Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Verónica Pérez Taffi

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Verónica Pérez Taffi

El miércoles 16 de Septiembre tuvimos el segundo diálogo del ciclo “Pensar la Unidad Sudamericacna hoy”, coordinado por Mariana Vázquez y el auspicio del Centro de Estudios en Ciudadanía, Estado y Asuntos Políticos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). A continuación las intervenciones de Verónica Perez Taffi, Presidenta de la Asociación de Estudios de Relaciones Internacionales Argentina.

Primera Intervención

Quería agradecer al Observatorio, la invitación de Mariana, a Sebastián, a Federico y  a quienes me acompañan en este diálogo. Y a todos los participantes. Muchas gracias.

Quisiera ir por dos lugares. Primero un punto que retoma un poco la discusión del anterior diálogo, que recién mencionaba Mariana. El preguntarnos si estamos en una nueva guerra fría. Y, en segundo lugar, voy a hacer alguna nota de referencia a los análisis desde la polaridad. Por esos dos lugares voy a ir.

Voy a comenzar con una anécdota que tiene que ver con José Paradiso por allá por  la década del 90. Después de tantos ríos de tinta decretando la muerte de la guerra fría, fue la primera persona que insistía en tener el reparo al respecto del fin de ese ciclo. Esto sin soslayar los dramáticos cambios que se produjeron en el mundo a partir de la caída del muro de Berlín, y desde el desmembramiento, disolución, implosión, y múltiples términos que dan cuenta de lo sucedido en la Unión Soviética.  Lo que planteaba José Paradiso en aquel momento era que esos reparos tenían que ver con que, si uno de los protagonistas de este largo ciclo de la guerra fría se mantenía incólume, se podía esperar la rehabilitación de ciclos de tensión, una y otra vez.

En segundo lugar, lo que quiero mencionar es otro dato que está a favor de la continuidad, a pesar de la pregunta, que tiene que ver con la existencia de residuos activos. Residuos activos desde la década del 90, como por ejemplo Afganistán, en diferentes escenarios y, sobre todo, a partir de la década de 2000. Podemos mencionar varios escenarios, si quieren después podemos hablar de eso, donde se rehabilitó el ciclo de tensión particularmente entre Estados Unidos y ahora Rusia.

En tercer lugar, la Guerra fría fue un ciclo único e irrepetible. Fue un ciclo de confrontación ideológica donde dos grandes superpotencias ofrecían diferentes tipos de organizaciones políticas y económicas. Una confrontación ideológica sustentada sobre una base militar. Aun cuando podemos sostener que fue un ciclo único e irrepetible, no podemos descartar la posibilidad de encontrar algún o algunos elementos comunes. Todo ejercicio de análisis o de interpretación histórica no puede soslayar la comparación o la utilización del método comparativo.

En cuarto lugar, en algún momento de la guerra fría,  los estrategas norteamericanos establecieron parámetros para la política exterior norteamericana y estos parámetros tuvieron que ver con dos grupos de tres actores cada uno. Una es la denominada trilateral, que involucraba a Estados Unidos, Europa y Japón y el otro era el triangular que involucraba a Estados Unidos,  a la Unión Soviética y a China en ese entonces. Lo que podemos observar hoy es el desplazamiento del trilateral y la rehabilitación del triangular. Para muchos, con Estados Unidos tramitando su declive, su retirada o su repliegue; para otros todo lo contrario. Esto con Rusia reposicionándose en diferentes escenarios aquí y allá y con China marchando hacia la cima, sin prisa, pero sin pausa.

La política mundial que observamos no se reduce a ese triángulo, contiene otros escalones, contiene otros lotes, en el que encontramos Estados como grandes poderes como el Reino Unido, Francia, Alemania y después tenemos un conjunto de otros Estados que han incrementado su gravitación a nivel internacional por su ubicación geopolítica, por sus trayectorias históricas, por sus identidades ideológicas y políticas, por sus relaciones con los grandes poderes. Acá podemos mencionar a la India, Arabia Saudita, a irán, a Turquía.  Y después tenemos un gran conjunto de Estados bastante diverso que deben decidir sobre los roles que van a desempeñar en este escenario: si van a desempeñar roles autonómicos o si van a desempeñar roles alineándose con algún o algunos poderes.

La mención a la guerra fría o la nueva guerra fría parece no ser caprichosa ni antojadiza. También en relación con esto podemos observar que en la nueva estrategia de seguridad nacional, el presidente de EEUU Donald Trump, allá por diciembre de 2017l mencionaba en primer lugar que una de las amenazas para los intereses norteamericanos y al orden mundial que Estados Unidos intenta sustentar, eran Rusia y China. En la nueva estrategia de Seguridad Nacional. se menciona a Rusia y a China como potencias revisionistas, que había que neutralizar. Esto nos lleva a pensar, esta idea de neutralizar o limitar la presencia de estas potencias, a preguntarnos si con esto no se está redituando, algo de esto escuché en el diálogo anterior, una nueva estrategia de contención, esa que fue tan propia en el período de la guerra fría. Si pensamos en que va a ser una nueva estrategia de contención quizás también podemos pensar que América Latina se va a transformar en el primer escenario para los Estados Unidos. Una región donde Estados Unidos nunca toleró la presencia o injerencia de potencias extra continentales. Acá vuelvo a cítar a José Paradiso, obviamente, con un artículo que él escribe hace mucho tiempo, en el que indicaba que ningún análisis de nuestra región podría evitar tener en cuenta una estructura geopolítica particular de América Latina, que un análisis de América Latina no podía soslayar tener en cuenta su cohabitación con una potencia hegemónica de alcance global y su situación periférica. Estados Unidos tuvo como norma, por lo menos desde el siglo 19, el evitar la injerencia de potencias extra continentales valiéndose de la doctrina Monroe, del uso unilateral de esa doctrina con este propósito

