Desde Rusia, con amor (talibán)

Desde Rusia, con amor (talibán)

por Pepe Escobar para The Cradle

Enfrentando grandes expectativas, una banda de cinco hombres talibanes finalmente tocó en Moscú. Sin embargo, la estrella del espectáculo, como era de esperar, fue el Mick Jagger de la geopolítica: el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov.

Desde el principio, Lavrov marcó la pauta para las consultas del formato de Moscú, que cuentan con el mérito de “unir a Afganistán con todos los países vecinos”. Sin perder el ritmo, se dirigió al elefante estadounidense en la sala, o la falta de él: “Nuestros colegas estadounidenses decidieron no participar”, en realidad “por segunda vez, evadiendo una reunión extendida en formato troika”.

Washington invocó vagas “razones logísticas” para su ausencia.

La troika, que solía reunirse en Doha, está formada por Rusia, Estados Unidos, China y Pakistán. La troika ampliada en Moscú esta semana incluyó a Rusia, China, India, Irán, Pakistán y los cinco “stans” de Asia Central. Eso, en esencia, la convirtió en una reunión de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) al más alto nivel.

La presentación de Lavrov amplió esencialmente los temas destacados por la reciente Declaración de Dushanbe de la OCS: Afganistán debe ser un “estado independiente, neutral, unido, democrático y pacífico, libre de terrorismo, guerra y drogas”, y con un gobierno inclusivo “con representantes de todos grupos étnicos, religiosos y políticos”.

La declaración conjunta emitida después de la reunión puede no haber sido exactamente un thriller. Pero luego, justo al final, el párrafo 9 ofrece la verdadera bomba:

“Las partes han propuesto lanzar una iniciativa colectiva para convocar una conferencia internacional de donantes de base amplia bajo los auspicios de las Naciones Unidas lo antes posible, ciertamente con el entendimiento de que la carga principal de la reconstrucción económica y financiera después del conflicto y el desarrollo de Afganistán debe ser apoyado por agentes de tropas que estuvieron en el país durante los últimos 20 años”.

Occidente argumentará que ya se llevó a cabo una especie de conferencia de donantes: esa fue la cumbre especial del G-20 por videoconferencia a principios de octubre, que incluyó al secretario general de la ONU, Antonio Guterres. Luego, la semana pasada, se habló mucho de la promesa europea de mil millones de euros en ayuda humanitaria, que, tal como está, sigue siendo extremadamente vaga, sin detalles concretos.

En el G-20, los diplomáticos europeos admitieron, a puerta cerrada, que la principal brecha era entre Occidente “queriendo decirle a los talibanes cómo gobernar su país y cómo tratar a las mujeres” como condiciones necesarias a cambio de un poco de ayuda, en comparación con Rusia y China siguiendo sus mandatos de política exterior de no interferencia.

Los vecinos de Afganistán, Irán y Pakistán, no fueron invitados al G-20, y eso es una tontería. Es una pregunta abierta si el G-20 oficial en Roma, del 30 al 31 de octubre, también abordará Afganistán junto con los temas principales: cambio climático, Covid-19 y una recuperación económica global aún esquiva.

Sin EE. UU. en Asia Central

De modo que el formato de Moscú, como debidamente destacó Lavrov, sigue siendo el foro de referencia cuando se trata de abordar los graves desafíos de Afganistán.

Ahora llegamos a la crisis. La noción de que la reconstrucción económica y financiera de Afganistán debería ser realizada principalmente por el antiguo ocupante imperial y sus secuaces de la OTAN – curiosamente denominados como “actores basados ??con tropas” – no tiene futuro.

Estados Unidos no construye naciones, como todo el Sur Global lo sabe por experiencia. Incluso desbloquear los casi $ 10 mil millones del Banco Central afgano confiscados por Washington será un trabajo duro. El FMI predijo que sin ayuda extranjera la economía afgana podría contraerse en un 30 por ciento.

Los talibanes, encabezados por el segundo primer ministro Abdul Salam Hanafi, intentaron poner cara de valiente. Hanafi argumentó que el actual gobierno interino ya es inclusivo: después de todo, más de 500.000 empleados de la anterior administración han mantenido sus puestos de trabajo.

Pero una vez más, se perdieron muchos detalles preciosos en la traducción, y los talibanes carecían de una figura de primera línea capaz de capturar la imaginación euroasiática. El misterio persiste: ¿dónde está Mullah Baradar?

Baradar, quien dirigió la oficina política en Doha, fue ampliamente considerado como el rostro de los talibanes ante el mundo exterior después de la toma de control de Kabul por parte del grupo el 15 de agosto. Ha sido efectivamente marginado.

Sin embargo, el trasfondo del formato de Moscú ofrece algunas pepitas. No hubo filtraciones, pero los diplomáticos insinuaron que estaba tenso. Rusia tuvo que jugar a ser un mediador cuidadoso, especialmente cuando se trataba de abordar las quejas de la India y las preocupaciones de Tayikistán.

Todos sabían que Rusia, y todos los demás actores, no reconocerían a los talibanes como el nuevo gobierno afgano, al menos no todavía. Ese no es el punto. Una vez más, la prioridad tenía que ser inculcada en los líderes talibanes: ningún refugio seguro para los grupos yihadistas que puedan atacar “terceros países, especialmente los vecinos”, como destacó Lavrov.

Cuando el presidente Putin deja caer casualmente la información, en el registro, de que hay al menos 2.000 yihadistas de ISIS-K en el norte de Afganistán, esto significa que la inteligencia rusa sabe exactamente dónde están y tiene la capacidad para matarlos, en caso de que los talibanes indiquen que la ayuda es necesaria.

Ahora compárelo con la OTAN, recién salida de su masiva humillación afgana, que celebra una cumbre de ministros de Defensa en Bruselas este jueves y viernes para básicamente dar una lección a los talibanes. El secretario general de la OTAN, el espectacularmente mediocre Jens Stoltenberg, insiste en que “los talibanes son responsables ante la OTAN” de abordar el terrorismo y los derechos humanos.

Como si esto no fuera lo suficientemente intrascendente, lo que realmente importa, como trasfondo del formato de Moscú, es cómo los rusos rechazaron rotundamente una solicitud de Estados Unidos para desplegar su aparato de inteligencia en algún lugar de Asia Central, en teoría, para monitorear Afganistán.

Primero, querían una base militar “temporal” en Uzbekistán o Tayikistán: Putin-Biden lo discutieron en la cumbre de Ginebra. Putin se ofreció, medio en broma, a recibir a los estadounidenses en una base rusa, probablemente en Tayikistán. Moscú siguió el juego alegremente durante unas semanas solo para llegar a una conclusión inamovible: no hay lugar para ninguna travesura “antiterrorista” de Estados Unidos en Asia Central.

En resumen, Lavrov en Moscú fue extremadamente conciliador. Hizo hincapié en cómo los participantes del formato de Moscú planean aprovechar todas las oportunidades para “incluir” a los talibanes a través de varios organismos multilaterales, como la ONU, la OCS – donde Afganistán es una nación observadora – y, de manera crucial, la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO), que es una alianza militar.

Tantas capas de “inclusión” atraen. La ayuda humanitaria de naciones de la OCS como Pakistán, Rusia y China está en camino. Lo último que necesitan los talibanes es “rendir cuentas” a una OTAN con muerte cerebral.

Adiós a la hegemonía

Adiós a la hegemonía

por Fyodor Lukyanov para Russia in Global Affairs

La historia se desarrolla a veces de manera sorprendentemente rítmica, moviéndose a un ritmo mesurado. Podemos contar sus hitos cada diez años desde finales del siglo XX: 1991 — Operación Tormenta del Desierto y el colapso de la URSS; 2001—9 / 11ataques en los EE. UU .; 2011: Primavera Árabe, el asesinato casi ritual de Gadafi; 2021: la confusa retirada de los estadounidenses de Afganistán y el triunfo de los talibanes. Por supuesto, el mundo ha sido testigo de otros eventos importantes durante estos años, pero solo tomamos aquellos que han marcado el comienzo de cambios cualitativos en el orden mundial.

El discurso de Biden el 16 de agosto de 2021, donde comentó las circunstancias que rodearon la finalización de la misión de Estados Unidos en Afganistán, y su declaración del 1 de septiembre debe considerarse un punto de inflexión en la política exterior de Estados Unidos. “Sé que mi decisión será criticada, pero prefiero aceptar todas esas críticas que pasar esta decisión a otro presidente”, dijo Biden, dando a entender que sus tres predecesores no habían dado el paso necesario. Por lo tanto, se enfrentó no solo a Donald Trump (mencionándolo por su nombre), sino también a George W. Bush, e incluso a Barack Obama. Según Biden, Estados Unidos nunca tuvo la intención de participar en la construcción de una nación en Afganistán, pero abordó tareas de seguridad específicas para destruir a los responsables de los ataques terroristas en Estados Unidos, y estas tareas se resolvieron. En cuanto a la construcción de una nación, es una completa mentira, pero es digno de mención cuán ansiosamente Washington está renunciando ahora a los postulados que consideraba fundamentales hace veinte años.

