Mirada Multipolar | EEUU y sus socios: grietas en la arquitectura del poder occidental

por Sebastián Tapia

La llegada de Trump al gobierno implicó una retracción del rol hegemónico de Estados Unidos en el marco de una redefinición de la geometría del poder global. El desempeño de EEUU durante la pandemia profundiza esta percepción. Si bien la tendencia al declive de esta hegemonía responde para algunos analistas a razones estructurales, está claro que, más allá de la aplicación de sanciones económicas en aquellos escenarios puntuales en que se definen sus intereses como Cuba, Venezuela, Irán, China o Corea del Norte, la capacidad de liderazgo norteamericana está dañada. En ese marco, las actitudes de Trump y su gobierno comienzan a afectar a la arquitectura misma del poder occidental ¿Qué pasa cuando los antiguos socios y aliados comienzan a ver que hacia dónde va el mundo no necesariamente es hacia el Atlántico Norte?

Mucho tiempo ha pasado ya desde las épocas en que el gobierno de Washington podía desafiar al conjunto de Naciones Unidas reuniendo 48 países en una “Coalición de la Voluntad” para invadir y ocupar Irak. Es verdad que todavía le quedan fuertes aliados como el Reino Unido, Israel o Japón, pero otros aliados buscan una mayor independencia en su política exterior – especialmente al definir quiénes son sus enemigos.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte

La mayor organización militar del mundo es una vieja reliquia de la Guerra Fría. Buscó actualizar su propósito en el nuevo milenio al transformarse para la lucha contra el terrorismo, pero sin grandes éxitos. Con el surgir de una nueva Guerra Fría, esta vez unificando las amenazas de Rusia y China contra “el orden internacional basado en reglas”, la Alianza Atlántica podría recuperar su viejo lustre. Sin embargo, al interior de la septuagenaria organización no hay unidad sobre el futuro de la alianza:

  • Estados Unidos, capaz de seguir su política exterior de manera unilateral, desea reducir el costo de mantener la organización pero sin perder su influencia sobre sus aliados europeos.
  • Canadá y el Reino Unido, los miembros de la OTAN cuya política exterior está directamente asociada a la de EEUU y proponen continuar con la organización en los términos en que está
  • Los países bálticos y Polonia, miembros de la OTAN que sostienen a Rusia como principal amenaza y esperan un mayor involucramiento de la Alianza para mantener su integridad territorial
  • Francia y Alemania, son miembros de la OTAN y no desean cortar la relación histórica con los Estados Unidos. Pero buscan que Europa mantenga una política exterior más independiente, que refleje los intereses propios europeos, y han llegado a proponer la creación de un Ejército Europeo independiente de la OTAN.

La obsesión de la administración Trump por reducir los gastos militares estadounidenses en la defensa de Europa ha llevado a tensar la relación con varios aliados europeos, pero principalmente con Alemania.

 

Frau Merkel mira al Este

El principal reclamo que Trump le hace a Alemania, y a otros grandes países europeos como Francia, es que no cumple con el compromiso de la OTAN de elevar la inversión en defensa al 2% de su PBI. Por este motivo, el 29 de Julio el secretario de Defensa de EE.UU., Mark Esper, anunció que Washington comenzará a retirar unos 12.000 soldados de Alemania para reubicarlos en otros países europeos. El argumento de Trump es que EEUU invierte en proteger a Alemania de Rusia, mientras que Alemania le compra gas a Rusia.

Estados Unidos nunca se fue de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. Aún hoy mantiene más de 35.000 soldados en varias bases en todo el país. El plan presentado consiste en enviar estos 12.000 soldados más al Este, por un lado a Polonia y los Estados Bálticos, por otro Italia y la costa del Mar Negro, y así tener un máximo de 25.000 en Alemania. Pero no es sólo cuestión de mover tropas, sino que además EEUU llevará de Alemania a Bélgica el cuartel general del Comando Europeo (EUCOM) de las fuerzas armadas estadounidenses. El argumento es facilitar la integración de las fuerzas con la OTAN que tiene sede en Bélgica, aunque esto no pareció ser un problema por 70 años. Claramente es una degradación en la relación militar con Alemania.

