¿Plan Cóndor II? La preocupante vuelta de la “cooperación regional para la represión” en América Latina

¿Plan Cóndor II? La preocupante vuelta de la “cooperación regional para la represión” en América Latina

por Edgar Romero G. para RT

En octubre de 2019, Ecuador registró masivas protestas contra el gobierno del entonces presidente Lenín Moreno por la eliminación del subsidio a los combustibles, entre otras medidas económicas, para dar cumplimiento a un acuerdo alcanzado con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Según datos de la Defensoría del Pueblo, ese estallido social, que se prolongó desde el 3 al 13 de octubre de ese año , dejó un saldo de 11 muertos, 1.340 heridos —entre ellos 11 personas que perdieron un ojo— y 1.192 detenidos. Además, una Comisión Especial para la Verdad y la Justicia (CEVJ) concluyó que el Estado es responsable de represión y violaciones de derechos humanos durante esas manifestaciones.

Pocas semanas después, comenzaron en Bolivia violentas movilizaciones en rechazo al triunfo de Evo Morales en las elecciones presidenciales, que derivó en un golpe de Estado el 10 de noviembre y la instauración de un régimen de facto, liderado por Jeanine Áñez, que, apenas instalado, registró masacres contra el pueblo que se oponía a la nueva administración.

En el informe ‘Crisis de Estado, violación de los Derechos Humanos en Bolivia Octubre-Diciembre 2019’, de la Defensoría del Pueblo, se evidencian al menos cuatro matanzas tras la salida de Morales —y por las cuales el Ministerio de Justicia pide “una condena de 30 años” contra Áñez— ocurridas en Senkata, Sacaba, Montero y la Zona Sur de La Paz.

Las autoridades actuales hablan de 38 muertos por las represiones; y en octubre de 2020, la Asamblea Legislativa Plurinacional aprobó un informe que señala que 27 de los caídos fueron por impactos de bala —de calibre 22, 5,5 y 7,62—. Asimismo, afirma que 861 personas resultaron heridas.

Además, a mediados de agosto de este año, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de Bolivia, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), presentó su informe final en el que confirmó que hubo graves violaciones a los derechos humanos, como masacres, ejecuciones extrajudiciales, torturas y persecución política de carácter racista y misógino durante las jornadas de protesta de 2019.

Por otro lado, a finales de abril de 2021, las protestas antigubernamentales se avivaron en Colombia, en contra de una reforma tributaria presentada por el presidente Iván Duque y otras demandas sociales.

Según cifras del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, se registraron al menos 80 homicidios en el marco de las protestas. Además, la ONG denuncia que la mayoría de estas víctimas son responsabilidad de los agentes de seguridad del Estado.

Represión con apoyo

Sobre la represión estatal que se ha evidenciado en las protestas de estos tres países, este año salió a la luz una conexión, que además de a Ecuador, Bolivia y Colombia, también involucra a Argentina y Perú. Se trata de la cooperación entre estas naciones para el envío de armas y municiones que, presuntamente, fueron usadas por las fuerzas de seguridad estatales contra los manifestantes.

El caso se destapó en Bolivia. Las autoridades actuales revelaron que la administración de Moreno en Ecuador y la de Mauricio Macri en Argentina enviaron material bélico y gases lacrimógenos al gobierno de facto de Áñez.

Desde Argentina, se habrían enviado 40.000 cartuchos de balas de goma AT 12/70, 18 gases lacrimógenos en spray MK-9, cinco gases lacrimógenos en spray MK-4, 50 granadas de gas CN, 19 granadas de gas CS y 52 granadas de gas HC, según una carta que hizo pública el canciller boliviano, Rogelio Mayta, en la que el excomandante de la Fuerza Aérea boliviana Jorge Gonzalo Terceros Lara le agradecía al embajador argentino de entonces, Normando Álvarez García.

Mientras, desde Ecuador se enviaron 5.000 granadas de mano, 2.389 proyectiles de largo alcance calibre 37 milímetros, 560 proyectiles de corto alcance calibre 37 milímetros y 500 granadas de sonido y destello para exteriores, de acuerdo con un informe enviado por la ministra ecuatoriana de Gobierno, Alexandra Vela, a la Comisión de Soberanía de la Asamblea Nacional.

“Existía un plan continental para reprimir al pueblo boliviano”, señaló el ministro de Gobierno de Bolivia, Eduardo del Castillo, el pasado 19 de julio. 

Pero, además del envío a Bolivia, se conoció luego que Colombia y Perú también prestaron armamento a Ecuador “en las jornadas de octubre de 2019”, según dijo la comandante General de la Policía, Tanya Varela.

De acuerdo con el informe enviado por Vela al Parlamento ecuatoriano, desde Colombia enviaron a Quito elementos antidisturbios, incluyendo 19.150 cartuchos de gas CS 37 y 40 milímetros, granadas de gas, granadas multiimpacto CS/OC y fusil lanza gas cóndor. Por su parte, desde Perú mandaron granadas y cartuchos lacrimógenos (7.000), así como perdigones de goma (5.000).

Entretanto, el pasado 10 de mayo, 14 días antes de dejar el poder, el gobierno de Moreno envió a Colombia, sumido en las protestas que habían iniciado el 28 de abril, 5.500 granadas de gas lacrimógeno “de triple acción”, 9.500 proyectiles de largo alcance lacrimógeno al 37/38 milímetros, 12.500 proyectiles de corto alcance lacrimógeno al 37/39 milímetros y 7.500 cartuchos de propulsión de carga múltiples.

El “enemigo interno”

El “plan continental” al que se refiere el funcionario boliviano ha sido denominado “Plan Cóndor II” por algunos especialistas, entre ellos el exsecretario ejecutivo de la CIDH Paulo Abrão, para traer a colación el “Plan Cóndor” u “Operación Cóndor”, la represiva y coordinada maniobra llevada a cabo por las dictaduras de Suramérica en las décadas de 1970 y 1980 contra los opositores.

“Hacer una referencia al Plan Cóndor tiene apenas una intencionalidad simbólica de recuperar una práctica de coordinación regional para la represión que revive los peores traumas históricos de nuestra región”, dice Abrão, en entrevista con RT.

En este sentido, aclara que “no se trata de intentar comparar realidades o contextos históricos”, pero sí de “identificar el elemento de continuidad, en la lógica de generarse en el presente un tipo de articulación entre áreas de seguridad de los países con fines políticos y con consecuencias de erosión democrática”.


“El uso de la cooperación para fines de represión y con motivaciones políticas de sustentación de determinados grupos en el poder no tiene ningún fundamento en ninguna legislación, ningún tratado, ninguna convención. “

El exsecretario ejecutivo de la CIDH señala que no es un tema fácil, ya que se trata de posibles graves violaciones a los derechos humanos “vinculadas por esa práctica de cooperación regional para la represión”; una cuestión que, dice, ya se creía haber “superado” en la región hace varias décadas.

“La gravedad del tema pasa por esta ideología de querer articular por razones políticas acciones que tienen que ver con resultados represivos vinculados al mantenimiento o la toma de poder dentro de los países. Eso es algo que pensábamos haber superado históricamente, pero desafortunadamente fue recuperado”, enfatiza.

Abrão explica que los Estados legítimamente tienen derecho a cooperar en materia de transferencia de tecnología, promoción de buenas prácticas de formación de sus órganos de seguridad o perfeccionamiento de protocolos que tengan como finalidad fomentar la seguridad ciudadana; pero es ilegítimo cuando “un gobierno solicita ayuda de los Estados con el objetivo de recaudación de armas, de material bélico, para control social o para realizar operativos que tienen que ver con represión y que tiene consecuencias en la violación de los derechos humanos”.

“El uso de la cooperación para fines de represión y con motivaciones políticas de sustentación de determinados grupos en el poder no tiene ningún fundamento en ninguna legislación, ningún tratado, ninguna convención”, recalca.

El extitular de la CIDH manifiesta su preocupación, además, porque quienes han sido protagonistas de ese proceso de coordinación de envío de armas, que presentan como justificación que “habría intentos, con motivaciones políticas, para promover desestabilización dentro de esos países”.

Eso suena a la vieja doctrina de la seguridad nacional, el viejo macartismo que se dirige a su pueblo, a sus movimientos sociales, a su sociedad civil organizada como una especie de enemigo interno”, menciona.

“Un legado que preservar”

Abrão aboga porque estas prácticas sean repelidas de manera contundente, a fin de evitar que sean incorporadas como una nueva normalidad aceptable en materia de cooperación regional en Latinoamérica.

Enfatiza que la región, a partir de la experiencia con las dictaduras de hace varias décadas, se destaca por haber logrado construir estándares y jurisprudencia que son referencias internacionales en materia de derechos humanos y ha definido culturalmente una contraposición al terrorismo de Estado, a la cooperación para la represión, a la persecución política, rechazando todas la formas de autoritarismo y de opresión.

“Nosotros tenemos un legado que preservar”, señala el entrevistado, e insiste en que es “inadmisible” que no haya consecuencias públicas, comenzando con las investigaciones respectivas, sobre este precedente que han sentado Ecuador, Bolivia, Colombia, Argentina y Perú.

En Argentina se abrió una causa en la que fueron imputados el expresidente Macri, el exembajador argentino Álvarez García, la exministra de Seguridad Patricia Bullrich, el exministro de Defensa Oscar Aguad, el exjefe de Gabinete Marcos Peña, el excanciller Jorge Faurie y el exsecretario de Asuntos Estratégicos Fulvio Pompeo.

En Ecuador, en junio pasado, el asambleísta Fausto Jarrín presentó una denuncia ante la Fiscalía General del Estado contra Moreno y su exministra de Gobierno María Paula Romo. De momento, se adelanta la investigación en la Comisión de Soberanía del Parlamento.

“Hay que exigir que la Justicia de Ecuador también responda, el Estado de derecho en Ecuador está en juego, comenta Abrão.

“Puede ser que se abra una caja de pandora que podría demostrar otras prácticas similares en la región en el enfrentamiento de situaciones complejas.”

