Mirada Multipolar | ¿Hacia dónde va el mundo después de la pandemia?

Mirada Multipolar | ¿Hacia dónde va el mundo después de la pandemia?

por Sebastián Tapia

A pesar que en algunas regiones del planeta disminuyen los casos de COVID-19 y otras sufren una nueva ola, el consenso general es que la enfermedad nos va acompañar un largo tiempo. La normalidad está regresando, de a poco, a las economías y sociedades de todo el mundo. Los efectos de la pandemia aceleraron la decadencia económica estadounidense, coincidiendo con su decadencia militar y el claro ascenso de China. La transición hegemónica en el sistema internacional se está completando y el nuevo orden que surja de ella se encuentra en discusión.

La inflación como característica de la época

La economía de la pospandemia se caracteriza por una marcada inflación a nivel global. Esto se debe al aumento de los combustibles, la falta de mano de obra en varios sectores de la economía debido a las cuarentenas, la interrupción de líneas de abastecimiento de insumos a nivel global, entre otras razones. Este último punto incluso fue tema de debate en el G20 a pedido de la parte estadounidense, quien sufre de una crisis en abastecimiento de microchips.

Desde el punto de vista monetarista, los esfuerzos estatales desmedidos por estimular a la economía durante la pandemia también facilitaron el crecimiento de la inflación. De acuerdo al presidente ruso, Vladimir Putin, en su discurso del G20:

“El estímulo excesivo se ha traducido en una falta generalizada de estabilidad, precios crecientes de bienes y activos financieros en ciertos mercados como energía, alimentos, etc. Una vez más, los importantes déficits presupuestarios de las economías desarrolladas son la principal causa de estos desarrollos. Con la persistencia de estos déficits, existe el riesgo de una alta inflación global en el mediano plazo, lo que no solo aumenta el riesgo de menor actividad empresarial sino que refuerza y exacerba la desigualdad que también se mencionó hoy.”

Tal vez la inflación más preocupante para nuestros pueblos es aquella que rige sobre los alimentos. De acuerdo al índice de precios de alimentos mensual de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) los alimentos aumentaron casi un 33% en septiembre de 2021 en comparación con el año anterior. Una tendencia acelerada ahora, pero que viene siendo positiva desde los años 2000. En este caso no sólo coinciden las causas comunes a la inflación en otros bienes originadas en la pandemia, sino que además el cambio climático afecta directamente la producción de alimentos. Sequías, inundaciones, heladas, huracanes, todo afecta a los cultivos de los que depende la alimentación de la mayoría de la población (trigo, cebada, maíz, sorgo, arroz, etc).

En este contexto de altos precios para los alimentos, la tentación de primarizar la producción de una economía es un hecho. Esto lleva al debate económico sobre si favorecer una industrialización que necesita mano de obra calificada y salarios altos, o apostar al ingreso de divisas del sector primario con poca mano de obra, y no calificada.  Y la necesidad de obtener divisas se encuentra en que tanto los alimentos, como los combustibles, y otras commodities se negocian en dólares estadounidenses. Considerando que Estados Unidos se encuentra sufriendo un proceso inflacionario, que podría convertirse en estanflacionario, y  la confianza en esa moneda le permite sostener una deuda pública superior a los 28 trillones de dólares, otros páises apuestan por un proceso de desdolarización. Tanto China como Rusia han reducido la cantidad de dólares en sus bancos centrales y apostado por un comercio compensado en monedas nacionales. Esta tendencia puede acrecentarse en la pospandemia, en especial si la economía estadounidense comienza a mostrar peores índices.

