Mirada Multipolar | G20: Energía, finanzas y pandemia

Mirada Multipolar | G20: Energía, finanzas y pandemia

por Sebastián Tapia

El G20 vuelve a reunirse presencialmente tras la pandemia de COVID-19. La cita en Roma plantea cómo reorganizar las relaciones entre las grandes potencias mundiales en el escenario de pos-pandemia y favorece el contacto bilateral entre los asistentes. Energía, pandemia, finanzas e impuestos son los principales temas de la cumbre.

Todos los caminos conducen a Roma

Joseph Biden llegó a Roma unos días antes del comienzo de la reunión del G20, para poder encontrarse con el primer ministro de Italia y mantener un encuentro con el Papa Francisco. Biden es el segundo presidente católico de los Estados Unidos y se encuentra enfrentado con la Conferencia Episcopal estadounidense por su posición en favor del derecho al aborto. Más allá de resolver cuestiones religiosas personales, Biden trae a la mesa del G20 cuatro grandes temas: la provisión de energía a nivel mundial, la restauración de las cadenas de suministros globales, la relación con sus aliados europeos y el apoyo a la propuesta de un impuesto mundial a las grandes empresas.

En el primer día de reunión del G20, Joe Biden instó  a los principales países productores de energía del G20 con capacidad sobrante (Arabia Saudita en petróleo y Rusia en gas natural)  a aumentar la producción para garantizar una recuperación económica mundial. La presión sobre estos países se da en un momento en que el precio del gas europeo llega a un punto máximo – en medio de tensiones en el este de Ucrania, la falta de habilitación del gasoducto Nordstream II y la negativa de países europeos a negociar contratos a largo plazo – y mientras se negocia con la OPEP un aumento de la producción para lograr una baja del precio del petróleo.

En el segundo día, la propuesta de debate por parte de Estados Unidos es identificar y mejorar los puntos débiles de las cadenas de suministros globales, que fueron afectadas seriamente por la pandemia de COVID-19. Los problemas logísticos creados a partir de las cuarentenas y la falta de trabajadores en logística han creado cuellos de botella en los suministros de materias primas y de bienes de consumo. Lo cual se vuelve más serio ante el aumento de la demanda estacional por la época de fiestas navideñas y de fin de año.

En cuanto a mejorar la relación con los aliados estadounidenses, Biden recurrió a una serie de reuniones bilaterales. En su encuentro con el presidente francés, Emmanuel Macron, el presidente estadounidense se disculpó por la manera en la que se llevó adelante la negociación del AUKUS pero no dió un paso atrás con respecto a la construcción de submarinos para Australia:

“Lo que hicimos fue torpe. No se hizo con mucha gracia. Tenía la impresión de que habían sucedido cosas que no habían sucedido, pero quiero dejar claro que Francia es un socio extremadamente, extremadamente valorado. Extremadamente, es una potencia en sí misma”

La respuesta de Macron muestra que ambos países siguen manteniendo muchos intereses en común, más allá de lo que ellos definieron como una “puñalada en la espalda”:

“Para mí, lo importante es que en las últimas semanas hemos construido acciones muy concretas para reforzar la asociación en el Sahel. Se ha aclarado lo que significa la defensa europea y su total compatibilidad con la OTAN, pero también lo que significa la soberanía europea y su importancia para su seguridad global, y ésta es una aclaración extremadamente importante”.

Otro miembro de la OTAN con quien se había deteriorado la relación bilateral es Turquía. Biden se reunió con Erdogan para intentar recomponer la relación. Por un lado, Estados Unidos le pide un mayor respeto a los derechos humanos, cuestión que la semana pasada casi termina con la expulsión del embajador estadounidense y otros 9 embajadores occidentales. Por otro lado, Turquía requiere la compra de nuevos aviones F-16 con el excedente de la inversión que hizo en el programa F-35, del cual fue expulsada por haber comprado misiles antiaéreos a Rusia. Ambos temas fueron tratados en la reunión y quedaron en continuar la negociación.

En otra reunión al margen del G20, se emitió un comunicado entre Estados Unidos, Francia, Alemania y el Reino Unido, en el cual Biden se compromete a volver a la mesa de negociación del Acuerdo Nuclear con Irán. El nuevo compromiso estadounidense sería que no se retirarán del acuerdo, a menos que Teherán viole el pacto. Esto sucede dos días después que el principal negociador iraní anuncia que Irán estaría dispuesto a volver a negociar hacia finales de Noviembre.

Un impuesto global

Uno de los logros de la diplomacia estadounidense en este G20 fue lograr el apoyo de las otras naciones para el establecimiento de un impuesto mínimo global a las grandes empresas del 15%. La medida fue aprobada al finalizar el primer día del G20, pero entrará en vigencia lentamente hasta ser efectiva en 2023.

Si bien es un paso adelante para evitar la competencia desleal que las guaridas fiscales realizan contra los otros estados, el proyecto tiene algunas desventajas que ya hemos comentado antes. El porcentaje del 15% es muy cercano al que cobran estas guaridas fiscales y lejano de la mayoría de los estados, la recaudación de este impuesto favorece principalmente a las economías más grandes, entre otras.

La posición rusa

El presidente ruso, Vladimir Putin, no asistió personalmente al encuentro. En su lugar participó el canciller, Sergei Lavrov, quien mantuvo las reuniones bilaterales con otros estados. Sin embargo, Putin participó del plenario mediante videoconferencia.

En su mensaje, Putin realizó un análisis de la situación económica mundial, haciendo incapié en el aumento de los déficit presupuestarios durante la pandemia:

“Mientras que en 2017-2019, el déficit presupuestario promedio fue de alrededor del 3.8 por ciento del PIB, creció al 11.2 por ciento en 2020 en medio de la pandemia. Este año, aunque ligeramente más bajo, el déficit presupuestario sigue siendo bastante alto, con un 8,7 por ciento. Me gustaría señalar que Estados Unidos representará el 40 por ciento de los déficits presupuestarios de los países del G20 combinados en 2020-2021. Digo esto porque todos entendemos muy bien que el estado de la economía estadounidense es lo que determina el estado de la economía global.”

Putin identifica en estos déficits desorbitados, principalmente el estadounidense, la causa de la inflación que sufrimos a nivel mundial y el peor escollo para la reactivación post-pandemia:

“El estímulo excesivo se ha traducido en una falta generalizada de estabilidad, precios crecientes de bienes y activos financieros en ciertos mercados como energía, alimentos, etc. Una vez más, los importantes déficits presupuestarios de las economías desarrolladas son la principal causa de estos desarrollos. Con la persistencia de estos déficits, existe el riesgo de una alta inflación global en el mediano plazo, lo que no solo aumenta el riesgo de menor actividad empresarial sino que refuerza y ??exacerba la desigualdad que también se mencionó hoy.”

Como solución al problema del déficit no propuso austeridad, sino:

“normalizar las políticas presupuestarias y monetarias, mejorar la calidad de la gestión de la demanda en la economía y actualizar las prioridades económicas, y priorizar principalmente la superación de la desigualdad y el impulso del bienestar público.”

En cuanto a la pandemia, sostuvo que hay proteccionismo y una competencia deshonesta que impide que todo el mundo pueda acceder a las vacunas. Para mejorar la circulación y favorecer el restablecimiento de lazos comerciales y turísiticos propuso “instruir a los ministerios de salud del G20 para que aborden la cuestión del reconocimiento mutuo de los certificados nacionales de vacunación en el plazo más breve posible.”

En respuesta a la presión estadounidense y europea para aumentar el suministro de gas, Putin respondió que el mercado energético es un juego de a dos:

“Suministrar energía asequible a los consumidores es extremadamente importante y nuestros colegas acaban de hablar de ello. Me gustaría añadir que la estabilidad de los mercados energéticos mundiales depende directamente de la conducta responsable de todos los participantes del mercado, tanto los productores de energía como los consumidores de energía, teniendo debidamente en cuenta los intereses a largo plazo de cada una de las partes.”

Argentina: la deuda y la transición ecológica

El presidente argentino, Alberto Fernández, también participó personalmente de la reunión del G20 en Roma. Viajó acompañado por el ministro de Relaciones Exteriores, Santiago Cafiero,  y el de Economía, Martín Guzmán. Entre los tres llevaron adelante una serie de encuentros bilaterales con el objetivo de mejorar la posición de negociación argentina con el FMI, en cuanto a la deuda contraída por el gobierno anterior.

Fernández se reunió con la canciller alemana Angela Merkel, con el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, con el presidente francés, Emmanuel Macron, con el presidente del Gobierno español Pedro Sánchez, con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen y mantuvo un encuentro virtual con Vladimir Putin, el presidente de Rusia. La estrategia es reunir la mayor cantidad de apoyo posible de los países europeos, que cuentan con una participación importante en el FMI. Sin embargo, no pudo realizar una bilateral con Joseph Biden, siendo que Estados Unidos es el principal accionista del FMI. Pero pudo lograr un encuentro casual donde expresaron su voluntad de una pronta reunión.

Con respecto al FMI, Fernández sostuvo una bilalteral con la Directora Gerenta del FMI, Kristalina Georgieva en la embajada argentina en Roma. La reunión fue considerada buena y continuará el diálogo el lunes Martín Guzmán, cuando se reuna con Julie Kozack, la vicedirectora para el Hemisferio Occidental del FMI.

El discurso de Alberto Fernández el primer día del G20 se enfocó en la deuda y de cómo debe mejorarse el sistema financiero internacional:

“La deuda externa que mi gobierno heredó con el Fondo Monetario Internacional y que hoy estamos afrontando es un claro ejemplo de lo que está mal: única en la historia por su monto y por sus condiciones de repago, aprobada para favorecer a un gobierno en la coyuntura, acaba condenando a generaciones que miran impávidas el destino que les ha sido impuesto”

En este caso, considera que la deuda también es un juego de a dos. No sólo es responsabilidad de quién pide el préstamo, sino también del organismo que lo autoriza e impone las condiciones de pago:

“son tan responsables los que se endeudaron sin atender las ruinosas consecuencias sobrevinientes, como los que dieron esos recursos para financiar la fuga de divisas en una economía desquiciada”

En el segundo día, Fernandez vinculó el tema del financiamiento internacional con el de la acción para evitar el cambio climático, una antesala a la reunión COP 26 a la que asistirá en Glasgow a partir del lunes.

“La justicia ambiental requiere justicia financiera global. Sin financiamiento sostenible no habrá desarrollo sostenible. Los recursos para la implementación del Acuerdo de París siguen siendo insuficientes, especialmente para los países más desfavorecidos.”

También resaltó la desigualdad con la que los países afrontan la transición a una economía más verde, marcando la diferencia entre los más desarrollados y los que están en desarrollo.

“Son los países desarrollados quienes más se beneficiaron del uso intensivo de los recursos ambientales del planeta durante los últimos siglos. Por eso es esencial el concepto de responsabilidades comunes pero diferenciadas. Los países que produjeron la mayor huella ambiental son los mismos que dominan las tecnologías que pueden reducir el impacto de la producción sobre el medio ambiente. Esta transición tendrá sobre ellos un efecto positivo, no solo en materia ambiental, sino sobre la producción y el empleo.”

Y destacó que los países de ingresos medios, como la Argentina, son quienes más tienen para perder en esta transición:

“Para nosotros el impacto de esta transición puede ser negativo en términos de cohesión social. Al mismo tiempo y dada la primarización de nuestras exportaciones, es imprescindible que las nuevas reglas ambientales estén respaldadas en evidencia científica para que no constituyan una barrera injustificada al comercio. El deterioro de la casa común reclama revisar sus cimientos. No es suficiente con una renovación cosmética.”

No parece haber un resultado claro de esta reunión del G20. El impuesto global mínimo a las grandes empresas es un acuerdo palpable, aunque de dudosa eficacia. Lo que deja en claro esta reunión en Roma es que todos los países, desarrollados o no, coinciden en identificar las amenazas globales. Pero el abordaje de estos problemas sigue siendo difícil a escala global si no se tiene en cuenta las asimetrías entre los distintos actores.