La invasión de Afganistán en 2001 fue un acto de represalia por los ataques terroristas en Nueva York y Washington, pero, sobre todo, fue una operación histórica que significó la disposición de Estados Unidos para transformar por la fuerza el mundo de la manera “correcta”. Este curso no fue creado por George W. Bush, ni siquiera por Bill Clinton, sino por el presidente estadounidense que proclamó la victoria en la Guerra Fría: George H.W. Bush. La primera manifestación del “nuevo orden mundial” fue la Operación Tormenta del Desierto a principios de 1991. La Unión Soviética todavía existía en ese momento, y la intervención terminó con la expulsión de Saddam Hussein de Kuwait, no con un cambio de régimen en Irak, como algunos políticos y militares estadounidenses habían exigido. Con la desintegración de la URSS, no quedaron restricciones externas y Estados Unidos entró en el llamado “momento unipolar”. Le dio a Estados Unidos la capacidad y la posibilidad de hacer lo que quisiera en el escenario mundial. En el sentido político-militar, esto significó la ausencia de competidores equivalentes. Una serie de globos de prueba lanzados con diversos grados de éxito, como acciones militares en Haití, Somalia y Bosnia, culminó con el bombardeo de Yugoslavia. Esto resultó en la desintegración final del “Estado no deseado” y el posterior derrocamiento del régimen inaceptable para Occidente. Esto se hizo sin invasión terrestre, a pesar de que se había discutido en principio. Conceptualmente, la política estadounidense de la era posterior a la Guerra Fría se formuló precisamente en la década de 1990. Su autor principal fue Bill Clinton, conocido en su juventud como pacifista y evasor del servicio militar.

Los ataques del 11 de septiembre le dieron a Estados Unidos las manos libres para hacer cumplir su “enfoque transformacional” (Condoleezza Rice lo describió como la base de la política estadounidense) a escala global.

Crear un mundo democrático seguro para los estadounidenses se había convertido en realidad en el objetivo principal: cuantas más democracias haya, menor será el riesgo para Estados Unidos.

El conjunto de herramientas de instrumentos político-militares que se utilizarán para lograr este objetivo (desde la intervención armada hasta la promoción de formas aprobadas de organización sociopolítica mediante revoluciones de color) se formó en la primera mitad de la década de 2000. Pero ya a mediados de esa década, habían aparecido los primeros signos que indicaban que esta política tenía sus inconvenientes, por decir lo mínimo, y no necesariamente producía los resultados esperados.

La prolongada campaña en Afganistán, los desordenados acontecimientos en Irak, la creciente “resistencia del material” en el espacio postsoviético, la fatal disfunción de Palestina después de las elecciones democráticas impuestas, todo esto debería haber creado conciencia de lo que Biden insinuó en su discurso sobre Afganistán: la necesidad de un cambio radical de política. Sin embargo, ni George W. Bush durante su segundo mandato, ni Barack Obama, ni siquiera el rebelde Trump pudieron hacer esto. La corrección práctica comenzó bajo Bush, Obama trató de comenzar una salida suave de las obligaciones sin cambiar la narrativa, y Trump cambió drásticamente la retórica y desautorizó las políticas anteriores, pero no tuvo tiempo de completar el trabajo.

El desastre de Kabul en agosto de 2021 probablemente podría haberse evitado si Washington hubiera sido más responsable y reflexivo al reducir su presencia en Afganistán. Pero, aparentemente, tenía demasiada confianza en sí mismo y también se veía obstaculizado por las disputas ideológicas y propagandísticas en el país. La percepción de Estados Unidos como un hegemón global incondicional se arraigó tanto en el establishment estadounidense después de la Guerra Fría que su salida provocó una feroz resistencia, aunque muchos entendieron objetivamente que ya no era posible seguir así. En otras palabras, el deseo de camuflar ambiciones decrecientes e imitar su continuidad, y el compromiso de principios con los fundamentos ideológicos no permitieron a Estados Unidos reducir la carga de manera controlada. Como resultado, el mundo entero observó con asombro cómo la situación se convertía en una crisis y caía en el caos, acompañada de acusaciones de traicionar aliados e ideales.

La hegemonía mundial estadounidense de la edición 1991-2021 fue tan impresionante y probablemente sin precedentes en escala que no fue posible una salida suave y gradual de ella.

Este evento iba a estar marcado por algo no menos histórico y simbólico que la caída del Muro de Berlín o los ataques aéreos a las torres gemelas de Nueva York. Las imágenes que capturan el escape del aeropuerto de Kabul, y todo lo que lo acompañó, pasarán a la historia como un epítome del fin de una era. En su discurso, Biden básicamente anunció que Estados Unidos se centraría en sí mismo y sus problemas para garantizar su propia seguridad y luchar contra rivales estratégicos (China y Rusia), pero ya no buscaría cambiar el mundo, es lo que es. Este es un momento aleccionador después de la euforia de finales del siglo XX. Las recaídas son posibles, pero no hay retorno al estado estadounidense anterior.

La retirada de Estados Unidos de Afganistán “se trata de poner fin a una era de importantes operaciones militares para rehacer otros países”, dijo Biden, al anunciar el fin del puente aéreo. El lema “Estados Unidos ha vuelto” que repitió tantas veces durante su campaña presidencial significa, como podemos ver, no un nuevo regreso a la arena mundial, sino un “regreso a casa”. En este sentido, Biden continúa la política de Trump, sin importar cuánto le desagrade. Lo mismo ocurre con el “enfrentamiento entre las grandes potencias” como eje central de las políticas globales y estadounidenses. Este postulado se presenta en documentos doctrinales adoptados bajo Trump, pero no ha sido revisado bajo Biden. Retóricamente, la actual administración de los Estados Unidos concede una importancia cada vez mayor al componente ideológico: la confrontación entre democracia y autocracia. Pero esto se hace más con fines instrumentales para facilitar la formación de bloques y la estructuración de la política mundial. Después de la vergüenza afgana (por decirlo suavemente), esta parte de la “doctrina Biden” palidece hasta la insignificancia.

Independientemente de la retórica que acompañe a las acciones reales, Estados Unidos está cambiando a políticas abiertamente egoístas dirigidas exclusivamente a sí mismo. Hace veinte años, los neoconservadores y neoliberales acérrimos en Washington realmente creían que el establecimiento de la democracia en todo el mundo y la imposición de reglas universales era lo mejor para Estados Unidos. De ahí los planes dementes para construir un “estado democrático moderno” en Afganistán, ahora negado por Joe Biden. Ahora que los sueños se han disipado, solo queda el pragmatismo puro, dejando de lado las reglas. La era de la “posbipolaridad”, que, como entendemos ahora, no fue un período de creación, sino de deconstrucción, contuvo algunas inercias institucionales de la segunda mitad del siglo XX, probablemente el período más ordenado de la historia política mundial. En general, la transición de Estados Unidos a una política egoísta es un cambio positivo, al menos es honesto. Las ficciones sobre la “antorcha de la democracia”, incluso (especialmente) si se creen, solo exacerban el caos. Pero todas las contrapartes estadounidenses en la arena internacional no deben olvidar que Estados Unidos ahora utilizará todos los medios disponibles para lograr sus objetivos, principalmente los domésticos, porque es muy importante para él. Todos los demás deberían estar preparados para esto.


Traducido de Lukyanov, F. A., 2021. Farewell to Hegemony. Russia in Global Affairs, 19(3), pp. 5-8. doi: 10.31278/1810-6374-2021-19-3-5-8.

Salida de EEUU de Afganistán: ¿va a por Rusia y China?

Salida de EEUU de Afganistán: ¿va a por Rusia y China?

Entrevista en “Octavo Mandamiento” para Radio Sputnik
 
 
El porqué de la retirada norteamericana de Afganistán lo explica la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU –presentada por el expresidente Donald Trump en 2017– que apunta a Rusia y China como las mayores amenazas. Así opina el analista argentino Sebastián Tapia, miembro del Observatorio del Sur Global.
 
“EEUU se va a concentrar ahora principalmente en los lugares donde quiere más influencia”, indicó el experto.
En este contexto, indicó que la estrategia de Washington contra Pekín incluirá una mayor acumulación militar en zonas tan sensibles para su seguridad, como el mar de China Meridional y el estrecho de Taiwán, entre otras acciones.
Al mismo tiempo, EEUU intensificará sus actividades en el flanco europeo, agudizando la crisis de Ucrania y desestabilizando a Bielorrusia en el marco de su estrategia para “contener a Rusia”, señaló Tapia.
Mirada Multipolar | El fin de la Guerra contra el Terrorismo

Mirada Multipolar | El fin de la Guerra contra el Terrorismo

por Sebastián Tapia

El 20 de Septiembre de 2001, en una alocución al Congreso estadounidense, el presidente George W. Bush daba inicio a la Guerra contra el Terrorismo. Tras el atentado a las torres gemelas por parte de Al Qaeda, el presidente comenzó por responder la agresión mediante la invasión de Afganistán. Pero esto era sólo el comienzo. En palabras de Bush jr. :

“Nuestra guerra contra el terrorismo comienza con Al Qaeda, pero no termina allí. No terminará hasta que todos los grupos terroristas de alcance global hayan sido encontrados, detenidos y derrotados”.

Hoy en día, la ocupación de Afganistán está terminando, con la vuelta del Talibán al poder y la salida de la OTAN y los Estados Unidos, y con ella también termina la Guerra contra el Terrorismo.

La Guerra contra el Terrorismo

La retirada estadounidense de Afganistán, que termina el 31 de Agosto, da fin a la última gran operación militar justificada en el accionar terrorista. Dentro del gran paraguas de la Guerra contra el Terrorismo se realizó la invasión y ocupación de Irak, el bombardeo de Libia, la invasión y ocupación de Siria, el bombardeo a Yemen, entre otros.

De acuerdo al informe del Instituto Watson para Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad de Brown, para finales de 2020 – sin contar la desmovilización de tropas de Afganistán – el costo de esta Guerra contra el Terrorismo para el gobierno estadounidense asciende a 6.4 billones de dólares. 