Además de los procesos judiciales al interno de cada país, el extitular de la CIDH indica que los foros internacionales deberían estar discutiendo públicamente estos hechos.

“Los organismos internacionales deberían, en este momento, revisar el tema y también enviar mensajes a estos países que han creado estas situaciones, en el sentido de rechazar que estas prácticas puedan repetirse o, quizás, aprender con esta lección y generar fortalecimiento en sus normativas internas, para explicitar la prohibición de cooperación para la represión”, manifestó.

A Abrão le causa inquietud el que pueda existir algún tipo de “interés” para que no se quiera dar visibilidad a la gravedad de este asunto. “Puede ser que se abra una caja de pandora que podría demostrar otras prácticas similares en la región en el enfrentamiento de situaciones complejas”, dice.

Perspectiva Latinoamericana | El foro de Miami como atril de la derecha regional

Perspectiva Latinoamericana | El foro de Miami como atril de la derecha regional

por Ariadna Dacil Lanza

Líderes de la derecha regional intervinieron en el foro “Defensa de la democracia en las Américas” organizado en Miami por Interamerican Institute for Democracy (IID) en otras organizaciones y medios de comunicación. Discursos en contra del populismo, críticas a la protesta social, etiquetas de dictadura y cuestionamiento a líderes electos a través de las urnas en la región, fue la banda de sonido del evento a cargo de funcionarios y ex mandatarios de la región. Piñera, Duque, Moreno, Almagro y Macri.

Mientras el presidente Alberto Fernández participaba en Ensenada de un acto junto a Cristina Fernández de Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa -para presentar un plan dirigido a terminar unas viviendas paralizadas desde el 2016, pero también para exhibir una foto de unidad en el Frente de Todos-  el expresidente Mauricio Macri hablaba, desde Miami, sobre populismo y “defensa de la democracia”. Luego se supo que el referente de Juntos por el Cambio aprovechó el viaje para vacunarse contra el Covid-19 en una farmacia de la ciudad norteamericana, según él mismo lo comunicó en sus redes. En febrero, Macri había dicho que no se inmunizaría hasta que no esté inoculado “el último de los argentinos de riesgo y los trabajadores esenciales”.

“Tenemos que decir que este es el evento más serio a nivel hemisférico que se ha realizado. La democracia está perdiendo territorio ante el avance de quienes quieren perpetuarse en el poder (…) el mensaje del foro es claro: ‘La democracia va a prevalecer en este hemisferio’”,

Dijo el presidente del Interamerican Institute for Democracy, Tomás Regalado, desestimando que todos los países de América del Sur tienen actualmente Presidentes que llegaron a através de elecciones -desde Alberto Fernández, Sebastián Piñera, Jair Bolsonaro, Mario Abdo Benítez, Luis Lacalle Pou, Iván Duque, Nicolás Maduro, Luis Arce hasta el recientemente electo Guillermo Lasso- y mantienen elecciones periódicas, salvo el caso del golpe de Estado en Bolivia.

Luego agregó que en el foro se iban a “escuchar a las voces de la verdad, a presidentes, líderes excepcionales”, en referencia a las expresiones de la derecha regional y a empresarios de grandes medios de comunicación como fue el caso de Daniel Hadad -quien pidió por una “prensa libre” ya que según la consideración de uno de los medios de habla hispana con mayor alcance, se encuentra “amenazada”- . Regalado cerró con un “bienvenidos a esta fiesta de la libertad” en lo que terminó siendo una procesión en contra de lo que denominan populismo.

La punta de lanza fue Mauricio Macri quien durante el panel titulado “Defensa de la democracia” habló sobre los que considera los tres desafíos que enfrenta la democracia: la disrupción tecnológica en todos lo ámbitos sociales; el afianzamiento de las autocracias y el populismo.

“Las democracias no mueren por golpes de estado; ahora el proceso es gente que gana las elecciones y desde adentro empieza a socavar las instituciones”

Dijo Macri, quien tuvo que darle un giro al discurso del presidente de IID.  

“Se proclaman defensores del pueblo para justificar todo tipo de atropello. Se crea impunidad por hechos graves de corrupción”, comentó Macri quien está siendo investigado por la Justicia argentina en distintas causas y también se lo vinculó con jueces y fiscales que lo visitaron en la residencia oficial mientras ejercía su cargo como Presidente, y también está siendo investigado por una presunta red de espionaje ilegal desde el Poder Ejecutivo sobre políticos, periodistas, y organizaciones sociales.

En el foro, Macri también  le habló a su público sobre el populismo: “inocula el virus de la resignación”, metaforizó. Quien durante su gobierno hizo descender a la Salud de Ministerio a Secretaría también dijo: “ninguna crisis sanitaria nos puede arrebatar nuestras libertades, eso es inaceptable”.  

Quien compartió el mismo panel con el líder de Cambiemos fue Luis Almagro, secretario general de la OEA, el organismo que sigue cuestionado internacionalmente por su acusación de supuesto fraude electoral en las elecciones bolivianas del 20 de octubre de 2019. Almagro igualmente se erigió en defensor de la democracia en la región:

“si no resolvemos nuestros problemas estructurales de pobreza y desigualdad es difícil que mejoren nuestras democracias”.

Almagro no se olvidó de Venezuela y dijo:

“la corrupción venezolana es lo más asqueante que ha existido en la historia de la humanidad (…) hay que perseguir el dinero bolivariano en las campañas del hemisferio, desde Canadá hasta Tierra del Fuego”

Pero no dio ningún detalle o denuncia concreta.

Los que decidieron no viajar a Florida pero participaron de forma virtual fueron, Sebastián Piñera -denunciado por ejemplo en abril pasado por organizaciones sociales ante el Tribunal Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad- e Iván Duque -acusado de reprimir las protestas que ya llevan dos más de dos semanas y dejaron al menos 41 fallecidos-. Los dos Presidentes que si bien llegaron a través de las urnas, no gozan de buena salud ya que fueron el blanco de las principales protestas populares que hubo en la región en los últimos años, además de las de Ecuador contra Moreno. 

A su turno,en el panel denominado “Acciones concretas para la Defensa de la Democracia”, intervino el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, donde contó una anécdota crítica del pueblo ecuatoriano:

“En algún momento una persona me lo dijo de forma frontal: Ojalá tuviéramos un mejor presidente. Y yo le dije, ojalá tuviera un mejor pueblo”.

En varias entrevistas, Moreno ya había insistido en que se arrepiente de haberse postulado en 2017. Moreno, el Presidente que se retirará con menos del 10% de aprobación, tampoco se le olvidó hablar de Venezuela:

“Los servicios de inteligencia de Ecuador han detectado, y ya se lo he comunicado al presidente Iván Duque, la grosera intromisión del dictador [Nicolás] Maduro en Colombia. Es importante que todo el mundo le diga en este momento a Maduro que saque sus sangrientas y abusivas manos de Colombia”.

De esa forma Moreno atribuyó parte de las protestas populares en contra del gobierno colombiano y sus políticas de ajuste y represión a una supuesta intromisión externa. El político ecuatoriano sin legitimidad al interior de su país y en lo que fue uno de sus últimos actos como presidente argumentó que con la victoria de Guillermo Lasso, su país va “en camino a convertirse en Venezuela”

Otros de los paneles del encuentro, se llamó “Agresión a la democracia en las Américas”, participaron por ejemplo el periodista Carlos Alberto Montaner; Alejandro Aguirre, presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa; y el empresario de medios argentino Daniel Hadad. Todos siguieron con el mismo salmo: la democracia en la región está en peligro. La abogada y política ecuatoriana María Paula Romo habló incluso de intento de golpe de Estado contra Lenin Moreno durante las protestas que recibió ese gobierno en su contra: “Más de 400 policías y militares fueron secuestrados por los manifestantes” y que el gobierno “hizo todo para evitar la escalada de violencia (…) Resistimos un golpe de Estado. Estos son los nuevos golpes en nuestros países”, dijo en una de las afirmaciones más insólitas de la jornada pero coincidente en la deslegitimación de las protestas sociales: o son injerencias externas, o tienen una intención golpista. 

Como detalle final de los predicadores de las libertades democráticas es necesario recordar que el director ejecutivo del Interamerican Institute for Democracy, Carlos Sánchez Berzaín, que se presenta en la página oficial de la organización como patrocinador en Bolivia de “causas históricas en materia de defensa de las libertades fundamentales y del control de constitucionalidad”, nada menciona de su carrera como exministro de Gonzalo Sánchez de Lozada. De hecho, días antes de la organización del evento en Miami, un juez federal de ese distrito confirmó que el expresidente boliviano y su ex funcionario deberán pagar una indemnización de 10 millones de dólares por una serie de matanzas extrajudiciales que realizaron militares de su país durante protestas callejeras en 2003. Ambos políticos bolivianos habían sido denunciados por familias de personas indígenas que murieron en las masacres y los demandaron en Estados Unidos bajo la ley de protección a las víctimas de la tortura, que autoriza a denuncias por matanzas extrajudiciales ocurridas en otros países.

El foro que pretendió ser una supuesta prédica de resistencia democrática, terminó siendo una tribuna para que políticos y empresarios de la región con causas judiciales y escasa legitimidad en sus países, y líderes de organismos internacionales cuestionados, hablaran desde Estados Unidos sobre los problemas del continente Americano.

Perspectiva Latinoamericana | La obstinada persistencia del correísmo ante el triunfo de Lasso y la apuesta a la reconfiguración del escenario ecuatoriano

Perspectiva Latinoamericana | La obstinada persistencia del correísmo ante el triunfo de Lasso y la apuesta a la reconfiguración del escenario ecuatoriano

por Federico Montero

Las elecciones en Ecuador expresan la primera derrota en presidenciales del correismo y el retorno de un representante directo de la banca al gobierno del país. También la emergencia de nuevos actores y la existencia de un proceso de renovación aún abierto dentro del movimiento indígena. A pesar de ello, merece destacarse la obstinada persistencia del correísmo que logró la mayoría en la Asamblea Nacional y parece dispuesto a dar pelea.

