Mirada Multipolar | El ascenso de China desde la perspectiva de la economía-mundo

Mirada Multipolar | El ascenso de China desde la perspectiva de la economía-mundo

por Sebastián Tapia

Muchas teorías económicas y políticas trabajan las ideas de ciclos, explican el cambio entre una situación y otra, cómo se mantiene en movimiento un sistema. La teoría de la economía-mundo, cuyo principal exponente es Immanuel Wallerstein, tiene su explicación sobre cómo algunos estados ascienden a una posición privilegiada sobre el resto, para luego darle lugar a otro. Actualmente se reconoce que estamos en un período de transición, en el comienzo de un nuevo ciclo. Pero ¿y si ese ciclo ya ha comenzado y no nos dimos cuenta entonces?

Analicemos el ascenso de China como próxima potencia mundial, desde la perspectiva de la economía-mundo, para ver si se cumplen los postulados de esta teoría.

Objetivos nacionales

En un encuentro con el  Primer Ministro japonés Masayoshi Ohira en 1979, Deng Xiaoping explicó el porqué de su plan de Reforma y Apertura que había iniciado poco meses atrás.  El objetivo era transformar la sociedad china en xiaokangshèhuì,, un viejo concepto de la filosofía confuciana que puede ser traducido como “una sociedad moderadamente rica”. Sostuvo que podría alcanzarse para el año 2000 y que alcanzaría en cuadruplicar el PBI per cápita de entonces.

Este objetivo fue fácilmente alcanzado para la fecha límite, pero las disparidades sociales generada por la apertura económica no se correspondía con este criterio confuciano. El objetivo de reducir esta desigualdad fue rescatado en 2002 por Hu Jintao, con el compromiso de construir una sociedad moderadamente rica en todo sentido. Luego, el Partido Comunista Chino fijó en 2012 un nuevo objetivo para cumplir en 2020: duplicar el PBI de 2010 y no tener más gente viviendo bajo la línea de pobreza.

En Octubre de 2017, Xi Jinping presentó en su informe, una hoja de ruta completa para el desarrollo de China al iniciar el 19° Congreso Nacional. En ese mismo Congreso se incorporó a la Constitución china el “Pensamiento de Xi Jinping para el gran éxito del Socialismo con características chinas de la Nueva Era”. Esta hoja de ruta plantea la construcción de esta Nueva Era a través de una serie de objetivos.

  1. Mantiene el objetivo de construir “una sociedad moderadamente rica en todos los sentidos” para 2020. Coincidiría con el centenario de la fundación del Partido Comunista Chino y sería la culminación de aquel objetivo trazado por Deng.
  2. El segundo objetivo es “construir un país socialista moderno” para 2050. En este caso, coincidiría con el centenario de la Revolución China. Este objetivo se cumpliría en dos etapas
    • 2020-2035: modernizar el país a partir del desarrollo tecnológico, la mejora de las instituciones políticas, la influencia de la cultura china, reducir la disparidad urbano-rural y mejorar las condiciones ecológicas.
    • 2035-2050: construir un país socialista moderno que sea próspero, fuerte, democrático, avanzado culturalmente, armonioso y bello.

Más allá de los deseos del gobierno chino por lograrlo, y es posible que el COVID haya atrasado un poco el primer objetivo, lo importante es el cronograma establecido. Estos hitos coinciden con los ciclos económicos de larga duración, conocidos como ciclos de Kondratieff.

 

Ciclos económicos y ciclos políticos

Nikolai D. Kondratiev (1892-1938), economista ruso, escribió sobre unos ciclos de aproximadamente medio siglo de duración, en los cuales se ve la influencia del desarrollo tecnológico en la economía. Cada ciclo consta de una fase A donde hay gran inversión en una nueva tecnología, lo que trae un período de prosperidad económica, hasta llegar a una sobreproducción que genera otro una recesión. Le sigue una fase B, donde el capital es reorganizado durante una depresión, para dar paso a un período de mejora donde se crea la condición para el desarrollo de una nueva tecnología. (1)

Lo interesante de estos ciclos es que no sólo relacionan tecnología y economía, sino que también se asocian a ciclos políticos. Immanuel Wallerstein asocia un período de dos ciclos de Kondratiev a cada potencia hegemónica, como podemos ver en el gráfico.

