contrariamente al coro mediático de la época, no se trataba de meras declaraciones. Era doctrina, objetivo político y plan de acción.

Sobre la base de las convicciones compartidas, se tomaron dos decisiones que están vertebradas en aquel objetivo y que conformaron una coyuntura crítica, un punto de inflexión: la cancelación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional y el No al ALCA. Se trataba de un DESACOPLE SOBERANO que daría nacimiento a otra historia, que engendraría la base material para el ejercicio de una democracia real, sustantiva.

Políticas de desarrollo y redistribución de la riqueza, ampliación de derechos, fortalecimiento de las instancias existentes de integración como el MERCOSUR y creación de nuevos ámbitos de cooperación, concertación y diálogo, como la UNASUR y la CELAC, sin la presencia de países del Norte, eran consecuencias indudables de aquellas dos decisiones. Ellas permitieron comenzar a hacer realidad un sueño colectivo de una patria grande soberana, inclusiva, democrática, un polo de poder emergiendo para un mundo más pacífico y justo. Hoy, luego de un proceso de restauración conservadora que se inició pocos años después y que buscó desmantelar aquellas conquistas y aquel sendero, los cambios políticos en la región y, sin dudas, el triunfo reciente de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, permiten soñar con un futuro mejor. El mundo se encuentra en transición. Cambios en el modo de acumulación, en la configuración de poder, colapso de sistemas y regímenes políticos diseñados en otras etapas de la humanidad, nuevas y no tan nuevas derechas, nunca democráticas, constituyen pinceladas de un escenario de grandes desafíos. Es urgente avanzar en un nuevo fortalecimiento de la unidad de nuestra región, tomando lo mejor de aquella etapa, pero decodificando, como hicieron aquellos líderes, las necesidades, definiciones y alianzas estratégicas necesarias en estos tiempos. Parafraseando la cita de Néstor Carlos Kirchner al comienzo de esta nota, se necesitará, sin dudas, construir una Argentina “que esté a la altura de las circunstancias”.

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