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Elecciones en Hungría: Magyar vence a Orbán y cambia su política frente a Europa

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Las elecciones de este domingo 12 de abril en Hungría implicaron un punto de inflexión en el país del centro de Europa que congrega a casi 10 millones de habitantes. El resultado en los comicios implicó un contundente cambio político con la derrota del primer ministro Viktor Orbán a manos del partido opositor Tisza (Respeto y Libertad), de Peter Magyar, que con el 53,62% de los votos alcanzó 138 diputados de los 199 de la Asamblea Nacional. Esto constituye una mayoría superior a los dos tercios que habilita reformas constitucionales. Mientras tanto, el partido de gobierno Fidesz (Unión Cívica Húngara) ha retrocedido hasta obtener el 37,79% quedándose tan sólo 55 escaños. La participación electoral en los comicios alcanzó el récord histórico del 77,8% de los 7 millones y medio de votantes habilitados.

A pesar que los porcentajes generales a nivel nacional no muestran tanta diferencia entre el 53 % de Peter Magyar y Tisza con respecto al 37 % de Fidesz y Orbán, la gran brecha de escaños que el vencedor le sacó al partido de gobierno se debe al sistema mixto de asignación de cargos. De los 199 diputados a la asamblea nacional se eligen 106 en circunscripciones uninominales por mayoría simple. Allí se explica la gran diferencia lograda por Tisza en el parlamento, ya que logró la victoria en la mayoría de las circunscripciones. Los restantes 93 cargos se eligen bajo el sistema de proporcionalidad en listas nacionales, donde también gano la fuerza de Magyar pero con una brecha menor frente al oficialismo.

El candidato vencedor, si bien se declara conservador y nacionalista, ha prometido el realineamiento de Budapest con la Unión Europea, habilitando la política común del bloque de continuar con el apoyo a Kiev en la guerra frente a Rusia. Es por ello que la derrota de Viktor Orbán, luego de 16 años de gobierno, implica un cambio sustancial dentro del concierto europeo.

Hasta el momento, Hungría era el país que desde dentro de la Unión Europea sostenía una política nacionalista, con la crítica a las políticas de Bruselas frente Rusia en la guerra en Ucrania, las políticas migratorias y la injerencia en los asuntos internos de los países miembros del bloque. De esta forma Orbán se había convertido en el referente de la derecha euroescéptica que cuestionaba el alineamiento de la UE a las determinaciones de Estados Unidos y la OTAN con el avance de la alianza militar hacia el este, en clara confrontación con Rusia. Como derivación de esa estrategia se desató la guerra en Ucrania que provocó el desacople de Rusia con Europa, generando la crisis energética y alimentaria con el incremento del precio de esos commodities, la inflación y el deterioro en la calidad de vida de las poblaciones europeas. Como país mediterráneo, Hungría no posee salida al mar y es fuertemente dependiente de los gasoductos provenientes de Rusia para abastecerse de energía. Esa limitante también es el motivo por el cual pregona por una resolución del conflicto militar con el Kremlin y se ha negado en financiar recursos para Ucrania en la prolongación de la guerra.

En este escenario se dirimió una elección en la que se jugaron los apoyos internacionales tanto para el bando de los llamados atlantistas o globalistas, por un lado, y los nacionalistas o soberanistas por el otro. Entre los primeros se encuentran los países europeos que entraron a la guerra en Ucrania bajo la estrategia de Joe Biden, mientras que en el bando de los soberanistas o aislacionistas se encuentra el gobierno de Donald Trump, Vladimir Putin y aquellos dirigentes conservadores que desconfían de la globalización neoliberal.

El resultado fue contundente: la ciudadanía optó por un candidato que, si bien se manifiesta como de centro derecha y fue parte del partido de gobierno hasta el 2024, se ha reconvertido alineándose al bloque europeo. La victoria de Magyar se explica también por las campañas internas e internacionales en rechazo a las políticas conservadoras de Orbán, tales como las leyes anti derechos lgtb+, la libertad de prensa y expresión, las políticas inti inmigrantes y las denuncias de corrupción y connivencia entre el poder político, judicial y económico.

Pero de todas formas, no está claro que el próximo gobierno de Peter Magyar avance en esas agendas que fueron desplazadas en lo que se ha llamado la democracia iliberal de Orbán. El próximo primer ministro también se define como conservador, sólo que ha planteado el alineamiento con Bruselas para recibir los fondos que el bloque le ha denegado a Orbán por bloquear el apoyo financiero de 90 mil millones de euros para que Ucrania destine a la guerra con Rusia. Magyar contará con la mayoría suficiente como para realizar reformas institucionales y designar funcionarios en puestos clave, por lo que cuenta con un amplio margen de maniobra para llevar adelante su gobierno. Queda por verse cómo lo utilizará en el plano nacional más allá del nuevo alineamiento en el plano europeo e internacional.

Por diversas razones, en el plano geopolítico, han perdido un aliado tanto el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, como el de la Federación Rusa, Vladimir Putin. En cuanto al primero, porque Trump intenta recentrar a Estados Unidos como la potencia mundial en base a su poderío militar y económico por fuera de las instituciones multilaterales devenidas luego de la segunda guerra mundial que constituyen “el orden basado en reglas”. En ese marco, Orbán era un aliado que se referenciaba en el nacionalismo soberanista por encima de los organismos multilaterales occidentales como la Unión Europea. Por el lado de Vladimir Putin, su política de articulación con los países emergentes como los enmarcados dentro de los BRICS bajo la hegemonía de China, se orienta a la construcción de un nuevo orden alternativo al atlantista con un mayor peso de estos nuevos estados. Orbán también era un aliado en esta estrategia frente al bloque globalista.

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