30 años del Mercosur | Una reflexión sobre su dimensión social

por Ana María Cortés¹

En la conmemoración del 30º aniversario de la creación del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), las reflexiones y balances son indispensables. Sobre todo para quienes -reconociendo una condición situacional periférica-estamos convencidas y convencidos de la importancia de este tipo de convergencias regionales que fortalece a nuestros países y les posibilita conseguir mayores márgenes de autonomía.

Nacido en los ’90, en los albores del regionalismo “abierto”, y enmarcado en la definición del “Consenso de Washington”, en sus inicios, constituyó una estructura institucional que privilegió lo económico-comercial sobre la base de: una rápida apertura comercial, la integración competitiva a mercados y la atracción de inversiones extranjeras. Por detrás, estaban los dictados del libre mercado y el supuesto de que esta “receta” posibilitaría la modernización de cada uno de los países integrados en el MERCOSUR.

Gerardo Caetano definió a esta etapa como la del MERCOSUR Fenicio, donde la integración era sinónimo de creación de mecanismos para afianzar una relación comercial utilizando el mercado regional como “trampolin” para la inserción internacional. Este esquema, como lo demuestran numerosos estudios, sirvió para el beneficio de empresas transnacionales que aprovecharon las oportunidades de la apertura comercial y la desregulación de la economía.

A la luz de la crisis político–institucional, económica y profundamente social que padeció la región hacia fines de los 90´ y principios del 2000, el voto popular favoreció la llegada al poder de gobiernos comprometidos con las necesidades de sus pueblos y que impulsaron nuevas agendas en la integración. De la mano de estos presidentes, se configuró una nueva etapa en el MERCOSUR que, sin dejar de ser una plataforma comercial, decidió ir más allá y avanzar en una perspectiva más integral.
Se fortalecen así las dimensiones política, productiva y social que también impactarán en la creación de nuevos espacios en la estructura institucional del MERCOSUR.

El momento bisagra en la Dimensión Social fue, en octubre de 2003, la firma del Consenso de Buenos Aires entre el Presidente Nestor Kirchner y el Presidente Lula da Silva. Este documento, sostiene que “… la integración sudamericana debe ser promovida en el interés de todos, teniendo por objetivo la conformación de un modelo de desarrollo en el cual se asocien el crecimiento, la justicia social y la dignidad de los ciudadanos” y en el que, reconociendo las disparidades regionales, abogan por “… instrumentar políticas de desarrollo regional que contemplen y respeten la diversidad del territorio”.

De esta forma, cambia la perspectiva de la integración, donde el elemento político –y ya no el economico- se transforma en motor del proceso de integración y el Estado, el ordenador de las relaciones sociales.

Nace, de esta forma, un MERCOSUR Social, que buscará -sobre todo entre los años 2003 y 2015- introducir conceptual y concretamente una visión emancipadora de la Política Social. En este sentido, fue Alicia Kirchner, ex Ministra de Desarrollo Social de la Nación, quien sostuvo la necesidad de inscribir una nueva etapa en el proceso de integración destinada a fortalecer una política social integral que nos emancipe y coadyuve al fortalecimiento y profundización de nuestras democracias.

En este marco, la Reunión de Ministros y Autoridades de Desarrollo Social del MERCOSUR y Estados Asociados (RMADS), creada a fines del año 2000,ejerció un rol clave en la conformación de esta cosmovisión político–filosófica que tuvo su fundamento en la Perspectiva de Derechos.

De esta manera, se van generando los acuerdos políticos, programáticos y metodológicos que posteriormente irán siendo profundizados. Tal como se expresa en la Declaración de Principios del MERCOSUR Social, se establecen nuevas prioridades:

  1. El entendimiento de que la dimensión social no debe ser considerada subsidiaria de la dimensión económica, relegándola sólo a la compensación de los efectos sociales negativos derivados de la integración económica.
  2. Las problemáticas sociales han de asumirse más bien con toda su complejidad, procurando la integralidad en la respuesta a los problemas existentes. Sobre este fundamento, el MERCOSUR hace alusión a la “Dimensión Social” desde una perspectiva de intervención social necesariamente articulada, “pues la verdadera dimensión de una política social toma en cuenta todos los campos de la realidad, en sus aspectos económicos, sociales, políticos y culturales”
  3. El concepto de protección y promoción social entendido como el “conjunto de políticas públicas en amplia articulación con la sociedad civil que desarrollan respuestas, en principio a los niveles de mayor vulnerabilidad y riesgo pero donde el objeto esencial es la promoción de oportunidades que permitan la inclusión de la familia y la comunidad en un modelo de desarrollo sustentable; desde una visión de derechos, obligaciones y equidad, buscando la cohesión del tejido social con expresión territorial. Así entonces, este concepto busca hacer del MERCOSUR un ‘espacio inclusivo’ que fortalezca los derechos ciudadanos, políticos, económicos, sociales y culturales y la equidad territorial” y
  4. El respeto por las particularidades territoriales al momento de diseñar e implementar acciones conjuntas.