¿Pero a qué se refiere Wallerstein con «potencia hegemónica»? Para él, este status lo logra un Estado cuando:

  • Puede imponer las reglas del sistema interestatal
  • Domina la economía mundo (en producción, comercio y finanzas)
  • Obtiene logros políticos con el mínimo uso de la fuerza
  • Formula el lenguaje cultural en el que se discute el mundo

Decadencia estadounidense

En este modelo de análisis sobre las potencias hegemónicas, queda claro que Estados Unidos comienza su decadencia en la fase B del 4° ciclo de Kondratiev. Es decir, a partir de la crisis del petróleo a mediados de los 70’s. Una característica de esa decadencia, según Wallerstein, es la utilización cada vez más frecuente de la fuerza militar para dirimir asuntos políticos en la escena internacional.

El 5° ciclo de Kondratiev, el de ascenso de la nueva potencia hegemónica, comienza entre mediados de los 80’s y principios de los 90’s, a partir del desarrollo de las tecnologías informáticas. Hasta entonces, se consideraba que Estados Unidos podría volver a renovar su liderazgo mundial, recuperar su ciclo hegemónico. Sin embargo, el mismo triunfo en la Guerra Fría, marcó definitivamente su decadencia. A partir del desafío presentado por Saddam Hussein en la Guerra del Golfo Pérsico, la solución estadounidense a los problemas mundiales fue siempre a partir de una respuesta militar. La Guerra contra el Terrorismo no hizo más que resaltar este principio. (2)

A mediados de los años 90’s, Wallerstein sostenía que había dos grandes contendientes por la hegemonía mundial: El tecnológicamente desarrollado Japón y la recién conformada Unión Europea. No contó con que Japón sólo tendría dos años de crecimiento desde los 80’s, a pesar de liderar las tecnologías de la información, ni que la Unión Europea entrara en una crisis de identidad que llevaría a miembros a querer irse voluntariamente de ella.

 

El ascenso de China

La fase A del 5° ciclo de Kondratiev, podríamos fecharla de 1990 a 2020. Es decir, desde el fin de la Guerra Fría hasta la crisis mundial del COVID-19. Este período tuvo una fase de prosperidad asociada a la Globalización, de 1990 hasta la crisis económica mundial de 2008, seguida de una fase de recesión, entre esa crisis y la actual.

Con respecto a este modelo de análisis sobre las potencias hegemónicas, esta fase A sería la de ascenso de la nueva potencia. Fuera de la atención mundial, China creció a tasas de dos dígitos, se consolidó como segundo productor mundial – aunque primero desde 2016 según poder adquisitivo – y promueve un proyecto global de desarrollo comercial y productivo a través de la Franja y la Ruta.

No sólo China logra, o casi, su objetivo nacional de construir una «sociedad moderadamente rica en todo sentido» al finalizar esta fase, sino que también cumple gran parte de los criterios de Wallerstein para ser una potencia hegemónica. Si bien le queda trabajo en el dominio de las finanzas mundiales, claramente lidera la producción y la comercialización. Tiene una influencia creciente en los organismos internacionales multilaterales y ejerce una influencia cultural cada vez más grande.

 

¿Qué se espera ahora?

La fase B del 5° ciclo de Kondratiev coincide con la búsqueda del segundo objetivo nacional chino, la construcción de un país socialista moderno. La depresión mundial iniciada por el COVID-19, le permitirá a China reorganizar el sistema productivo mundial en función de sus propias necesidades. Así llegará la fase de mejora, en la cual se consolidará como potencia hegemónica mundial y dará paso al 6° ciclo de Kondratiev a partir de nueva tecnología desarrollada en base a esa realidad económica y política.

Wallerstein, en un comentario de 2017, finalmente acepta que China puede cumplir este rol de potencia hegemónica reemplazando a los Estados Unidos. Sin embargo, sostiene que a esta transición hegemónicas se le superpone una crisis del sistema de la economía-mundo, es decir, una crisis del sistema capitalista. Examina la posibilidad que surja para entonces un sistema alternativo al capitalista a nivel mundial.

Es difícil decir si la dirección del Partido Comunista Chino elaboró su plan de desarrollo nacional considerando los ciclos de Kondratiev. O si Deng los tuvo en cuenta cuando pensó en la construcción de una sociedad moderadamente rica. Pero lo que esta teoría deja en claro es que por más que Trump ahora busque contener o frenar el ascenso de China como potencia mundial, ésta era una decisión que Estados Unidos debía haber tomado 30 años atrás. Y nos hace preguntar, si esto es inevitable, cómo adoptamos esta teoría en la formulación de nuestra política exterior.

 

Referencias:

(1) Taylor, P. (2002) “Geografía política. Economía-mundo, Estado Nación y localidad”. Trama Editorial. Madrid. Página 25.
(2) Wallerstein, I. (2000) “The Essential Wallerstein”. The New Press. Nueva York. Páginas 400-401.

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