El plan es consistente con la política exterior estadounidense de las últimas décadas. La expansión de la OTAN al Este, llevando la frontera del conflicto hasta Polonia, la cancelación del tratado INF para permitir la instalación de misiles de corto y medio alcance en Europa y ahora el refuerzo de tropas en las fronteras de Rusia. Todo sea necesario para frenar la amenaza del “expansionismo ruso”.

Pero el gobierno alemán lee esta realidad de manera distinta. A fines de Junio, cuando EEUU ya anunciaba que quitaría tropas de Alemania, Merkel declaró en una entrevista:

“Crecimos con un cierto entendimiento de que Estados Unidos quería ser una potencia mundial. Si Estados Unidos desea retirarse de este papel por su propia voluntad, tendremos que reflexionar sobre eso seriamente”

Merkel parece ver esto como una oportunidad para Europa de pensar y organizar su defensa común por sus propios medios. Y en esto es fundamental la capacidad de definir cuáles son las verdaderas amenazas para Europa, que pueden ser distintas a las amenazas del Atlántico Norte.

La provisión de hidrocarburos es fundamental para la industria alemana. Debido a la imposición de sanciones económicas a Rusia por EEUU a causa de la reintegración de Crimea a su territorio en 2014, la venta de gas ruso a Europa es resistida por muchos países europeos. La principal alternativa es la compra de gas licuado de esquisto proveniente de los Estados Unidos. Esta competencia entre un gas caro transportado en barco a través del océano y uno más barato transportado por gasoductos se sostiene sólo por motivos políticos. Alemania, que ya contaba con un gasoducto directo de Rusia (el Nordstream), decidió poner sus intereses por sobre los de Estados Unidos y acordó la construcción de un segundo gasoducto (Nordstream 2), el cual ya está pronto a concluirse.

El desafío a la política exterior estadounidense, y al comercio de su gas, puede ser el motivo detrás del movimiento de tropas. Pero además, EEUU impuso nuevas sanciones sobre las empresas rusas involucradas en las construcción del Nordstream 2. Ante estas sanciones, Merkel dijo:

“Creemos que este tipo de sanciones extraterritoriales impuestas por los EEUU no están en línea con nuestro entendimiento de la Ley. Tenemos que conceder, sin embargo, que esto hará más difícil el proceso de construcción. Por otro lado, creemos que lo correcto es completar el proyecto y estamos actuando en este sentido.”

En la defensa del interés económico europeo, Alemania no está sola. Dinamarca autorizó recientemente el último tramo de la construcción del Nordstream 2, un permiso demorado por dos años debido a la fuerte carga política de la decisión.

No sólo las sanciones a Rusia son discutidas por miembros de la Unión Europea. El año pasado, la UE aprobó el “estatuto de bloqueo” para crear un sistema de pagos que le permita a las empresas europeas comprar petróleo a Irán salteando las sanciones económicas estadounidenses. En el caso de la lucha entre EEUU y China por el estándar 5G en las comunicaciones, la Unión Europea también busca mantener una posición diferente a la del gobierno de Trump. A pesar de los pedidos estadounidenses a los países europeos para que renuncien a la tecnología china, España avanza con la empresa Huawei y Francia y Alemania se oponen a prohibirlo como proveedor. Sólo el Reino Unido, una vez fuera de la UE, sigue la recomendación estadounidense y expulsó a los proveedores chinos.

Es lógico que el bloque europeo sea reacio a enfrentarse a China, al fin y al cabo Europa es el mercado objetivo del mega proyecto chino de La Franja y la Ruta. Y Alemania juega el papel principal en esta conexión con Oriente. La línea de ferrocarril de cargas Yuxinou une la ciudad china de Chongqing con Duisburgo en Alemania, pasando por Kasajistán, Rusia, Bielorrusia y Polonia. Este puente ferroviario permite el transporte de cargas a mayor velocidad que por barco y está en funcionamiento desde 2014.  Merkel entiende la posición fundamental que Alemania tiene en este esquema comercial, por lo que está proponiendo llevar adelante una cumbre UE-China durante la presidencia alemana del Consejo de la UE.

 

Australia dice “hasta acá”

En Oceanía también están cuestionando si los intereses de los Estados Unidos son los mismos que los suyos. Australia ha sido un importante aliado estadounidense en el Pacífico y es miembro de la alianza de inteligencia de los Cinco Ojos. En política exterior coincide en muchos aspectos con los Estados Unidos: fue parte de la invasión a Afganistán y a Irak, por ejemplo.

