Mirada Multipolar | La bolsa o la vida, el dilema de las patentes de las vacunas

por Sebastián Tapia

La tarde del 5 de Mayo trajo una buena noticia para la Humanidad. El gobierno de Joseph Biden, a través de la Representante Comercial Katherine Tai, comunicó que apoyará el proyecto de suspender la aplicación de las patentes a las vacunas para la COVID-19 mientras dure la pandemia. Falta mucho para que esto suceda, pero que un país con una industria farmacológica tan importante como la estadounidense apoye esta medida, es un paso adelante. Pero no es el primero ni el único.

La propuesta

El 1° de Octubre de 2020, la India y Sudáfrica presentaron un comunicado conjunto a la Organización Mundial de Comercio (OMC) buscando la suspensión de las patentes que protegen la propiedad intelectual de las vacunas contra la COVID-19. En su reclamo, estos países sostienen que:

“Más allá de las patentes, otros derechos de propiedad intelectual también pueden representar una barrera, con opciones limitadas para superar esas barreras. Además, muchos países, especialmente los países en desarrollo, pueden enfrentar dificultades institucionales y legales al utilizar las flexibilidades disponibles en el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (Acuerdo sobre los ADPIC) ”

La Declaración de Doha establece que los Estados tienen derecho a ciertas salvaguardas para proteger la  salud pública. Pueden otorgar licencias obligatorias, permitiendo que un producto sea producido en el país sin el consentimiento del dueño de la patente, o realizar importaciones paralelas, que son aquellas realizadas sin la aprobación de quien tiene la patente. Sin embargo, se debe compensar económicamente al dueño de la patente y los Estados deben cumplir unos cuantos requerimientos técnicos para aplicar esta decisión.

La suspensión en conjunto de todas las patentes de vacunas para la COViD-19, dictada por la OMC, haría más simple la producción de vacunas en terceros países, sin necesidad de compensar económicamente a los dueños de patentes.

Aquellos a favor

Desde que India y Sudáfrica comenzaron la discusión en la OMC, varios países han apoyado la petición, aunque no hayan liberado unilateralmente las patentes. Ejemplo de esto es China, cuyo presidente, Xi Jinping, en en el Encuentro Virtual del Foro Económico Mundial de la Agenda de Davos 2020 dijo:  

“Hemos de fortalecer especialmente la cooperación en la investigación, el desarrollo, la producción y la distribución de las vacunas para que sean bienes públicos globales accesibles y asequibles para todos los pueblos.

Rusia es otro país que ha apoyado la idea que las vacunas sean bienes públicos globales desde el principio, pero no está dispuesta a relegar sus patentes si otros no lo hacen. Mientras tanto, exporta vacunas a decenas de países, creó la sputnik light como vacuna para la exportación y transfiere tecnología a terceros países para la producción de sus vacunas. El acuerdo entre los laboratorios Richmond de Argentina y el Instituto Gamaleya, desarrollador de Sputnik V en Rusia, son un claro ejemplo. Además, cuando el tema de las patentes volvió a la escena internacional tras el comunicado estadounidense, Vladimir Putin declaró que:

“Por supuesto, Rusia apoyaría ese enfoque, teniendo en cuenta que en la situación actual […] no debemos pensar en cómo obtener los máximos beneficios, sino en cómo proteger la seguridad de las personas”

Europa, en cambio, respondió de manera confusa. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, al escuchar sobre la noticia del apoyo estadounidense a la propuesta india y sudafricana dijo:

“La UE está lista para conversar sobre cualquier propuesta que responda a la crisis de forma efectiva y pragmática. Y por eso estamos listos para hablar sobre cómo el levantamiento de la propiedad intelectual puede ayudar en alcanzar ese objetivo”

Discutir. Porque no está claro para ellos. Ya el mes pasado, el portavoz de la Comisión Europea, Balazs Ujvari, explicó que para ellos “los problemas de acceso a vacunas no se resolverán suspendiendo las patentes. Están relacionados con una insuficiente capacidad de producción para fabricar las cantidades necesarias”. No queda claro quién invertiría en la producción de un producto que no tiene la patente para producirlo. La liberación de patentes sería el primer paso para poder aumentar esa producción.

Pero más allá de la dudosa posición de la Comisión Europea sobre las patentes, igualmente se resaltó que el continente ha exportado 200 millones de dosis, la misma cantidad de la otorgada a los ciudadanos europeos. Lo que Ursula no dijo es que muchas de ellas son vacunas de AstraZeneca que algunos países de la Unión se rehúsan a aceptar para sus planes de vacunación.

A términos individuales, hay países europeos que salieron a defender la posición de suspensión de las patentes. El presidente francés, Emmanuel Macron, dijo “Estoy completamente a favor de la liberación de la propiedad intelectual”.

Desde Italia, el primer ministro Mario Draghi se sumó al respaldo:

“Las vacunas son un bien común mundial. Incrementar su producción, garantizar su seguridad y derribar los obstáculos que limitan las campañas de vacunación es una prioridad”

Mientras que el ministro de sanidad italiano, Roberto Speranza, agregó que “el avance de Biden sobre el acceso libre a las patentes de vacunas para todos es un importante paso adelante. Europa también tiene que desempeñar su papel”.