Instituciones globales

La pandemia no sólo mostró la fragilidad de la economía mundial, sino que también llamó la atención sobre la ineficacia del sistema internacional para responder a una crisis de estas características. La falta de una respuesta común a la pandemia y la imposibilidad de coordinar políticas de alcance global obligan a repensar las instituciones globales. El ex-ministro de relaciones exteriores y de defensa de Brasil durante el gobierno de Lula, Celso Amorim, propuso recientemente en el Club de Discusión Valdai reformar al G20 para se alce como un coordinador de políticas de otros organismos internacionales:

“Creo que lo más cercano que combina cierto grado de legitimidad o representatividad con cierto grado de efectividad es el G20. Creo que tendríamos que cambiar un poco el G20 para hacerlo un poco más africano, un poco más oscuro de alguna manera, un poco menos europeo, tal vez. Pero también para otorgar autoridad al G20 sobre organizaciones concretas, muy concretas, muy específicas: como el Banco Mundial, el FMI y la Organización Mundial del Comercio. Es inútil decidir algo en el G20 y luego hacer algo completamente diferente de acuerdo a los tecnócratas del banco mundial, que obedecen a un país más que a otro.”

Para que el G20 se convierta en un grupo con una representación más amplia, es necesario que los países de la misma región asistan con posiciones coordinadas entre ellos. En el caso latinoamericano, son tres los miembros que proceden de la región: Argentina, Brasil y México. Si ellos van a plantear la posición en nombre de toda la región, es necesario que la integración de la región avance en nuevas instituciones propias – sin elementos extrarregionales.

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, en su discurso en la última cumbre de la CELAC propuso que esta organización avance en complejidad como lo hizo la Unión Europea en su momento:

“La CELAC, en estos tiempos, puede convertirse en el principal instrumento para consolidar las relaciones entre nuestros países de América Latina y el Caribe (…) es decir, construir en el continente americano algo parecido a lo que fue la Comunidad Económica que dio origen a la actual Unión Europea.”

El fortalecimiento de los organismos regionales es necesario en un mundo que tiende a la construcción de bloques regionales, desde los cuales se establece un nuevo orden mundial multipolar.  Estos procesos avanzan en todas las regiones del mundo: en el sudeste asiático con el ASEAN y el RCEP, en Eurasia con la Organización de Cooperación de Shangai y la Unión Económica Eurasiática, en África con la Unión Africana  y el Acuerdo Continental Africano de Libre Comercio. Es verdad que la Unión Europea sufrió el Brexit, pero ya cuenta con un nivel de integración avanzado. América latina, en cambio, vio retroceder sus organismos regionales – en especial sudamérica con la pérdida de la UNASUR y el estancamiento del MERCOSUR. Por esto, el llamado a reactivar la CELAC y convertirla en un profundo proceso de integración es una señal de hacia dónde debería ir nuestra región.

Una positiva experiencia reciente

El rol que llevó adelante el presidente argentino, Alberto Fernández, tanto en la cumbre del G20 en Roma como en la reunión COP 26 en Glasgow, muestra cómo se posiciona la Argentina frente a los cambios económicos e institucionales planteados anteriormente.

Con respecto a lo político institucional, Argentina abogó por un problema propio – la deuda con el FMI – pero que afecta también a otros países en desarrollo. Por un lado cuestionó el sistema internacional de crédito actual, que asigna la culpa en quien pide el crédito y no en quien lo otorga:

“son tan responsables los que se endeudaron sin atender las ruinosas consecuencias sobrevinientes, como los que dieron esos recursos para financiar la fuga de divisas en una economía desquiciada”

Pero no sólo quedó en declaraciones de denuncia, sino que se negoció la incorporación en la declaración final de varios temas propuestos por Argentina relacionados con la deuda: la creación de un Fondo de Resiliencia y Sostenibilidad, para asistir a los países de bajos y medios recursos para reducir los riesgos derivados de las pandemias y el cambio climático, y la revisión de la política del FMI sobre los sobrecargos aplicados a la deuda.

El G20 alienta a la colaboración con otros organismos internacionales, como la OIT, ACNUR y otros, en su declaración final, además del FMI. La propuesta de Amorim ya se está cumpliendo en parte, sólo falta hacer al G20 más representativo de los países en desarrollo.

En cuanto a lo económico, la posición argentina buscó presentar los problemas de la transición de una economía basada en carbono a una libre de él para los países en desarrollo. En el G20, Alberto Fernández planteó que para las economías primarizadas, los nuevos requisitos de una economía verde pueden ser injustos:

“Para nosotros el impacto de esta transición puede ser negativo en términos de cohesión social. Al mismo tiempo y dada la primarización de nuestras exportaciones, es imprescindible que las nuevas reglas ambientales estén respaldadas en evidencia científica para que no constituyan una barrera injustificada al comercio.