Lo podemos ver desde finales del siglo XIX. Para muchos la aventura francesa se produjo por una distracción en Estados Unidos, mientras llevaba a cabo su guerra de secesión. Ya en el siglo XX, la política de la buena vecindad o del buen vecino también estuvo dirigida a los propósitos de neutralizar la presencia alemana, pero también obviamente no puedo no mencionar el hecho de que muchas de las fuerzas democráticas de la región ya habían mostrado su descontento, su irritabilidad, su irritación en realidad, por las sucesivas intervenciones de los Estados Unidos en la región. Después de la segunda guerra mundial, y cuando se empieza un período de guerra fría, obviamente vamos a ver la utilización de la doctrina Monroe con mayor intensidad. Sin embargo, esto no pudo evitar la presencia rusa, no pudo evitar el éxito de la revolución cubana. pero Estados Unidos no se podría permitir otra Cuba. Por lo tanto de ahí en más vamos a observar tantos esfuerzos por limitar y/o condicionar el desenvolvimiento que, con diferentes matices, intentaron muchos de nuestros países para una política autonómica o independiente. Obviamente las oligarquías regionales y los militares en ese entonces fueron los aliados incondicionales de estas políticas que restringían la autonomía y que evitaban cualquier tipo de relacionamiento, incluso comercial, con potencias extra regionales.

Esto se liga finalmente con aquello que José Antonio Sanahuja decía en el diálogo pasado, con esta patología que presenta la disciplina de las relaciones internacionales al insistir en los análisis desde la polaridad. Discutimos desde el principio de la década de 2000 dentro de la disciplina cómo es la estructura,cómo es el reparto del poder a nivel internacional y ahí vamos a tener diferentes conceptualizaciones: que el mundo es uni-multipolar, que es interpolar, es apolar, es no polar, que es múltiplex, que es policéntrico, y me quedó corta. La única nota que quería decir  respecto de esto, es que esta concentración en la polaridad y el analizar al sistema internacional desde la polaridad, es algo que se arrastra como patología dentro de la disciplina. Pero lo llamativo del tema es que se arrastra de la mano de teorías hegemónicas. Por lo cual, lo último que quería decir era que, para analizar al sistema internacional, para analizar a la región, sobre todo, no perdamos de vista la posibilidad de realizar estudios que tengan en cuenta las trayectorias históricas, que tengan en cuenta las identidades y que los análisis de la polaridad nos pueden conducir a tener que elegir entre Rusia y China, o entre Rusia, China y Estados Unidos.

Segunda Intervención

En otra oportunidad hice referencia al tema de los análisis de la polaridad, a que esa insistencia desde la polaridad, esta confrontación en la guerra fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos, había dejado de lado otra historia, que quizás era la historia principal. Esa historia  tenía que ver con la descolonización de lo que en la guerra fría se llamó “el tercer mundo”. Y no fue casual. Lo que podemos recuperar de esa historia de descolonización son principios dentro de ese mundo que calaron profundo y que creo que se tienen que recuperar. En la guerra fría fue el no alineamiento, fue el regionalismo y fue el principio de no intervención. Algo que de alguna manera nuestra región termina discutiendo, rearmando y exportando. Entonces eso en primer lugar.

¿Qué dejaría afuera hoy un análisis centrado en la polaridad? Si nos centramos en la polaridad, como dije antes, terminaríamos teniendo que elegir entre China y Estados Unidos fundamentalmente. Pero no me quiero olvidar de ese triángulo rehabilitado. Con respecto a esta pregunta que hago, sobre si estamos o no en guerra fría. Fue una pregunta y difícilmente pueda dar una respuesta, pero lo que sí puedo observar es la rehabilitación de ese triángulo. Y no lo digo yo; también lo dice esta nueva estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos. Entonces no me parece un dato menor, porque la región tiene que repensarse, tiene que repensar su propia identidad, tiene que repensar la latinoamericanidad, rediscutir si latinoamericanidad o sudamericanidad. Tiene que discutiir muchas cosas. Entonces, si nos concentramos en que tenemos que elegir entre uno y otro, también se van a perder esos principios que fueron tan importantes y esa otra historia durante la guerra fría.

Por último, sobre este triángulo. Se trata no solamente de actores que tienen capacidad sino voluntad de actuación global. Hay una gran diferencia con el resto de las potencias. De alguna manera lo que quiero decir es que muchos de los otros escalones se van a dirimir en sus propias regiones. La pregunta es qué va a pasar con la nuestra, teniendo en cuenta todo esto que traté de recoger desde el pasado, haciendo una lectura desde una trayectoria histórica de larga duración y de una perspectiva crítica.

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