La UE busca el liderazgo con el Pacto Verde, pero podría conducir al proteccionismo para los “países de la periferia”

por Fernanda Paixão para Brasil de Fato

En un contexto donde la crisis climática obliga a nuestras sociedades a revisar modelos de producción y consumo, la cooperación, los pactos y los acuerdos comerciales internacionales juegan un papel decisivo en el logro de las metas propuestas por el IPCC (Panel Intergubernamental de Política de Cambio Climático de la ONU).

El informe destaca, por ejemplo, que debemos tomar medidas inmediatas para limitar el calentamiento global a 1,5°C o 2°C para evitar catástrofes medioambientales.

El tema adquiere cierto nivel de complejidad al pensar en cómo los países deben adoptar posturas y estándares para cumplir objetivos como la reducción de emisiones de carbono, dadas las grandes asimetrías económicas que existen, por ejemplo, entre los países que integran el Mercosur y la Unión Europea (UE).

Desafíos para la cooperación global ante la crisis climática

Esta semana, especialistas se reunieron para debatir el tema en una mesa virtual promovida por el Observatorio de Regionalismos.

Como destacan los exponentes europeos, la UE ha sido pionera en la taxonomía medioambiental para la regulación de las finanzas sostenibles y busca ser líder en políticas medioambientales.

En gran parte, los logros del bloque se explican por la fuerza de los partidos verdes y los movimientos por la justicia climática, que culminaron en el llamado Pacto Verde, una propuesta de la UE para convertirse en la primera zona climáticamente neutra para 2050.

Su enfoque en los acuerdos con otros países puede, por tanto, servir de modelo, como defiende el experto en relaciones internacionales José Antonio Sanahuja, director de la Fundación Carolina, en Madrid.

“En estas conexiones entre comercio y sostenibilidad, es fundamental establecer un impuesto a las importaciones de carbono en las fronteras exteriores de la Unión. Esto también es un incentivo para que se establezcan sistemas similares en otros países o incluso a escala global”, enfatiza. “Ya se está considerando la posibilidad de que este sea el elemento más importante para lograr la neutralidad climática”, dice Sanahuja.

Según el especialista en relaciones internacionales, existe un incentivo por parte del bloque para que Estados Unidos y China también se sumen al mecanismo, señalando que este último sería un país particularmente afectado por la tasa de emisiones de carbono. China financia el 70% de las plantas de carbono del mundo, según datos del Instituto Nacional de Finanzas Verdes, publicados por Bloomberg.

Esta semana, en la Asamblea de la ONU, el presidente chino, Xi Jinping, anunció que el país suspenderá la participación en inversiones en plantas de carbono en el extranjero. La vicepresidenta de clima y economía del Instituto de Recursos Mundiales, Helen Mountford, dijo que la decisión sería un importante punto de inflexión histórico en una entrevista con la agencia AFP.

“La promesa de China muestra que se está borrando la manguera de la financiación pública internacional del carbono”, dijo.

En este sentido, María Eva Carballera, funcionaria de la Comisión Europea, entidad encargada de establecer las reglas de los acuerdos comerciales, enfatiza que los acuerdos comerciales son oportunidades para asegurar, por ejemplo, que se cumplan las metas del Acuerdo de París, aunque el los países involucrados en la negociación no forman parte del Acuerdo.

“La política comercial es un instrumento para promover nuestra acción climática”, dice Carballera, quien dirige la unidad de gestión de las relaciones comerciales entre la UE y América Latina.

Tenemos acuerdos con todos los países de la región, excepto Bolivia y Venezuela. Para nosotros es una gran oportunidad porque es un mercado muy protegido, siempre lo ha sido, y también es una oportunidad para la región porque el acuerdo es una posibilidad de reformar sus economías e introducir una plataforma para continuar con nuestra política de desarrollo sostenible ”.