En la COP 26, Alberto propuso algunas medidas para hacer que esta transición ecológica sea un poco más justa con las economías menos desarrolladas del planeta:

“debemos crear mecanismos de pagos por servicios ecosistémicos, canje de deuda por acción climática e instalar el concepto de deuda ambiental”.

Además propuso crear un  “comité político y técnico sobre financiamiento climático, con representación equitativa de países desarrollados y países en desarrollo, que trabaje en la definición de una hoja de ruta sobre cómo movilizar los fondos necesarios, que reconozca el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas y que tenga en cuenta el endeudamiento y las limitaciones estructurales, así como las necesidades de bienestar social.”

Muchos son los desafíos que se presentan tras la pandemia. El Sur Global necesita de cambios fundamentales en el sistema que le permitan transicionar a una economía libre de carbono, sin quedar atrapados en una deuda eterna. Para ello, busca cómo organizar mejor las instituciones globales. Es el momento de profundizar nuestra integración, para que nuestra voz suene más fuerte en medio de esta discusión.

Argentina busca una salida para el canje de deuda

Argentina busca una salida para el canje de deuda

GPS Internacional para Sputnik

Entrevista al director del Observatorio del Sur Global, Federico Montero, por Fabián Cardozo en el programa GPS Internacional de Radio Sputnik.

GPS Internacional: El Presidente Argentino Alberto Fernández dio su discurso en las últimas horas en la Cumbre climática de Naciones Unidas. El foco estuvo puesto en el necesario financiamiento climático para la implementación de políticas sustentables y el canje de deuda por acción climática. Además Fernández pidió la creación de un comité técnico y político integrado por países ricos y en desarrollo para construir la arquitectura financiera necesaria para movilizar el financiamiento. Además se aprovechó la oportunidad para hablar de las negociaciones con el fondo monetario internacional compartió un panel con John Biden, donde dijo que la Argentina necesita mayor flexibilidad para honrar la deuda en plazos y tasas. Esto es parte de la agenda internacional distinguida, calificada, que viene teniendo el presidente Alberto Fernández en el marco de esta COP26, antes del G20, y también en lo que intenta hacer negociaciones con el fondo monetario internacional.

Vamos a recibir a Federico Montero, Director del Observatorio para el Sur Global desde Argentina para analizar estos puntos de la agenda del Presidente. Federico ¿qué es lo que busca Alberto Fernández con esta gira?, y ¿qué resultados se han podido tener hasta ahora?

Federico Montero: Bueno, el presidente Alberto Fernández está teniendo un lugar destacado en la agenda internacional en relación a dos cuestiones que vos has mencionado, que se intentan articular en una estrategia común. Por un lado, la oportunidad que aparece en el marco de la discusión instalada, sobre todo por los países del capitalismo occidental y motorizada por la nueva administración norteamericana, que tiene que ver con este paradigma de la energía verde, de la reconversión energética, como paradigma o como puntapié de una reconversión productiva más general de la matriz que organizó el capitalismo en el siglo 20 y la distinción que se le pretende instalar hacia el siglo XXI. Esa discusión es una agenda promovida, como te decía, sobretodo por el capitalismo occidental, que no es inocente. Por un lado tiene que ver con una realidad que es el cambio climático, las dificultades crecientes, la conciencia cada vez mayor que existe entre los lideres occidental respecto de las consecuencias que ha tenido el desarrollo industrial para el medio ambiente, pero también, y no hay que ser ingenuos, tiene que ver con un posicionamiento geopolítico a partir del cual se espera que, en la disputa con fundamentalmente con China, esta agenda de reconversión productiva hacia formas más amigables con el medio ambiente, le permita a Estados Unidos volverse a posicionar liderando esa agenda.