Mirada Multipolar | Coincidencias y diferencias en la Asamblea General

Mirada Multipolar | Coincidencias y diferencias en la Asamblea General

por Sebastián Tapia

La sesión de apertura de la Asamblea General de Naciones Unidas es un escenario mundial donde cada país expone sus logros y objetivos anuales. La 76° sesión, la de 2021, nos permite ver qué proponen las grandes potencias para el mundo pospandemia. A continuación, veremos las diferencia y coincidencias en los discursos de Joseph Biden y Xi Jinping.

Los discursos

Este fue el primer discurso de Joe Biden a la Asamblea General desde su asunción en Enero. Siendo el país anfitrión, Biden brindó su discurso de manera presencial. En cambio, Xi Jinping se hizo presente en la Asamblea mediante un mensaje grabado en video. El discurso de Xi es más corto y conciso que el de Biden, pero ambos tienen una estructura similar.

Ambos presidentes hicieron incapié en dos grandes problemas globales que afectan a todos los países por igual: el COVID-19 y el cambio climático.

Acciones por la pandemia

Ambos países hicieron gala de los esfuerzos realizados para enfrentar la pandemia hasta ahora y propusieron herramientas para continuar la lucha. En el caso de Biden:

“Y para el futuro, necesitamos crear un nuevo mecanismo para financiar la seguridad sanitaria global que se base en nuestra asistencia para el desarrollo existente, y un Consejo Global de Amenazas a la Salud que esté armado con las herramientas que necesitamos para monitorear e identificar las pandemias emergentes para que podamos tomar medidas inmediatas.
Estados Unidos ya ha invertido más de $ 15 mil millones en la respuesta global de COVID, la respuesta global de COVID. Hemos enviado más de 160 millones de dosis de la vacuna COVID-19 a otros países. Esto incluye 130 millones de dosis de nuestro propio suministro y los primeros tramos de los 500 millones de dosis de la vacuna Pfizer que compramos para donar a través de COVAX.”

Como vemos, la propuesta de un Consejo Global de Amenazas a la Salud sería un nuevo organismo que sobrepase a la Organización Mundial de la Salud, o al menos duplique sus capacidades. Esta es una constante en el discurso de Biden: dice sostener el Sistema de Naciones Unidas, pero continuamente propone alterarlo o desconocerlo.

En el caso de Xi, la apuesta es por mejorar el acceso a las vacunas a través de los métodos ya establecidos.

“La vacunación es nuestra poderosa arma contra COVID-19. En muchas ocasiones he subrayado la necesidad de hacer de las vacunas un bien público mundial y garantizar la accesibilidad y asequibilidad de las vacunas en los países en desarrollo. Una prioridad apremiante es garantizar la distribución justa y equitativa de las vacunas en todo el mundo. China se esforzará por proporcionar un total de dos mil millones de dosis de vacunas al mundo para fines de este año. Además de donar 100 millones de dólares estadounidenses a COVAX, China donará 100 millones de dosis de vacunas a otros países en desarrollo en el transcurso de este año. China continuará apoyando y participando en el rastreo de los orígenes basado en la ciencia a nivel mundial, y se opone firmemente a las maniobras políticas en cualquier forma.”

El cambio climático

Ambos mandatarios coincidieron en la necesidad de reducir emisiones de carbono para evitar el impacto de la actividad humana en el clima.

En cuanto a sus propias metas, Biden recordó que Estados Unidos volvió al Acuerdo de París y anunció una mejora en sus metas:

“En abril, anuncié el nuevo y ambicioso objetivo de los Estados Unidos en virtud del Acuerdo de París de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de los Estados Unidos entre un 50 y un 52 por ciento por debajo de los niveles de 2005 para 2030, mientras trabajamos para lograr una economía de energía limpia con cero emisiones netas. emisiones para 2050.
Y mi administración está trabajando en estrecha colaboración con nuestro Congreso para realizar las inversiones críticas en infraestructura verde y vehículos eléctricos que nos ayudarán a mantener el progreso en casa hacia nuestros objetivos climáticos.”

Para lograr esto y ayudar a otros países a seguir este camino, Biden comentó sobre los esfuerzos que realiza el país para favorecer el crédito para las iniciativas en este sentido:

“En abril, anuncié que Estados Unidos duplicaría nuestro financiamiento público internacional para ayudar a las naciones en desarrollo a enfrentar la crisis climática. Y hoy, me enorgullece anunciar que trabajaremos con el Congreso para duplicar ese número nuevamente, incluso para los esfuerzos de adaptación.
Esto convertirá a Estados Unidos en un líder en finanzas públicas para el clima. Y con nuestro apoyo adicional, junto con un mayor capital privado y otros – de otros donantes, podremos cumplir la meta de movilizar $ 100 mil millones para apoyar la acción climática en las naciones en desarrollo.”

Xi Jinping no se refirió a las acciones propias de su país, sino que propuso vincular los esfuerzos para mitigar el cambio climático con el desarrollo social y económico de los pueblos. Para esto propone una Iniciativa de Desarrollo Global que cuenta con los siguientes puntos:

  • Mantener el compromiso con el desarrollo como prioridad: “Fomentar asociaciones de desarrollo globales que sean más equitativas y equilibradas, forjar una mayor sinergia entre los procesos de cooperación multilateral para el desarrollo y acelerar la implementación de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible”.
  • Mantener el compromiso con un enfoque centrado en las personas. “debemos continuar nuestro trabajo para que la gente tenga un mayor sentido de felicidad, beneficio y seguridad, y logre un desarrollo integral”.
  • Mantenerse comprometido con los beneficios para todos. “Deberíamos preocuparnos por las necesidades especiales de los países en desarrollo. Podemos emplear medios como la suspensión de la deuda y la ayuda para el desarrollo para ayudar a los países en desarrollo”
  • Mantener el compromiso con el desarrollo impulsado por la innovación. “redoblar los esfuerzos para aprovechar los logros tecnológicos para impulsar la productividad y fomentar un entorno abierto, justo, equitativo y no discriminatorio para el desarrollo de la ciencia y la tecnología.”
  • Mantenerse comprometido con la armonía entre el hombre y la naturaleza. “Necesitamos acelerar la transición hacia una economía ecológica y con bajas emisiones de carbono y lograr la recuperación y el desarrollo ecológicos”
  • Mantener el compromiso de acciones orientadas a resultados. “Necesitamos aumentar los aportes al desarrollo, avanzar de manera prioritaria en la cooperación en el alivio de la pobreza, la seguridad alimentaria, la respuesta al COVID-19 y las vacunas, la financiación del desarrollo, el cambio climático y el desarrollo verde, la industrialización, la economía digital y la conectividad”

En cuanto a lo estrictamente medioambiental, Xi anunció los siguientes compromisos:

China se esforzará por alcanzar un pico de emisiones de dióxido de carbono antes de 2030 y lograr la neutralidad de carbono antes de 2060. Esto requiere un trabajo tremendo y haremos todo lo posible para alcanzar estos objetivos. China intensificará el apoyo a otros países en desarrollo en el desarrollo de energía verde y baja en carbono, y no construirá nuevos proyectos de energía a carbón en el extranjero.

Esto último es particularmente interesante, debido a que el 70% de todas las plantas de carbón del mundo construidas actualmente dependen de fondos chinos. Sin dudas, este anuncio generará un cimbronazo en la industria del carbón y ayudará a buscar alternativas más limpias.

Paz y multilateralismo

A diferencia de su antecesor, Donald Trump, el presidente Biden buscó presentarse como un defensor de la paz internacional y del multilateralismo. Sin embargo se movió en una dualidad contínua: negó la necesidad de confrontación internacional, pero marcaba límites y establecía advertencias a otros países.

“Estados Unidos competirá, competirá vigorosamente y liderará con nuestros valores y nuestra fuerza. Defenderemos a nuestros aliados y amigos y nos opondremos a los intentos de países más fuertes de dominar a los más débiles, ya sea mediante cambios territoriales por la fuerza, coacción económica, explotación tecnológica o desinformación. Pero no buscamos, lo diré de nuevo, no buscamos una nueva Guerra Fría o un mundo dividido en bloques rígidos.”

La relación con sus aliados, especialmente europeos, no se encuentra en su mejor momento tras la salida de Afganistán y la formación del AUKUS. Y la promesa de no comenzar una nueva Guerra Fría no parece coincidir con un tópico propio de la política exterior de Biden y que se ve en el resto del discurso: la división entre países autoritarios y países democráticos.

Por ejemplo, hablando de los avances tecnológicos, sólo se propone trabajar con los países “democráticos”:

“A medida que las nuevas tecnologías continúen evolucionando, trabajaremos junto con nuestros socios democráticos para garantizar que los nuevos avances en áreas desde la biotecnología hasta la computación cuántica, 5G, inteligencia artificial y más se utilicen para elevar a las personas, resolver problemas y avanzar. libertad humana: no reprimir la disidencia ni apuntar a las comunidades minoritarias.”

Da por terminada la guerra contra el terrorismo, pero ahora pone el centro en la promoción de la democracia, según promete, sólo por medios diplomáticos:

“Hemos terminado 20 años de conflicto en Afganistán. Y al cerrar este período de guerra implacable, estamos abriendo una nueva era de diplomacia implacable; de utilizar el poder de nuestra ayuda al desarrollo para invertir en nuevas formas de ayudar a las personas en todo el mundo; de renovar y defender la democracia; de demostrar que no importa cuán desafiantes o complejos sean los problemas que vamos a enfrentar, el gobierno por y para la gente sigue siendo la mejor manera de cumplir para toda nuestra gente.”

Esto pone en cuestión por qué es necesario firmar un acuerdo militar como el AUKUS que favorece la difusión de tecnología bélica nuclear. Pero puede sentar las bases para futuras intervenciones en terceros países bajo la excusa de promoción de la democracia. En otro pasaje asegura:

“La gente ha salido a las calles en todas las regiones para exigir que sus gobiernos aborden las necesidades básicas de las personas, les den a todos una oportunidad justa para tener éxito y protejan los derechos que Dios les ha otorgado.
Y en ese coro de voces a través de idiomas y continentes, escuchamos un grito común: un grito de dignidad, simple dignidad. Como líderes, es nuestro deber responder a ese llamado, no silenciarlo.
Estados Unidos se compromete a usar nuestros recursos y nuestra plataforma internacional para apoyar estas voces, escucharlas, asociarse con ellas para encontrar formas de responder que promuevan la dignidad humana en todo el mundo.”

Poco dice de las protestas que sacudieron a Estados Unidos en 2019, como si la situación fue mágicamente resuelta por la elección presidencial. Pero queda claro que justo aquellos que están del lado correcto, del democrático, son aquellos que componen las oposiciones a los gobiernos que no coinciden con Estados Unidos:

“La verdad es: el mundo democrático está en todas partes. Vive en los activistas anticorrupción, los defensores de los derechos humanos, los periodistas, los manifestantes por la paz en el frente de esta lucha en Bielorrusia, Birmania, Siria, Cuba, Venezuela y en todas partes.”

En cambio, Xi mantuvo su línea llamando a la cooperación internacional y reconociendo a la democracia como un valor universal, cuya definición no depende de un sólo país:

“La democracia no es un derecho especial reservado a un país en particular, sino un derecho del que disfrutan las personas de todos los países. Los acontecimientos recientes en la situación mundial muestran una vez más que la intervención militar desde el exterior y la llamada transformación democrática no implican más que daños. Necesitamos defender la paz, el desarrollo, la equidad, la justicia, la democracia y la libertad, que son los valores comunes de la humanidad, y rechazar la práctica de formar pequeños círculos o juegos de suma cero.”