En este ideario, se inscriben la búsqueda de la equidad territorial, el respeto por la diversidad, la idiosincrasia e identidad de cada región y la promoción de la articulación entre las diferentes instituciones y actores sociales involucrados.

Esta nueva forma de entender la complejidad de la realidad social implicó el desarrollo de una agenda inicialmente centrada en tres ejes: 1) Seguridad Alimentaria y Nutricional, 2) Economía Social y Solidaria,3) Protección de niños, niñas y adolescentes, lo que llevó desde un principio a la necesidad de converger con otras áreas institucionales del MERCOSUR de modo de optimizar el abordaje. Se desarrollaron así diferentes proyectos, sobre todo en las zonas de fronteras, por considerarse territorios genuinos de la integración.

Entre los logros más importantes que tuvo la RMADS debe mencionarse la institucionalización de nuevas áreas que vinieron a fortalecer su agenda:

  1. El Instituto Social del MERCOSUR (ISM), creado en el 2007, y con sede en Asunción del Paraguay, como una instancia técnico/política de investigación, intercambio de experiencias y proyectos y de acompañamiento permanente de la dimensión social del MERCOSUR.
  2. La Comisión de Coordinación de Ministros de Asuntos Sociales del MERCOSUR (CCMASM), creada en el 2008, a instancias Argentina, con el objetivo de armonizar, articular y generar sinergias entre los espacios institucionales de lo social en elMERCOSUR, incluyendo áreas que van desde Desarrollo Social, hasta Seguridad e Interior. Tiene la función central de generar proyectos sociales pluriestatales transversales con eje en el Plan Estratégico de Acción Social (PEAS).

Los avances realizados y la profunda concientización sobre la importancia y la centralidad de la dimensión social para el proceso de integración, hicieron que el querido y recordado ex Canciller Héctor Timerman, en el marco de la Presidencia Pro tempore argentina en el 2012, definiera a la Dimensión Social como “el Corazón del proceso de integración”.Tal es así que estas agencias, susbases conceptuales que les dieron origen y agendas de gestión permanecen al día de hoy, a pesar de los vaivenes del proceso de integración.

En este sentido, como todo proceso político, el devenir del MERCOSUR no escapa a los avances, estancamientos y retrocesos producto de diferentes visiones en disputa. En los últimos años, fuimos testigos de la llegada de nuevas administraciones gubernamentales que insisten en una “vuelta a los orígenes” tal como expresaron en diciembre de 2015, durante la Cumbre de Presidentes del MERCOSUR. De esta forma, la agenda económico comercial vuelve a ser privilegiada particularmente a partir de una vinculación más abierta al mundo de la mano del libre comercio favoreciendo, desde la periferia, la profundización y dependencia respecto de una estructura productivameramente agroexportadora. Con lo cual, en este proceso, la dimensión social quedaría soslayada o en baja intensidad, en términos generales.

Sin embargo, actualmente el mundo vive una pandemia producto del COVID-19 cuyos efectos nos ponen cara a cara con problemas de alcance global, cuyas consecuencias son traducidos en más pobreza, desigualdad e inequidad. Es aquí y ahora, que urge repensarnos como región y recuperar la agenda social integral –revitalizada- como motor del desarrollo humano.

Nuestra región tiene experiencia -reciente- de gobiernos autoritarios que tiñeron con sangre y despojos nuestra historia de luchas y conquistas de derechos. Pero también, de Presidentes que, comprometidos con esa historia de reivindicaciones y cercanos a las necesidades de sus pueblos, volvieron a jerarquizar el acceso y disfrute de derechos, que se vio potenciado cuando nos pensamos y trabajamos como región. El MERCOSUR Social es ejemplo de ello. Los derechos sociales son Derechos Humanos.

La semilla está plantada, más tarde o más temprano la ciudadanía mercosureña la regará nuevamente y ella volverá a ver dar sus frutos.


¹ Ex Coordinadora de MERCOSUR y Asuntos Internacionales del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación (2003-2013)

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