Sorpresas te da la vida. Habiendo estado en las horas siguientes al 7 de febrero a punto de quedarse afuera de la segunda vuelta, este 11 de abril, Guillermo Lasso logró revertir una diferencia de 13 puntos desde la primera vuelta, en la que Andrés Arauz había obtenido un 32%, capitalizando la mayor parte de los votos del tercer y cuarto candidato, Yaku Pérez y Xavier Hervas.

El resultado de la primera vuelta convenció a Lasso de que si bien el anticorreismo era un sentimiento dominante, no había producido una polarización sino que había demandas de nuevo tipo que debía articular. Contando con el capital de haber enfrentado en dos elecciones anteriores al propio Correa, Lasso supo imprimirle un cierto sentido de hazaña a la remontada, jugando de atrás con una combinación de planificación y apertura a la confrontación en la jerga de redes y memes, que se manifestó en los días del debate presidencial.

Para ello diseñó una campaña de articulación de demandas heterogéneas centrada en la proximidad, la empatía y la emotividad con el sello de Durán Barba. Este discurso pudo más que la apelación más ideológica de Arauz a ese mismo electorado, a través de una convocatoria a una convergencia entre el progresismo, la plurinacionalidad y la socialdemocracia.

El clivaje del que se valió Lasso – el anticorreísmo – fue más eficaz que el que propuso Arauz – el antineoliberalismo – y fue favorecido por la conducta de Yaku Pérez y Xavier Herbás y su electorado. Esos electores mayoritariamente votaron en la segunda vuelta por Lasso o engrosaron el voto nulo, que pasó del 9 al 17% entre ambas vueltas, fundamentalmente centrado en los departamentos donde Yaku Pérez había obtenido mayor caudal de votos.

Tres asimetrías importantes permitieron sustentar esta remontada: la asimetría de recursos económicos, que favoreció desproporcionadamente al banquero Lasso, la asimetría en la instalación y el tratamiento en los medios de comunicación y redes sociales, y la asimetría estratégico organizativa de la campaña, con la mitad del bunker de Arauz en el exilio y su fuerza en proceso de reorganización tras 4 años de persecusión.

Aunque la crisis social, económica y sanitaria de Ecuador encuentra su principal responsable en Lenin Moreno y las fuerzas que ayudaron a su gobernabilidad, entre las cuales se sitúa el propio Lasso y hasta las movilizaciones de 2019, un sector del movimiento indígena, el anti correísmo fue la matriz que terminó definiendo la elección en la segunda vuelta. Lasso logró articular desde ese discurso, demandas que no necesariamente coinciden con su identidad ni programa político y esa fue la clave para la segunda vuelta.

LA OBSTINADA PERSISTENCIA DEL CORREÍSMO

A pesar de haber sido derrotado en la segunda vuelta, Arauz logró un 47% de los votos en una elección cuesta arriba y sentó las bases de la renovación del movimiento político. Contra todas las restricciones legales e institucionales, la proscripción de Correa, la estigmatización de los medios de comunicación y el quiebre prolongado de su estructura política y militante tras cuatro años de exilio y persecución.

Subrayar que la elección fue la reafirmación de la existencia del correísmo no equivale a eludir las críticas que algunos análisis esgrimen sino situarlas en un contexto de significación política más amplia. Esta no fue una elección más. No es exagerado decir que si para Lasso fue una disputa electoral, para el correísmo fue una disputa existencial: a nivel de la existencia de la libertad física de sus dirigentes, que aún no está garantizada, de la existencia colectiva de su organización tras haber perdido su partido político y tener a su conducción en el exilio y finalmente a nivel de su presencia como experiencia transformadora en la memoria histórica del pueblo ecuatoriano.

A diferencia del kirchnerismo durante el gobierno de Macri, o del MAS durante el gobierno de facto de Añez, el correísmo tuvo que hacer frente a una persecución persistente en condiciones organizativas muy precarias derivadas algunas de su génesis y otras de una cierta inclinación tecnocrática en el armado de la fuerza política. La crisis que antecedió a la llegada de Rafael Correa al gobierno no sólo barrió con la legitimidad de los partidos hasta entonces existentes sino también de las mediaciones sociales, la principal de ellas la propia CONAIE que venía del fracaso de la experiencia de Lucio Gutiérrez. No aparecía allí ni el movimiento obrero, ni movimientos sociales medianamente estabilizados, ni las fuerzas armadas, todas estructuras organizativas que sustentaron otros procesos populares por la misma época. De ahí que Correa nominara al proceso como “revolución ciudadana”.

A pesar de haber reunido a importantes cuadros de la izquierda ecuatoriana y de los movimientos sociales, Alianza País, la fuerza que fundó Correa, se fundó desde el gobierno y mayoritariamente se quedó en él cuando los dirigentes críticos a Moreno plantearon sus diferencias y rompieron.

Desprovistas de los recursos del estado nacional, las redes organizativas y estructuras militantes del correismo se mantuvieron pero raleadas con la ayuda de unos pocos gobiernos locales que lograron sostener. En esas condiciones, tuvieron que desarrollar estrategias de supervivencia y restablecer formas de enlace entre distintos sectores del movimiento: la conducción en el exilio, las conducciones de gobiernos locales y las redes y movimientos sociales. Cada uno de ellos en condiciones diferentes y con necesidades y objetivos tácticos divergentes y por momentos contradictorios, todo ello agravado por la presión del gobierno y la estigmatización.

Las dificultades de coordinación derivadas de esa situación se expresaron en la campaña y en parte explican las dificultades y el resultado, que es tanto una derrota electoral como una reafirmación de que el correísmo existe y es la primera minoría en la Asamblea Nacional. Todas las críticas y el necesario ejercicio de autocrítica tienen como base ese supuesto, que hace un año o dos, no era evidente. En ese sentido, la derrota electoral del correísmo no significa necesariamente una derrota política. todo depende de cómo siga la película.

UN RESULTADO ESTRECHO CON ALTO GRADO DE INCERTIDUMBRE

El resultado fue ajustado y contradijo lo que habían pronosticado la mayoría de los sondeos: de 17 aprobados por el CNE, sólo 2 indicaban el triunfo de Lasso, un yerro de las encuestas que ya es común en las elecciones a nivel regional y global.

Meses antes de la primera vuelta, se especulaba que las chances del correísmo, con la cancha inclinada y un candidato poco conocido, estaban en obtener los 40 puntos necesarios para evitar la segunda vuelta, esperanza que se sostuvo hasta que empezaron a conocerse los resultados del 7 de febrero. El buen desempeño de Hervas y de Pérez en la primera vuelta desarmó la idea de la polarización electoral, afectando los planes tanto de Lasso como de Arauz.

Sin embargo, las tensiones entre Yaku Perez y Lasso por el segundo puesto y ciertas turbulencias al comienzo de la campaña de la segunda vuelta le abrieron una luz a Arauz. ¿Nadie vio venir la remontada de Lasso? El amesetamiento del crecimiento de Arauz y el buen desempeño en el debate acrecentaron la confianza de Lasso y eran indicios, pero la derrota del correísmo, aún disminuido, debía ser algo difícil de dar por sentado para alguien que ya había sido derrotado dos veces por Correa.

Esta incertidumbre parece haber afectado más al campamento correista que al de Lasso. El bunker de Arauz, además de ser más precario – como se señaló más arriba – confiaba en una matriz territorial de agregación de votos que a la luz del escrutinio resultó atrasar un poco. Esa imagen había sido erosionada en los cuatro años de gobierno de Lenin Moreno, y potenciada por la campaña de Lasso, y los posicionamiento de Pérez y Herbas. La sociedad ecuatoriana se volvió más opaca para el correismo. El 11A mostró que los núcleos correistas fueron menos potentes de lo que se esperaba, los anticorreistas más expansivos y las zonas en disputa – la sierra media y los departamentos de la amazonía indígena – se inclinaron mayormente contra Arauz, ya sea hacia Lasso o por el voto nulo.

Más allá de la incertidumbre, en lo inmediato, los estrechos 3 puntos que de haberse dado vuelta hubieran cambiado la elección, se perdieron sobretodo en las dificultades de la campaña para conectar con los sectores urbanos más alejados de la política, en los jóvenes atravesados por la socialización de la pantalla táctil, en los sectores indígenas que sienten que el correísmo no los representa, en las demandas de una agenda de nuevo tipo, todo sobre un telón de fondo de crisis económica, social y sanitaria prolongada. En un escenario de paridad, ningún detalle es menor, incluida la capacidad de desplegar una efectiva fiscalización en las mesas de votación, y en la carga de resultados, en un proceso electoral donde las instituciones no fueron neutrales y la presencia de los observadores de la OEA fue dominante.

Esta explicación centrada en las dificultades en la campaña, tiene su contrapartida en tendencias de mediano plazo que afectaron a los procesos populares de comienzos de siglo al promediar sus gobiernos, allá por 2013. De las protestas que arruinaron la previa del mundial en Brasil, al conflicto del Tipnis en Bolivia, pasando por la ruptura de un sector del peronismo bonaerense con CFK en Argentina y los conflictos del movimiento indígena con Correa, todos eran indicadores de un escenario político que se complejizaba con la aparición de demandas de nuevo tipo, disidencias con las que lidiar, la aparición de oposiciones de derecha en condiciones de disputar y los dilemas de la necesaria renovación.

En definitiva, el 11A se dieron cita determinantes de corto y mediano plazo que obligan a pensar en la dificultad para representar lo diferente y recuerdan que la mayoría electoral es el resultado de un minucioso trabajo de articulación en sociedades partidas y exasperadas por la pandemia y las pantallas.