La crítica a las intervenciones militares en nombre de la Democracia toma un nuevo sentido tras el fracaso de 20 años de intervención estadounidense en Afganistán. Para eso, la apuesta de China pasa por el multilateralismo y el diálogo internacional:

“Las diferencias y problemas entre países, difícilmente evitables, deben manejarse mediante el diálogo y la cooperación sobre la base de la igualdad y el respeto mutuo. El éxito de un país no tiene por qué significar el fracaso de otro, y el mundo es lo suficientemente grande como para dar cabida al desarrollo y progreso común de todos los países. Necesitamos buscar el diálogo y la inclusión sobre la confrontación y la exclusión. Necesitamos construir un nuevo tipo de relaciones internacionales basadas en el respeto mutuo, la equidad, la justicia y la cooperación de beneficio mutuo, y hacer lo mejor que podamos para expandir la convergencia de nuestros intereses y lograr la mayor sinergia posible.”

Y para lograr ese diálogo y cooperación, Xi jinping dejó en claro que el único sistema vigente a nivel internacional es el orden establecido por Naciones Unidas:

“En el mundo, solo hay un sistema internacional, es decir, el sistema internacional con las Naciones Unidas en su centro. Existe un solo orden internacional, es decir, el orden internacional sustentado por el derecho internacional. Y solo hay un conjunto de reglas, es decir, las normas básicas que rigen las relaciones internacionales respaldadas por los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.”

Y esta es la principal discusión hoy en día entre las grandes potencias. Mantener el orden internacional multilateral establecido tras la Segunda Guerra Mundial, basado principalmente en la Carta de Naciones Unidas y el Sistema creado a partir de ella, o establecer nuevas reglas según la voluntad propia.

Aquí es Estados Unidos que se posiciona como una potencia revisionista. De acuerdo a Biden, su compromiso es con la misión y los valores de Naciones Unidas – no con su Carta:

“Nuestro enfoque está firmemente arraigado y es plenamente coherente con la misión de las Naciones Unidas y los valores que acordamos cuando redactamos esta Carta. Estos son compromisos que todos asumimos y que todos estamos obligados a respetar.”

Queda claro que juzgar a alguien por su adhesión a valores es más un criterio más laxo y subjetivo que si efectivamente cumple o no con los compromisos escritos en la Carta de Naciones Unidas. Pero no tiene duda en proponer cambios en las áreas en las que ya no se cree que cuente con ventaja. Por ejemplo:

“Buscaremos nuevas reglas de comercio global y crecimiento económico que se esfuercen por nivelar el campo de juego para que no se incline artificialmente a favor de ningún país a expensas de otros y cada nación tiene el derecho y la oportunidad de competir de manera justa.”

 

La transición hegemónica entre Estados Unidos y China se ve claramente reflejada en estos dos discursos. Para China no es necesario alterar el orden internacional, ya que bajo estas reglas creció y se posiciona como el nuevo líder. Sí hay es necesario hacer esfuerzos por mejorar las condiciones de vida y el bienestar de los pueblos dentro de este sistema, para eso hay que trabajar en conjunto con aquellos países que también lo deseen. En cambio, Estados Unidos propone crear nuevas organizaciones, bajo nuevos principios, donde pueda mantener su influencia. Y para ello es necesario mantener una línea divisoria entre un “ellos” y  un “nosotros”, entre amigos y enemigos: en este caso, demócratas y autócratas.

Mirada Multipolar | AUKUS: una alianza desestabilizadora

Mirada Multipolar | AUKUS: una alianza desestabilizadora

por Sebastián Tapia

Estados Unidos, el Reino Unido y Australia anunciaron este miércoles un nuevo pacto de seguridad para compartir inteligencia y tecnología avanzada de defensa, con miras a consolidar su política de contención de China en el área del Indo-Pacífico. Sin embargo, tan sólo el anuncio de esta nueva alianza enemistó más a otros aliados interesados en la región. La forma en la que este pacto fue negociado, sumado al desastre causado por la retirada unilateral de Estados Unidos de Afganistán, crea una mayor incertidumbre en sus aliados, especialmente europeos, que comienzan a considerar otras alternativas.

El AUKUS

Esta nueva asociación fue bautizada según el acrónimo en inglés de Australia (A), Reino Unido (UK) y Estados Unidos (US). Fue presentada en un acto oficial por Joe Biden desde Washington, acompañado por videoconferencia por el primer ministro británico, Boris Johnson, y el australiano, Scott Morrison, de quien el presidente estadounidense olvidó su nombre y se refirió como “el tipo de allá abajo”.

Que el mundo anglosajón se reúna para compartir inteligencia en seguridad sobre otros estados, no es algo nuevo. La alianza de los Cinco Ojos (Reino Unido, Estados Unidos, Australia, Canadá y Nueva Zelanda) que viene de la posguerra mundial continúa en actividad, por lo que es extraño que hayan decidido dejar a dos de sus miembros fuera de este nuevo pacto.

Por otro lado, la estrategia estadounidense para contener a China se había centrado en el Quad. Esta asociación de países (India, Japón, Australia y Estados Unidos), con larga data de confrontamiento con China, no había podido materializarse todavía. Curiosamente, debe reunirse la semana que viene en Washington, pero tampoco se ha explicado por qué se dejó a Japón e India afuera del AUKUS. En especial, teniendo en cuenta que India también posee submarinos nucleares, un punto importante en esta alianza.

Bajo el mar

Uno de los puntos más controversiales del acuerdo es la transferencia tecnológica para que Australia construya submarinos de propulsión nuclear por primera vez. De acuerdo al comunicado conjunto:

“Como primera iniciativa de AUKUS, reconociendo nuestra tradición común como democracias marítimas, nos comprometemos con una ambición compartida de apoyar a Australia en la adquisición de submarinos de propulsión nuclear para la Royal Australian Navy.”

El comunicado también deja en claro que sólo la propulsión será nuclear en estos submarinos, no tendrán armamento nuclear. Hasta ahora Estados Unidos solo había compartido su tecnología para desarrollar submarinos con propulsión nuclear con un solo país, el Reino Unido, en 1958. El objetivo de esta transferencia tecnológica es emparejar el escenario naval en el Pacífico con China, cuya flota cuenta con este tipo de submarinos. Desde el diario chino Global Times dejaron en claro que esta acción tendrá repercusiones más fuertes que sólo el enfrentamiento con China:

“Si Washington ayuda a Australia a adquirir submarinos con capacidad nuclear, esto acabará por legalizar la exportación de esta tecnología, con lo que más regiones se verán envueltas en más tensiones, y obtener estos submarinos se convertirá en una tentación universal”

La posesión de submarinos nucleares por parte de Australia también la enfrenta con sus vecinos. La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, afirmó que su país no cambiará su política nuclear ni la prohibición de submarinos de propulsión nuclear.

“La posición de Nueva Zelanda en relación con la prohibición de embarcaciones de propulsión nuclear en nuestras aguas se mantiene sin cambios (…) Ciertamente, los submarinos (de propulsión nuclear) no podrán entrar en nuestras aguas… esa es la postura de todos los partidos”.

La puñalada en la espalda

La adquisición de submarinos nucleares por Australia también afecta la relación de los Estados Unidos y del Reino Unido con otros aliado, debido a los compromisos de la industria naval australiana.

El nuevo pacto habría puesto fin a un acuerdo de Australia con Francia para fabricar submarinos de diseño francés firmado en 2016 por 50.000 millones de dólares australianos. El trato incluía la construcción de 12 submarinos para la Armada australiana por la empresa francesa Naval Group y había llevado un largo tiempo de negociación por la exigencia de Canberra de darle prioridad a la producción local. Ahora, el estado australiano deberá enfrentar multas entre 140 y 400 millones de dólares, dependiendo de qué tan avanzado esté el proyecto en la naviera francesa. Pero no es sólo una cuestión económica, sino de confianza. El canciller francés, Yves Le Drian, definió la situación de la siguiente manera:

“Es realmente una puñalada por la espalda. Habíamos establecido una relación de confianza con Australia, esta confianza ha sido traicionada ”

Como respuesta, Francia retiró sus embajadores en Washington y en Canberra en protesta por el acuerdo AUKUS. Pero no lo hizo todavía con el embajador en Londres. Es probable que lo haga tras la revelación que el acuerdo fue negociado durante la cumbre del G7 en Cornwall, a espaldas del presidente Emmanuel Macron.

Un quiebre en Occidente

El AUKUS parece ser el último quiebre dentro de Occidente entre Europa y el mundo anglosajón. El Brexit, la salida desordenada de Afganistán sin consultar con sus socios europeos y ahora el acuerdo a costa de las industrias francesas pone en cuestión qué tan unida es la OTAN y hasta dónde está dispuesta Europa a acompañar los objetivos estadounidenses. Porque si hay algo de lo que Europa carece, es de objetivos propios en política exterior y defensa.

Poco a poco hay señales de una búsqueda de independencia del liderazgo estadounidense, al menos por algunos países europeos. El completar el gasoducto Nordstream II por parte de Alemania fue un desafío a la provisión de gas licuado estadounidense por barco, mucho más caro, justo en un momento en que los mil metros cúbicos superan los 950 dólares.  Por otro lado, Ursula van der Leyen en su discurso del Estado de la Unión Europea anunció la necesidad de crear una esfera de decisión propia de Europa en cuanto a defensa:

“Por todo lo que antecede, el presidente Macron y yo convocaremos una Cumbre Europea de la Defensa durante la Presidencia francesa del Consejo de la Unión Europea: ha llegado, en definitiva, la hora de que Europa pase a un nuevo nivel.”

Esto retoma varios proyectos franceses y alemanes de crear fuerzas armadas propias de Europa, por fuera de la OTAN, pero manteniendo la colaboración. En cambio, cuando van der Leyen se refirió a la cooperación con Estados Unidos no nombró a la seguridad ni defensa:

“Con los Estados Unidos desarrollaremos nuestra nueva agenda para el cambio global, desde el nuevo Consejo de Comercio y Tecnología a la seguridad sanitaria y la sostenibilidad.”

El contraste

Es importante destacar cómo las iniciativas de asociación dentro del bloque occidental se caracterizan por estar dirigidas contra terceros países, principalmente rondando el área de lo militar. Si bien el primer ministro Boris Johnson declaró en el parlamento que “el AUKUS no tiene la intención de ser adversario de ningún otro poder “, la intención es tan manifiesta que su propia compañera, Theresa May, se vió obligada a cuestionar si el acuerdo obliga al Reino Unido a reaccionar en caso que China ocupe la isla de Taiwán.

Mientras tanto, otras regiones del planeta apuestan a otro tipo de cooperación. Hemos hablado recientemente de los avances en la integración euroasiática, profundizada tras la última reunión de la Organización de Cooperación de Shanghái donde Irán fue admitido como miembro pleno. Incluso en el continente americano, donde la Cumbre de la CELAC concluyó con una declaración de 44 puntos de acuerdo entre 32 países latinoamericanos y del Caribe. Además, se firmaron declaraciones especiales sobre el fin del bloqueo económico sobre Cuba, el tema de las Malvinas o la Cumbrec del Cambio Climátioco Cop26.

Queda cada vez más claro quienes apuestan a un mundo multipolar estable y basado en la cooperación, y quienes apuestan a sabotearlo.

Adiós a la hegemonía

Adiós a la hegemonía

por Fyodor Lukyanov para Russia in Global Affairs

La historia se desarrolla a veces de manera sorprendentemente rítmica, moviéndose a un ritmo mesurado. Podemos contar sus hitos cada diez años desde finales del siglo XX: 1991 — Operación Tormenta del Desierto y el colapso de la URSS; 2001—9 / 11ataques en los EE. UU .; 2011: Primavera Árabe, el asesinato casi ritual de Gadafi; 2021: la confusa retirada de los estadounidenses de Afganistán y el triunfo de los talibanes. Por supuesto, el mundo ha sido testigo de otros eventos importantes durante estos años, pero solo tomamos aquellos que han marcado el comienzo de cambios cualitativos en el orden mundial.