Australia cumple un rol especial en la contención de China, según lo plantean los estadounidenses. Sirve de puerto a la flota estadounidense que realiza los “ejercicios de libertad de navegación” en el Mar del Sur de la China y junto a India y Japón completa la estrategia del “Indo-pacífico”. Pero por otro lado, casi la mitad del comercio exterior australiano es con su principal socio comercial: China.

Esta dualidad entre la voluntad política de contener el surgimiento de una nueva potencia mundial y, a la vez, que ésta sea su principal socio comercial, restringe la libertad de acción australiana. Recientemente, a fines de julio, las ministras de exteriores y de defensa de Australia viajaron a EEUU para reunirse con sus pares. En el comunicado final acordaron criticar la situación de los derechos humanos en China y declarar los reclamos marítimos de Beijing en el Mar del Sur de la China como inválidos. Pero los australianos se negaron a confirmar sus dichos con acciones.

Ante la presión estadounidense para que Australia se sume a los “ejercicios de libertad de navegación” en el Mar del Sur de la China, enviando barcos propios, la respuesta fue que no están dispuestos a tanto. De acuerdo a la ministra de exteriores:

“Lo más importante, desde nuestra perspectiva, es que tomamos nuestras decisiones, hacemos nuestros juicios, de acuerdo al interés nacional australiano y sosteniendo nuestra seguridad, nuestra prosperidad y nuestros valores.
Nuestra relación con China es importante y no tenemos intención de dañarla. Pero tampoco tenemos intención de hacer cosas contrarias a nuestros intereses”.

 

Otros ejemplos

Alemania, Australia y la UE son sólo algunos ejemplos de viejos aliados estadounidenses que están reconsiderando la profundidad de su vínculo con la potencia en decadencia. Cabe destacar que el gobierno de Irak, surgido de la misma ocupación estadounidense del país, hoy en día busca poner fin a la presencia de tropas estadounidenses en su país. Desde el asesinato mediante drones del general iraní Qasem Soleimani y del jefe de las Fuerzas de Movilización Popular de Irak, Abu Mahdi al Muhandis en enero del 2020,  el Parlamento Iraquí demanda el fin de la ocupación militar. Incluso las bases militares que alojan a soldados estadounidenses son atacadas con cohetes y morteros regularmente y de manera anónima, buscando la salida de tropas extranjeras.

Turquía es quien quizás esté aprovechando mejor la competencia hegemónica para llevar adelante una política exterior independiente de ambos bloques de esta Nueva Guerra Fría. Siendo miembro de la OTAN, se acerca a Rusia e incluso llega a comprarle sistemas de defensa aérea S-400 para integrarlos a la defensa de su territorio. Este desafío fue castigado por EEUU al expulsar a Turquía del programa de desarrollo del caza F-35 Lightning II. Pero a la vez, Turquía confronta indirectamente con Rusia al apoyar a los rebeldes enemigos del gobierno de Siria, el cual es apoyado por el gobierno de Putin. El presidente Erdogan también estuvo escalando tensiones con sus socios europeos y aliados de la OTAN, especialmente con Grecia. Los motivos de enfrentamiento entre estos países son varios e históricos, pero en el último año se ven: la crisis migratoria, la conversión de Hagia Sofía otra vez en mezquita, el apoyo a diferentes facciones de la guerra civil libia y los límites marítimos de la Zona de Exclusión Económica en el Mediterráneo. Este último incluso generó una escaramuza fronteriza involucrando las flotas de ambos países miembros de la OTAN, que fue resuelta no por una intervención de Trump, sino por la mediación de Ángela Merkel.

Pero lo que queda en claro es que en un período de transición hegemónica, los vínculos comienzan a relajarse y se exploran nuevas relaciones económicas y políticas. La adopción de los objetivos estadounidenses en política exterior como propios ya no son tan atractivos como antes, en especial si confrontan directamente con quien será el nuevo hegemón. Es un momento que muchos aprovechan para practicar políticas exteriores más independientes, basadas en los intereses nacionales propios. Habría que preguntarse cómo la Argentina aprovechará esta situación.

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