Hace unos años ya que esta guerra había dejado de ser el principal objetivo de la política exterior estadounidense. En Diciembre de 2017, el entonces presidente Donald Trump publicó una nueva Estrategia de Seguridad Nacional donde introduce la idea de la Competencia Estratégica con China y Rusia como eje central. Para entonces, Estados Unidos se había retirado formalmente de Irak (aunque sigue contando con una gran presencia), la guerra en Siria se había estabilizado, Arabia Saudita se encargaba personalmente de bombardear Yemen y Libia era un caos sin un bando triunfador. Trump fue quien se encargó de cerrar el capítulo de Afganistán, negociando un acuerdo con los Talibán en Doha. Biden, en plena continuación de la política exterior de Trump, simplemente llevó adelante lo acordado.

Final de ciclo hegemónico

En el artículo “El ascenso de China desde la perspectiva de la economía-mundo”, de esta misma columna, hemos hablado de cómo se relaciona el ascenso de China con los ciclos de Kondratiev. En él se ve que el ascenso económico de China, a partir de los años ’90, coincide con la etapa unipolar de control estadounidense y con el inicio de la Guerra contra el Terrorismo. Y ahora se puede ver que ésta guerra es la que marca el fin de su ciclo hegemónico, al igual que lo hiciera la Segunda Guerra Mundial para el Reino Unido o las guerras napoleónicas para Francia.

Teniendo en cuenta lo que dice Paul Kennedy en su “Auge y caída de las grandes potencias”:

“si un Estado se excede estratégicamente – digamos por la conquista de territorios extensos o el mantenimiento de guerras costosas – , corre el riesgo de que los beneficios potenciales de la expansión externa sean superados por el enorme gasto del proceso, problema que se agudiza si la nación involucrada ha entrado en un período de declive económico relativo.” (Kennedy 1994, págs. 10-11)

El costo de 6,4 billones de dólares en una economía de servicios con poca base productiva puede ser más de lo que haya podido soportar.

Esto no quita que continúen las operaciones militares antiterroristas en otros lugares, como se está dando en África o se continuará a distancia en Afganistán, Siria o Yemen. Pero es probable que se vea un repliegue del accionar estadounidense a sus zonas de influencias más cercanas: el continente americano, en especial el Caribe, y Europa occidental.

Así como Gran Bretaña vio mermar su influencia global, en especial tras la invasión del canal de Suez, y aprendió a adoptar un rol secundario, hoy Estados Unidos se ve en la misma posición. No es probable que acepte el liderazgo chino, sino que tras la salida de Afganistán es esperable la consolidación de un verdadero sistema multipolar donde Estados Unidos sea una más de las potencias líderes y no un primo inter pares como se consideraba hasta ahora.

Nueva etapa

Tal vez un ejemplo de cómo está cambiando la situación se ve claramente en el pacífico y en el estrecho de Taiwan. Anteriormente, la presencia de la flota estadounidense permitía proteger al gobierno de Taiwan de la recuperación de la isla por parte de China, como sucedió en 1958 en la segunda crisis del estrecho.  Hoy, la presencia estadounidense no funciona como una disuación, sino como una carnada para iniciar un nuevo conflicto a partir de las “operaciones de libertad de navegación” que hacen buques guardacostas estadounidenses en la zona.

Incluso la visita realizada por Kamala Harris a Vietnam, que buscaba sumar a este país al esfuerzo estadounidense por contener a China basándose en la disputa de las islas Spratley en la Mar de la China Meridional, no tuvo éxito. No sólo la generosa donación estadounidense de un millón de vacunas de Pfizer fue superada por la donación de dos millones de vacunas chinas, sino que momentos antes de encontrarse con Harris, el primer ministro Pham Minh Chinh le aseguró al embajador chino que no se aliará a ningún país contra China. Es decir, la diplomacia estadounidense en su más alto nivel ya no tiene los efectos que solía tener.

Mirada Multipolar |El Talibán en Afganistán ¿y ahora qué?

Mirada Multipolar |El Talibán en Afganistán ¿y ahora qué?

por Sebastián Tapia

El domingo 15 de Agosto, el movimiento Talibán ingresó a Kabul y tomó control de Afganistán tras la huida del presidente Ghani y el derrumbe del gobierno. Ahora el problema no son las batallas y la guerra, sino el gobierno de un país destruido tras décadas de conflicto. El nuevo Emirato Islámico de Afganistán dice no ser una repetición de lo que fue entre 1996 y 2001. Queda en las potencias regionales garantizar que lo cumplan.

Talibán 2.0

Unos pocos días después de tomar la capital afgana, el portavoz del movimiento Talibán, Zabihullah Mujahid, dió una conferencia de prensa donde marcó los parámetros de lo que se espera que sea el próximo gobierno. Si bien el gobierno está siendo negociado entre todas las facciones que acompañaron a los Talibán al poder, Mujahid se dirigió al público para aclarar expectativas y diferenciarse del pasado. Algunos puntos para destacar de la conferencia:

Un punto que remarcó fue que el Talibán iba a garantizar la seguridad en Kabul, tanto para los extrajeros como para los nacionales:

“Todos los países extranjeros y sus representantes, sus embajadas, sus misiones, organizaciones internacionales, agencias de ayuda: me gustaría asegurarles que no permitiremos que nadie haga nada en su contra. Su seguridad está asegurada.”

Dejó en claro que no se apoyará a grupos terroristas que ataquen a países vecinos, u otros países. Este es el principal objetivo de las negociaciones con China y Rusia, además de ser funcional a la explicación del gobierno de Biden sobre por qué fueron a la guerra:

“Quisiera asegurar a la comunidad internacional, incluido Estados Unidos, que nadie resultará perjudicado en Afganistán. Quisiera asegurarles a nuestros vecinos, países de la región, que no vamos a permitir que nuestro territorio sea utilizado contra nadie, ningún país del mundo. Por lo tanto, toda la comunidad mundial debe estar segura de que estamos comprometidos con estas promesas de que no sufrirán ningún daño desde nuestro suelo.”

Remarcó la necesidad de que sea respetado su derecho al autogobierno y a decidir la manera en que se van a gobernar:

“Los afganos también tienen derecho a tener sus propias reglas, regulaciones y políticas para que se aprovechen del beneficio de la nación del pueblo, que estén de acuerdo con nuestros valores, por lo que nadie debe preocuparse por nuestras normas y principios.”

El tema que más se critica en Occidente, con respecto a cómo gobernó el Talibán entre 1996 y 2001, tiene que ver con los derechos de la mujer. Este nuevo Talibán busca despegarse del gobierno anterior y presentarse más agradable para la comunidad internacional, por lo que se declaró que:

“El Emirato Islámico está comprometido con los derechos de la mujer en el marco de la Sharia. Nuestras hermanas, nuestros hombres tienen los mismos derechos; podrán beneficiarse de sus derechos. Pueden tener actividades en diferentes sectores y diferentes áreas en base a nuestras normas y reglamentos: educación, salud y otras áreas. Van a trabajar con nosotros, hombro con hombro con nosotros. La comunidad internacional, si tiene alguna inquietud, queremos asegurarle que no va a haber ninguna discriminación contra la mujer, pero por supuesto dentro de los marcos que tenemos.”

Es de esperar, si se cumple la palabra, que Afganistán tome un modelo de sociedad islámica más similar a Arabia Saudita o Irán. Lo que no es el mejor de los escenarios para las mujeres afganas, aunque sí una mejora con respecto a 2001. Sin embargo, a pesar de la voluntad declarada por el nuevo gobierno en Kabul, en el resto del país no necesariamente se van a ver respetados los derechos de la mujer en el corto plazo. Ya hay denuncias de algunos casos de femicidios en el interior del país.

Con respecto a los medios de comunicación, la promesa es similar:

“Por lo tanto, cuando se trata de las actividades de los medios de comunicación, los valores islámicos deben tenerse en cuenta cuando se trata de las actividades de los medios de comunicación, cuando se trata de desarrollar sus programas. Por tanto, los medios de comunicación deben ser imparciales. La imparcialidad de los medios de comunicación es muy importante. Pueden criticar nuestro trabajo para que podamos mejorar.”

Aunque en este caso hay claros avances. Por empezar, la televisión y las radios siguen transmitiendo, cuando en el pasado habían sido prohibidas. Incluso, un portavoz talibán fue entrevistado por una periodista mujer sin que eso afecte al canal de televisión.

El principal miedo de la mayoría de la población que ha colaborado con los ocupantes estadounidenses y de la OTAN es la posibilidad de una venganza. Que el Talibán los considere traidores, los arresten y los castiguen o maten. Eso es lo que alimenta la desesperada fuga hacia el aeropuerto de Kabul, todavía controlado por EEUU. Mujahid se mostró conciliador:

“Quiero asegurarles a todos los compatriotas, ya sean traductores, ya sean militares o civiles, todos han sido importantes. Nadie va a ser tratado con venganza. Tanto los jóvenes que tienen talento, que han crecido aquí, que son de este país, no queremos que se vayan. Estos son nuestros activos, nos gustaría que se quedaran aquí, para servir. (…) Quisiera asegurarles que en sus casas nadie les va a hacer daño, nadie va a tocar su puerta, nadie va a ser interrogado ni perseguido… Los que han tocado las puertas de las personas para inspeccionar sus casas, esto son abusadores y serán perseguidos e investigados.”

Sin embargo, de acuerdo al think tank Centro Noruego de Análisis Global, se está dando una persecución a los antiguos colaboradores de los ocupantes.  Es temprano para decir si esto es realmente así o forma parte de la propaganda occidental.

También dejaron en claro que el negocio del tráfico de drogas va a ser eliminado, como lo hicieron en el pasado. Un negocio que creció a su máximo bajo la ocupación estadounidense.

“Aseguramos a nuestros compatriotas y a la comunidad internacional que no produciremos narcóticos. En 2001, si recuerdan, habíamos reducido la producción de contenido de narcóticos a cero en 2001, pero lamentablemente nuestro país estaba ocupado para entonces y el camino estaba allanado para la reproducción de narcóticos incluso a nivel del gobierno: todos estaban involucrados.”