El discurso de Biden el 16 de agosto de 2021, donde comentó las circunstancias que rodearon la finalización de la misión de Estados Unidos en Afganistán, y su declaración del 1 de septiembre debe considerarse un punto de inflexión en la política exterior de Estados Unidos. “Sé que mi decisión será criticada, pero prefiero aceptar todas esas críticas que pasar esta decisión a otro presidente”, dijo Biden, dando a entender que sus tres predecesores no habían dado el paso necesario. Por lo tanto, se enfrentó no solo a Donald Trump (mencionándolo por su nombre), sino también a George W. Bush, e incluso a Barack Obama. Según Biden, Estados Unidos nunca tuvo la intención de participar en la construcción de una nación en Afganistán, pero abordó tareas de seguridad específicas para destruir a los responsables de los ataques terroristas en Estados Unidos, y estas tareas se resolvieron. En cuanto a la construcción de una nación, es una completa mentira, pero es digno de mención cuán ansiosamente Washington está renunciando ahora a los postulados que consideraba fundamentales hace veinte años.

La invasión de Afganistán en 2001 fue un acto de represalia por los ataques terroristas en Nueva York y Washington, pero, sobre todo, fue una operación histórica que significó la disposición de Estados Unidos para transformar por la fuerza el mundo de la manera “correcta”. Este curso no fue creado por George W. Bush, ni siquiera por Bill Clinton, sino por el presidente estadounidense que proclamó la victoria en la Guerra Fría: George H.W. Bush. La primera manifestación del “nuevo orden mundial” fue la Operación Tormenta del Desierto a principios de 1991. La Unión Soviética todavía existía en ese momento, y la intervención terminó con la expulsión de Saddam Hussein de Kuwait, no con un cambio de régimen en Irak, como algunos políticos y militares estadounidenses habían exigido. Con la desintegración de la URSS, no quedaron restricciones externas y Estados Unidos entró en el llamado “momento unipolar”. Le dio a Estados Unidos la capacidad y la posibilidad de hacer lo que quisiera en el escenario mundial. En el sentido político-militar, esto significó la ausencia de competidores equivalentes. Una serie de globos de prueba lanzados con diversos grados de éxito, como acciones militares en Haití, Somalia y Bosnia, culminó con el bombardeo de Yugoslavia. Esto resultó en la desintegración final del “Estado no deseado” y el posterior derrocamiento del régimen inaceptable para Occidente. Esto se hizo sin invasión terrestre, a pesar de que se había discutido en principio. Conceptualmente, la política estadounidense de la era posterior a la Guerra Fría se formuló precisamente en la década de 1990. Su autor principal fue Bill Clinton, conocido en su juventud como pacifista y evasor del servicio militar.

Los ataques del 11 de septiembre le dieron a Estados Unidos las manos libres para hacer cumplir su “enfoque transformacional” (Condoleezza Rice lo describió como la base de la política estadounidense) a escala global.

Crear un mundo democrático seguro para los estadounidenses se había convertido en realidad en el objetivo principal: cuantas más democracias haya, menor será el riesgo para Estados Unidos.

El conjunto de herramientas de instrumentos político-militares que se utilizarán para lograr este objetivo (desde la intervención armada hasta la promoción de formas aprobadas de organización sociopolítica mediante revoluciones de color) se formó en la primera mitad de la década de 2000. Pero ya a mediados de esa década, habían aparecido los primeros signos que indicaban que esta política tenía sus inconvenientes, por decir lo mínimo, y no necesariamente producía los resultados esperados.

La prolongada campaña en Afganistán, los desordenados acontecimientos en Irak, la creciente “resistencia del material” en el espacio postsoviético, la fatal disfunción de Palestina después de las elecciones democráticas impuestas, todo esto debería haber creado conciencia de lo que Biden insinuó en su discurso sobre Afganistán: la necesidad de un cambio radical de política. Sin embargo, ni George W. Bush durante su segundo mandato, ni Barack Obama, ni siquiera el rebelde Trump pudieron hacer esto. La corrección práctica comenzó bajo Bush, Obama trató de comenzar una salida suave de las obligaciones sin cambiar la narrativa, y Trump cambió drásticamente la retórica y desautorizó las políticas anteriores, pero no tuvo tiempo de completar el trabajo.

El desastre de Kabul en agosto de 2021 probablemente podría haberse evitado si Washington hubiera sido más responsable y reflexivo al reducir su presencia en Afganistán. Pero, aparentemente, tenía demasiada confianza en sí mismo y también se veía obstaculizado por las disputas ideológicas y propagandísticas en el país. La percepción de Estados Unidos como un hegemón global incondicional se arraigó tanto en el establishment estadounidense después de la Guerra Fría que su salida provocó una feroz resistencia, aunque muchos entendieron objetivamente que ya no era posible seguir así. En otras palabras, el deseo de camuflar ambiciones decrecientes e imitar su continuidad, y el compromiso de principios con los fundamentos ideológicos no permitieron a Estados Unidos reducir la carga de manera controlada. Como resultado, el mundo entero observó con asombro cómo la situación se convertía en una crisis y caía en el caos, acompañada de acusaciones de traicionar aliados e ideales.

La hegemonía mundial estadounidense de la edición 1991-2021 fue tan impresionante y probablemente sin precedentes en escala que no fue posible una salida suave y gradual de ella.

Este evento iba a estar marcado por algo no menos histórico y simbólico que la caída del Muro de Berlín o los ataques aéreos a las torres gemelas de Nueva York. Las imágenes que capturan el escape del aeropuerto de Kabul, y todo lo que lo acompañó, pasarán a la historia como un epítome del fin de una era. En su discurso, Biden básicamente anunció que Estados Unidos se centraría en sí mismo y sus problemas para garantizar su propia seguridad y luchar contra rivales estratégicos (China y Rusia), pero ya no buscaría cambiar el mundo, es lo que es. Este es un momento aleccionador después de la euforia de finales del siglo XX. Las recaídas son posibles, pero no hay retorno al estado estadounidense anterior.

La retirada de Estados Unidos de Afganistán “se trata de poner fin a una era de importantes operaciones militares para rehacer otros países”, dijo Biden, al anunciar el fin del puente aéreo. El lema “Estados Unidos ha vuelto” que repitió tantas veces durante su campaña presidencial significa, como podemos ver, no un nuevo regreso a la arena mundial, sino un “regreso a casa”. En este sentido, Biden continúa la política de Trump, sin importar cuánto le desagrade. Lo mismo ocurre con el “enfrentamiento entre las grandes potencias” como eje central de las políticas globales y estadounidenses. Este postulado se presenta en documentos doctrinales adoptados bajo Trump, pero no ha sido revisado bajo Biden. Retóricamente, la actual administración de los Estados Unidos concede una importancia cada vez mayor al componente ideológico: la confrontación entre democracia y autocracia. Pero esto se hace más con fines instrumentales para facilitar la formación de bloques y la estructuración de la política mundial. Después de la vergüenza afgana (por decirlo suavemente), esta parte de la “doctrina Biden” palidece hasta la insignificancia.

Independientemente de la retórica que acompañe a las acciones reales, Estados Unidos está cambiando a políticas abiertamente egoístas dirigidas exclusivamente a sí mismo. Hace veinte años, los neoconservadores y neoliberales acérrimos en Washington realmente creían que el establecimiento de la democracia en todo el mundo y la imposición de reglas universales era lo mejor para Estados Unidos. De ahí los planes dementes para construir un “estado democrático moderno” en Afganistán, ahora negado por Joe Biden. Ahora que los sueños se han disipado, solo queda el pragmatismo puro, dejando de lado las reglas. La era de la “posbipolaridad”, que, como entendemos ahora, no fue un período de creación, sino de deconstrucción, contuvo algunas inercias institucionales de la segunda mitad del siglo XX, probablemente el período más ordenado de la historia política mundial. En general, la transición de Estados Unidos a una política egoísta es un cambio positivo, al menos es honesto. Las ficciones sobre la “antorcha de la democracia”, incluso (especialmente) si se creen, solo exacerban el caos. Pero todas las contrapartes estadounidenses en la arena internacional no deben olvidar que Estados Unidos ahora utilizará todos los medios disponibles para lograr sus objetivos, principalmente los domésticos, porque es muy importante para él. Todos los demás deberían estar preparados para esto.


Traducido de Lukyanov, F. A., 2021. Farewell to Hegemony. Russia in Global Affairs, 19(3), pp. 5-8. doi: 10.31278/1810-6374-2021-19-3-5-8.

Mirada Multipolar | EEUU vuelve a la región hablando suavemente

Mirada Multipolar | EEUU vuelve a la región hablando suavemente

por Sebastián Tapia

El gobierno de Joseph Biden está enfocando plenamente su política exterior en la competencia estratégica con China y Rusia. Poco ha cambiado con respecto a su antecesor, Donald Trump, a excepción de la utilización de un discurso más amigable hacia los propios aliados. Recordemos la gira del presidente por Europa, junto al G7, la UE y la OTAN, y la de la vice-presidenta por Centroamérica. El objetivo es cerrar filas con sus aliados para cerrarle mercados y disminuir la influencia de China y Rusia en ambas regiones.

Garrotes y zanahorias

En 1901, el entonces vice-presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, citó a un proverbio de África Occidental en un discurso en la feria del Estado de Minnessota. La cita decía: “Habla suavemente y lleva un gran garrote; llegarás lejos”. Dos semanas más tarde, tras el asesinato del presidente William McKinley, Roosevelt ser haría cargo del ejecutivo estadounidense e implementaría lo que se conoce como la “política del gran garrote” hacia latinoamérica.

Esta semana, el asesor en Seguridad Nacional del gobierno de Biden, Jake Sullivan, vino a Sudamérica para “hablar suavemente”. Su visita constó de dos paradas, en Brasil y en Argentina. En cada lugar discutió temas comunes a las agendas bilaterales y a problemas globales, pero con propuestas diferentes.

Argentina

En el caso argentino, la visita no parece haber traído grandes propuestas. Se abordaron distintos temas de interés bilateral como el cuidado del medio ambiente y el cambio climático, la revisión de las instituciones financieras y la lucha contra la pandemia. El presidente Alberto Fernández le entregó al funcionario norteamericano una carta dirigida al presidente Biden, en la que le agradeció la donación recibida de los Estados Unidos de 3,5 millones de dosis de la vacuna Moderna. No trascendieron grandes negociaciones. Con los ministros argentinos, Sullivan trató la agenda productiva, tecnológica y comercial, la agenda de financiamiento en temas de medio ambiente, la agenda de economía del conocimiento y acuerdos de cooperación en materia de defensa.

Este último punto es interesante, debido a que Argentina se encuentra en negociaciones para comprar nuevos aviones cazas supersónicos. Hasta ahora, las ofertas más importantes y seguras son por parte de Rusia, el MiG-35, y por China, el JF-17. Estados Unidos sólo había ofertados unos viejos F-16 en desuso, muy por debajo en capacidades y estado de mantenimiento que las ofertas rusa y china.

Pero esta semana, el 3 de agosto, la teniente general Laura J. Richardson, candidata a Jefe del Comando Sur de los EE.UU. (SOUTHCOM), como parte de su audiencia para el puesto frente al Comité de Servicios Armados del Senado estadounidense, anunció que se comprometerá a entablar un nuevo enfoque en sus relaciones con Argentina a fin de ayudar al país a adquirir un nuevo caza de procedencia occidental.

Es probable que Sullivan, en combinación con Richardson, vengan a ofrecer algo mejor que unos viejos F-16s polvorientos, para evitar perder a la Argentina como cliente en la cadena de armamento de la fuerza aérea. Los únicos cazas en funcionamiento en Argentina son los A4-AR Fightinghawk, coproducidos entre EEUU y Argentina a mediados de los ‘90, que pronto también deberán ser reemplazados.

Brasil

El día anterior al encuentro con Fernández, Jake Sullivan, se reunió con el presidente brasileño Jair Bolsonaro, para abordar temas de seguridad, entre los que se encuentra la expansión de la red 5G en el país suramericano.

No es casual que al Asesor de Seguridad Nacional lo hayan acompañado el director del Consejo de Seguridad Nacional para el hemisferio occidental, Juan González, el director de Tecnología y Seguridad Nacional, Tarun Chhabra; el director de Cibernética, Amit Mital, y el director de la Oficina para el hemisferio occidental del Departamento de Estado, Ricardo Zúñiga. El ciberespacio es un tema de alto nivel para el gobierno de Biden y donde se juega una fuerte competencia con China y Rusia.

