Observatorio del Sur Global

Pedro Sánchez y Lula convocaron al progresismo en Barcelona

Pablo Macia
Pablo Macia
11 Minutos Leídos

España fue el escenario de los encuentros internacionales del progresismo durante la semana pasada, convocados por el presidente Pedro Sánchez y su par de Brasil, Luiz Inacio Lula Da Silva como principales protagonistas.

El bloque progresista en Barcelona se constituyó como una coalición político-social que articula una triple agenda integrada. Por un lado, constituye una plataforma basada en la redistribución de la riqueza, la ampliación de derechos civiles y el cumplimiento de la Agenda 2030 como hoja de ruta hacia la sostenibilidad. En el plano geopolítico, actúa como un contrapeso frontal al intento de la órbita trumpista de alinear a Estados Unidos con Rusia e Israel mientras disciplina a América Latina, buscando en cambio márgenes de autonomía estratégica terciando con China sin someterse a sus intereses. Por último, en cuanto al escenario multilateral, apuesta por revivir y dar continuidad a los espacios de gobernanza global —ONU, OMC, OMS, acuerdos climáticos—, aunque planteando reformas profundas que los hagan más inclusivos, efectivos y democráticos frente al unilateralismo creciente.

Bajo esta impronta, Sánchez y Lula fueron las cabezas de la cumbre bilateral España-Brasil del viernes 17 en el palacio Pedralbes, en la que participaron los gabinetes ministeriales de ambos países para intercambiar políticas y estrategias de gobierno conjuntas frente a los desafíos globales y el asedio de las derechas internacionales. De ella se concretaron acuerdos de colaboración económica y en las áreas sociales tecnológicas y digitales.

El sábado se desarrolló también en Barcelona la IV Reunión en Defensa de la Democracia, con el protagonismo de Sánchez y del presidente del Brasil. En ella participaron mandatarios de más de 20 países entre quienes se destacaron la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, Gustavo Petro de Colombia, Cyril Ramaphosa (presidente de Sudáfrica), Yamandú Orsi (presidente de Uruguay) Catherine Connolly (presidenta de Irlanda) David Lammy (viceprimer ministro del Reino Unido) José Maria Neves (presidente de Cabo Verde) y António Costa (presidente del Consejo Europeo) entre otros.

En paralelo, esos días 17 y 18 de abril se llevó a cabo la Global Progressive Mobilisation (GPM) que convocó a más de 100 partidos y organizaciones sindicales, sociales y académicas de la socialdemocracia y el progresismo de los cinco continentes del globo. La iniciativa estuvo impulsada por el presidente de España, Pedro Sánchez (quien comanda la Internacional Socialista), junto al presidente del Partido Socialista Europeo (PES), Stefan Löfven.

Durante ambas jornadas alrededor de 7 mil participantes intervinieron en paneles de discusión, encuentros y actividades de debate frente al inestable escenario internacional y la irrupción de las derechas globales que vienen a romper el consenso multilateral de la posguerra. En ese aspecto, más que el clivaje entre izquierda y derecha, lo que el espacio viene a plantear es el de democracia o autoritarismo, de allí su amplitud pero también sus limitaciones. En todas las actividades se denunciaron las intervenciones militares que están diezmando a la población en Gaza, Cisjordania, Líbano, Irán o Ucrania, como mayores expresiones de la guerra y el uso de la fuerza para dirimir los conflictos políticos.

Pedro Sánchez comienza a expresar un nuevo consenso europeo de diferenciación con respecto a la estrategia de Trump al negarse a apoyar la logística de los EEUU para escalar el conflicto que inició junto a Israel en Irán, de la misma forma en que lo había hecho con la negativa a establecer el 5% del PBI para armamento que exigió Washington a los países de la OTAN. En esa misma lógica se inscriben las críticas europeas a la iniciativa de Trump en Groenlandia y los intentos de acuerdo con Vladimir Putin respecto de Ucrania. Como corolario, esta semana el mandatario español también pedirá que la UE rompa el acuerdo con Israel hasta que deje de asediar a las poblaciones en la Franja de Gaza, Cisjordania y el sur del Líbano.