 Ante la pregunta si el Talibán ha cambiado con los años, Mujahid respondió:

“Nuestra nación es una nación musulmana, ya sea hace 20 años o ahora. Pero cuando se trata de experiencia, madurez y visión, por supuesto, hay una gran diferencia entre nosotros, en comparación con hace 20 años. Habrá una diferencia en lo que respecta a las acciones que vamos a tomar, esto ha sido como una especie de proceso evolutivo complementario.”

Hay algunas muestras de esto, por ejemplo la crítica hacia el Wahabismo que hace un mullah del talibán al canal iraní Press TV. En la entrevista se desliga al movimiento del “Estado Islámico” y esa escuela sunita tan fundamentalista. También se celebró la Ashura, un día del calendario shiita, anteriormente prohibido. Estos actos, en la semana que va de su gobierno, los muestra más abiertos a otras ramas del Islam.

Gobierno en formación

El Talibán declaró la creación del “Emirato Islámico de Afganistán” el 19 de Agosto, el mismo nombre que habían adoptado en 1996 y el mismo día en que se declaró la independencia en 1919. Pero el gobierno todavía no está del todo conformado. Continúan las negociaciones entre las diferentes tribus y líderes regionales para lograr una distribución estable del poder.

Abdul Ghani Baradar, el líder político talibán, regresó ayer de Doha a Afganistán para liderar el gobierno y cerrar los acuerdos con las otras facciones. En el esfuerzo de formación del gobierno lo acompaña el doctor Abdullah Abdullah, que fue un alto funcionario del anterior gobierno, y el primer presidente afgano tras la invasión estadounidense, Hamid Karzai.

Se han incorporado funcionarios de minorías étnicas diferentes a la mayoría pashtún, por ejemplo un hazara a cargo de un distrito, o líderes uzbecos y tayicos en el norte del país. Cabe destacar que hasta Hashmat Ghani, el hermano del fugado presidente Ashraf Ghani, juró lealtad al Talibán y se sumó a sus filas.

La Resistencia

Pero el control Talibán de Afganistán no es completo. Queda en la provincia de Panjshir un núcleo de resistencia, liderado por Ahmad Massoud. Él es el hijo del general Massoud que lideró la Alianza del Norte durante la guerra civil afgana contra el talibán y asesinado en 2001, dos días antes del ataque a las Torres Gemelas.

Tras la caída de Kabul, se ha podido reunir unos 3.000 soldados afganos que desean seguir combatiendo, escudados en la difícil geografía montañosa de la provincia. Junto a él está el general Bismillah Mohammadi, el ex ministro de defensa, y Amrulah Saleh, ex vicepresidente. Saleh sostiene que es el presidente en ejercicio según la Constitución, tras el escape de Ghani, pero carece de influencia política para hacer valer su puesto.

Para poder ejercer una verdadera resistencia al Talibán, y comenzar una nueva guerra civil, Massoud pidió a Occidente el envío de armas y pertrechos en una carta abierta en el Washington Post. Este podría ser un as bajo la manga para Estados Unidos, si desea seguir desestabilizando la región sin exponer a sus propias tropas. Sin embargo, Massoud no descarta la posibilidad de integrar un gobierno afgano junto al Talibán, si este es verdaderamente abierto y plural.

La contención regional

La región asiática se está organizando para mantener la estabilidad en Afganistán. Rusia mantiene una actividad diplomática de alto nivel para discutir estos temas. Ayer Putin y Erdogan discutieron sobre el futuro afgano en un llamado telefónico, del cual el Kremlin emitió un comunicado que dice:

“Mantuvieron un debate en profundidad sobre la situación en el Afganistán. Señalaron la importancia de garantizar la estabilidad y la paz civil en ese país, el estricto cumplimiento del estado de derecho y el orden. Se hizo hincapié en la prioridad de las tareas de lucha contra el terrorismo y narcotráfico. El presidente acordó fortalecer la coordinación bilateral sobre asuntos afganos “

Por su parte, el canciller Sergei Lavrov se comunicó con su contraparte paquistaní, Shah Mahmood Qureshi. De su llamado se destacó que:

“Los ministros enfatizaron la necesidad de asistencia, incluso dentro de la ‘troika’ ampliada, para establecer un diálogo inclusivo dentro de Afganistán en cuanto a formar un gobierno representativo, garantizar la estabilidad y el orden público en ese país “

Sin embargo, para Rusia todavía no es momento de reconocer al gobierno afgano ni al Talibán. Este movimiento es considerado un grupo terrorista desde 2003 en Rusia, por lo que primero debería levantarse ese rótulo antes de ser reconocido. Para ello, Lavrov considera que se necesitan más méritos, como la inclusión de otras partes en el gobierno.

Por su parte, China considera que está lista para tener “relaciones cooperativas y amistosas” con Afganistán, aunque no ha anunciado el reconocimiento oficial del Talibán.

Por otro lado, Ursula von der Leyen, presidente de la Comisión Europea, declaró que la Unión Europea no reconoce al Talibán ni está teniendo negociaciones políticas con él. Sin emabargo, ofreció ayuda al país, 57 millones de euros este año y hasta 1.000 millones en 7 años, si se cumplen con tres condiciones: respeto por los derechos humanos, buen trato a las minorías y respeto por los derechos de las mujeres y las niñas.

En cuanto al Reino Unido, el ministro de relaciones exteriores, Dominic Raab, consideró que:

“Tendremos que traer países con una influencia potencialmente moderadora como Rusia y China, por muy incómodo que sea”

Es decir, reconoció que el gobierno británico ya no tiene suficiente influencia en la región como para manejar el problema de Afganistán y que esto será mejor manejado por otras potencias como Rusia y China, a pesar de la pésima relación que tiene el Reino Unido con ellas.

Reflexiones norteamericanas

El gobierno estadounidense continúa con la evacuación de su personal y aquellos que colaboraron con ellos durante la ocupación desde el aeropuerto de Kabul. Mientras tanto, el Inspector General Especial para la Reconstrucción de Afganistán, presentó un informe evaluando los 20 años de ocupación. Está claro que no plantea un buen panorama. El principal problema que plantea es la corrupción y el desvinculamiento entre los planes realizados y la realidad en el territorio. Simplemente no hubo reconstrucción del país porque no hubo interés en hacerlo, sino en realizar negocios.

Stephen Walt sostiene que la salida apresurada de Estados Unidos de Afganistán no afectará la credibilidad del país con sus aliados, porque era una decisión necesaria para tomar y que no afecta sus interese más cercanos. Cree que los aliados estadounidenses deberían depender de sí mismos, más que de EEUU. Y eso es lo que se preguntan ahora otros líderes.

Theresa May se pregunta sobre el futuro de la alianza atlántica:

“¿Qué se puede decir de la OTAN si dependemos por completo de una decisión unilateral tomada por Estados Unidos?

Merkel,  por su lado, le preguntaba al presidente afgano Ghani:

¿Qué debería decirles a los alemanes si 20 años de servicio en la Bundeswehr (el ejército alemán) hubieran sido en vano?”

Esta pregunta de Merkel puede ser hecha por cualquiera de los aliados de Washington que lo acompañaron en 20 años de una ocupación fallida. Ni hablar de aliados como Ucrania o Georgia, que esperan ser defendidos ante una supuesta invasión rusa, pero que sus soldados son olvidados en Kabul cuando los norteamericanos fueron evacuados.

El final de la ocupación de Afganistán deberá ser resuelto por los mismos afganos, con ayuda de los países vecinos y las organizaciones regionales. Lejos estamos del 2001, cuando Estados Unidos decidía por el resto de las naciones e imponía su voluntad por la fuerza. Washington está tomando nota, limitando su involucramiento en otras regiones y apretando los tornillos en las zonas de mayor influencia. Asia tiene espacio de maniobra para forjar un futuro más similar a sus propias ideas. Es de esperar que los Talibanes entiendan que el mundo ha cambiado en 20 años y ellos deberán adaptarse para ser parte de esta nueva Asia.

Mirada Multipolar | Cae Kabul y se reorganiza la región

Mirada Multipolar | Cae Kabul y se reorganiza la región

por Sebastián Tapia

Hace pocas horas que los Talibanes ingresaron a Kabul, capital de Afganistán. El gobierno surgido de la invasión estadounidense de 2001 ya no existe. Mientras tanto, los helicópteros estadounidenses siguen evacuando al personal diplomático y militar que quedaba en la capital. Las ondas de choque de este evento van a repercutir en toda la región y el resto del mundo.

El avance imparable

Desde que Estados Unidos comenzó la retirada de sus tropas y de las de la OTAN, tras 20 años de ocupación militar, el avance del Talibán por sobre el gobierno afgano fue de una velocidad inusitada. La idea de la afganización del conflicto, al igual que se hizo en Vietnam, era preparar al ejército local para poder retirarse. Al igual que en Vietnam, la estrategia falló.  El presidente Biden volvió a recordarla en un discurso este mismo martes 10:

“Gastamos más de un billón de dólares en 20 años, entrenamos y equipamos con material moderno a más de 300.000 fuerzas afganas, y los líderes afganos tienen que unirse. Perdimos a miles de estadounidenses que resultaron muertos o heridos. Los afganos tienen que luchar por sí mismos. Por su nación.”

En el mismo discurso, Biden se lavó las manos del problema afgano y le pasó la pelota al gobierno de Kabul:

“Creo que todavía hay una posibilidad. Tienen un nuevo secretario de defensa importante, nuestro equivalente a un secretario de defensa en Afganistán, Ismail Khan, que es un luchador serio. Creo que están comenzando a darse cuenta de que tienen que unirse políticamente en la cima. Pero continuaremos con nuestro compromiso. Pero no me arrepiento de mi decisión.”