Con respecto a las telecomunicaciones el objetivo de las conversaciones es que las autoridades brasileñas veten la participación de la empresa china Huawei en el futuro mercado del 5G, por lo que Brasil obtendría a cambio el apoyo de EE.UU. para que ingrese como socio global a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Esta es quizás una zanahoria más que apetecible para las fuerzas armadas brasileñas.

La delegación estadounidense también discutió con tres gobernadores estatales planes y estrategias frente al cambio climático y la deforestación. Sabiendo que no es tema para hablar con el ejecutivo nacional, Sullivan se dirigió directamente a los gobernadores e incluso ofreció financiamiento y tecnología para el desarrollo económico sostenible en la Amazonia.

Socio global

La posibilidad de ser un Socio Global de la OTAN para Brasil puede redundar en facilidades en la compra de equipamiento militar, aumento de la cooperación en ejercicios militares o en compartir inteligencia militar. Pero es poco más que eso. Colombia ingresó con ese estatus en 2017 a la organización y hay otros 8 socios globales.

Ser un socio global permite la participación en las operaciones que realiza la OTAN. El problema con estas operaciones es su dudosa legalidad: por ejemplo, el bombardeo de Yugoslavia o la invasión a Afganistán.

Es difícil creer que un país con un ejército nacionalista como el brasilero podría aceptar ingresar a una organización internacional como vagón de cola, fuera del ámbito decisorio, y dispuesto a poner el cuerpo en caso de un conflicto militar no relacionado con el país.

Los otros socios globales son Australia y Nueva Zelanda, ambos miembros de los Cinco Ojos e históricamente cercanos al mundo anglosajón, Mongolia, que cuenta con una situación geopolítica especial entre Rusia y China, y seis países militarmente ocupados por Estados Unidos: Afganistán, Colombia, Japón, Corea del Sur, Pakistán e Irak.

Pero el ingreso de Brasil a la OTAN si brinda un beneficio importantísimo para la política exterior estadounidense. No sólo pondría bajo su mando al mayor ejército de la región, sino que además permitiría cerrar el cerco sobre Venezuela. La OTAN rodearía al país bolivariano por el oeste con Colombia, al norte con las islas neerlandesas de Aruba y Curazao y al sur con Brasil.

Para el gobierno de Bolsonaro, cualquier oferta que mantenga contento al ejército es buena, ya que a medida que pasa el tiempo es la única base de poder real que todavía continúa sosteniéndolo.

Otras regiones

Todavía no es posible ver si este “hablar despacio” por parte de los Estados Unidos funcionará en Sudamérica. La misma política también se está llevando adelante en otras regiones, por ejemplo en el sudeste asiático donde la vicepresidenta Harris estará visitando Singapur y Vietnam el mes siguiente, después que esos lugares recibieron al Secretario de Defensa, Lloyd Austin.

Lo que sí parece ser creíble es que el “garrote” no es tan grande cuando se trata de enfrentarse a Rusia y a China. Por un lado, la prueba estadounidense de su misil hipersónico volvió a fallar, dejando a este país por detrás en una tecnología que tanto Rusia como China ya dominan. Por otro, la amenaza colectiva de defender la “libertad de navegación” en el mar meridional de China tampoco fue un éxito. El portaaviones británico HMS Queen Elizabeth, enviado para desafiar el control chino sobre las islas en ese mar, evitó disputar la soberanía china sobre las aguas cercanas a las islas, sino que mantuvo un perfil bajo en la zona.

En cuanto a la región sudamericana, por ahora nos hablan despacio. Pero hay que tener en cuenta que ese garrote sigue siendo grande para nosotros.

Mirada Multipolar | Más vale disidente en mano…

Mirada Multipolar | Más vale disidente en mano…

por Sebastian Tapia

El vuelo FR4978 de Ryanair que une Atenas, Grecia, con Vilnus, Lituania, alteró su rumbo el 23 de Mayo para aterrizar en Minsk, Belarús. Arriba del avión se encontraba Roman Protasevich, un periodista opositor al gobierno de Lukashenko, quien fue arrestado durante la parada en Minsk. La Unión Europea no tardó en considerar el incidente como “piratería” y ahora prohíbe que sus vuelos pasen por el espacio aéreo bielorruso. ¿Pero es realmente un caso de piratería? ¿Por qué se detiene al avión? ¿Quién es Protasevich? ¿Vale la pena el costo político de esta acción?

El caso

El aterrizaje forzoso del vuelo de Ryanair está siendo investigado por una comisión del Departamento de Aviación del ministerio de Transporte y Comunicaciones bielorruso, el cual invitó a otros organismos internacionales a participar. El director del departamento, Artiom Sikorski dijo:

“Nos dirigimos a la Organización de Aviación Civil Internacional, la Asociación Internacional de Transporte Aéreo, la Agencia Europea de Seguridad Aérea y a los representantes de las administraciones de aviación interesados a que participen en una investigación imparcial del suceso, estamos dispuestos a proporcionar toda la información objetiva necesaria, sobre todo los materiales de las conversaciones ‘controlador-piloto”

De acuerdo a la descripción que hace el gobierno bielorruso del incidente, el aeropuerto de Minsk recibió el 23 de Mayo un e-mail desde una dirección anónima del servicio protonmail.com, con la siguiente amenaza:

“Nosotros, soldados de Hamas, exigimos que Israel cese el fuego en la Franja de Gaza. Exigimos que la Unión Europea deje de apoyar a Israel en esta guerra. Sabemos que los participantes del Foro Económico Delfi regresan a casa a bordo del vuelo FR4978. Se ha colocado una bomba en el avión. Si no se cumplen nuestras demandas, la bomba explotará sobre Vilnius el 23 de mayo “

De lo que se sabe por la publicación de la desgrabación de la conversación entre el vuelo y el control de tráfico aéreo, es que se le comunica a los pilotos de la amenaza y se les sugiere aterrizar en Minsk, el aeropuerto más grande y cercano, en tanto entraban en el espacio aéreo bielorruso. Los pilotos piden seguir en ruta, consultan con su compañía y, justo antes de ingresar al espacio aéreo lituano, giran en U y comienzan su acercamiento al aeropuerto de Minsk. Mientras tanto, son escoltados por cazas Mig-29, como se suele hacer en los casos de secuestros o amenazas a vuelos internacionales.  Una vez aterrizado, el vuelo es revisado, pero no se encuentra ninguna bomba. Los 120 pasajeros vuelven a abordar el vuelo, salvo Protasevich y su novia que son detenidos debido a que contaban con una orden de captura por la justicia bielorrusa.

El incidente sucedió un día antes de la reunión del Consejo Europeo. No sólo se votó por aplicar una tercer tanda de sanciones económicas al gobierno y empresas bielorrusas, sino que también se le pidió a las aerolíneas europeas que no sobrevuelen el territorio de Belarús y se le prohibió a las compañías aéreas bielorrusas volar en el espacio aéreo de la Unión o aterrizar en sus aeropuertos.  

 

Diferentes hipótesis

Tal como se viene presentando la investigación, hay dos grandes hipótesis sobre el incidente. La primera, la hipótesis europea, es que Lukashenko, “el último dictador de Europa”, hizo descender al avión por la fuerza o por engaño para arrestar al inocente periodista Protasevich. Esta es la hipótesis más difundida, poco explicada por su “obviedad” y en concordancia con el relato europeo sobre las relaciones con Bielorrusia y el resultado de las elecciones de agosto del 2020.

La segunda hipótesis, la bielorrusa, sostiene que fue un evento externo, la amenaza de bomba, que obliga al avión a aterrizar, y eso casualmente permite el arresto de Protasevich.

La desgrabación de la comunicación entre el control de tráfico aéreo y el avión parece sostener la segunda hipótesis. Ante la amenaza de bomba, se toman las medidas correspondientes y los pilotos deciden libremente descender en Minsk. Los pilotos al principio prefieren continuar el rumbo y piden comunicarse con la empresa, hasta que terminan decidiendo por el aeropuerto bielorruso. La falta de publicación de la comunicación del avión con la empresa o con el aeropuerto de Vilnus, hace más creíble esta hipótesis.

Tal vez la mayor debilidad de la hipótesis bielorrusa es que el movimiento Hamas negó haber realizado ninguna amenaza. No sólo ya se encontraba vigente el alto al fuego en Palestina, sino que Hamas dice sólo enfrentarse al ocupador israelí, por lo que la amenaza no serviría de nada para sus fines. En ese caso, la hipótesis europea cobraría más fuerza, haciendo de la amenaza de bomba sólo una excusa del gobierno bielorruso para capturar el avión.

Pero, si la amenaza de bomba fuera un invento del mismo gobierno bielorruso, entonces la comisión investigadora no hubiera pedido ayuda a Suiza, lugar desde el que opera el servicio de correo protonmail.com, para investigar el origen de ese mensaje anónimo.

Por otro lado, se duda que haya sido una “casualidad” que el gobierno bielorruso se encuentre con Protasevich en el vuelo que fue desviado, ya que la compañía Ryanair sostiene que sólo dos personas fueron arrestadas pero 5 no volvieron a subir al vuelo cuando se reanudó hacia Vilnus. Estas tres personas podrían ser agentes del servicio de seguridad bielorruso (KGB) que lo estarían siguiendo a Protasevich.

Esto abre la posibilidad a una tercer hipótesis, en la que Protasevich fue utilizado de carnada para justificar más sanciones económicas a Bielorrusia y justificar su aislamiento de Europa. Sabiendo que el periodista estaba siendo seguido por la KGB, se realiza la amenaza de bomba de manera anónima. Esto le presenta al gobierno bielorruso la oportunidad de evitar una desgracia y arrestar a un opositor buscado por la justicia. Y esa generosa oportunidad no es más que el escenario perfecto para justificar las sanciones de la UE.

Antecedentes

Si la captura del avión fue planeada por el gobierno bielorruso o sólo una simple oportunidad del momento, igualmente no es extraña al accionar de otras potencias mundiales. Algunas en un pasado más remoto, pero otras mucho más cercanas. Y ninguna obtuvo la condena internacional como se le presenta a Belarús.

En 1954, Israel captura un avión de línea sirio para obtener rehenes para intercambiar por soldados israelíes. En 1956, cazas franceses obligan a descender en Argel a un vuelo que iba de Rabat a Túnez porque entre sus pasajeros se encontraba Ahmed ben Bella, quien era uno de los principales lideres de la rebelión argelina y sería luego el primer presidente del pais. En 2010, Estados Unidos le negó el espacio aéreo a un vuelo de Aeroméxico que unía París con México, desviándose hacia Montreal, Canadá. Allí fue arrestada una persona por tener orden de captura en Estados Unidos, motivo por el cual se le negó el sobrevuelo.  En 2012, un par de F-16 turcos forzaron el aterrizaje en Estambul de un vuelo de línea sirio que iba de Moscú a Damasco, bajo la sospecha de que transportaba armas. Ninguna fue encontrada abordo.

Tal vez el caso más recordado fue el de 2013, en el que el avión presidencial de Bolivia fue forzado a aterrizar en Austria porque el resto de los países europeos le cerraron el espacio aéreo. En el avión, Evo Morales buscaba regresar a Bolivia tras una vista a Moscú, pero ante el rumor que Edward Snowden se encontraba en ese avión, los países europeos le impidieron volar por pedido de los Estados Unidos. El avión, que contaba con inmunidad diplomática, fue revisado en Austria. Luego se le permitió continuar cuando se confirmó que Snowden no estaba allí. Este y otros casos fueron recordados por la portavoz de la cancillería rusa, Maria Zakharova en su perfil de Facebook, marcando que Occidente no es extraño a este tipo de acciones. En cambio, la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, se negó a comparar los casos y dijo que “ellos trabajan con sus socios en todas partes del mundo”. Es decir, que la vara es diferente para medir a los aliados que a los enemigos.

El ¿periodista? Protasevich

Más allá de si el aterrizaje fue forzado o voluntario, la pregunta es si valió la pena para Lukashenko volver a enemistarse con Europa por la detención de este joven. Todo parece indicar que Protasevich no es sólo un periodista.

