30 años del Mercosur | Una mirada estratégica con perspectiva histórica

por Pablo Vilas¹

El encuentro que reunió por vez primera en la historia a los jefes de Estado de Sudamérica, tuvo lugar en el año 2000. Ese solo dato es más que un símbolo de lo sinuoso del derrotero de la integración regional en nuestra región, un derrotero que da cuenta y alerta sobre sus condicionantes, y sobre la dimensión de sus enemigos externos e internos.

El MERCOSUR tiene como antecedentes a los acuerdos bilaterales que iban teniendo lugar entre sus Estados Partes, en la medida en que avanzaba la recuperación de la democracia en América del Sur. Se destaca, entre ellos, el encuentro entre Raúl Alfonsín y José Sarney, presidentes de Argentina y Brasil, en Foz de Iguazú, hace poco más de 35 años. Es preciso recordar, sobre todo en estos tiempos, que en aquel entonces el hecho político integracionista fue un pilar de la consolidación democrática, de la configuración de esta región como una indiscutible zona de paz y, en el caso de Argentina, del intento de recuperación de un sendero de industrialización detonado sin tregua por la dictadura cívico militar.

En estos 30 años, desde la firma del Tratado de Asunción el 26 de marzo de 1991, el MERCOSUR se ha sostenido como una política de Estado; ha transitado diversas etapas, a tono con cada época. Una primera etapa neoliberal, en la cual se buscó convertirlo en un instrumento más para llevar adelante las políticas del Consenso de Washington en clave regional y ancladas en una institucionalidad multilateral. Y, luego, una etapa que tuvo la marca del giro político que nació con la llegada de Lula da Silva y Néstor Carlos Kirchner.

Esta etapa buscó avanzar en la búsqueda de mayor autonomía, un ejemplo de lo cual fue la muerte del ALCA en 2005 en Mar del Plata y la resistencia de los países del MERCOSUR más Venezuela a firmar luego acuerdos de libre comercio con EEUU o con la Unión Europea, en los términos asimétricos en los que estos se planteaban. Esa etapa también avanzó en la integración política y en la búsqueda de crear un piso regional de derechos profundizando la integración en las áreas sociales y ciudadanas.

Tiene sentido sin dudas, en el 30 aniversario de este proceso, preguntarse cuál es el valor de la integración regional hoy, en un contexto de transición hegemónica, de cambios en los procesos productivos, de una crisis económica casi sin precedentes, agravada por la pandemia, en fin, en un momento en el que muchos paradigmas tienden a ser fuertemente cuestionados.

Desde nuestra perspectiva, su valor estratégico e histórico es, hoy más que nunca, indudable. En primer lugar porque las razones que han motivado los proyectos de unidad regional desde una perspectiva nacional, popular y latinoamericana, siguen vigentes: la integración regional es la condición de la autonomía y el desarrollo en una región del mundo que ha tenido históricamente un lugar periférico, subordinado y dependiente en la economía y la geopolítica globales.

Sin embargo, retomando esas banderas, es preciso evaluar con mucho cuidado y sin reparos cuáles han sido los condicionantes y los obstáculos internos y externos para avanzar hacia una integración como la propuesta a comienzos de los 2000, bajo el liderazgo de los gobiernos democráticos populares; evaluar en un contexto de cambios geopolíticos y económicos cómo y con qué fuerzas es preciso avanzar hacia una mayor independencia económica, soberanía política y justicia social a escala regional.

En un contexto de tendencias hacia la desintegración económica y la fragmentación política de la región, la unidad debe ser más que nunca promovida por la política, con centralidad en la participación ciudadana. Una institución como el PARLASUR tiene un rol fundamental que cumplir en este sentido. Es el ámbito institucional por excelencia para la representación de la pluralidad política y el lugar indudable de la soberanía popular en escala regional, dónde se deja de lado la perspectiva nacional y se construye desde el colectivo regional.

La búsqueda de una integración soberana, que fortalezca la autonomía, que promueva un desarrollo con inclusión y que fortalezca, por ende, las condiciones para un ejercicio efectivo de la democracia, implica enfrentar vocaciones hegemónicas, intereses corporativos, mezquindades de patria chica. Ésa es la vocación política de quienes asumimos la responsabilidad de militar y trabajar para la integración con ese objetivo. Desde esa comprensión, con esa mirada, ningún esfuerzo para sostener la integración, para tender puentes de diálogo, para construir tramas de acciones comunes, debe ser vano.


¹ Diputado del Parlamento del Mercado Común del Sur, PARLASUR. Fue primer Director de la Casa Patria Grande “Presidente Néstor Carlos Kirchner”. Publicado anteriormente en la Revista Parlasur, N°27, Marzo 2021.

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