El discurso parece esperanzador, pero no contaba con que tres de días después, el viernes 13, Ismail Kahn sería arrestado por el Talibán en su casa en Herat para luego ser enviado a Kabul a negociar la rendición. Durante estos días, no hubieron grandes enfrentamientos, sino que el ejército afgano trató de evacuarse hacia Irán, Tayikistán y Pakistán, en vez de enfrentar al Talibán. El movimiento se hizo rápidamente con el control de casi todas las provincias del país, salvo algunas zonas montañosas del centro y Kabul, la capital.

Controlado por el Taliban en Julio
Controlado por el Taliban al 15 de Agosto

La toma pacífica de la ciudad

Habiendo rodeado la ciudad de Kabul, el movimiento Talibán ordenó a sus fuerzas no ingresar a la ciudad para evitar un baño de sangre. En cambio, activó células dormidas que ya tenía en la ciudad, con las cuales tomó algunos puntos importantes, como la Universidad de Kabul, y comenzó a negociar la rendición del gobierno afgano.

El gobierno del presidente Ghani ya había propuesto un arreglo para compartir el poder del ejecutivo nacional el pasado jueves, en la mesa de negociación en Doha, frente al avance relámpago del Taliban. Pero la propuesta no fue respondida hasta esta mañana, con una distribución de poder bastante diferente. El arreglo ya no pasa por compartir el poder con Ghani, sino pedir su renuncia – algunos aseguran que ya fue evacuado a Tayikistán – y formar un gobierno dirigido por el Taliban, compartiendo el ejecutivo con un representante del antiguo gobierno de Kabul.

Esta nueva administración transitoria será dirigida por el mullah Abdul Ghani Baradar y el anterior ministro del interior, Ali Ahmad Jalali. Baradar es uno de los fundadores del movimiento Taliban. Luchó junto al Mullah Omar contra el ejército soviético, recibiendo apoyo estadounidense, en los años 80’s. Fue arrestado en Pakistán en 2010 y luego liberado en 2018, cuando pasó a liderar las negociaciones políticas en Doha. Es el líder político del movimiento, mientras que el líder espiritual, y superior a Baradar, es Haibatullah Akhundzada.

El contexto regional

Como hemos discutido en notas anteriores, este escenario era el esperado por los países vecinos. Las negociaciones de China y Rusia con el Taliban pasaron por asegurar que la influencia islamista de este grupo no serviría para apoyar ni proteger a otros movimientos islámicos regionales que busquen tomar el poder en otros países o regiones vecinas.

Mas allá de las palabras, en las últimas semanas se vieron acciones que le marcaron el terreno al Talibán. Por un lado, frente al descontrol en la frontera con Tayikistán, tanto de civiles como militares abandonando Afganistán, se realizó un ejercicio conjunto militar entre Rusia, Uzbekistán y Tayikistán. De esta manera se busca marcar los límites hasta donde puede avanzar el Taliban, limitándolo a un problema afgano.

Por otro lado, China y Rusia realizaron esta semana un ejercicio conjunto en la región de Ningxia con más de 10.000 soldados, donde probaron la interoperatividad de ambos ejércitos.  No sólo probaron sus últimos avances tecnológicos en armamentos, sino que operaron unos con los equipos del otro. Es decir, que por primera vez ejercitaron ambas fuerzas como si fueran miembros de una misma alianza militar – como lo hace la OTAN. No sólo es una señal clara al Taliban sobre los límites que tiene que respetar, sino que también es una señal a los Estados Unidos. La posibilidad de enfrentar a una de las potencias rivales por separado ya casi es nula.

También esta semana, se confirmó el ingreso de Irán a la Organización de Cooperación de Shangai como un miembro pleno. Nikolai Patrushev, Secretario del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa, telefoneó a su colega iraní, Ali Shamkhani, para discutir asuntos de seguridad de la región y le informó que los obstáculos políticos al ingreso de Irán a la organización habían sido removidos y pronto podrá contar con el estatus de miembro pleno. De esta manera, la OCS se presenta como el principal órgano de integración regional e incluye como miembro a los principales rivales de Estados Unidos: China, Rusia e Irán, además de reunir a 4 potencias nucleares, Rusia, China, Pakistán e India.

Lo que se viene

El nuevo gobierno afgano tiene por misión restablecer la paz en el país tras más de 40 años de guerra civil e invasiones extranjeras, a la vez que mantener a Afganistán integrado al sistema internacional. La razón por la que se busca un gobierno transitorio compartido con miembros del gobierno anterior y evitar ser aislado por la comunidad internacional.

Pero el gran drama que se vivirá los próximos días tiene que ver con el futuro de los colaboradores con la invasión estadounidense. Miles de afganos buscan salir del país por haber pasado parte de los últimos 20 años trabajando junto a la ocupación estadounidense. Pero el Taliban controla todas los pasos fronterizos, por lo que ahora la crisis se concentra en el aeropuerto de Kabul. Algunos buscan realojarse en países vecinos, otros buscan la protección de las potencias con las que colaboraron. Por ejemplo, Canadá anunció que recibirá a 20.000 afganos como refugiados. Pero no explicó cómo llegarán hasta allí. El presidente Biden anunció ayer en un comunicado que:

“He puesto a la embajadora Tracey Jacobson a cargo del esfuerzo de todo el gobierno para procesar, transportar y reubicar a los solicitantes de visas especiales de inmigrantes afganos y otros aliados afganos. Nuestros corazones están con los valientes hombres y mujeres afganos que ahora están en peligro. Estamos trabajando para evacuar a miles de personas que ayudaron a nuestra causa y a sus familias.”

Pero es poco probable que se aventuren a una acción militar peligrosa y costosa para extraer civiles. Por ahora el Talibán le va a permitir evacuar lo que puedan, pero hay que ver por cuánto tiempo. La caída de Kabul del día de hoy pasará a la historia como una reedición de la caía de Saigón en 1975. Pero a diferencia de entonces, Estados Unidos no se encuentra en la fase de ascenso de su imperio, sino que se remarca su decadencia. Pierde su presencia en medio de un continente que le es cada vez más extraño y que cuenta con sus propios organismos y potencias rivales. Probablemente veamos pronto, el 11 de Septiembre, un desfile del Talibán por Kabul festejando su triunfo sobre la ocupación extranjera, tras 20 años de lucha.

Mirada Multipolar | Una solución regional al problema de Afganistán

Mirada Multipolar | Una solución regional al problema de Afganistán

por Sebastián Tapia

El vacío que crea la salida de las tropas estadounidenses de Afganistán, tras 20 años de ocupación, es una fuente de inestabilidad regional para el continente asiático. No sólo está la amenaza de que escale una guerra civil afgana entre el Talibán y el gobierno de Kabul, sino también la posibilidad que se instalen en el país grupos terroristas islámicos uzbecos y uigures que podrían afectar a los países vecinos. Por estos motivos, esta semana se realizaron varias reuniones regionales en las que la paz en Afganistán fue el tema principal.

La OCS

La primera reunión se llevó adelante en Dusambé, Tayikistán, donde convinieron los ministros de relaciones exteriores de la Organización de Cooperación de Shangai (China, Kazajstán, Kirguistán, Pakistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán), invitando a participar al gobierno afgano. Dentro de los problemas que se plantearon en la reunión, el principal fue cómo lidiar regionalmente con la salida de las tropas estadounidenses de Afganistán y el proceso de paz que le sigue.  En palabras del Secretario general de la organización, Vladimir Norov:

Bajo las condiciones de aumento de la tensión en las provincias del norte de Afganistán, en la víspera de la conclusión final del retiro de las tropas extranjeras, crece la importancia de los estados de la región y las organizaciones internacionales para facilitar el tránsito del país por el camino del desarrollo pacífico (…) A este respecto, consideramos necesario centrarse en las medidas de prioridad para la traducción al plano práctico de nuestra “hoja de ruta” conjunta de nuevas acciones para ayudar a Afganistán, país observador en la OCS, en la formación de un país libre de terrorismo,  guerra y drogas, y también fortalecer la estabilidad en la región.

Wang Yi el canciller chino, recordó quién inició esta crisis y llamó a sostener su resposabilidad:

“Lo primero es evitar que Estados Unidos eluda su responsabilidad. Como iniciador de la cuestión afgana, Estados Unidos no puede simplemente alejarse, crear más problemas para el gobierno afgano y descargar la “carga” sobre los países de la región. Dado que Estados Unidos ha expresado recientemente su voluntad de ayudar a Afganistán a salvaguardar la estabilidad y a reconstruirse en paz, todas las partes deben instar a Estados Unidos a que cumpla su compromiso y aumente su contribución y, en particular, esté atento a cualquier intento de socavar la seguridad y la estabilidad regionales a través del caos en Afganistán.”

Se propuso el trabajo conjunto de la organización para evitar el surgimiento de nuevos grupos terroristas islámicos y acompañar al proceso de paz  – para facilitarlo, pero no liderarlo – con miras a que sea un proceso netamente afgano. El comunicado emitido tras la reunión de la OCS con Afganistán dice:

Creemos que llegar a un arreglo temprano en Afganistán es un factor importante para mantener y fortalecer la seguridad y la estabilidad en el espacio de la OCS. En este contexto, destacamos la necesidad de que el Gobierno y el pueblo de la República Islámica del Afganistán intensifiquen sus esfuerzos para restaurar la paz, promover el desarrollo económico nacional y combatir el terrorismo, el extremismo y los delitos relacionados con las drogas. Confirmamos la posición de los miembros de la OCS de que el conflicto en Afganistán solo puede resolverse mediante el diálogo político y un proceso de paz inclusivo conducido y dirigido por los propios afganos.  (…) Respetando la elección independiente del pueblo afgano de su propio camino de desarrollo, estamos convencidos de que las negociaciones entre los afganos deben considerar los intereses de todos los grupos étnicos que viven en el país.”