La imagen que trata de presentar la prensa europea sobre Roman Protasevich es la de un periodista cuyo único crimen era tener un canal de Telegram contrario al dictador Lukashenko. Pero la trama es un poco más oscura que eso.

Protasevich efectivamente era el redactor en jefe del canal Nexta de Telegram. Este canal sirvió como aglutinador y organizador de las protestas tras las elecciones de Agosto del 2020, no siempre con información verificada. La dirección del canal no se hizo desde Belarús, sino desde Polonia en un principio y luego desde Lituania, donde radica el gobierno bielorruso paralelo creado por Svetlana Tikhanovskaya tras perder las elecciones.

La imposibilidad del gobierno bielorruso de controlar o censurar el canal de Telegram, debido a su cifrado y a su manejo desde el exterior, hizo que  la justicia presentara cargos por incitación a la violencia y al desorden público que podrían otorgarle más de 15 años de cárcel. La KGB lo incluyó en su lista de terroristas buscados, algo que pareció tomar con humor en su twitter, tal vez porque no pensaba en volver a Belarús. En  videos publicados en estos días, tanto él como su novia confiesan haber realizado estos cargos, pero la familia sospecha que estas confesiones han sido obtenidas por la fuerza.

Pero Protasevich no es sólo eso. También trabajó como fotógrafo de Tikhanovskaya, lo que marca su cercanía con el gobierno paralelo que radica en Lituania. Y cuenta con un pasado que no lo define como demócrata, sino como una amenaza al Estado Bielorruso.

En 2014 participó en la manifestación del Euromaidán junto al grupo de extrema derecha Right Sector y luego en 2015 en la Guerra del Donbás, en Ucrania, fue parte del servicio de prensa del Batallón Azov, una milicia de extrema derecha incorporada al ejército.  Incluso, su padre sostiene que no fue sólo como periodista, sino como combatiente.

Luego comenzó su carrera en los medios, de la mano del financiamiento extranjero. En 2017, tras cubrir las protestas contra Lukashenko desde la óptica de los movimientos neonazis, obtuvo la beca Vaclav Havel dada por el gobierno checo y Radio Europa Libre. En 2018 visitó el Departamento de Estado de los EEUU y comenzó a trabajar para Euroradio, una emisora que no oculta ser financiada por la USAID. Finalmente, en 2019, comenzó su trabajo como redactor en jefe de Nexta.

Este historial lo transforma a Protasevich en un elemento clave en la desestabilización del gobierno bielorruso. Desde iniciadas las protestas tras las elecciones de Agosto de 2020, Lukashenko siempre sostuvo que las movilizaciones fueron instigadas y alimentadas desde el exterior. Algo incluso revelado la semana pasada por miembros del National Endowment for Democracy (NED) de los Estados Unidos, a través de una conversación con humoristas rusos que se hicieron pasar por líderes de la oposición bielorrusa.

No es extraño que hayan aprovechado la oportunidad para arrestar al Protasevich, especialmente teniendo en cuenta que en Abril la KGB desarmó un grupo terrorista que planeaba asesinar a Lukashenko.

Otra pérdida de balance

Lamentablemente, esta crisis llega en un momento en que parecía haber cierta distensión entre Rusia y los Estados Unidos. La reunión del 20 de Mayo entre el canciller ruso, Sergei Lavrov, y el Secretario de Estado, Antony Blinken, en Reikiavik, Islandia, al margen del Consejo Ártico, fue un paso positivo para la relación bilateral. Ambos acordaron intentar mejorar su relación, y el primer paso fue dado por el gobierno de Biden que anunció que no instaurará sanciones económicas a las empresas que están construyendo el gasoducto Nordstream II, entre Rusia y Alemania. La señal fue bien vista por el Kremlin, que terminó por aceptar la invitación a un encuentro presidencial en un tercer país. Finalmente se anunció que Putin y Biden se encontrarán en Ginebra el 16 de Junio.

La crisis desatada por la detención de Protasevich, aumentando la tensión entre Europa y el principal aliado ruso, podría peligrar este encuentro y acercamiento entre Rusia y Estados Unidos. Si la situación fue generada por fuera de Bielorrusia, incluso pudo tener la intensión de desestabilizar este proceso y buscar aumentar la tensión en la frontera de Rusia.

Lukashenko advirtió sobre lo crítico que puede ser una desestabilización total del país. “Si algo estalla aquí, significará una guerra mundial”, declaró a la agencia BelTA. Pero por ahora puede contar con su aliado ruso. Ambos presidentes se reunieron el viernes 28 y sábado 29 en Sochi, Rusia, para discutir temas de agenda bilateral y el combate a la pandemia de COVID-19. Las declaraciones del portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, dejaron en claro que Rusia confía en la explicación bielorrusa y apoya una investigación profunda de las causas del incidente.

A medida que avance la investigación será más claro qué hipótesis es la verdadera. Pero si Rusia y Estados Unidos buscan reducir la tensión en su relación, deberán tener que lograr que los países europeos reduzcan su injerencia en los asuntos internos bielorrusos.

 

Mirada Multipolar | El nuevo “Nuevo Trato” de Biden

Mirada Multipolar | El nuevo “Nuevo Trato” de Biden

por Sebastián Tapia

El 28 de abril el presidente estadounidense, Joseph Biden, se dirigió a una sesión conjunta del Congreso para marcar el rumbo de su gobierno al cumplirse 100 días de gobierno. A diferencia de Roosevelt, que planteó su New Deal (Nuevo Trato) en campaña y comenzó a aplicarlo en los primeros 100 días de gobierno, Biden propone su nuevo plan de “Una Mejor Reconstrucción” (Build Back Better) al terminar ese plazo. Pero de igual manera que Roosevelt lo hacía en 1933, el plan que propone Biden busca recuperar a la economía norteamericana de “la crisis más importante desde la Gran Depresión”.

El discurso de Biden busca despertar la esperanza en el pueblo estadounidense de poder recuperar su gloria pasada. En muchos puntos coincide con el discurso inaugural de Donald Trump donde prometía “Hacer América Grande Otra Vez” (Make America Great Again – MAGA). Es claramente un discurso para consumo interno estadounidense, escrito en frases cortas y simples, y lleno de ejemplos individuales. Sin embargo, también presenta una imagen de qué espera Estados Unidos de su relación con sus aliados y de la competencia con otros países.

El balance de los 100 días

En un principio, Biden destaca lo logrado en este período. El esfuerzo para combatir la pandemia a través del Plan de Rescate Estadounidense (American Rescue Plan), que abrió centros de vacunación, duplicó las dosis y permite que hoy en día comience la vacunación a todo norteamericano mayor de 16 años. Hay que tener en cuenta que para lograr ese avance tan rápido, Estados Unidos no permite la exportación de las vacunas producidas en su país.

También recordó el envío de cheques de estímulo de 1400 dólares al 85% de los hogares y la creación de 1.3 millones de puestos de trabajo.

La gran propuesta

La propuesta principal para reactivar la economía, de manera similar al Nuevo Trato de Roosevelt, se enfoca en la construcción y mejora de infraestructura a lo largo del país, mediante el Plan de Trabajos Estadounidenses (American Jobs Plan). El foco está en la creación de puestos de trabajo para la construcción de infraestructura de transporte, de producción y transporte de energía, redes de agua potable y conexiones de internet de banda ancha. Estos puestos serán de baja calificación, accesibles a casi todo el mundo.

Incluso el plan integrará objetivos ecológicos al producir e instalar plantas solares o eólicas construidas en el país. El “Comprar Estadounidense” (Buy American), es decir priorizar la compra de producción local, será parte integral del plan, al igual que proponía Trump en su contienda comercial con China.

También propuso mejoras sociales en las condiciones de trabajo. Por un lado resaltó el rol de los sindicatos e instó a aprobar el “Acta para Proteger el Derecho a Organizarse” (Protecting the Right to Organize Act), que garantizaría el derecho de unirse a un sindicato. Si, en pleno siglo XXI. También pidió aumentar el sueldo mínimo a 15 dólares la hora y pasar una ley que mejore la igualdad de pago a las mujeres.

Prometió un aumento en inversión y desarrollo científico y la creación de una agencia de investigación médica: la “Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados” (Advanced Research Projects Agency), modelada en una agencia de investigación de proyectos de defensa (DARPA) para buscar la cura para el cáncer y otras enfermedades.

Propuso mejorar el acceso a la eduación gratuita pública, ampliando los años de estudio. A los 12 años de primaria y secundaria, se le agregarían dos de preescolar y dos de escuelas terciarias (community college). Además de mejoras al sistema de seguros médicos (Medicare y Affordable Care Act), y permisos de licencia y asignaciones familiares (American Families Plan). A diferencia de la Asignación Universal por Hijo de Argentina, no se otorgará dinero en efectivo sino que el gobierno reducirá impuestos por 3000 dólares por cada hijo a quienes los tengan.

¿Con qué dinero?

La gran crítica a estos planes surge por el financiamiento. Biden no piensa reducir otras partidas, por ejemplo la históricamente enorme partida de Defensa, sino que busca aumentar los impuestos a los más ricos y controlar el pago de los mismos.

No impondré ningún aumento de impuestos a las personas que ganen menos de $ 400,000 al año. Es hora de que las empresas estadounidenses y el 1% más rico de los estadounidenses paguen lo que les corresponde. Solo pague su parte justa.” 

La idea es simple. Retornar a los niveles de impuestos corporativos anteriores a George W. Bush. Además de una campaña de persecución a los evasores impositivos, cuyo monto estima en miles de millones de dólares.

“Miren, no pretendo castigar a nadie. Pero no me sumaré a la carga fiscal de la clase media de este país. Ya están pagando lo suficiente. Lo que he propuesto es justo. Es fiscalmente responsable

Para llegar a esa conclusión, Biden admitió el nivel de desigualdad económica evidente hace años pero ningún presidente estadounidense lo había dicho:

Solo 650 personas aumentaron su riqueza en más de $ 1 billón durante esta pandemia. Ahora valen más de $ 4 billones. Mis conciudadanos, la economía del derrame ha nunca funcionó.

La competencia internacional

Esta necesidad de recomponer la situación interna del país también lo proyecta hacia el exterior. No se reconoce como un integrante más de la comunidad internacional, sino que sigue sosteniendo la excepcionalidad estadounidense como el principal líder del mundo. Tal vez la frase más intrigante y ejemplificar del discurso es:

Estamos en una competencia con China y otros países para ganar el siglo XXI

¿Cómo se gana un siglo? ¿Hay un premio? ¿Y quienes pierden? Biden no respondió estas inquietudes.

Se presentó como un líder duro frente a otros presidentes. En cuanto a su relación con China dijo:

Eso significa asegurarse de que todas las naciones sigan las mismas reglas en la economía global, incluida China. En mi conversación con el presidente Xi, le dije que damos la bienvenida a la competencia y que no buscamos conflictos. Pero dejé absolutamente claro que defenderé los intereses estadounidenses en todos los ámbitos. Estados Unidos se enfrentará a las prácticas comerciales injustas que socavan a los trabajadores y las industrias estadounidenses, como los subsidios para las empresas estatales y el robo de tecnologías y propiedad intelectual estadounidenses. También le dije al presidente Xi que mantendremos una fuerte presencia militar en el Indo – Pacífico tal como lo hacemos con la OTAN en Europa, no para iniciar un conflicto, sino para prevenirlo.

Cómo la presencia militar en un territorio extranjero a miles de kilómetros de distancia previenen un conflicto, tampoco fue explicado.  Con respecto a Rusia dijo:

Con respecto a Rusia, le dejé muy claro al presidente Putin que, si bien no buscamos una escalada, sus acciones tienen consecuencias. Respondí de manera directa y proporcionada a la interferencia de Rusia en nuestras elecciones y ciberataques a nuestro gobierno y empresas, y ellos hicieron ambas cosas y yo respondí. Pero también podemos cooperar cuando sea de nuestro interés mutuo. Como hicimos cuando ampliamos el nuevo Tratado START sobre armas nucleares, y como estamos trabajando para hacer frente a la crisis climática.