En España, la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, explicó la necesidad de la medida:

“Es la respuesta que requiere una crisis sanitaria así porque o nos salvamos todos o no se salva nadie. Si en el mundo no estamos todos vacunados, no nos salvaremos”

Pero no sólo los gobiernos están a favor de la idea. El laboratorio Moderna, que produce una vacuna contra la COVID-19 de alta tecnología basada en ARN mensajero, voluntariamente suspendió la aplicación de sus patentes durante la pandemia. Noubar Afeyan, uno de sus fundadores, explicó en una entrevista a BBC que:

“declaramos públicamente que voluntariamente no exigiríamos el cumplimiento de ninguna de nuestras patentes durante la pandemia a nadie que esté haciendo una vacuna. Punto. (…) No podemos imaginar a las empresas haciendo valer sus patentes durante una pandemia.” 

Hay que tener en cuenta que el desarrollo de esta vacuna se hizo en gran parte con dinero público estadounidense a partir del programa “Warp Speed” y está sujeto a la potestad del gobierno estadounidense a liberar su patente en ese territorio.

Argentina es un defensor de la liberación de patentes desde el principio. Ante la OMC, el embajador argentino, Federico Villegas Beltrán, presentó la posición argentina diciendo que:

“Las vacunas deben ser bienes públicos globales, con el objetivo de que todas las poblaciones tengan un acceso equitativo a este insumo y a las innovaciones médicas surgidas para hacer frente a la pandemia”

También, el presidente argentino, Alberto Fernández, recordó que:

“Desde un principio, incluso en el G20, he remarcado que es imperioso que las vacunas sean un bien público global. Reitero nuestro compromiso con promover un sistema efectivo de concesión de licencias que reconozca las patentes, pero que garantice la oferta global de vacunas”

Pero lo más importante es que, de acuerdo al estudio “La Argentina ante un mundo en Pandemia” realizado por el Observatorio del Sur Global y la consultora Analogías, el 79,4% de los encuestados en el Área Metropolitana de Buenos Aires cree que las vacunas se tendrían que producir libres de patentes en el mundo para que lleguen a todos los que las necesitan.

Aquellos en contra

Obviamente, la Federación Internacional de la Industria Farmacéutica (IFPMA) se opone a la liberación de patentes. De acuerdo con un comunicado de la organizació:

“Estamos totalmente alineados con el objetivo de que las vacunas Covid 19 se compartan de forma rápida y equitativa en todo el mundo. Pero, como seguimos diciendo, una suspensión es la respuesta simple pero equivocada a un problema complejo”

Sostienen que el verdadero problema está en la línea de suministros a escala global, que por más que se liberen las patentes no sería suficiente para aumentar la producción en todos los países.

Si bien hay varias potencias mundiales que en la OMC rechazan la propuesta de India y Sudáfrica, como Japón, Australia, Gran Bretaña y casi toda Europa, fue el gobierno de Alemania que salió a oponerse públicamente a la liberación de las patentes.

Tras la reciente cumbre de líderes europeos, la Canciller alemana, Angela Merkel, fue tajante en su definición:

“No creo que la suspensión de las patentes sea la solución para que haya vacunas para más personas (…) La creatividad y la innovación de las empresas son necesarias y para mí eso incluye a las patentes”

También aprovechó para criticar la política estadounidense sobre las vacunas, que ahora promueve la liberación de patentes ya que el programa de vacunación en los Estados Unidos está avanzado y se han asegurado las dosis. En sus palabras:

“Ahora que gran parte de la población estadounidense está vacunada, deseo que podamos tener un libre intercambio de componentes y también una apertura del mercado de vacunas”

Intereses en juego

Hay motivos suficientes para oponerse a la liberación de las patentes. Y esos motivos son principalmente económicos.  De acuerdo al New York Times, Pfizer obtuvo ingresos por 3500 millones de dólares sólo en el primer trimestre del 2021 por su vacuna contra la COVID-19. Siendo que han declarado que su margen de gancia se encuentra en más de 20%, se calcula que obtuvo 900 millones de dólares de ganancia antes de impuestos EN TRES MESES.

Y aquí se marcan las diferencias con otros laboratorios. Como dijimos anteriormente, Moderna apoya la liberación de patentes. El instituto Gamaleya es un ente gubernamental, fuera de la lógica de mercado. Lo mismos sucede con los desarrollos chinos, a través de sus universidades. Johnson & Johnson y AstraZeneca prometieron vender sus vacunas al costo durante la pandemia, esperando hacer una gancia luego o con otros productos.

Pfizer, si bien es norteamericana, se mantuvo fuera del programa “Warp Speed” y desarrolló su vacuna sin fondos públicos estadounidenses. Pero su socio alemán, BioNTech, sí recibió fondos federales alemanes. Además, tanto la vacuna de Pfizer como la de Moderna, basadas en ARN mensajero, fueron posibles a través de una patente desarrollada por un instituto público, el National Institutes of Health – que recibe fondos públicos.

Además Pfizer ha donado menos del 2% de su producción al sistema COVAX de distribución mundial de vacunas a los países de menores ingresos. Y prefiere acordar con cada país, exigiendo condiciones leoninas, como hemos visto en Brasil y Argentina

No es problema que Estados Unidos apoye la liberación de las patentes, mientras Alemania las siga protegiendo. En la OMC es necesario que los 164 miembros estén de acuerdo para que suceda la liberación. Pfizer, a través de la protección alemana a sus socios de BioNTech, mantiene garantizadas sus ganancias.

Mucho queda para aprender de Jonas Salk y Albert Sabin, que renunciaron a sus derechos de patentes y perdieron miles de millones de dólares en posibles ganancias, pero permitieron la erradicación de una enfermedad tan grave como la Poliomielitis. Todavía es posible lograr lo mismo con la COVID-19, si prima el interés por la vida por sobre el dinero.

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