En este contexto, para la Argentina esto representa una oportunidad y el Presidente lo ha visto esta manera para poder posicionarse con propuestas, con iniciativas y con algunas inversiones importantes. Como la que se anunciado en el día de ayer, de una inversión importante de una empresa Australiana para la producción en Argentina del denominado “hidrógeno verde”. O sea, la Argentina pretende con esto posicionar un discurso que intenta articular este nuevo paradigma de la producción amigable con el medio ambiente con un criterio de Justicia social y de contemplar las asimetrías existentes en el escenario financiero internacional. Lo que nos lleva al segundo punto de la agenda, que es la negociación de Argentina con el Fondo Monetario Internacional en relación a la herencia de deuda que dejó la administración del gobierno de Macri. El modo en que estas dos cosas se vinculan, tiene que ver con la propuesta del canje de deuda por la reconversión industrial amistosa, por decirlo así, con el medio ambiente. Lo que pretende Alberto Fernández es como una diagonal que interpele a la agenda verde a partir de las desigualdades y asimetrías financieras del orden económico internacional. De manera tal de que los países que más dificultades y qué más postergados están en las lógicas del capitalismo financiero, encuentren en la agenda verde una oportunidad para ir nivelando esas desigualdades. A grandes rasgos este es el mapa conceptual que nos permite entender el desempeño de Alberto Fernández en estos días.

GPS Internacional: Claro, se informa además de que en el texto del G20, Argentina hizo dos planteos que finalmente quedaron en la declaración: una es una recomendación al Fondo Monetario para que revisen la política de sobrecargos y la otra, la creación de un nuevo fondo de resiliencia para financiación a largo plazo de los países de ingresos medianos y bajos. De alguna manera, con esto marca Fernández también su impronta en la agenda internacional.

Federico Montero: Efectivamente, esto nos lleva al segundo punto de la agenda, que es específicamente ya la negociación de Argentina con el Fondo Monetario Internacional. Para que la audiencia recuerde, porque quizás no está en el día a día de la situación financiera de la Argentina, el gobierno argentino heredó de la gestión de Mauricio Macri dos enormes problemas de deuda externa. Por un lado, la deuda con acreedores privados, que fue resuelta con un canje a comienzo de la gestión de Alberto Fernández, y por otro lado, la deuda con el Fondo Monetario Internacional, qué es astronómica. Supera los 45 mil millones de dólares, a lo que sumándole los intereses está en el orden de los 60 mil millones de dólares. Un préstamo sin precedentes para la historia del Fondo Monetario Internacional que, reconocido incluso por el propio tesoro Norteamericano, tuvo un objetivo político que fue garantizar o intentar garantizar la continuidad en el gobierno de Mauricio Macri en el escenario electoral del 2019; y que ahora el gobierno de Alberto Fernandez tiene que ver cómo se encarga de renegociar esa deuda. En concreto, lo que la Argentina está pidiendo es ateniéndose a que el préstamo fue otorgado de manera excepcional, e incumpliendo gran parte de la normativa misma del Fondo Monetario Internacional. Es decir, fue un préstamo de carácter político. La renegociación no puede darse en los términos de las renegociaciones usuales y estándares del Fondo Monetario Internacional, sino que el Fondo tiene que reconocer que acá hubo un criterio especial, por decirlo de alguna manera, en la asignación de este préstamo. Entonces tiene que haber también un criterio especial en la renegociación. Y ese escritorio especial de la renegociación remite cláusulas. Otros dos aspectos, que vos mencionas, que la Argentina pudo colocar en la agenda y en la declaración final del G20, tienen que ver con los plazos. Es decir, en cuánto tiempo la Argentina puede devolver esta cantidad de dinero. Para que la audiencia sepa: si no hubiera ningún cambio de Argentina, el año que viene debería pagar 19.000 millones de dólares. Lo cual es totalmente imposible de realizar por la Argentina en la condición en que se encuentra. Es decir, por un lado el tema de los plazos y por el tema de las tasas, porque el Fondo Monetario Internacional tiene en su reglamento el concepto de sobre tasas, que son tasas extras de intereses que se le cobran a los países en el momento que deben refinanciar su deuda. Estos dos aspectos son la línea de base con la cual Argentina se está moviendo para intentar plasmar su negociación con el Fondo Monetario Internacional. Y como el Fondo Monetario Internacional no es un banco, sino que es una institución internacional administrada por los estados, mayoritariamente los estados del Fondo Monetario Internacional están representados en el G20, que el G20 haya aceptado esta propuesta Argentina es un indicio político. Que luego en el directorio del Fondo Monetario Internacional podría haber chances de que estos criterios se terminen imponiendo en la renegociación que busca la Argentina.