LA CUESTIÓN DE LENIN MORENO y LA RESPONSABILIDAD DE LA CRISIS

El gobierno de Lenin Moreno se retira con una de las más bajas aprobaciones en la historia del país, habiendo aplicado un fuerte programa de ajuste, rompiendo su alianza con Correa e incumpliendo su promesa con su electorado. Moreno buscó gobernabilidad prestada en los sectores antagónicos al correísmo pero se quedó sin sustento propio más que la institucionalidad gubernamental, que movilizó para quebrar al sector que se mantuvo fiel a Correa a partir del referéndum constitucional y consulta popular de 2018. En un escenario de retracción del precio del petróleo, Moreno recurrió al endeudamiento externo y al FMI. La contracara de las medidas de ajuste recomendadas por el organismo fue el ascendente ciclo de movilización popular que estalló en octubre de 2019, seguida de una muy precaria gestión de la pandemia.

Sin tradición de movilización ni capacidades organizativas, con su conducción exiliada, el correísmo asistió perplejo a la reaparición del movimiento indígena en el centro de la escena de resistencia al ajuste. Los dirigentes correistas que levantaron el perfil y mostraron solidaridad con las demandas fueron perseguidos y encarcelados. Las movilizaciones de octubre de 2019 y su feroz represión instalaron al movimiento indígena en la escena nacional y conmovieron a los sectores urbanos. Más allá de las diferencias entre la vieja guardia, los liderazgos emergentes y la figura de Yaku Pérez, la presencia de este actor potente y más bien anticorreísta impugnando al gobierno de Lenin complicó mucho la capitalización del descontento con el gobierno por parte del correísmo.

Con la irrupción de la pandemia, el empeoramiento de las condiciones objetivas de los sectores populares convivió con el congelamiento de la escena callejera en la foto de octubre de 2019 y el desplazamiento del debate al plano institucional donde se dio el intento de proscripción del correísmo. La toma de partido – por momentos contradictoria – de las distintas autoridades electorales y gubernamentales en la tarea de la configuración de la competencia electoral fue ostensible y valió el involucramiento de distintos actores internacionales.

Esta situación produjo distintos efectos. En primer lugar obligó al correísmo a dedicar sus escasos recursos organizativos y energías de sus liderazgos a la lucha por no quedarse afuera de la elección. En cierta forma, la necesaria campaña contra la proscripción y por la libertad de sus dirigentes le quitó energía a la denuncia de la tragedia sanitaria en la que el manejo de la primera ola de covid sumió a la sociedad ecuatoriana.

De cara a las elecciones, no teniendo un candidato claro, no hubo quien “pagara el costo” de la situación actual en Ecuador y por ende la propia crisis fue objeto de disputa entre Araúz, que asignaba responsabilidad a Lasso por compartir funcionarios y concepciones con el gobierno de Lenin, y Lasso, que le asignaba al correísmo una continuidad de crisis y corrupción de los gobiernos de Correa y Lenin.

YAKU PÉREZ, XAVIER HERVAS y LA DIFICULTAD DE LA ARTICULACIÓN DE LO DIVERSO

Los resultados de la segunda vuelta mostraron una clara partición electoral entre la zona costera, donde se impuso Arauz, y la zona de la sierra, donde triunfó Lasso. Si se compara esta situación con la primera vuelta, resulta que en la mayor parte de la zona serrana el triunfador había sido Yaku Pérez. ¿Cómo explicar este fenómeno?

Ecuador es un país heterogéneo en cuanto a su realidad social y cultural y esto se traduce en las representaciones sociales, liderazgos y comportamiento electoral. Desde su surgimiento, la base territorial del correísmo tuvo un desplazamiento hacia la costa, geografía en la que se impuso el 11A. Como contrapartida, en la sierra está la fuerza del anticorreísmo, que concentra tanto los votos de Lasso como los de Yaku Pérez. En ese escenario, Arauz no logró posicionarse como un “mal menor” frente al electorado neutral. En la segunda vuelta, los votos de la sierra que podrían no haber ido a Lasso, fueron mayoritariamente votos nulos.

Conocidos los resultados de la primera vuelta, una de las primeras cosas que hizo Andrés Arauz, mientras Lasso disputaba con Pérez su boleto al 11A, fue convocar a una convergencia entre el progresismo, la plurinacionalidad y la socialdemocracia. Se refería de esta forma a la unidad de sus electores con los de Pérez y Hervas. Sin embargo, en los hechos, ese electorado mayormente terminó inclinándose por Lasso o votando nulo.

A partir de lo anterior, algunos analistas han señalado esa dificultad como propia de la fragmentación o falta de unidad de la izquierda. Está claro que la clave de la segunda elección estaba en la apelación al electorado que no había votado ni por Arauz ni por Lasso en la primera vuelta. El tema era cómo conseguirlo. Con los resultados a la vista, resultó más exitosa la apuesta de Lasso por una articulación diferencial de las demandas que cada una de esas candidaturas había representado, que la convocatoria en términos de restablecimiento de una unidad perdida mediante una convocatoria de tipo ideológica. Arauz eligió un camino intermedio, que fue una convocatoria a la articulación de identidades, en una suerte de agregación desde la positividad de cada una.

La principal razón por la que prevaleció la estrategia de Lasso ya ha sido mencionada y es el anticorreismo como entramado de fondo, aunque no necesariamente dominante, en estas dos expresiones políticas y que se volvió explícito en declaraciones de Hervas y Yaku Pérez.

Pérez capitalizó hacia un indigenismo de tipo multicultural, una de las tendencias dentro del movimiento indígena, el saldo de las movilizaciones de octubre del 2019. A su vez, su discurso en defensa de la Pachamama sintonizó con la nueva agenda de sensibilidad anti extractivista y ambiental, construyendo así un puente entre el mundo de la sierra y un sector de la juventud urbana. El lema “Yaku es pueblo” le permitió conectar también con los sectores urbanos empobrecidos por la crisis económica.

Por herencia de los conflictos de la última etapa del gobierno de Correa que en campaña Arauz no supo o no pudo desarticular, esta agenda se le fue haciendo cada vez más hostil. De esta forma, su apelación a la confluencia con “la plurinacionalidad” devenía abstracta ya que ese sector social se identificaba más con la agenda anti extractiva y de defensa de los bienes comunes como el agua, que con la demanda plurinacional.

Tanto por los resultados de la primera vuelta como por el voto nulo, estas elecciones marcan el regreso al centro de la escena política del movimiento indígena, que será un actor determinante en la continuidad del proceso político, fortaleciéndose en el debate interno el sector que plantea un camino autónomo de Lasso y del correísmo.

La dificultad en la conexión de Arauz con el electorado de Hervas en la segunda vuelta tiene una explicación análoga pero quizás sea menos difícil de revertir en el futuro para el correísmo si se da una estrategia adecuada.

Xavier Hervas, un joven empresario, utilizó la estructura del partido Izquierda Democrática, de raíz socialdemócrata, para explotar un perfil de nuevo fenómeno político orientándose hacia un núcleo de electores jóvenes urbanos más esquivos a la retórica ideológica clásica. Lejos de presentarse como la continuidad de la tradición del partido que fundó Rodrigo Borja, Hervas jugó a expresar una renovación del partido a partir de un discurso crítico de los políticos tradicionales.

En la primera vuelta, Hervas logró un 16% centrándose en esa campaña, con fuerte impacto en Quito, la capital del país. Aunque la propia candidatura de Arauz representó un intento de renovación política y generacional en el correismo, no logró conectar plenamente con esta nueva agenda y sus formas culturales. En la segunda vuelta, Lasso, un banquero de 65 años, logró dejar atrás su imagen acartonada y logró disputar esa agenda.

Al igual que la reaparición del indigenismo, esa nueva agenda de demandas, de carácter más urbano y generacional, interpeló de manera oblicua al correísmo, con respuestas ambivalentes y errores de posicionamiento. Esta nueva agenda ciudadana, centrada en las cuestiones de género, ambientales y culturales, es propia de una generación juvenil, cuya socialización está atravesada por la lógica de la comunicación en redes sociales.

La lección de Ecuador

La lección de Ecuador

por Emir Sader para Página/12

La izquierda ecuatoriana acudió profundamente dividida a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Sus tres candidatos (antineoliberales los tres) obtuvieron 66 por ciento en la suma de los votos: Andrés Arauz 32, Yaku Pérez 19, Xavier Hervas 15. En la segunda vuelta, Arauz subió solamente 17 puntos, llegando a 47. Los otros dos candidatos no dieron apoyo formal a ninguno, pero concentraron sus críticas en Arauz, a quien consideraban el enemigo principal.

Mientras, Guillermo Lasso obtuvo 19 por ciento en primera vuelta, pero subió 33 puntos en la segunda – casi la misma cantidad de votos de Yaku y Xavier Hervas sumados (34 por ciento). Lo cierto es que esta trasferencia de votos hizo que la izquierda, teniendo mayoría en primera vuelta, perdiera en la segunda. El análisis de las regiones de concentración de votos de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) apunta hacia donde Lasso terminó conquistando más votos en la segunda vuelta.

Así, la izquierda, mayoritaria en el país, terminó perdiendo las elecciones. Y la derecha, claramente minoritaria en primera vuelta, por la división de la izquierda, terminó imponiendo a su candidato.

¿Por qué pasó esto? En primer lugar, está claro, por la falta de sentido de unidad por parte de dos candidatos de la izquierda – Pérez y Hervas. Porque éstos han privilegiado contradicciones secundarias con el gobierno de Rafael Correa – conflictos con el movimiento indígena, cuestiones de preservación del medio ambiente – frente a la contradicción fundamental de nuestro período histórico, aquella entre neoliberalismo y posneoliberalismo. La CONAIE propuso un esdrújulo “voto nulo ideológico”. Ese caudal de votos nulos– 1.600.00, mientras que en la segunda vuelta del 2017 hubo 980 mil – tuvo un peso determinante en el resultado final, porque Lasso terminó ganando por la diferencia de cerca de 400 mil votos.

La izquierda mayoritaria no fue capaz de restablecer la unidad de su campo en la segunda vuelta y fue derrotada. Tiene que ver también con la forma en que el gobierno de Correa – el más importante de la historia de Ecuador – trató los temas de divergencias dentro del campo popular.