Por su parte, con respecto al proceso de paz, el canciller chino Wang Yi propuso:

“(…) sobre la base del pleno respeto de la soberanía de Afganistán y siguiendo el principio de “dirigido y propio de los afganos”, China seguirá sirviendo de puente entre todas las partes interesadas para la mediación y la conciliación, brindará asistencia y aportará sabiduría, y desempeñará un papel constructivo en la promoción de la política solución de la cuestión afgana. También estamos dispuestos a mantener conversaciones entre los afganos en China a su debido tiempo.

y llamó a la participación de los organismos regionales de lucha contra el terrorismo. Por un lado, la OCS cuenta con la Estructura Regional Anti Terrorismo (RATS en inglés) y Afganistán también es miembro observador de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva:

“La OCS debe aprovechar plenamente la función y el papel de las instituciones regionales de lucha contra el terrorismo y hacer todo lo posible para evitar que las ‘tres fuerzas’ del terrorismo, el separatismo y el extremismo se infiltran y se extienden a las zonas circundantes de Afganistán. La OCS debería intensificar la cooperación antiterrorista con Afganistán e instar a los talibanes a cumplir su compromiso de romper con las organizaciones terroristas internacionales.”

Sin dudas, Wang Yi se refería a la posible amenaza de grupos ugiures que entren en Xinjiang y vuelvan a cometer actos de terrorismo como se sufrieron durante los años ’90. Uno de estos grupos, el Movimiento Islámico de Turquestán Oriental, se encuentra activo en Siria y podría trasladarse a Afganistán de crearse un espacio propicio.

También se discutió cómo utilizar las herramientas regionales para la reconstrucción del país y su infraestructura, destrozada tras 20 años de guerra. Norov, secretario general de la OCS, dijo:

“Este proceso debe estar acompañado por la participación sistemática de Afganistán en el desarrollo de una infraestructura regional de transporte, logística y energía, que es fundamental de la economía del país que restaña las economías del país y aumentan la conjugación de varias iniciativas de integración intensiva nominadas por los líderes. de nuestros estados.

El canciller chino estuvo de acuerdo con la propuesta:

“La OCS debe hacer un uso activo de los mecanismos de cooperación existentes en la economía, el comercio, la cultura y otros campos para ayudar a Afganistán a mejorar su capacidad de desarrollo independiente y lograr un desarrollo genuino y sostenible. La OCS debe apoyar la integración de Afganistán en el desarrollo económico regional y profundizar la cooperación en salud pública para respaldar la lucha efectiva de Afganistán contra COVID-19.”

En cuanto al futuro de la organización, Rusia propuso considerar el pedido de incorporación como miembro pleno de Irán, el cual cuenta con status de observador al igual que Mongolia, Bielorrusia y Afganistán. También se aprobó la incorporación de Arabia Saudita y Egipto como “socios de diálogo”, lo que deberá ser ratificado en la cumbre de presidentes. Sin dudas la Organización de Cooperación de Shangai se está transformando en la principal herramienta de cooperación regional para el mantenimiento de la seguridad. No es extraño que haya más países interesados en participar.

Por fuera de la OCS

Al día siguiente, se reunieron en Taskent, Uzbekistán, en la Conferencia Internacional “Asia central y meridional: conectividad regional. Retos y oportunidades”. En ella participaraon los 5 países de asia central (incluyendo a Turkmenistán), Rusia, China, la UE, EEUU, Turquía, Pakistán, India y otros países de la región. El tema principal siendo la interconexión a través de la infraestructura para el comercio.

Se dieron en paralelo reuniones importantes, una entre China y Rusia, donde conversaron los temas de seguridad en la región y el el programa nuclear de Irán y en cuanto a Afganistán sostuvieron que el camino era garantizar el proceso de paz donde sólo participen los afganos. Estas reuniones de alto nivel sobre temas de segurida muestran que la participación china en los asuntos regionales es cada vez mayor.  Al día siguiente, el 17 de julio, se encontró el canciller chino con el ministro de relaciones exteriores de Siria, donde Wang “dijo que China está lista para impulsar la cooperación antiterrorista con Siria, mejorar la capacidad antiterrorista de Siria, y salvaguardar la seguridad nacional mutua, a la vez que se hace una contribución a la seguridad global.”

En Tashkent también se reunieron el grupo 5+1 (los 5 países centro asiaticos y Rusia) donde discutieron y acordaron no recibir en sus territorios a los afganos desplazados por haber colaborado con la ocupación estadounidense. En el comunicado emitido tras la reunión, los países retomaron lo acordado en la OCS además de contar con el apoyo de Turkmenistán, que no es miembro de esta organización.

“Estamos convencidos de que solo es posible establecer una paz integral y duradera en Afganistán con conversaciones directas e inclusivas sobre un arreglo político entre los afganos, bajo el liderazgo del pueblo afgano, y con la asistencia más activa de los estados y agencias internacionales para La recuperación de Afganistán en el período posterior al conflicto.
Esperamos que se entablen conversaciones constructivas entre el Kabul oficial y los talibanes con el objetivo de elaborar enfoques coordinados para el cese de una guerra prolongada y el desarrollo de Afganistán como un estado pacífico, independiente y soberano.”

Una solución regional

Estas reuniones son la últimas en un largo proceso regional de estabilización del conflicto afgano. Un proceso que se vió demorado por la presencia estadounidense en el país, pero que con el retiro de sus tropas puede retomar la fuerza y brindar un marco para una solución pacífica. Lo más destacable es que Asia pueda brindar una salida asiática al conflicto afgano, sin la participación de potencias extra regionales. Con un afganistán en paz e integrado a la región, otros procesos regionales, como la Franja y la Ruta o la Unión Económica Euroasiática, tienen más chances de avanzar.

Mirada Multipolar | Estados Unidos se va de Afganistán ¿pero quién queda a cargo?

Mirada Multipolar | Estados Unidos se va de Afganistán ¿pero quién queda a cargo?

por Sebastián Tapia

El retiro de las tropas estadounidenses de Afganistán está en pleno proceso, ya casi concluído. El ejército de ocupación, que llegó a tener más de 100.000 soldados hacia 2011, ya cuenta con 2.500 y sigue reduciéndose. Pero el vacío de poder generado por la retirada podría restaurar al movimiento Talibán en el dominio del país. El objetivo ahora es evitar un “momento Saigón”.

Bye bye Afganistán

Dos grandes eventos se sucedieron esta semana en cuanto al retiro de las tropas de la OTAN de Afganistán. Por un lado, Alemania anunció que completó el retiro de sus tropas, unos 1.100 soldados, iniciado en Mayo. Esto pone fin a una participación de 20 años en la invasión, desde la creación de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en Diciembre de 2001 hasta la misión Apoyo Decidido de la OTAN. Otros miembros de la OTAN ya completaron su retiro, debido a que habían desplegado menos recursos, como Italia, España, Estonia o Dinamarca.

La otra gran noticia es el traspaso de la base aérea de Bagram por las fuerzas estadounidenses a las fuerzas armadas afganas. Esta acción tienen un gran simbolismo para los afganos, ya que fue el centro de operaciones del contingente estadounidense. La base de Bagram era todo un símbolo de la ocupación, una pequeña ciudad estadounidense en medio de Afganistán. No sólo residían miles de soldados allí, además contaba con hospitales, comercios y restaurantes (incluyendo Pizza Hut y Subway), una prisión propia y el complejo de Camp Vance, sede de las fuerzas especiales estadounidenses. La base fue visitada por todos los presidentes que encabezaron la ocupación: Bush jr, Obama y Trump.

Sobre la retirada estadounidense de Bagram, el portavoz talibán, Zabiullah Mojahid, dijo:

“La presencia de fuerzas extranjeras en Afganistán fue una razón para la continuación de los combates en el país (…) Si las fuerzas extranjeras abandonan Afganistán, los afganos pueden decidir entre ellos los problemas futuros. Daremos un paso adelante por la seguridad del país y nuestra esperanza de paz aumentará y, inshallah, tendremos desarrollo”.  

La vietnamización del conflicto

Hay muchos paralelismos que se pueden realizar entre lo que fue la retirada estadounidense de Vietnam y lo que es la retirada actual de Afganistán. No sólo porque, por segunda vez, el ejército mejor equipado y con mayor tecnología del mundo no puede vencer a grupos irregulares de campesinos armados. Sino porque Estados Unidos tomó decisiones similares en cómo llevar adelante el proceso.

En el caso vietnamita, a partir de 1969 Nixon llevó adelante una política de “vietnamización” del conflicto. Es decir, hacer una transición entre el ejército estadounidense y las fuerzas armadas de Vietnam del Sur, en cuanto a quién lleva adelante el mayor esfuerzo en la guerra. En el caso afgano, este proceso está en camino desde 2015, cuando se vence la resolución del CSNU que instauró la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad y la OTAN estableción la misión Apoyo Decidido. Esta misión busca entrenar a las fuerzas afganas para que puedan sostenerse por sí mismas y controlar todo el territorio nacional.

Para llegar a los acuerdos de paz de Doha, firmados en 2020 entre Estados Unidos y los Talibanes donde se estableció la retirada de las tropas de la OTAN y los EEUU a cambio de evitar que Al Qaeda vuelva a operar en Afganistán y que se inicie una conversación diplomática entre los talibanes y el gobierno afgano, se recurrió a una estrategia similar que en Vietnam. En ese entonces, las operaciones de bombardeos aéreos masivos Linebacker y Linebacker II detuvieron el avance del Vietcong y lo forzaron a ir a la mesa de negociación en París. Durante 2019 y 2020, el gobierno de Donald Trump llevó adelante una campaña de bombardeo masivo que logró llevar a los talibanes a las negociaciones de Doha.