GPS Internacional: Federico, de alguna manera, bueno, es el retorno de una agenda de primera línea del presidente argentino, en el marco también de lo que es una agenda local intensa. Porque estamos a pocos días del clima de lo que va hacer la consolidación, el fin de de una larga campaña electoral luego de las PASO, con lo que es la elección de medio término, la elección parlamentaria. ¿Cuál es el clima político rumbo a esa elección?

Federico Montero: Bueno, el clima político es de una relativa incertidumbre. Las primarias manifestaron un resultado que lo que mostró fue un cierto distanciamiento del electorado del Frente de Todos respecto a sus candidaturas. Se termina imponiendo, si uno ve los números, que termina imponiendo en casi todo el país la oposición de derecha, Juntos por el Cambio. Pero cuando uno desmenuza esos votos, no es que hubo votantes que emigraron del Frente de Todos a la oposición de derecha, Juntos por el Cambio. Sino que hay un sector muy importante del electorado del Frente de Todos, alrededor de 2.000.000 de votos, que directamente no se presentaron a votar en la elección. Y esto es leído en términos de que la gestión del actual gobierno de Alberto Fernández, atravesada por la pandemia, no pudo realizar gran parte del programa político por la cual había sido electo. Esto le sucede a la mayoría de los oficialismos en el mundo, como resultado de la situación de pandemia. El desafío que tiene el gobierno, digamos la fuerza política del Frente de Todos en la Argentina, es mostrar señales hacia su propio electorado que permitan volverlo enamorar de este rumbo político y convencerlo para que vaya a votar y se posicione activamente de cara a lo que van a hacer las legislativas del próximo 14 de noviembre. Todo está sucediendo en una situación económica que, producto de la doble herencia, digamos de la doble pandemia: por un lado la crisis económica, a la que nos referíamos antes resultado de la gestión macrista, y además la pandemia. Que ha marcado índices socioeconomicos, fundamentalmente  desigualdad, muy grande para la Argentina, qué es un país que en los gobierno de Néstor y Cristina Kirchner había logrado revertir en lo que había sido las consecuencias del crecimiento de las igualdad, la pobreza y el desempleo, lo que había sido en la época de los 90. Había tenido 12 años que, no exento de conflicto, no exento de dificultades, habían mostrado un sendero de crecimiento económico que se esperaba volviera a recuperarse de la mano de Alberto Fernandez. Hay, hoy por hoy, algunas señales de recuperación económica, pero la Argentina vive una situación complicada producto de la deuda contraída que está obligada a renegociar. Lo cual le cercena posibilidad de financiamiento internacional. Y luego también situaciones socioeconómicas muy difíciles, a lo que se le suma una situación de estanflación, donde hay un estancamiento con Inflación. La estanflación, sabemos, rompió todos los manuales clásicos del Keynesianismo en el siglo XX sobre cómo resolverla y lo que se terminó imponiendo en todo el mundo a partir de los 80 y los 90 frente a la inflación fueron las viejas recetas monetaristas de ajustes, que es lo que hoy volvió a aparecer en la agenda de la mano de Juntos por el Cambio. Entonces, el gobierno de Alberto Fernandez tiene una especie de tormenta perfecta, donde tiene que lidiar por un lado con el frente externo, la renegociación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional, por el otro lado, con el frente interno con la dificultad socioeconómica, con el desencanto de una parte de su electorado y por otro lado, con la resolución de una situación de estanflación, de muy difícil tránsito. Bueno, todos esos factores se van a ir ordenando a partir de lo que suceda el 14 de noviembre, con algunos cambios de gabinete que el gobierno hizo después de las primarias y donde hay un signo de pregunta respecto del cuál va a ser la continuidad y la orientación sobre todo la política después del 14.