La oposición , tanto la de derecha como la de izquierda, explotó de forma central el anticorreismo. La derecha lo hizo de forma consciente. Sectores de la izquierda lo hicieron de forma irresponsable. A veces confesaban que preferían a Lasso – el más grande banquero del país, ortodoxamente neoliberal -, a veces, de mala fe, lo favorecían, erigiendo el retorno del correísmo en su enemigo fundamental.

El problema de la falta de unidad de la izquierda y del ascenso de Lasso viene ya de la elección presidencial anterior, en 2017. Escogido por elecciones internas de Alianza País como el candidato de continuidad de la Revolución Ciudadana de Rafael Correa, Lenín Moreno le ganó por solamente poco más de dos puntos a  Lasso, después de 10 años del gobierno que más trasformaciones produjo en la historia ecuatoriana. Algo andaba mal. Pero no se han hecho los análisis debidos. En general la izquierda aprende más de las derrotas que de las victorias.

Decisivo para la división del campo correísta fue la traición de Moreno, que desde el mismo partido de la revolución ciudadana – Alianza País – debilitó a ese espacio, por el desconcierto que produjo, pero también por la represión directa hacia dirigentes del correísmo y al propio Rafael Correa, que se encuentra residiendo en Bélgica desde el 2017, mediante un proceso de judicialización típico de la derecha latinoamericana contemporánea.

Mientras tanto, sectores del movimiento indígena se consolidaban como espacio político propio – la CONAIE y Pachakutik -, con fuerte oposición al correísmo. Otros sectores de la izquierda – como la candidatura de Hervas, también asumieron esa postura.

Vale una comparación con Bolivia. Allí, a pesar de algunos conflictos con el movimiento indígena, el gobierno de Evo Morales siguió contando con el apoyo masivo de ese movimiento, que terminó siendo decisivo en la gran victoria del Movimiento alSocialismo (MAS) en primera vuelta en las últimas elecciones. El MAS reunificó el conjunto del campo popular y se reafirmó como la fuerza hegemónica, manteniendo en su interior las diferencias y conflictos dentro del campo de la izquierda.

En cambio Alianza Pais y el gobierno de Rafael Correa no pudieron superar sus conflictos con el movimiento indígena, que se autonomizó y pasó a oponerse, en su gran mayoría, al gobierno.

El conjunto de esos fenómenos, que desembocó en la incapacidad del correísmo de restablecer la unidad de la izquierda y afirmarse como fuerza hegemónica en el campo popular, llevó a que una izquierda mayoritaria en Ecuador fuera derrotada por una derecha minoritaria, que pasará a gobernar el país durante los próximos cuatro años, restableciendo su modelo neoliberal, empezando con la privatización del Banco Central ecuatoriano.

La izquierda ecuatoriana y toda la izquierda latinoamericana tienen que aprender de esta dolorosa derrota, valorizando todavía más la unidad interna y la centralidad del enfrentamiento con el neoliberalismo.

La derrota del progresismo en Ecuador

La derrota del progresismo en Ecuador

por Alfredo Serrano Mancilla y Sergio Pascual para CELAG

Luego de una derrota, siempre se suscita un gran interés por la búsqueda de culpables. Sin embargo, más que nombres y apellidos, lo que realmente sirve es entender las múltiples aristas de un proceso político tan complejo como el ecuatoriano. He aquí algunas variables para comprender por qué Andrés Arauz perdió contra Guillermo Lasso (47,5 % vs. 52,5 %).

  1. Tal como escribimos al terminar la primera vuelta, las movilizaciones de octubre del 2019 (en contra de las medidas FMI del Gobierno de Lenín Moreno) siguen dejando una huella imborrable en el tablero político en Ecuador: lo ha reordenado con evidentes consecuencias electorales. El movimiento indígena se constituye como sujeto, relevante en lo político y competitivo en lo electoral. Más allá de la heterogeneidad al interior del mismo y de las grandes divergencias existentes en la dirigencia, hoy en día es la segunda fuerza en la Asamblea y su candidato presidencial, Yaku Pérez, se quedó a 30 mil votos de pasar a segunda vuelta. Esto también ha tenido su correlato en el ballotage: llamaron al voto blanco/nulo y lo lograron (casi 2 millones de votos blancos/nulos). Todo lo que suceda en el Ecuador a partir de ahora, sí o sí, tendrá que tener en cuenta lo que ocurra en el seno del movimiento indígena y, por supuesto, en lo que pueda suceder en la próxima elección a inicios del mes de mayo a la Presidencia de la Conaie (Confederación de Nacionalidades Indígenas). No será lo mismo si gana Yaku Pérez que si lo hace Leonidas Iza. Si gana el segundo, entonces, Lasso tendrá una férrea oposición en el sector indígena.
  2. La campaña importó. Y el debate presidencial también. El “Andrés, no mientas otra vez”, que Lasso le espetara a Arauz en pleno debate fue efectivo en clave de “meme drop” simpático y pegadizo, que detrás de su aparente frivolidad escondía una acertada estrategia: cercenar la credibilidad de Arauz. Además de ese eje, Lasso logró mostrarse como lo que no es. Apenas dedicó tiempo a sus propuestas. Evitó cualquier posibilidad de dispersión en sus mensajes (fue repetitivo hasta aburrir). Centró toda su atención en “pescar” a la mayoría del electorado de Hervas (quien había sacado 16 puntos en primera vuelta) y a parte de lo que habían alcanzado los otros candidatos (13 puntos). Y lo logró. A eso hay que añadir que le agregó una mayor dosis de épica a su campaña, en base a la “remontada”. Esto contrastó con la campaña de Andrés, más plana y confiada, y que tuvo dos defectos: por un lado, creyó que la línea de meta se alcanzaba después de superar todos los obstáculos para llegar a inscribir la candidatura (por todo lo sufrido hasta entonces) en vez de haberla considerado como punto de partida; y, por otro lado, el inesperado resultado de primera vuelta los tuvo más de un mes paralizados. Un tiempo perdido que nunca es fácil de recuperar en una campaña electoral tan competitiva.
  3. Un frente es únicamente un frente real cuando está compuesto por diferentes partes; no se puede formar pareja con uno mismo. El correísmo lo intentó, pero en ningún momento lo pudo materializar. Desde primera hora esta idea, la necesidad de ampliar, no fue del todo genuina y sincera. La resaca de la traición de Lenín supuso un freno para la consecución de este objetivo. La desconfianza es siempre adversa al deseo de sumar a nuevos actores. El correísmo acabó siendo el correísmo en su esencia, y eso alcanzó para ser primera fuerza en primera vuelta pero no para ganar en la segunda.
  4. El relevo es una partida no saldada. La sucesión no es una cuestión baladí, ni en la vida, ni en la política. Es un asunto que al interior del progresismo latinoamericano en este siglo XXI aún cuenta con poca muestra como para extraer conclusiones robustas. Cada proceso lo hizo a su manera: Cristina con Alberto, Evo con Arce, y en el caso ecuatoriano estábamos en el segundo round, Correa con Arauz. Este es un estadio lleno de complejidades porque no está exento de dialéctica; es pseudogramsciano porque convive un liderazgo consolidado con otro que está en fase de nacer. Si esto tiene lugar en época electoral, entonces, todo se torna aún más difícil. Y no siempre sale bien. Esta vez, a la luz de los votos, no fue lo virtuoso que podría haber sido.
  5. El doble filo del lawfare. Lo hubo. El correísmo lo sufrió hasta el extremo. Correa no pudo presentarse como candidato y le han abierto muchas causas judiciales con y sin sentencia, pero todas ellas sin base alguna. Además, buena parte de sus líderes están exiliados, casi todos ellos perseguidos judicialmente. Todo eso ocurrió, aunque no todo puede ser explicado en base a ese proceso. Si un asunto (en este caso, el lawfare) funge como argumento monopólico, entonces se corre el riesgo de sobredimensionarlo, creyendo que todo, absolutamente todo, puede ser interpretado desde esa óptica. El lawfare existe, sí, es un asunto de gran transcendencia, pero considerado en modo monotema puede llegar a atrofiar la capacidad para advertir lo poliédrico de un fenómeno. (Y, por cierto, un detalle: la ciudadanía, en general, no desayuna lawfare).
  6. El efecto Lenín. Por muy paradójico que parezca, un notable porcentaje de la ciudadanía aún le achaca a Correa la responsabilidad del nefasto Gobierno de Lenín. Es paradójico porque el presidente Lenín cogobernó con Lasso y persiguió sin cesar al correísmo. Sin embargo, hubo una mayoría de electores que asumió que Lenín es, en parte, la “continuidad” del correísmo.
  7. ¿Conocemos a la clase empobrecida? El término “clase media” puede ser útil en un enclave geográfico y momento histórico. Pero no siempre sirve. Si se usa en exceso, es muy probable que se cometa un gran error: no sintonizar con la lógica aspiracional de las mayorías, con sus sentidos comunes, con su lenguaje y sus códigos dominantes. Es probable que algo de esto haya sucedido en Ecuador: Arauz estaba preocupado por esa población pero, en cambio, no logró una conexión con ellos como para permitirle ganar la elección.

Son muchas más variables las que se necesitan para entender por qué la ciudadanía ecuatoriana optó por elegir como presidente a un banquero (medios de comunicación, asimetría en el gasto en pauta publicitaria, etc.). Todas serán determinantes en lo que venga a partir de ahora. Lasso ganó la elección en esta segunda vuelta, pero su futuro estará en gran medida condicionado por si acaba padeciendo “la enfermedad de Macri”, esto es, creerse que su fuerza política es proporcional a los votos obtenidos en segunda vuelta. Confundir votos propios con votos prestados conlleva a una sobreestimación de sí mismo, que hace que se quiera gobernar como si tuviera mayoría. Y no. Lasso es la quinta fuerza en número de escaños en la Asamblea Legislativa, y casi 9 de cada 10 no le votó en primera vuelta (obtuvo sólo el 15 % de votos totales) seguramente porque no quieren un plan de gobierno neoliberal al uso.