La otra faceta del planeta: los acuerdos comerciales

La UE busca ser líder en los acuerdos climáticos y, con sus acuerdos, expandir su influencia en otras regiones, pero el acuerdo comercial no resuelto de 20 años con Mercosur entra en juego como contraste con las políticas relacionadas con el clima.

Mariana Vázquez, profesora de Integración Regional y Política Internacional de la Universidad de Buenos Aires y ex funcionaria del Mercosur, señaló que, incluso ante un tema ineludible como es la crisis climática, no se debe descuidar el problema de las asimetrías entre regiones para afrontar un acuerdo de esa magnitud.

“Si bien la dimensión geopolítica y el sistema comercial multilateral se han transformado en estos 20 años, las asimetrías y dificultades estructurales en América Latina y el Caribe se han incrementado”, destaca Vázquez. “Los cambios políticos en Argentina, con la llegada de Mauricio Macri como presidente, y en Brasil, con Michel Temer y Jair Bolsonaro, explican los avances del acuerdo con la UE en 2019”.

Para la profesora, el acuerdo profundiza el lugar de los países de América Latina y el Caribe como exportadores de materias primas, algo que ella denomina “primarización”. “Hay una retroalimentación viciosa ya que la primarización está vinculada con el aumento de los lazos comerciales con socios extrarregionales, donde el bloque exporta productos primarios, principalmente a China”.

Según la CEPAL, en 2020 las exportaciones de la región latinoamericana fueron del 70,8%, cifra que, como señala Vázquez, es la más alta desde la creación del Mercosur. Esto se explica por la recuperación acelerada de China, el mayor socio comercial del bloque, durante el primer año de la pandemia del covid-19.

¿Acuerdos ambientales como nuevo proteccionismo?

La ex funcionaria del Mercosur forma parte, con el Observatorio del Sur Global, de un equipo de investigación que ha estado analizando los numerosos estudios que se han realizado durante estas dos décadas sobre el acuerdo entre la UE y Mercosur. El proyecto evaluó 35 estudios utilizando diferentes metodologías, incluidos los encargados por la propia Comisión Europea.

“Estamos realizando un estudio de impacto específico en la provincia de Buenos Aires, la más importante del país en cuanto a economía, industrialización, empleo, etc. Hay consenso en lo que se profundizaría con el acuerdo: ruptura de cadenas regionales, mayor primarización, pérdida de empleo, mayor dependencia productiva y tecnológica, deterioro del dinamismo y, como consecuencia, mayor vulnerabilidad externa ”, enumera.

“Sin negar la relevancia de la crisis ambiental y la urgente necesidad de buscar una respuesta cooperativa global en este sentido, el marco de acuerdos verdes terminaría inscribiendo nuevas normas que, tarde o temprano, se incorporarán al marco legal multilateral, incluso si hoy no es el caso ”, alerta Vázquez.

“Esto conduciría a escenarios de mayor proteccionismo, en este caso verde, mayor expulsión del mercado, dependencia tecnológica para los países periféricos. Esto puede conducir al desarrollo de estas geografías, además del crecimiento económico en sí, la inclusión social, la inestabilidad de los regímenes democráticos ”, concluye.

En este sentido, Sanahuja está de acuerdo. “La forma en que producimos, comercializamos y los requisitos en la UE están cambiando. El gran debate y el desafío es cómo evitar que esto se convierta en un factor de proteccionismo en una generación de normas técnicas que obstaculizan el comercio ”.

En el sentido de cooperación global, la defensa de la democracia aparece como un aspecto transversal. “Las fuerzas de extrema derecha cuestionan lo que llaman globalismo, ya sea Bolsonaro en Brasil, Vox en España u Orbán en Hungría.
El ataque al globalismo es un ataque a las normas multilaterales que amplían nuestros horizontes de progreso en términos de igualdad de género, migración, medio ambiente, derechos humanos. Compartimos este problema, que concierne a la salud de nuestra democracia y al desafío del cambio climático ”
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