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Cuba bajo el asedio de Trump: La asfixia como estrategia de presión para un cambio de gobierno

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El pueblo cubano vive horas dramáticas a causa del asedio del gobierno estadounidense que ha redoblado brutalmente el bloqueo económico a partir del secuestro del presidente Nicolás Maduro y del ataque al gobierno venezolano. El cierre del suministro de petróleo venezolano, se ha traducido en apagones generalizados de la energía eléctrica, de falta de combustible para el transporte público y la recolección de basura, que se concentra en las calles afectando la salubridad pública con el retorno de enfermedades como el dengue y chikungunya.

El asedio de Washington a la isla se completó el 29 de enero, cuando la administración Trump autorizó aranceles contra cualquier país que vendiera petróleo a Cuba. Si bien la isla genera alrededor de un 30% del combustible que consume, la generación eléctrica depende en gran medida del petróleo, lo que en el contexto de escases redunda en cortes de entre 4 y 6 horas diarias en algunos lugares mientras que en otros llega hasta las 20 hs diarias. Esto genera penurias y un fuerte malestar en la población ya que el corte del suministro y del transporte afecta hasta la provisión de agua, la recolección, y los servicios sanitarios.

El gobierno de Donald Trump ha potenciado el asedio a Cuba como forma de anotarse un triunfo histórico como el de “tomar la isla o propiciar un cambio de régimen” frente a las criticas internas y la caída de imagen en el electorado estadounidense. El secretario de Estado Marco Rubio, de ascendencia cubana, mantiene un particular interés por el control de la isla y de la región latinoamericana como zona de influencia norteamericana. Por ello han iniciado una ofensiva para promover revueltas y movimientos desestabilizadores para el gobierno revolucionario de Díaz Canel.

Entre los últimos sucesos se destacan los intentos ingresar a la isla de una lancha con 10 mercenarios de los cuales 4 fueron abatidos y 6 detenidos. También el de 10 panameños que entraron como turistas para iniciar focos de disturbios. A ello se le suman las campañas por redes sociales para iniciar revueltas en repudio al gobierno.

Por otro lado, la presión también se enfoca hacia los países que intenten colaborar con Cuba con el envío de suministros, ya sea energéticos como México, medicamentos como Honduras y Jamaica, o insumos para higiene o alimentos. Frente a ello tampoco han podido intervenir fuertemente los aliados históricos de la isla, tales como Rusia o China. El kremlin está enfocado en la guerra en Ucrania mientras que Beijing tiene sus prioridades en contener las consecuencias derivadas de la guerra en Irán y la situación en el mar de China.

Flotilla en solidaridad con Cuba transportando donaciones ayuda vital para la isla

Este escenario geopolítico pone en una encrucijada a los países emergentes concentrados en los BRICS+, dado que China y Rusia han mantenido históricas relaciones con Cuba, con Venezuela y más recientemente con Irán. Todos estos países han sido atacados por la administración Trump como forma de reforzar el dominio estadounidense y desafiar a las potencias emergentes. Pero no está claro el desenlace de esta estrategia temeraria comandada por Estados Unidos. Con el secuestro y el ataque a la soberanía de Venezuela, Trump se mostró momentáneamente fortalecido. Con Irán la situación está plagada de incertidumbres y con un conflicto abierto.

En ese contexto, el asedio a Cuba es un nuevo frente para intentar fortalecerse. Pero la experiencia del pueblo cubano de más de 60 años enfrentando el bloqueo estadounidense se presenta como una muralla de peso para las aspiraciones norteamericanas. Cuba ha sido generosa enviando médicos y alfabetizadores a muchos países del tercer mundo y cuenta con un movimiento de solidaridad mundial de peso. Ese movimiento viene enviando mercancías y remesas hacia la isla como forma de resistencia ciudadana. Tampoco se descarta el aporte de algunos gobiernos que logren sortear las presiones de Washington. Por todo ello, pero fundamentalmente por el peso histórico del pueblo cubano es que el proyecto revolucionario se mantiene aún vigente.

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