Perspectiva Latinoamericana | 10 claves de la segunda vuelta presidencial en Ecuador

Perspectiva Latinoamericana | 10 claves de la segunda vuelta presidencial en Ecuador

por Florencia Tursi Colombo

1.  Este domingo 11 de abril los/as ecuatorianos/as acceden nuevamente a las urnas para elegir en segunda vuelta a la fórmula presidencial para el período 2021-2025.

2. La primera vuelta de las elecciones se llevaron a cabo el pasado 7 de febrero. Allí se eligieron 137 representantes de la Asamblea Nacional y 5 parlamentarios andinos.

3. En la primera vuelta hubo un claro ganador, el binomio Andrés Arauz y Carlos Rabascall de Unión por la Esperanza, que obtuvo más de 3 millones de votos, lo que representa el 32,72%. Sin embargo, la noche del domingo 7 se dio un empate técnico entre las 2 segundas fuerzas aplazando para varios días después el dictamen sobre qué segundo binomio pasaría al balotaje.

4. El escándalo provocado por las definiciones apresuradas del conteo rápido difundido por el propio CNE, llevó a que tanto Yaku Pérez de Pachakutik como Guillermo Lasso de CREO creyeran haber pasado a la segunda vuelta. El resultado definitivo se hizo esperar, provocando especulaciones y disputas de voto a voto por el segundo lugar para pasar a la segunda vuelta electoral. Finalmente, 4 días después de la elección se definieron los resultados, el binomio Guillermo Lasso y Alfredo Borrero pasó a la segunda vuelta con el 19,74% de los votos, mientras que el binomio Yaku Pérez y Virna Cedeño quedó en tercer lugar con el 19,39%.

5. Las encuestas señalan que Andrés Arauz mantendría la ventaja en la segunda vuelta electoral con una diferencia entre el 7 y el 8% sobre Guillermo Lasso.

6. Vuelve a suceder, como en 2017, un balotaje entre un binomio correista y un binomio representante del neoliberalismo. Será la tercera oportunidad para Lasso, la segunda en llegar al balotaje. Mientras que para Arauz será la oportunidad de revertir el viraje de Lenin Moreno y demostrar que el correísmo sigue siendo la principal fuerza política del país.

7. La elección transcurre en un contexto particular, el país se encuentra marcado por la caída de la actividad económica de alrededor del 11% del PBI, el aumento de la pobreza y el desempleo. Se estima que hay un millón de desempleados/as y 5,3 millones de trabajadores/as con condiciones laborales precarias, esto representa un 83% de los/las trabajadores/as del Ecuador que están en condiciones laborales precarias o desempleados/as. El número de personas en pobreza extrema ha aumentado se estima en el orden de los 3 millones de personas. De acuerdo a datos de Unicef, la pobreza ronda el 38% y la pobreza extrema el 20%.

8. En ese sentido, el tema central del debate presidencial fue la economía en el contexto de pandemia. Mientras que Lasso defiende la apertura económica y la estabilidad del dólar, en clara continuidad con el gobierno de Lenin Moreno,  Arauz propone un plan económico que permita incentivar la industria nacional, evitar la fuga de divisas, implementar una reforma tributaria progresiva y ayudar a las familias a recuperarse de la crisis incentivando el consumo.

9. El lawfare juega su papel en esta elección. La persecución judicial de los últimos años contra distintas figuras del correismo y centralmente contra el expresidente Rafael Correa, con 40 procesos judiciales abiertos, fue un tema crucial en esta campaña. La elección pone en escena la debilidad democrática del Ecuador ya que se han inventado y armado distintos escándalos con el objetivo de desprestigiar a la fórmula Arauz-Rabascall.

10. Asimismo, la elección pone en juego el capital político del correísmo y su capacidad de reinventarse y rearticular su estructura tras la ruptura del presidente Moreno con Rafael Correa y la persecución y exilio de sus principales liderazgos. La contienda entre Arauz y Lasso es, con claridad, una disputa entre dos modelos.

Elecciones en Ecuador: El correista Andrés Arauz vs el banquero Guillermo Lasso disputan el balotage

Elecciones en Ecuador: El correista Andrés Arauz vs el banquero Guillermo Lasso disputan el balotage

La segunda vuelta presidencial en Ecuador se define el domingo 11 de Abril. Para analizar el escenario del balotaje y lo que significaría el triunfo de cada candidato, Federico Montero, director del Observatorio del Sur Global, fue invitado al programa de radio “Algo con erre” en FM La Tribu.

Los resultados de la primera vuelta, las propuestas de los candidatos, la encuestas, el eje correísmo-anticorreísmo, las diferencias geográficas en el voto, la preparación para el conteo y mucho más se puede se puede escuchar la conversación de Federico Montero junto a Ariadna Dacil Lanza en “Algo con erre”.

Elecciones Presidenciales en Ecuador: El intrincado camino a la segunda vuelta

Elecciones Presidenciales en Ecuador: El intrincado camino a la segunda vuelta

Informe post electoral del Observatorio del Sur Global, que participa como organismo de observación electoral reconocido por el CNE desde Quito.

Introducción

El domingo 7 de febrero se celebraron elecciones presidenciales y legislativas en Ecuador. Debía elegirse binomio presidencial, 137 representantes para la Asamblea Nacional y 5 parlamentarios andinos. Ningún binomio logró imponerse en primera vuelta, por lo que se espera una segunda vuelta para el 11 de abril.

¿Cómo analizar los resultados? ¿Qué se espera para la segunda vuelta? ¿Cómo queda conformada la Asamblea Nacional? y algunos datos más en este informe.

Sistema electoral

La organización política del Ecuador se encuentra conformada por 24 provincias, 221 cantones y 1228 parroquias, entre urbanas (412) y rurales (816).

El reglamento máximo es la Constitución Política de la República del Ecuador del año 2008 y Ley de Régimen Municipal de Ecuador de 1971 (reformada a 1982). Asimismo, la Ley Orgánica Electoral y de Organizaciones Políticas de la República del Ecuador, denominada como el Código de la Democracia, que entró en vigencia en 2009, establece las reglas claras y democráticas de las elecciones, entre ellas establece cómo deben desarrollarse los procesos electorales y fija el manejo financiero de los partidos políticos, alianzas y movimientos.

El órgano encargado de convocar, organizar y garantizar las elecciones y el escrutinio, de acuerdo con los parámetros del Código de la Democracia, es el Consejo Nacional Electoral (CNE), junto con el Tribunal Contencioso Electoral (TCE).

El Ecuador es un país presidencialista que posee una Asamblea Nacional unicameral conformada por 137 miembros cuyos mandatos duran 4 años cumpliendo las funciones legislativas y con la posibilidad de reelección por un segundo ciclo de 4 años más.

El ejecutivo es comandado por un/a presidente/a y un/a vicepresidente/a cuyos mandatos duran 4 años con posibilidad de reelección por un mandato consecutivo más.

Se consagra ganador de una elección al binomio presidencial que obtenga más de la mitad de los votos válidos emitidos o más del 40% de los votos válidos con una diferencia del 10% sobre el segundo. En caso contrario se celebra balotaje o segunda vuelta electoral entre los 2 candidatos más votados.

El Código de la Democracia fue reformado en 2019 introduciendo algunos elementos y nuevas reglas. En primer lugar, se establece la paridad y alternabilidad de género en listas, siendo obligatorio una participación del 50% de las mujeres en las listas y sobre todo encabezadas por ellas, así como también una presencia de un 25% de jóvenes. Sin embargo, la aplicación de este punto, especialmente lo referido a que las fórmulas presidenciales deben ser binomios encabezados por una mujer y un varón, quedó pendiente de aplicación para el 2025.

En segundo lugar, se estableció que los/as votantes ya no podrán votar entre listas, sino que será obligatoriamente por plancha, es decir, votar a todos/as los/as candidatos/as de un mismo partido o alianza política. Por lo que no se puede votar candidatos para asambleístas de diferentes listas.

En tercer lugar, para la asignación de escaños se abandona el método D’Hondt y se aplica el de Webster. Este sistema se caracteriza por establecer promedios de los votos obtenidos por cada fuerza política para la Asamblea Nacional y asignar los escaños de acuerdo a los promedios más altos, buscando la mayor proporcionalidad posible en la representación.

Por último, establece que, aquellos partidos que no logren superar el 4% en dos elecciones seguidas, deberán devolver el 50% del fondo de promoción electoral recibido. Así como también se incorporan más regulaciones y controles a los fondos electorales.

En cuanto al conteo de los votos, para estas elecciones también se estableció el sistema de Conteo Rápido. El mismo consiste en una muestra de las actas de escrutinio oficial de 2.425 Juntas Receptoras del Voto, de un total de 38.806; exceptuando las del exterior, del Voto de las Personas Privadas de Libertad (PPL) y del Programa Voto en Casa, que representan el 2,78% de las juntas excluidas. Esa muestra que abarca 793.603 electores, que equivalen al 6.25% del Registro Electoral, sería el primer resultado electoral que daría a conocer el CNE la noche del domingo 7. En este sentido, los observadores regionales e internacionales, entre ellos el Observatorio del Sur Global, recomendaron a todos los actores políticos y a la ciudadanía ecuatoriana a esperar el escrutinio definitivo de los resultados totales oficiales emitidos por parte del CNE con tranquilidad y respeto.

Participación

Un poco más de 13 millones de ecuatorianos/as estaban habilitados/as para votar el 7 de febrero. Los observadores electorales, nacionales, regionales e internacionales, coinciden en indicar que la participación electoral fue alta, superando el 80%.

Cabe destacar que la alta participación estaba en duda semanas antes de la elección. Producto de la pandemia, el gobierno analizó la posibilidad de no cobrar, por esta vez, la multa a las personas que no sufraguen. Sin embargo, el Código de la Democracia establece una sanción económica por no ejercer el derecho al voto de 40 dólares, que el gobierno no pudo anular.