Al igual que con China, continúa el mismo relato que la administración Trump. Sólo que ahora reconoce que en temas globales que exceden la agenda bilateral, el diálogo es posible.

Por último destacó el retiro de tropas de Afganistán, aunque reconoció que Al-quaeda e ISIS no fueron derrotados. En ningún momento relaciona el proceso de paz afgano con las negociaciones iniciadas por Trump, sino que simplemente dice que es momento de retirarse. 20 años de guerra y ningún objetivo cuplido, pero no es una derrota. Al menos no lo toma acepta como tal.

Conclusión

El resto del discurso toca temas sociales, como la discriminación racial, los derechos de las minorías sexuales, la violencia doméstica y la tenencia de armas. Temas a los que propone algunas medidas paliativas para ser trabajadas más adelante.

Es sin duda un discurso que define un cambio de época, de realizarse algunas de las propuestas. Podría marcar el retorno de la igualdad social a los Estados Unidos que creó el mito del Sueño Americano y mejorar las condiciones de vida del pueblo estadounidense. Pero par ello, el Congreso debe aprobar muchos proyectos que chocan con sus intereses de clase.

Los líderes del mundo mejor valorados son los proponen un Estado presente frente a la pandemia

Los líderes del mundo mejor valorados son los proponen un Estado presente frente a la pandemia

En un mundo en el cual la política está fuertemente personalizada, los discursos de los líderes mundiales tienen un peso específico considerable sobre la formación de la opinión pública. Sus intervenciones se dan además en el marco de una vertiginosa y dramática cantidad de datos y discursos que emanan de distintas fuentes, a veces de dudosa autoridad. Sin embargo, no siempre los líderes buscan aportar claridad sino que contribuyen a generar una mayor confusión informativa. Tomando en cuenta este escenario, el estudio “La Argentina ante un mundo en pandemia” seleccionó un set de cuatro políticos globales para evaluar qué grado de conocimiento y cómo estos son percibidos en el Área Metropolitana de Buenos Aires en medio de la pandemia. Se trata de un intento por medir el impacto de la matriz comunicacional que ataca las políticas sanitarias de cuidado.

Este reciente estudio impulsado por el Observatorio del Sur Global en conjunto con la consultora Analogías, indaga específicamente sobre la imagen de cuatro líderes mundiales; Vladimir Putin, Donald Trump, Jair Bolsonaro y Joe Biden, a la luz de sus intervenciones y acciones para paliar los efectos del Covid19 en sus respectivos países, pero que tienen, a su vez, efectos sobre otros puntos del globo.

En la valoración que manifestaron los encuestados sobre los cuatro líderes es determinante el modo en que estos se han posicionado ante la situación de doble crisis sanitaria y económica derivada de la pandemia. En términos generales se percibe una valoración positiva entre los consultados con respecto a la imagen de aquellos líderes que han enunciado un discurso orientado a un Estado fuerte en políticas de cuidado y reactivación económica frente a la pandemia, y una tendencia contraria entre quienes desalentaron ese tipo de medidas.

Puntualmente, la valoración de los cuatro líderes es destacada en los casos de Joe Biden y Putin, contrariamente a la estimación negativa de Bolsonaro y Trump. Así, quien goza de mejor imagen es Biden, que a pesar de tener un conocimiento menor, cuenta con una evaluación muy positiva del 71,3%. En gran medida se explica por contraposición a Trump y por la trascendencia del paquete de reactivación económica que impulsa quien es hoy el 46° presidente de Estados Unidos. Por su parte, Vladimir Putin también logra que esta valoración sea superior a las consideraciones negativas, ya que el 57,7% de los encuestados tiene una opinión positiva sobre el líder ruso. Los índices a favor de Putin sin dudas son coincidentes con la percepción positiva de la colaboración de la Federación Rusa en el suministro de la Vacuna Sptunik V y el posterior acuerdo para su fabricación en el país.

Mientras tanto, Bolsonaro y Trump, dos presidentes que asumieron discursos contrarios a las principales medidas de cuidado durante la pandemia -como el uso de máscaras, el distanciamiento y aislamiento social, o incluso respecto a la vacunación-, y avanzaron con posiciones críticas respecto a la intervención del Estado como actor clave para paliar sus efectos, superan las evaluaciones negativas por sobre la positiva. En primer lugar se ubica el presidente de Brasil con un 75.5% de imagen negativa y luego el expresidente norteamericano con 72,7%.

En términos de nivel de conocimiento de los cuatro líderes, los encuestados manifestaron conocer más al expresidente norteamericano Donald Trump, quien tras cuatro años de mandato en los Estados Unidos, es muy conocido por los consultados (86,8%). A Trump lo secunda de muy cerca el actual presidente de Brasil, Jair Mesía Bolsonaro, quien es ampliamente conocido (84,1%) por los encuestados. En tercer lugar se ubica el presidente de Rusia, Vladimir Putin (71,4%), y luego, en la última posición, está el presidente estadounidense, Joe Biden (62,7%), que si bien tiene presencia en la escena pública por ocupado cargos -desde Senador hasta la vicepresidencia de Barack Obama- su mayor grado de exposición se dio a partir de su asunción el pasado 20 de enero.

En todos los casos, como es habitual, los niveles de conocimiento crecen entre los encuestados de mayor nivel de instrucción y tendencialmente entre los más jóvenes. También hay un leve incremento del conocimiento entre hombres por sobre las mujeres y entre quienes viven en la Ciudad de Buenos Aires por sobre la provincia. Más precisamente, de la encuesta se desprende que los cuatro líderes tienen un nivel mayor de conocimiento entre los hombres consultados que entre las mujeres (de 5 a 8 puntos porcentuales de diferencia según el caso); más entre los jóvenes que entre los adultos mayores (entre 14 y 20 puntos porcentuales de diferencia); son más conocidos por los universitarios que por los que tienen primario completo (entre 20 y 30 puntos porcentuales de diferencia); y en términos territoriales, son más conocidos en la CABA que en el GBA (entre 5 y 14 puntos porcentuales de distancia).

En síntesis, la matriz comunicacional que ataca las políticas sanitarias de cuidado es una tendencia mundial y es el sustento de la derecha política. En Argentina se manifiesta es instigada por poderes económicos concentrados y articulada con una ingente prédica en determinados medios de comunicación, atentando abiertamente contra los esfuerzos por contener los efectos de la pandemia. Sin embargo, a partir de este estudio, se observa que la mayor parte de los consultados tienen una valoración positiva de aquellos líderes que sí han alentado políticas de cuidado frente a los que las han desalentado desde el primer momento. Es posible concluir que los consultados no necesariamente han asumido esa matriz informativa por completo y persiste un sentido crítico a la comunicación que ha buscado el descrédito a las vacunas, la insistencia con el malestar lógico que generan las medidas de aislamiento, la no utilización de barbijos, hasta la promoción de noticias falsas sobre aspectos sensibles buscaron mellar la confianza sobre las medidas sanitarias.

La Argentina ante un mundo en Pandemia

La Argentina ante un mundo en Pandemia

El Observatorio del Sur Global junto a la consultora Analogías presentan este estudio de la percepción de la opinión pública argentina sobre la situación de la Argentina, las políticas de cuidado y el posicionamiento internacional. El mismo fue realizado en 24 partidos del Gran Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires entre el 25 y 26 de abril de 2021.

A diferencia de las pandemias ocurridas en el pasado hay una gran cantidad de información en tiempo real a disposición de las sociedades respecto de la situación epidemiológica, los planes de vacunación y las medidas de prevención, que en distintas medidas forma parte de la conversación social.

Por ello, este estudio busca analizar las percepciones que tiene la sociedad sobre el nuevo mundo que surge a partir de la pandemia, las relaciones prioritarias que debería construir el país y la valoración que se hace sobre los liderazgos a nivel global que hoy, principalmente, se encuentran avalados o cuestionados en virtud de su respuesta a la pandemia.

El objetivo del estudio es obtener información sobre cómo impacta en el cuadro de opinión pública del Area Metropolitana de Buenos Aires esta vertiginosa y dramática cantidad de datos, opiniones y discursos que emanan de distintas fuentes de variada y a veces dudosa autoridad.

En particular, se buscó medir el impacto en la Argentina de la matriz comunicacional que ataca las políticas sanitarias de cuidado. Esta tendencia mundial, que es el sustento de la derecha política, se manifiesta en nuestro país instigada por poderes económicos concentrados y articulada con una ingente prédica en determinados medios de comunicación, atentando abiertamente contra los esfuerzos por contener los efectos de la pandemia.

Desde el descrédito a las vacunas, la insidiosa insistencia con el malestar lógico que generan las medidas de aislamiento, hasta la promoción de noticias falsas sobre aspectos sensibles hay toda una retahíla de informaciones y análisis cuyo efecto en la opinión publica intentamos captar, desde una perspectiva sencilla, apoyada en premisas comprobadas en el contexto de la ética y las prácticas del cuidado.

Principales Resultados

  • Alrededor del 80% de los encuestados consideró que la Pandemia que enfrenta la Humanidad es la principal tragedia de las últimas décadas y que en ese contexto las vacunas deben contar con patentes liberadas para su despliegue masivo (79%).
  • El apoyo de la Federación Rusa a la Argentina, expresado en la disposición de la vacuna SPUTNIK V fue ponderado de manera notoria por los encuestados. Un 42% opina que Rusia es el país que más ha colaborado con Argentina, seguido por EEUU (7,6%). En el mismo sentido, la imagen positiva de Vladimir Putin se destaca frente a otros líderes mundiales.
  • Dos terceras partes de los que opinaron conocen la gestión productiva de la vacuna de OXFORD ASTRAZENECA de la que participa con capacidades productivas y articulación actores argentinos con socios mejicanos.
  • Respecto a la gestión de la pandemia, más del 80% se mostró informado sobre qué hicieron los países que lograron controlar la circulación viral, respecto a la restricción en la circulación y la presencialidad escolar. Dentro de ese conjunto informado, sendas mayorías de 65% y 57% respectivamente, consideraron que se fueron MUCHO O BASTANTE efectivas a esos fines las medidas de restricción de movilidad y presencialidad educativa.
  • Ante la pregunta sobre cómo está la Argentina comparativamente respecto del promedio de Sudamérica, aparece un plus de demanda. A pesar de que los datos y la información oficial indican lo contrario, un grupo de entre 43 % y 45 % considera que nuestro país está peor en materia sanitaria y respecto al plan de vacunación.
  • Respecto a la opinión sobre cuatro líderes mundiales por los que consultamos – Vladimir Putin, Donald Trump, Jair Bolsonaro y Joe Biden – los encuestados valoraron positivamente la imagen de aquellos que han enunciado un discurso orientado a un Estado fuerte en políticas de cuidado y reactivación económica frente a la pandemia. Se destacó la imagen positiva de Putin (57,7%) y Biden (52%) frente a la valoración negativa de Bolsonaro (75,5%) y Trump (72,6%).
  • Aunque por un pequeño margen, la mayor parte de los entrevistados consideran que el país más poderoso es China (30,7%) frente a EEUU (29,3%). Sin embargo, el 44% considera que en 10 años China será el más poderoso. El 70,1% de los encuestados le otorga Mucha o Bastante importancia al reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas.
  • Respecto del posicionamiento exterior de la Argentina, la mayor parte de los encuestados creen que debe priorizarse la relación con América Latina (29,8%), frente a la UE (21,3%) y EEUU (17,2%). Respecto de la situación de crisis en Venezuela, la mayor parte de los encuestados cree que la Argentina debe sostener una actitud no intervencionista o fomentar el diálogo, opciones que sumadas reúnen un 49,2%, frente a una minoría del 20,9% que opina que Argentina debe apoyar a Juan Guaidó.