La IV Reunión en Defensa de la Democracia del sábado estuvo atravesada por 3 ejes de acción: la defensa del multilateralismo, la gobernanza digital frente a la desinformación y la lucha contra la desigualdad. En cuanto a este último punto, Lula fue contundente ¨No hay transformación real sin justicia social. No hay justicia social sin democracia. Debemos volver a creer en la organización de la sociedad civil, los movimientos sociales y los sindicatos. El lanzamiento de la Global Progressive Mobilisation es esencial para fortalecer nuestra lucha por la justicia social, la democracia y un futuro sostenible en Europa y en el mundo”. En estas palabras se encuentran los límites que han tenido las fuerzas progresistas, que en muchos casos se han encorsetado dentro del discurso neoliberal y las políticas de austeridad que se tradujeron en el descontento de la ciudadanía y el ascenso de las derechas antisistema. El desafío del progresismo está en incorporar a las luchas por el reconocimiento de minorías y sectores excluidos la lucha por la justicia social de los sectores populares, sin lo cual el proyecto cae en un discurso vacío que incluso puede ser absorbido por el “neoliberalismo progresista” como el que describe Nancy Fraser.  En este sentido se avanzó en la creación del Consejo global para una economía del bien Común, coordinado por la economista Mariana Mazzucato, que reeditaría el impulso a la coalición internacional por una mayor tributación de los mil millonarios que ya ha presentado propuestas en el G20.

Otro eje central del encuentro fue el de fortalecer un nuevo sistema multilateral que realmente aporte a la gobernabilidad mundial, ya que la ONU se ha manifestado impotente en resolver los conflictos internacionales frente a las medidas unilaterales impulsadas por Donald Trump o Benjamín Netanyahu en Medio Oriente. La propuesta del espacio es reconvertir la arquitectura de la ONU y su Consejo de Seguridad, sumando a una mujer al frente del organismo. En ese marco, también se muestran limitaciones ya que los cambios institucionales per se no resuelven los conflictos en la política internacional. En el nuevo escenario internacional cada vez se hace más presente el mero uso de la fuerza para dirimir conflictos y se ha reiniciado una carrera armamentista en un nuevo equilibrio de poder inestable y plagado de incertidumbre. Como plantea Giuliano Da Empoli en “La era de los depredadores” son las elites tecnológicas y las derechas quienes promueven el caos, los discursos de odio y los enfrentamientos para romper reglas que obstaculizan sus impulsos de apropiarse de todo.

Frente a ello, es fundamental fortalecer las luchas políticas en cada uno de los países y la coordinación internacional para poner límites a la voracidad de estas nuevas elites, pero además es central la construcción de alternativas que mejoren concretamente la calidad de vida de las poblaciones para que no caigan en la llamada “insatisfacción democrática”. Para ello es también necesario enfrentar los procesos de persecución mediático-judicial a los dirigentes populares como los que han sufrido Lula, Cristina Fernández de Kirchner y muchos otros dirigentes populares de América Latina. Por lo dicho durante el encuentro se impulsó la campaña Cristina Libre, que fue apoyada por Lula, Gustavo Petro y la presidenta de México Claudia Sheinbaum, entre otros mandatarios y personalidades. México es una referencia obligada en cuanto a la transformación del Poder Judicial, con una reforma que ha democratizado el organismo de manera ejemplar. Sheinbaum también se ha ofrecido como anfitriona de la próxima Reunión en Defensa de la Democracia para continuar fortaleciendo la construcción de políticas que fortalezcan la democracia, la justicia social, el multilateralismo y la gobernanza digital frente a la desinformación y los discursos de odio.

Entre la delegación argentina al encuentro se destacó la del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kiciloff, quien junto a una comitiva mantuvo reuniones con empresarios en Madrid, con la ministra de trabajo y economía social de España, Yolanda Díaz, y con el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni. La provincia de Buenos Aires es el principal bastión del peronismo y ha sido fuertemente atacada por el gobierno libertario de Milei. La búsqueda de inversiones y políticas públicas alternativas es uno de los motivos de la presencia del gobernador en las cumbres. También participaron desde la Argentina referentes del peronismo como el senador Eduardo Wado De Pedro y los diputados Lucía Cámpora, Nicolás Trotta y Eduardo Valdéz, entre otros quienes impulsaron la campaña Cristina Libre y coordinaron agendas con legisladores en la cumbre.

Compartir este artículo
Dejanos tu comentario