Por otro lado, atendiendo al contexto de pandemia, el Comité de Operaciones de Emergencia recomendó horarios de votación según el último número de la cédula de identidad, fijando dos turnos, aquellos con cédula par de 07:00 a 12:00 y aquellos con impar de 12:00 a 17:00. Esta recomendación buscaba evitar las aglomeraciones de personas en los centros de votación. Aunque no fue obligatoria, provocando que, en definitiva, no se cumpla y como consecuencia, pudimos observar largas filas en el día de la votación. Asimismo, muchos votantes manifestaron desconocer esa recomendación horaria. La gran afluencia de votantes hizo que se formaran en algunos establecimientos aglomeraciones, siendo dificultoso cumplir con el distanciamiento social. Sin embargo, pudo observarse entre los/las votantes un gran cumplimiento en el uso del barbijo o tapabocas.

El CNE en su Protocolo General para Prevención de la Propagación de la COVID-19 en el Proceso Electoral 2021, en un primer momento exigió que tanto los Miembros de las Juntas Receptoras del Voto como los observadores nacionales e internacionales presenten un PCR negativo. Lo cual también fue problemático ya que no todos los Miembros de las Juntas Receptoras del Voto tenían los recursos como para realizar dicho testeo, poniendo en duda la participación de dichos miembros en los comicios. Finalmente, la resolución fue anulada y el CNE junto al Ministerio de Salud llevaron adelante un programa de testeo gratuito y voluntario del 2 al 5 de febrero para aquellos miembros de las Juntas Receptoras del Voto que quisieran hacerlo. Pese a que, en algunos casos, hubo ausencia de miembros de las juntas receptoras del voto, esto no demoró sustancialmente el inicio y apertura de las mesas.

El intrincado camino a la segunda vuelta

  1. El domingo 7 de febrero a la noche se supo que en primera vuelta hubo un triunfo claro del binomio correísta Arauz – Rabascall
  2. Más de 10 puntos por detrás, se ubicaban el banquero Guillermo Lasso y Yaku Pérez, disputando el ingreso a segunda vuelta. Un poco más atrás se ubicaba Xavier Hervas, de Izquierda Democrática.
  3. De manera precipitada y contra las previsiones, el CNE informó que según sus cálculos, sería Yaku Pérez quien entraría en la segunda vuelta. Sus seguidores rodearon el Swissotel, donde se alojaban los Observadores electorales.
  4. Finalmente, el recuento ubicó a Lasso en segunda vuelta pero el CNE propició un inédito “pacto” entre Lasso y Yaku, auspiciado por la OEA, para revisar el 100% de las actas de Guayas y el 50 por ciento en 16 provincias sin la participación de los demás candidatos.
  5. En paralelo, se produjo la llegada “urgente” al Ecuador del Fiscal General de Colombia para investigar una dudosa denuncia sobre un supuesto financiamiento de la guerrilla a la campaña de Arauz.
  6. Entretanto, el gobierno de Lenin Moreno anunció la voluntad de profundizar la agenda de reformas neoliberales hasta tanto se suceda la segunda vuelta. La principal medida anunciada es la privatización del Banco Central de Ecuador
  7. Conocidos los resultados, la estrategia de Arauz ha sido apelar al “70% que votó por el progresismo, la plurinacionalidad y la social democracia”. Busca así traccionar a la base social del movimiento indígena y de Izquierda Democrática.
  8. En un giro político y ante la demora de definiciones, el 14 de febrero el candidato Guillermo Lasso se retractó en una carta pública al CNE del acuerdo con Yaku Pérez argumentando que buscaba “evitar un fraude y no fraguar uno”. Yaku Pérez respondió a su vez cuestionando al propio Lasso.
  9. Por su parte, el 15 de febrero la Misión de Observación Electoral de la OEA en Ecuador manifiestó su “preocupación sobre la falta de definiciones respecto al proceso electoral” e instó al CNE a informar de manera clara sobre los resultados.
  10. Posteriormente, autoridades del CNE anuncian que debe complirse con el calendario electoral y que “esperan poder proclamar los resultados el sábado 20 o domingo 21 de febrero”. Aclaronn que cualquier pedido de recuento deberá realizarse con posterioridad a esa proclamación.
  11. El día 19/2 el CNE rechazó un pedido de Yaku Pérez de realizar un recuento voto por voto.
  12. Ante la inminente proclamación de los resultados de la primera vuelta, el día sábado 20/2 a última hora, El contralor general del Estado, Pablo Celi, presentó una carta formal en la que solicita, al CNE, realizar una auditoría de su sistema informático, antes de que se celebre la segunda vuelta electoral. Cabe destacar que, aunque no posee competencias electorales, el rol del contralor Pablo Celi fue determinante durante el proceso de presentación de listas en la impugnación de 4 binomios, perjudicando centralmente al correísmo.
  13. En la madrugada del domingo 21/2, la Fiscalía General del Ecuador hace público un “impulso fiscal” para hacer una pericia al sistema informático del CNE para el mismo domingo 21.

Resultados

Asamblea Nacional
Se eligieron 137 miembros de la Asamblea Nacional, de ellos 15 son representantes Nacionales, 116 Provinciales y 6 delegados por los ecuatorianos/as residentes en el exterior.

La Asamblea Nacional para el período 2021-2025, con el 99,83% de las actas procesadas, quedó conformada por un bloque mayoritario compuesto por el correísmo cuya fórmula de Unión por la Esperanza (UNES) obtuvo una amplia diferencia de votos con respecto al resto de los movimiento (31,10%), en este sentido, se proyecta que la alianza UNES obtendría un total de 49 curules.

El segundo bloque de fuerza en la Asamblea será el movimiento Pachakutik (PK) que obtuvo en la votación para la asamblea un 17,92% de los votos, logrando 27 curules. Mientras que en tercer lugar se ubica la Izquierda Democrática con el 12,40%, proyectando 18 curules.

Le sigue, en cuarto lugar, el Partido Social Cristiano con 9,13 % habría obtenido 17 curules. Por último, el movimiento CREO con 9,77% que obtendría 12 curules. Las restantes 13 bancas se reparten entre partidos más pequeños y movimientos regionales.

Binomio presidencial
Las encuestas pre electorales habían señalado que de los 16 candidatos, 3 de ellos tenían más chances. En primer lugar se ubicaba el binomio Andrés Arauz y Carlos Rabascall de Unión por la Esperanza, en segundo lugar Guillermo Lasso y Alfredo Borrero de CREO, y en tercer lugar Yaku Pérez y Virna Cedeño de Pachakutik.

Aunque los pronósticos no fueron desacertados, ya que todos proyectaban una amplia ventaja de Arauz sobre el resto, nadie previó lo que sería en la noche del domingo 7 un empate técnico entre las 2 segundas fuerzas aplazando para varios días después el dictamen sobre qué binomios se enfrentarían en el balotaje del 11 de abril.

El escándalo provocado por las definiciones apresuradas del conteo rápido difundido por el propio CNE, llevó a que tanto Yaku Pérez de Pachakutik como Guillermo Lasso de CREO creyeran haber pasado a la segunda vuelta. El resultado definitivo se hizo esperar, provocando especulaciones y disputas de voto a voto por el segundo lugar para pasar a la segunda vuelta electoral.

Entre tanto, y ante los cambios numéricos, Yaku Pérez, quien en principio llevaba la ventaja sobre Lasso pero que luego fue quedando tercero, llamó a movilizar a las bases del movimiento indígena para vigilar y estar atentos a un posible fraude. Yaku Pérez fue el candidato que logró capitalizar políticamente lo que fueron las movilizaciones del 2019.

Finalmente, el miércoles 10 (a 3 días de la elección) comenzaron a conformarse los resultados definitivos de lo que sería la tendencia final e irreversible que indica que en balotaje se enfrentarán los binomios Andrés Arauz y Carlos Rabascall con Guillermo Lasso y Alfredo Borrero.

Con el 99,96% de las actas escrutadas, los resultados dan como ganador a Andrés Arauz con más de 3 millones de votos, lo que representa el 32,70%, y deberá enfrentarse en segunda vuelta con Guillermo Lasso, quien obtuvo un 19,74% de los votos. Mientras que en tercer lugar queda Yaku Pérez (19,38%) por una mínima diferencia de poco más de 33 mil votos. En cuarto lugar se ubica Xavier Hervas de Izquierda Democrática con el 15,69% de los votos.

Es llamativa la diferencia porcentual y en cantidad de votos que hay entre la primera fuerza y la segunda, algo que las encuestas preelectorales ya observaban. En los hechos estamos hablando de una diferencia de 1 millón 200 mil votos.

Segunda vuelta

La segunda vuelta presidencial se hará el próximo 11 de abril. Ese mismo día se celebran elecciones en Perú para elegir presidente, vice, congresistas y parlamentarios andinos; y en Chile para elegir convencionales constituyentes, junto con elecciones municipales y regionales.

La fecha es clave para empezar a pensar en una nueva configuración política de la región en general y de los países del pacífico en particular.

En Ecuador, vuelve a suceder, como en 2017, un balotaje entre un binomio correista y un binomio representante del neoliberalismo. Será la tercera oportunidad para Lasso, la segunda en llegar al balotaje. Mientras que para Arauz será la oportunidad de revertir el viraje de Lenin Moreno y demostrar que el correísmo sigue siendo la principal fuerza política del país.

Desde la primera presidencia de Rafael Correa, el correismo ha ganado cada elección presidencial, con Correa en 2007, en 2009 con la nueva Constitución, en 2013 y en 2017 con Lenin Moreno.

Aunque Moreno se distanció del correismo, y hasta provocó una de las persecuciones políticas más agresivas en democracia contra líderes de la Revolución Ciudadana, la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 2021, siguen demostrando, como en años anteriores que la disputa es entre dos modelos de país -progresismo y neoliberalismo- y que el correismo, pese a los intentos de deslegitimarlo, sigue siendo el movimiento que representa a los sectores progresistas.

Al mismo tiempo, la agenda neoliberal ha marcado, con Lenin Moreno, un trágico capítulo en la historia del Ecuador. Cualquiera que asuma la presidencia se encontrará con una crisis económica y sanitaria, el aumento de la pobreza y del desempleo, y las dificultades políticas de gobernar un país con disputas entre diferentes sectores ya que la polarización política y la persecución judicial que deja Moreno no tienen precedentes.