Mirada Multipolar | El mundo que quiere Biden se parece mucho al de Trump

Mirada Multipolar | El mundo que quiere Biden se parece mucho al de Trump

por Sebastian Tapia

Los presidentes estadounidenses suelen presentar al comienzo de su mandato una Estrategia de Seguridad Nacional, donde plantean cómo ven al mundo y qué papel creen que Estados Unidos debe tener en él. Joseph Biden acaba de publicar la suya, la cual compararemos con la de Trump, en busca de diferencias y similaridades.

La ruptura de Trump

La Estrategia de Seguridad Nacional del gobierno de Trump fue publicada en diciembre del 2017. Rompe con las estrategias anteriores, en tanto no considera al terrorismo internacional o al cambio climático como grandes amenazas, sino que se enfoca en la “Competencia Estratégica” con China y Rusia, en primera instancia, e Irán y Corea del Norte, en segunda.

Da por terminada la era de la Guerra contra el Terrorismo y abre la de la Competencia Estratégica. Ya no se reconocen una serie de amenazas globales que ponen en peligro a toda la “comunidad internacional”, sino que se identifican algunos actores de esta comunidad como amenazas en sí. También fija el concepto de “America First” (Estados Unidos Primero) como criterio ordenador de todas las acciones a realizar en política exterior.

La estrategia se sustenta en cuatro pilares:

  • Proteger al pueblo estadounidense, la patria y el estilo de vida estadounidense
  • Promover la prosperidad estadounidense
  • Mantener la paz por la fuerza
  • Aumentar la influencia estadounidense

Todo esto aplicado a 6 regiones en las que se divide el globo:

  • Indo-pacífico
  • Europa
  • Medio Oriente
  • Asia Central y del Sur
  • Hemisferio Occidental
  • África

En sí el documento es bastante completo, de 68 páginas, donde se entra en detalle sobre estos “pilares” . Se definen los objetivos a cumplir y se proponen acciones específicas a realizar para lograr dichos objetivo.

La estrategia de Biden

A poco más de un mes de mandato, Joe Biden publicó su propia Estrategia de Seguridad Nacional. Parece ser un esfuerzo por diferenciarse rápidamente de su antecesor, pues lleva el nombre de “Provisional” y no cuenta con el nivel de detalle de la anterior.
Por empezar, es un documento más pequeño y más simple, de 24 páginas, compuesto por una introducción, un Panorama de la Seguridad Global, las Prioridades en Seguridad Nacional y una conclusión.

A diferencia del documento anterior, el lenguaje es propagandístico y lleno de promesas indefinidas. Parece un documento de la campaña electoral más que un documento de trabajo gubernamental.

Diferencias

En el documento se nota una clara visión ideologizada del mundo. Comienza por dividirlo en dos grandes bloques, los autocráticos y los democráticos:

“Hay quienes sostienen que, dados todos los desafíos que enfrentamos, la autocracia es el mejor camino a seguir. Y hay quienes entienden que la democracia es esencial para enfrentar todos los desafíos de nuestro mundo cambiante. “

Rápidamente ubica a Estados Unidos en el bando democrático y trata de separarse de cualquier descrédito surgido por las dudosas elecciones – el 35% de los estadounidenses no cree que hayan sido limpias:

“Ahora debemos demostrar, con una claridad que disipe cualquier duda, que la democracia aún puede ser beneficiosa para nuestra gente y para la gente de todo el mundo. Debemos demostrar que nuestro modelo no es una reliquia de la historia;”

En este Panorama de la Seguridad Global que pinta Biden, las democracias no están pasando su mejor momento:

“Las democracias de todo el mundo, incluida la nuestra, están cada vez más sitiadas. Las sociedades libres han sido desafiadas desde adentro por la corrupción, la desigualdad, la polarización, el populismo y las amenazas antiliberales al estado de derecho. (…) Las naciones democráticas también son desafiadas cada vez más desde el exterior por poderes autoritarios antagónicos.”

Y esta mala situación en la que se encuentran las democracias hacen dudar de todo el sistema internacional establecido en el orden de posguerra. A diferencia del gobierno de Trump, pero igual a como hacía Obama, vuelve a incluir una serie de amenazas globales que  afectan a todo el mundo:

“Las fallas y las desigualdades del sistema se han vuelto evidentes, y el estancamiento y la rivalidad interestatal han hecho que muchos en todo el mundo, incluidos muchos estadounidenses, cuestionen su pertinencia continua. (…) podemos modernizar la arquitectura de la cooperación internacional para los desafíos de este siglo, desde las ciberamenazas hasta el cambio climático, la corrupción y el autoritarismo digital. “

Y sobre estas amenazas sostiene:

“Esto requiere que enfrentemos desafíos no solo de las grandes potencias y adversarios regionales, sino también de los extremistas y actores no estatales violentos y criminales, y de amenazas como el cambio climático, las enfermedades infecciosas, los ciberataques y la desinformación que no respetan fronteras nacionales. ” 

Hay un mayor interés en recurrir a la diplomacia antes que a lo militar. De acuerdo a la estrategia:

“Tomaremos decisiones inteligentes y disciplinadas con respecto a nuestra defensa nacional y el uso responsable de nuestras fuerzas armadas, al tiempo que elevaremos la diplomacia como nuestra herramienta de primer recurso.”

Aunque esta prioridad puede revertirse si lo amerita el caso:Estados Unidos nunca dudará en usar la fuerza cuando sea necesario para defender nuestros intereses nacionales vitales.

Lo que ya se  ve en un retorno al ámbito multilateral, con el regreso al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la Organización Mundial de la Salud y el Acuerdo de París. Este retorno, a la vez, es incentivado para no dejar espacios que pueda aprovechar el bando contrario, el de los autócratas:

“También es fundamental que estas instituciones sigan reflejando los valores, aspiraciones y normas universales que han sustentado el sistema de la ONU desde su fundación hace 75 años, en lugar de una agenda autoritaria.

En definitiva, hay una división del mundo por motivos ideológicos (democráticos vs. autocráticos), se reconocen amenazas comunes a todos los Estados y se hará un esfuerzo mayor por favorecer la diplomacia y los ámbitos multilaterales.

Similaridades

Hay algo en que ambas estrategias están de acuerdo, la necesidad de mejorar la relación con los socios y aliados, en especial la OTAN. Como hemos visto anteriormente, el gobierno de Trump exigió un aporte mayor a los socios de la OTAN para el mantenimiento de la organización, creando fuerte descontento y cierto alejamiento de los aliados. El choque entre los intereses de los aliados y los propios estadounidenses, se resolvía bajo el principio de “America First”.

Biden reafirma la necesidad de mejorar la relación con todos sus aliados, aunque todavía no explica de qué manera volverá a ganar su confianza:

Por eso reafirmaremos, invertiremos y modernizaremos la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y nuestras alianzas con Australia, Japón y la República de Corea.

Identifica tres grandes regiones que concentran los intereses más profundos de Estados Unidos: Al hacerlo, reconoceremos que nuestros intereses nacionales vitales imponen la conexión más profunda con el Indo-Pacífico, Europa y el hemisferio occidental. y nombra a sus principales socios en esas regiones: Nueva Zelanda, Singapur, Vietnam, la Unión Europea, el Reino Unido, Canadá y México.

Para África no hay más que frases vacías y generales, sin identificar socios ni enemigos, como si la situación fuera toda igual en un continente de 54 países.

Pero hay un aliado especial al cual no abandonará, igual que hizo Trump y los presidentes anteriores, que es Israel:

Mantendremos nuestro firme compromiso con la seguridad de Israel, mientras buscamos promover su integración con sus vecinos y reanudaremos nuestro papel como promotores de una solución viable de dos Estados.

Es muy difícil que promuevan la integración de Israel con sus vecinos mientras le permita bombardear a su vecina Siria, a quien la provee de petróleo y a la vecina Palestina. Es difícil que Estados Unidos siga promoviendo la solución de dos Estados, cuando buscó imponerla sin acuerdo entre las partes mediante el Acuerdo del Siglo de Trump y reconoció el derecho de Israel de ocupar más territorio palestino. Nada dice esta estrategia de cómo enfrentará esta situación, más que siguiendo el apoyo a Israel.

En cuanto a los enemigos, mantiene inalterada la identificación de la administración Trump:

“La distribución del poder en todo el mundo está cambiando, creando nuevas amenazas. China, en particular, se ha vuelto rápidamente más asertiva. Es el único competidor potencialmente capaz de combinar su poder económico, diplomático, militar y tecnológico para montar un desafío sostenido a un sistema internacional estable y abierto. Rusia sigue decidida a mejorar su influencia global y desempeñar un papel disruptivo en el escenario mundial. Tanto Beijing como Moscú han invertido mucho en esfuerzos destinados a controlar las fortalezas de Estados Unidos y evitar que defendamos nuestros intereses y aliados en todo el mundo. Los actores regionales como Irán y Corea del Norte continúan buscando capacidades y tecnologías que cambien el juego, mientras amenazan a los aliados y socios de EE. UU. Y desafían la estabilidad regional.”

No hay ninguna diferencia con lo planteado por Trump. China y Rusia son los principales adversarios, Irán y Corea del Norte son enemigos de carácter regional.

Si bien Rusia no aparece como el gran enemigo en el documento, es de esperar que pronto aumente la tensión en sus fronteras. En especial en Ucrania, donde el gobierno está movilizando armamento pesado a la frontera con sus provincias rebeldes de Donetsk y Lugansk. Cabe recordar la historia del hijo de Biden en Ucrania y que Vicotria Nuland, que en 2014 se encargó de amparar el golpe de Estado contra Viktor Yanukovich que terminó con la secesión de Crimea y de estas provincias, pronto será subsecretaria de Estado para asuntos políticos. Todo parece sugerir que la política de Contención seguirá vigente para Rusia, como lo fue en el gobierno de Trump y durante la Guerra Fría.

Pero a diferencia del gobierno de Obama, que realizó un tardío “pivot al Pacífico”, Biden retoma la confrontación con China que comenzó con Trump. Reconoce que China es su gran competidor que ha perdido espacio en ámbitos multilaterales a manos de este país:

La forma más efectiva para que Estados Unidos supere a una China más asertiva y autoritaria a largo plazo es invertir en nuestra gente, nuestra economía y nuestra democracia. Al restaurar la credibilidad de Estados Unidos y reafirmar el liderazgo global con visión de futuro, nos aseguraremos de que Estados Unidos, no China, establezca la agenda internacional, trabajando junto a otros para dar forma a nuevas normas y acuerdos globales que promuevan nuestros intereses y reflejen nuestros valores. Al reforzar y defender nuestra red incomparable de aliados y socios, y al realizar inversiones de defensa inteligentes, también disuadiremos la agresión china y contrarrestaremos las amenazas a nuestra seguridad colectiva, prosperidad y forma de vida democrática.

Esta política de contención de China, iniciada por Bush jr. y reinstaurada por Trump, se basa en el establecimiento de una red de países con intereses enfrentados a China. Los socios elegidos para ese plan son Australia, India y Japón, que con Estados Unidos conforman el Quad.

El presidente Biden incluso ha llevado esta competencia al ámbito del COVID-19. Para contrarrestar la “diplomacia de vacunas” con la que China y Rusia están promoviendo sus productos sanitarios en gran cantidad de países, EEUU acordó con los países del Quad el financiamiento de una campaña de donación de vacunas para los países del sudeste asiático.

Conclusión

El gobierno de Joseph Biden, en su Estrategia Provisional de Seguridad Nacional, muestra que no tiene grandes diferencias con su antecesor, Donald Trump. La competencia estratégica con China y Rusia sigue en pie, Irán y Corea del Norte siguen siendo “amenazas” a la seguridad estadounidense. Tal vez lo más preocupante es la incorporación de una división ideológica, entre demócratas y autócratas, que puede asemejar más el escenario a uno de una nueva Guerra Fría.

Si bien la estrategia parece favorecer la diplomacia, las alianzas y el multilateralismo por sobre la utilización de fuerza militar, esto está supeditado a la protección de los intereses nacionales estadounidenses en cualquier parte del mundo. Por lo tanto, no es más que otro ejercicio de gatopardismo. Cambiar la estrategia para seguir la misma estrategia.