Dos años después del inicio de la última guerra sobre la Franja de Gaza, el costo de la destrucción supera cualquier cálculo previo. Un informe conjunto de Naciones Unidas, la Unión Europea y el Banco Mundial advierte que el desarrollo humano en Gaza ha retrocedido 77 años, una regresión histórica equiparable a borrar décadas de avances sociales, educativos y sanitarios.
Pérdidas económicas sin precedentes
El informe detalla que los daños materiales directos ascienden a 35.200 millones de dólares, mientras que las pérdidas económicas (producción, ingresos, empleo) suman 22.700 millones de dólares. En total, el impacto sobre los bienes materiales alcanza los 57.900 millones de dólares.
Para la reconstrucción y la supervivencia básica en los próximos diez años se necesitarán 71.400 millones de dólares, de los cuales 26.300 millones son urgentes en los próximos 18 meses para restaurar servicios vitales, infraestructura y reactivar una economía que se ha contraído un 85%.
Sectores devastados: vivienda, salud, educación
El informe no solo cuantifica pérdidas, sino que revela una catástrofe social de enormes proporciones:
- 372.000 viviendas destruidas o dañadas. Más del 60% de la población ha perdido su hogar.
- Más de la mitad de los hospitales están fuera de servicio.
- Prácticamente la totalidad de las escuelas han sido destruidas o dañadas.
- 1,9 millones de personas han sido desplazadas, muchas de ellas en múltiples ocasiones.
Las necesidades de reconstrucción por sectores priorizan:
- Vivienda: 16.200 millones de dólares.
- Agricultura y sistema alimentario: 10.500 millones.
- Salud: 10.000 millones.
- Comercio e industria: 9.000 millones.
Colapso del empleo y la vida digna
El mercado laboral de Gaza ha prácticamente desaparecido. Casi tres cuartas partes de la población activa perdieron su empleo, dejando una tasa de empleo del 9,3%. Combinado con la caída del empleo en Cisjordania, el conjunto del territorio palestino ocupado registra una de las tasas de ocupación más bajas del mundo según la base de datos del Banco Mundial.
Entre las prioridades inmediatas, el informe subraya la lucha contra la inseguridad alimentaria, la protección social, el acceso a vivienda, la reanudación educativa y el apoyo en salud mental y psicosocial para una población traumatizada.

La retirada de más de 68 millones de toneladas de escombros costará más de 1.700 millones de dólares. Pero la ONU y sus socios son claros: sin un alto el fuego duradero y seguridad adecuada, no habrá reconstrucción posible.
El informe de la ONU no solo documenta una catástrofe humanitaria, sino la expresión más brutal de la asimetría de poder que rige el orden internacional. Mientras las potencias occidentales financian y arman la ocupación militar, los países del sur global–muchos de ellos aún lidiando con herencias coloniales– son llamados a contribuir con recursos para reconstruir lo que no destruyeron, pero que tampoco pudieron evitar.
El retroceso de 77 años en desarrollo humano no es un dato abstracto: significa generaciones enteras de niños sin escuelas, familias sin techo, trabajadores sin futuro. Para el sur global, Gaza es el espejo de lo que ocurre cuando el derecho internacional se subordina a los intereses estratégicos de las potencias. La reconstrucción no será solo económica; será política. Sin justicia, sin rendición de cuentas y sin fin de la ocupación, cualquier cifra –por enorme que sea– servirá apenas para maquillar un desastre que sigue en curso.