En el caso vietnamita, al poco tiempo de terminar la intervención estadounidense, se reanudó la guerra civil entre el norte y el sur. Esto culminó el 30 de Abril de 1975 con la toma de Saigón por el Norte (el ejército popular de Vietnam y el Vietcong), reunificando al país y concluyendo una guerra civil iniciada en 1959. Estados Unidos se vió forzado a llevar adelante la operación “Frequent Wind”, una evacuación masiva de su personal y de sudvietnamitas que colaboraban con ellos.

Las imágenes de esta operación son un símbolo de la derrota estadounidense, y no están dispuestos a que vuelva a suceder.

Kabul no es Saigón

Al igual que en el caso vietnamita, se espera que tras la retirada de las tropas extranjeras se retome la guerra civil afgana. Esta guerra comenzó en 1978, sólo interrumpida por la intervención soviética (1979-1989) y por la estadounidense (2001-2021). Desde entonces el país no logra tener un sólo gobierno. Incluso cuando los Talibanes controlaban la mayoría del país y la capital, Kabul, al momento de la intervención estadounidense en 2001, las provincias del norte estaban bajo control de un grupo contrario – la Alianza del Norte. La ayuda extranjera le permitió a la Alianza expulsar al Talibán del gobierno y conformarse en lo que ahora es reconocido como el gobierno afgano.

Datos del 23 de Junio 2021
Fuente: FDD’s Long War Journal, Esri’s Disaster Response Program and Natural Earth
Gráfico: Jiachuan Wu / NBC News

Desde la firma de los acuerdos de Doha, los talibanes están recuperando el control de cada vez más territorio. En especial, desde el comienzo de la retirada de tropas extranjeras en Mayo. Ya tienen control sobre un 30% del territorio y disputan otro 42%. Pero no es definitivo todavía.

En algunas zonas del país, los soldados del gobierno afgano se rinden y entregan sus armas al Talibán sin pelear. En otras zonas, el gobierno autorizó la conformación de milicias locales, las cuales están conformadas por civiles que no desean unirse al Talibán, pero ponen en peligro la continuidad posterior al gobierno. En cierta manera, es el retorno a la situación anterior  la intervención estadounidense.

El gobierno afgano está confiado en que puede hacer frente al avance talibán. En palabras del embajador afgano en China:

“Tenemos 350.000 fuerzas de seguridad nacional, entre las cuales hay fuerzas especiales. No tenemos ningún miedo a perder terreno. No veo muchos cambios junto con la retirada. La retirada sería una sorpresa más para los talibanes que para nosotros. No hay otra forma para los talibanes que volver a la mesa de la paz. Por lo tanto, proponemos que deberíamos tener un alto el fuego y la comunidad internacional debería presionar a los talibanes para que lo acepten “.

Le presidente afgano, Ashraf Ghani, propuso en Marzo pasado realizar elecciones conjuntas:

“Estamos dispuestos a discutir la celebración de elecciones libres, justas e inclusivas bajo los auspicios de la comunidad internacional. También podemos hablar de la fecha de las elecciones y llegar a una conclusión “

Sin embargo, los talibanes desecharon la idea rápidamente.

La gran diferencia con el caso vietnamita es que la derrota de las fuerzas extranjeras no va a estar asociado directamente a la liberación del pueblo afgano. Recordemos que el Talibán es un movimiento fundamentalista islámico, donde la sharia se interpreta de manera dogmática y se ha llegado a prohibir la música. Las mujeres probablemente vuelvan a perder los pequeños derechos ganados en estos años, como no tener que utilizar la burqa, a no ser lapidadas en caso de adulterio o a recibir educación.

¿Quién queda al mando?

Las tropas estadounidenses terminarán su retiro en la fecha simbólica del 11 de Septiembre, 20 años después del atentado a las torres gemelas. Sin embargo, se mantendrán unos 650 soldados para defender la enorme embajada estadounidense en Kabul. La seguridad del aeropuerto internacional de Kabul, principal puerta de entrada y salida del país, está siendo negociadada. Turquía ve la posibilidad de quedarse ahí como una herramienta para su política exterior, una forma de tender un puente hacia el centro de Asia y aumentar su prestigio dentro del mundo musulmán, a la vez que permite algo de tranquilidad a sus socios de la OTAN.

Lo que no está en discusión en el plan de retiro son los más de 18.000 “contratistas” (es decir, mercenarios) estadounidenses que protegen las inversiones del capital norteamericano en el país. Probablemente se mantengan en el territorio hasta que la guerra civil se resuelva.

Quien está interesada en mantener la estabilidad del país para integrarlo a su proyecto económico es China. Comparte una frontera con Afganistán a través del Corredor de Wakhan, una franja de 76km de largo con 12.000 habitantes y que formó parte de la antigua Ruta de la Seda. Esta región nunca fue controlada por el Talibán, pero la influencia del extremismo islámico sí cruzó esta frontera hacia la región de Xinjiang. El temor de China yace en que un Talibán vigoroso sea un ejemplo a seguir por el Movimiento por la Independencia de Turquestán Oriental (MITO), un grupo terrorista que asoló la región en los 90’s y principios del 2000.

Ante la amenaza de un posible regreso del MITO a la región, un informe de Naciones Unidas sostiene que los combatientes del MITO que están ahora en Siria podrían regresar a Xinjiang, China entró en contacto con el Talibán. La promesa de mejorar la infraestructura e integrar al país al proyecto de La Franja y la Ruta, es igual par talibanes y para el actual gobierno afgano. La estabilidad de la región y la mejora de la interconexión entre los países vecinos es el principal objetivo chino.

Falta todavía ver cómo evoluciona la situacion en el terreno tras la salida total de las tropas extranjeras. No se puede descartar una nueva evacuación de la embajada estadounidense en caso que el Talibán vuelva a retomar Kabul. Pero la gran incógnita es qué modelo va a adoptar la sociedad afgana, si volverá al emirato fundamentalista que tuvo bajo el gobierno talibán de los 90’s o se adaptará a una sociedad un poco más abierta tras la experiencia actual. Lo importante es que lo puedan decidir los mismos afganos, sin fuerzas extranjeras. Esperemos que sea de la manera más democrática posible.

El largo y sinuoso camino multipolar

El largo y sinuoso camino multipolar

por Pepe Escobar para Asia Times

El “orden basado en reglas” de Occidente invoca la autoridad de los gobernantes; Rusia-China dicen que es hora de volver al orden basado en la ley

Vivimos en tiempos extraordinarios.

En el día del 100° aniversario del Partido Comunista Chino (PCCh), Xi Jinping, en la plaza de Tiananmen, en medio de toda la pompa y circunstancia, entrega un mensaje geopolítico marcado:

“El pueblo chino nunca permitirá que fuerzas extranjeras los intimiden, opriman o subyugan. Cualquiera que intente hacer esto se encontrará en curso de colisión con un gran muro de acero forjado por más de 1.400 millones de chinos.”

He ofrecido una versión concisa del milagro chino moderno, que no tiene nada que ver con la intervención divina, sino “buscar la verdad a partir de los hechos” (copyright Deng Xiaoping), inspirado en una sólida tradición cultural e histórica.

El “gran muro de acero” evocado por Xi ahora impregna una dinámica “sociedad moderadamente próspera”, un objetivo logrado por el PCCh en vísperas del centenario. Sacar a más de 800 millones de personas de la pobreza es una novedad histórica, en todos los aspectos.

Como en todo lo relacionado con China, el pasado informa el futuro. Se trata de xiaokang, que puede traducirse libremente como “sociedad moderadamente próspera”.

El concepto apareció por primera vez hace no menos de 2.500 años, en el clásico Shijing (“El libro de la poesía”). El pequeño timonel Deng, con su histórico ojo de águila, lo revivió en 1979, justo al comienzo de las reformas económicas de “apertura”.

Ahora comparemos el avance celebrado en Tiananmen, que se interpretará en todo el Sur Global como evidencia del éxito del modelo chino para el desarrollo económico, con imágenes que circulan de los talibanes montando tanques T-55 capturados a través de pueblos empobrecidos en el norte de Afganistán.

La Historia se repite: esto es algo que vi con mis propios ojos hace más de veinte años.

Los talibanes controlan ahora casi la misma cantidad de territorio afgano que controlaban inmediatamente antes del 11 de septiembre. Controlan la frontera con Tayikistán y se están acercando a la frontera con Uzbekistán.

Hace exactamente veinte años me embarqué en otro viaje épico a través de Karachi, Peshawar, las áreas tribales de Pakistán, Tayikistán y finalmente el valle de Panjshir, donde entrevisté al comandante Masoud, quien me dijo que los talibanes en ese momento controlaban el 85% de Afganistán.

Tres semanas después, Masoud fue asesinado por un comando vinculado a Al Qaeda disfrazado de “periodista”, dos días antes del 11 de septiembre. El imperio, en el apogeo del momento unipolar, entró en sus Guerras Eternas a toda marcha, mientras que China y Rusia profundizaron en la consolidación de su surgimiento, geopolítica y geoeconómicamente.

Ahora vivimos las consecuencias de estas estrategias opuestas.

Esa alianza estratégica

El presidente Putin acaba de pasar tres horas y cincuenta minutos respondiendo preguntas no preseleccionadas, en vivo, de ciudadanos rusos durante su sesión anual de “Línea Directa” . La idea de que los “líderes” occidentales del tipo Biden, BoJo, Merkel y Macron podrían manejar algo incluso remotamente similar, sin guión, es ridícula.

La conclusión clave: Putin enfatizó que las élites estadounidenses comprenden que el mundo está cambiando, pero aún quieren preservar su posición dominante. Lo ilustró con la reciente travesura británica en Crimea sacada directamente de un fallo de Monty Python, una “provocación compleja” que de hecho era angloamericana: un avión de la OTAN había realizado previamente un vuelo de reconocimiento. Putin: “Era obvio que el destructor entró [en aguas de Crimea] persiguiendo objetivos militares”.