Perspectiva Latinoamericana | Crisis institucional amenaza la segunda vuelta en Ecuador

Perspectiva Latinoamericana | Crisis institucional amenaza la segunda vuelta en Ecuador

Por Federico Montero

Hay tensión en Ecuador. A casi dos semanas de la realización de la primera vuelta, una presentación de la Contraloría General y una orden de la Fiscalía General en la madrugada del domingo 21 de febrero que ordenan peritar los sistemas informáticos del CNE, ponen en riesgo la proclamación definitiva de los resultados y la validación de las candidaturas que pasan a la segunda vuelta del 11 de abril. El Movimiento Compromiso Social por la Revolución Ciudadana denunció la pretensión de la Fiscalía General  de retirar el equipo informático del órgano electoral para impedir la realización de la segunda vuelta. 

Las dos intervenciones institucionales, se produjeron horas antes de la proclamación oficial de los resultados por parte del CNE, en la madrugada del domingo 21.

Aunque el recuento terminó y arrojó un triunfo del candidato correísta Andrés Araúz, seguido por el banquero Guillermo Lasso, la paridad entre el segundo y el tercer lugar generó una serie de intervenciones por parte de distintas instancias institucionales de Ecuador que profundizaron las sospechas en un proceso electoral ya teñido de profundas irregularidades en la etapa de inscripción y proclamación de candidaturas, en perjuicio de los candidatos correístas.

A escasas horas de la proclamación de los resultados, el contralor general del Estado, Pablo Celi, presentó una carta formal  en la que solicita, al CNE, realizar una auditoría de su sistema informático, antes de que se celebre la segunda vuelta electoral. Cabe destacar que, aunque no posee competencias electorales, el rol del contralor fue determinante durante el proceso de presentación de listas en la impugnación de 4 binomios, perjudicando centralmente al correísmo.

Horas después, la Fiscalía General del Ecuador hace público un “impulso fiscal” para hacer una pericia al sistema informático del CNE para el mismo domingo 21 a primera hora.

Estas interferencias institucionales del gobierno de Lenin Moreno suceden después de que fracasara una propuesta de “acuerdo” entre el candidato Guillermo Lasso y Yaku Pérez, auspiciado por el CNE y con el aval de la OEA para limar asperezas y probablemente catapultar a Pérez a la segunda vuelta, ya que estaría mejor posicionado que Lasso para disputar una segunda vuelta con el correísta Arauz.

La injerencia de la Contraloría y la justicia ordinaria en el proceso electoral está vedada por la Constitución Ecuatoriana y el Código de la Democracia, que establecen que los órganos competentes son el CNE (en la organización de los comicios) y el TCE (en el control de la legalidad). Sin embargo, ya hubo un antecedente de intromisión en el proceso electoral 2021 cuando la Contraloría impugnó 4 listas y un Fiscal evitó el cumplimiento de una sentencia del TCE. El resultado perjudicó al correísmo, cuyo binomio fue el último en proclamarse y excluyó al partido Justicia Social (que se estimaba iba a presentar como candidato a Álvaro Noboa). 

¿Pero cómo fue el camino en estas casi dos semanas transcurridas desde las presidenciales? A continuación un breve repaso sobre el intrincado camino a la segunda vuelta:

  • El domingo 7 de febrero a la noche se supo que en primera vuelta hubo un triunfo claro del binomio correísta Arauz – Rabascall. Al no alcanzar el 40% de los votos, el marco legal ecuatoriano establece la necesidad de una segunda vuelta.
  • Más de 10 puntos por detrás, se ubicaban el banquero Guillermo Lasso y Yaku Pérez, disputando el ingreso a segunda vuelta. Un poco más atrás se ubicaba Xavier Hervas, de Izquierda Democrática.
  • De manera precipitada y contra las previsiones, el CNE informó que según sus cálculos, sería Yaku Pérez quien entraría en la segunda vuelta. Sus seguidores rodearon el Swissotel, donde se alojaban los Observadores electorales.
  • Finalmente, el recuento ubicó a Lasso en segunda vuelta pero el CNE propició un inédito “pacto” entre Lasso y Yaku, auspiciado por la OEA, para revisar el 100% de las actas de Guayas y el 50 por ciento en 16 provincias sin la participación de los demás candidatos.
  • En paralelo, la revista colombiana La Semana anunció la llegada “urgente” al Ecuador del Fiscal General de Colombia para investigar una dudosa denuncia sobre un supuesto financiamiento de la guerrilla a la campaña de Arauz.
  • En tanto, el gobierno de Lenin Moreno anunció la voluntad de profundizar la agenda de reformas neoliberales hasta tanto se suceda la segunda vuelta. La principal medida anunciada es la privatización del Banco Central de Ecuador.
  • Conocidos los resultados, la estrategia de Arauz ha sido apelar al “70% que votó por el progresismo, la plurinacionalidad y la social democracia”. Busca así traccionar a la base social del movimiento indígena y de Izquierda Democrática.
  • En un giro político y ante la demora de definiciones, el 14/2 Guillermo Lasso se retractó en una carta pública al CNE del acuerdo con Yaku Pérez argumentando que buscaba “evitar un fraude y no fraguar uno”. Yaku Pérez respondió a su vez cuestionando al propio Lasso.
  • Por su parte, el 15 de febrero la Misión de Observación Electoral de la OEA en Ecuador manifiestó su “preocupación sobre la falta de definiciones respecto al proceso electoral” e instó al CNE a informar de manera clara sobre los resultados.

  • El 19/2, autoridades del CNE anuncian que debe cumplirse con el calendario electoral y que “esperan poder proclamar los resultados el sábado 20 o domingo 21 de febrero”. Aclaran que cualquier pedido de recuento deberá realizarse con posterioridad a esa proclamación.
  • El mismo día, el CNE rechazó un pedido de Yaku Pérez de realizar un recuento voto por voto.
  • Ante la inminente proclamación de los resultados de la primera vuelta, el día sábado 20/2 a última hora, el contralor general del Estado, Pablo Celi, presentó una carta formal en la que solicita, al CNE, realizar una auditoría de su sistema informático, antes de que se celebre la segunda vuelta electoral. Cabe destacar que, aunque no posee competencias electorales, el rol del contralor Pablo Celi fue determinante durante el proceso de presentación de listas en la impugnación de 4 binomios, perjudicando centralmente al correísmo.

  • En la madrugada del domingo 21/2, la Fiscalía General del Ecuador hace público un “impulso fiscal” para hacer una pericia al sistema informático del CNE para el mismo domingo 21 a primera hora.
Debemos cuidar la democracia en el Ecuador

Debemos cuidar la democracia en el Ecuador

Por Ricardo Patiño Aroca para Nodal

Estamos alertas ante dos acontecimientos de ayer, 12 de febrero:

1.- La llegada “urgente” al Ecuador del Fiscal General de Colombia con la trillada denuncia de que fuerzas irregulares de ese país financian la campaña de Andrés Arauz. Este burdo montaje, que ya fue desmentido por el ex presidente Ernesto Samper y por la Internacional Progresista, se arma contra un joven profesional de conducta intachable, con la intención de manchar su nombre y sacarlo de la papeleta de la segunda vuelta, sin ningún fundamento fáctico ni jurídico. Rechazamos este tipo de conductas totalmente reñidas con la ética política.

2.- La decisión de dos candidatos presidenciales de recontar los votos, a lo que el CNE decidió someterse. Me referiré a este segundo tema.

De entrada, respaldamos cualquier verificación de votos, incluso recontando las papeletas en las urnas, para corregir irregularidades que pudieran haberse producido. Es un derecho democrático y especialmente significa respetar la voluntad del pueblo al depositar su voto. Estamos seguros que al final del mismo se confirmará el triunfo contundente de Andrés Arauz y Carlos Rabascall en la primera vuelta con más de 3 millones de votos.

La verificación debe hacérsela conforme lo que establece el Código de la Democracia (art. 138), que dice que el CNE puede verificar el número de sufragios en una urna en tres casos: a) cuando el acta hubiere sido rechazada por el sistema informático por inconsistencia numérica, b) cuando falten las firmas del presidente o secretario de la junta, y 3) cuando alguno de los sujetos políticos presentare copia del acta de escrutinio de la Junta Receptora del Voto y ésta no coincidiere con el acta computada.

Por otra parte, es inaudito que el CNE haya promovido un debate público de los candidatos que se están disputando el segundo lugar, excluyendo a los otros 14 candidatos presidenciales y, finalmente se someta a sus decisiones.

Lo que debió hacer es convocar al Consejo Consultivo de Organizaciones políticas, tal como está contemplado en la Ley para tratar un tema que atañe a todos los partidos, y en particular a aquel que obtuvo la mayor votación. Este Consejo Consultivo fue convocado durante seis ocasiones durante el proceso electoral y justamente cuando es más importante, no se lo convoca.

En el anuncio público que hizo la presidencia del CNE dijo, además, que en este proceso de verificación participarán sólo los delegados de las partes, o sea de los dos partidos solicitantes, lo cual es inaceptable. Deben participar los delegados de todos los partidos que estén interesados para cuidar las papeletas, que no pueden ser manipuladas exclusivamente por dos partidos políticos.

También es erróneo que el CNE excluya sin ninguna argumentación a los demás observadores internacionales y llame a participar solo a la representación de la OEA. A pesar de conocer la personalidad de la ex vicepresidenta de Panamá, quien preside actualmente dicha misión, de cuya honestidad no tenemos ninguna duda, recordamos las perniciosas actuaciones que ha tenido últimamente el secretario general Luis Almagro, particularmente en el golpe de estado en Bolivia en octubre de 2019. Deben incluirse todos los organismos y delegados internacionales que participaron en el proceso electoral.

Por último, cuidado con utilizar esta situación para intentar postergar o anular las elecciones, tesis esbozada por algunos sujetos políticos, al enfrentarse a la evidente derrota en la primera vuelta de Guillermo Lasso, el candidato de la banca y del gobierno, y pretender mantener artificialmente en el gobierno a Lenin Moreno.