A principios de esta semana, Putin y Xi celebraron una videoconferencia. Uno de los puntos clave fue bastante significativo: la extensión del Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa China-Rusia, firmado originalmente hace 20 años.

Una disposición clave: “Cuando surja una situación en la que una de las partes contratantes considere que … se enfrenta a la amenaza de agresión, las partes contratantes mantendrán contactos y consultas de inmediato para eliminar dichas amenazas”.

Este tratado está en el corazón de lo que ahora se describe oficialmente – por Moscú y Pekín – como una “asociación estratégica integral de coordinación para una nueva era”. Se justifica una definición tan amplia porque se trata de una asociación compleja de varios niveles, no una “alianza”, diseñada como un contrapeso y una alternativa viable a la hegemonía y el unilateralismo.

Un ejemplo gráfico lo proporciona la interpolación progresiva de dos estrategias de comercio / desarrollo, la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) y la Unión Económica de Eurasia (EAEU), que Putin y Xi discutieron nuevamente, en relación con la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), que se fundó solo tres meses antes del 11 de septiembre.

No es de extrañar que uno de los aspectos más destacados en Beijing esta semana fueran las conversaciones comerciales entre los chinos y cuatro “stans” de Asia Central , todos ellos miembros de la OCS.

“Ley” y “regla”

La hoja de ruta que define la multipolaridad ha sido esbozada en un ensayo del ministro de Relaciones Exteriores, Sergey Lavrov, que merece un examen detenido.

Lavrov examina los resultados de las recientes cumbres del G7, la OTAN y la UE antes de Putin-Biden en Ginebra:

“Estas reuniones se prepararon cuidadosamente de una manera que no deja ninguna duda de que Occidente quería enviar un mensaje claro: se mantiene unido como nunca antes y hará lo que crea correcto en los asuntos internacionales, mientras obliga a otros, principalmente a Rusia y China, para seguir su ejemplo. Los documentos adoptados en las cumbres de Cornualles y Bruselas cimentaron el concepto de orden mundial basado en reglas como un contrapeso a los principios universales del derecho internacional con la Carta de la ONU como su fuente principal. Al hacerlo, Occidente deliberadamente evita deletrear las reglas que pretende seguir, al igual que se abstiene de explicar por qué son necesarias.”

Mientras descarta cómo Rusia y China han sido etiquetadas como “potencias autoritarias” (o “iliberales”, según el mantra favorito de Nueva York-París-Londres), Lavrov aplasta la hipocresía occidental:

“Mientras proclama el ‘derecho’ a interferir en los asuntos internos de otros países en aras de promover la democracia tal como la entiende, Occidente pierde instantáneamente todo interés cuando planteamos la perspectiva de hacer que las relaciones internacionales sean más democráticas, incluida la renuncia al comportamiento arrogante y el compromiso acatar los principios universalmente reconocidos del derecho internacional en lugar de las ‘reglas’.”

Eso le da a Lavrov una oportunidad para un análisis lingüístico de la “ley” y la “regla”:

“En ruso, las palabras ‘ley’ y ‘regla’ comparten una sola raíz. Para nosotros, una regla que es genuina y justa es inseparable de la ley. Este no es el caso de las lenguas occidentales. Por ejemplo, en inglés, las palabras ‘ley’ y ‘regla’ no comparten ninguna semejanza. ¿Ver la diferencia? ‘Gobernar’ no se trata tanto de la ley, en el sentido de leyes generalmente aceptadas, como de las decisiones tomadas por quien gobierna o gobierna. También vale la pena señalar que ‘regla’ comparte una sola raíz con ‘regla’, con los significados de esta última, incluido el dispositivo común para medir y dibujar líneas rectas. Se puede inferir que a través de su concepto de ‘reglas’, Occidente busca alinear a todos en torno a su visión o aplicar el mismo criterio a todos, para que todos caigan en un solo archivo.”

En pocas palabras: el camino hacia la multipolaridad no seguirá los “ultimátums”. El G20, donde están representados los BRICS, es una “plataforma natural” para “acuerdos mutuamente aceptados”. Rusia, por su parte, está impulsando una Asociación de la Gran Eurasia. Y un “orden mundial policéntrico” implica la necesaria reforma del Consejo de Seguridad de la ONU, “fortaleciéndolo con los países asiáticos, africanos y latinoamericanos”.

¿Los Maestros Unilaterales recorrerán este camino? Sobre sus cadáveres: después de todo, Rusia y China son “amenazas existenciales”. De ahí nuestra angustia colectiva, de espectadores bajo el volcán.

¿Qué tan grave es el desacuerdo turco-talibán sobre el aeropuerto de Kabul?

¿Qué tan grave es el desacuerdo turco-talibán sobre el aeropuerto de Kabul?

por Andrew Korybko para The Express Tribune

Los talibanes solicitaron recientemente la salida de las tropas turcas de Afganistán para el 11 de septiembre junto con sus aliados de la OTAN como parte del acuerdo que Estados Unidos alcanzó con el grupo. Sin embargo, Ankara tiene como objetivo el control militar del aeropuerto de Kabul, lo que garantizaría el acceso continuo de Estados Unidos al país. Sin esa instalación en buenas manos, Estados Unidos no podrá mantener de manera confiable ningún tipo de presencia allí, ni siquiera diplomática. Por lo tanto, es de suma importancia para Washington que Ankara pueda llevar a cabo sus planes, aunque no está claro si podrá hacerlo teniendo en cuenta el fuerte desacuerdo de los talibanes con esto.

Se requiere una mayor elaboración para comprender mejor la dinámica estratégica. Turquía quiere hacerse más valiosa para la alianza a fin de reparar parcialmente sus relaciones dañadas con Estados Unidos, según Vladimir Danilov en su artículo para la revista en línea New Eastern Outlook de Rusia. El experto también cree que puede confiar en lo que describió como el “grupo talibán pro-Qatar” cultivado por sus aliados en Doha. Por lo tanto, surge la pregunta de si este grupo es lo suficientemente influyente como para sofocar el desacuerdo del movimiento general con los planes de Turquía. Hasta donde lo demuestra su declaración, parece que no lo son.

También podría haber otra motivación en juego, y es que Turquía cree que este medio podría expandir de manera más efectiva su influencia en el país sin litoral. Al controlar o garantizar el acceso internacional dentro y fuera de la capital afgana, Ankara se convertiría en uno de los actores más estratégicos de Afganistán. Esto, a su vez, podría aprovecharse para fines económicos relacionados con la posibilidad de revivir el Corredor de Lapis Lazuli (LLC) para ser pionero en una nueva ruta de conectividad multimodal con su aliado paquistaní a través del Caspio y el sur del Cáucaso. En la práctica, esta visión representa un corredor secundario de la propuesta N-CPEC + para expandir Corredor Económico chino-pakistaní (CPEC) hacia el norte.

Es de suponer que los talibanes no tienen ningún problema para facilitar dicha conectividad transregional, ya que pueden beneficiarse del tránsito a través del territorio bajo su control. El problema entonces podría ser que sospecha que el control de Turquía del aeropuerto de Kabul podría ser explotado por la OTAN y los Estados Unidos en particular para desarrollar una “solución” a su acuerdo de retirada mediante el cual contratistas militares privados (PMC), si no fuerzas especiales reales, podrían ser subrepticiamente enviado al país después del 11 de septiembre a través de esa puerta de entrada. Por lo tanto, los talibanes preferirían que el aeropuerto permaneciera bajo control civil, no el control de ningún país de la OTAN como Turquía.

Cabe señalar que la reciente declaración de los talibanes sobre este tema también enfatizó los estrechos vínculos que tiene con Turquía. Sus palabras exactas fueron las siguientes: “De lo contrario, Turquía es un gran país islámico. Afganistán ha tenido relaciones históricas con él. Esperamos tener relaciones estrechas y buenas con ellos a medida que se establezca un nuevo gobierno islámico en el país en el futuro ”. Por lo tanto, es posible que los talibanes acuerden el control civil turco del aeropuerto en lugar de que sus militares aliados de la OTAN hagan lo mismo como parte de un compromiso con Ankara. Sin embargo, el país de Asia occidental podría no estar de acuerdo con esto, ya que él y sus aliados temen la captura del aeropuerto por parte de los talibanes.

El mejor de los casos es que Ankara esté de acuerdo con ese posible compromiso. Esto le permitiría servir simultáneamente a los intereses de sus aliados, aunque de una manera que no corra el riesgo de arruinar las relaciones con los talibanes y, por lo tanto, impedir el posible resurgimiento del LLC. Los talibanes realmente quieren expandir los lazos con Turquía, pero aún sospechan de los planes militares de ese país para el aeropuerto de Kabul a pesar de la influencia especulativa de lo que Danilov describió como el “grupo talibán pro-Qatar”. Si este problema no se puede resolver de manera amistosa, el futuro de las relaciones entre Turquía y los talibanes se volverá incierto, lo que agregará otra capa de inestabilidad al país.

El camino hacia un posible compromiso podría ser que Pakistán medie en discusiones sensibles entre sus socios turcos y talibanes en la búsqueda del compromiso propuesto. Islamabad también se beneficiaría de que sus aliados en Ankara expandieran su influencia en Afganistán después de la retirada de Estados Unidos, especialmente con respecto a que esto se aproveche para revivir el LLC. Por lo tanto, Pakistán debería proponer el uso de sus servicios diplomáticos para ayudar a llegar a una solución amistosa a este problema. No está claro si tendrá éxito, pero aún así debería hacer todo lo posible debido a todo lo que está en juego.