GPS Internacional: Además se da como siempre en una agenda de ofensiva mediática muy fuerte, de confrontación, donde también los medios de comunicación juegan un papel. Más allá de eso el gobierno ha logrado imponer una agenda.

Federico Montero: Bueno, el gobierno ha cambiado un poquito su dinámica de comunicación pública. Eso también ha sido objeto de un gran debate. Hubo cambios institucionales, se creó una especie de Ministerio que es la vocería oficial del poder ejecutivo. Se designó a la exdiputada Gabriela Cerruti, hoy a cargo de esa nueva institución, que lleva adelante un poco el mensaje presidencial, asumiendo un balance respecto de las dificultades en el campo mediático de las redes sociales. Tal cómo está planteada la complicación política en la Argentina, es una cancha muy inclinada, donde, a su vez, no es solamente un problema estrictamente comunicacional, sino también de cómo ciertas ideas propias de un discurso liberal, autoritario, que va cobrando fuerza también en la Argentina, como parte también de lo que sucede en la región. Se apoya en la crisis socioeconómica que atraviesa la Argentina para potenciar estos discursos y desnaturalizar las medidas que el gobierno está llevando adelante. Entonces, por eso el gobierno ha intentado responder, por un lado, mejorando su comunicación, por otro lado, siendo más fuerte con alguno de los factores del poder económico alrededor de, por ejemplo, el control de precios, etcétera. Y por otro lado, volviendo a convocar a la movilización de sus bases políticas a través de actos y acciones que intentan romper un poco con el circuito de la comunicación política mediatizada, y vuelvan a establecer un canal de comunicación directa a través de los actos y las movilizaciones del Frente de Todos y sus dirigentes con su aceptación.

GPS Internacional: Federico Montero desde Buenos Aires, Director del Observatorio del Sur Global.

Mirada Multipolar | G20: Energía, finanzas y pandemia

Mirada Multipolar | G20: Energía, finanzas y pandemia

por Sebastián Tapia

El G20 vuelve a reunirse presencialmente tras la pandemia de COVID-19. La cita en Roma plantea cómo reorganizar las relaciones entre las grandes potencias mundiales en el escenario de pos-pandemia y favorece el contacto bilateral entre los asistentes. Energía, pandemia, finanzas e impuestos son los principales temas de la cumbre.

Todos los caminos conducen a Roma

Joseph Biden llegó a Roma unos días antes del comienzo de la reunión del G20, para poder encontrarse con el primer ministro de Italia y mantener un encuentro con el Papa Francisco. Biden es el segundo presidente católico de los Estados Unidos y se encuentra enfrentado con la Conferencia Episcopal estadounidense por su posición en favor del derecho al aborto. Más allá de resolver cuestiones religiosas personales, Biden trae a la mesa del G20 cuatro grandes temas: la provisión de energía a nivel mundial, la restauración de las cadenas de suministros globales, la relación con sus aliados europeos y el apoyo a la propuesta de un impuesto mundial a las grandes empresas.

En el primer día de reunión del G20, Joe Biden instó  a los principales países productores de energía del G20 con capacidad sobrante (Arabia Saudita en petróleo y Rusia en gas natural)  a aumentar la producción para garantizar una recuperación económica mundial. La presión sobre estos países se da en un momento en que el precio del gas europeo llega a un punto máximo – en medio de tensiones en el este de Ucrania, la falta de habilitación del gasoducto Nordstream II y la negativa de países europeos a negociar contratos a largo plazo – y mientras se negocia con la OPEP un aumento de la producción para lograr una baja del precio del petróleo.

En el segundo día, la propuesta de debate por parte de Estados Unidos es identificar y mejorar los puntos débiles de las cadenas de suministros globales, que fueron afectadas seriamente por la pandemia de COVID-19. Los problemas logísticos creados a partir de las cuarentenas y la falta de trabajadores en logística han creado cuellos de botella en los suministros de materias primas y de bienes de consumo. Lo cual se vuelve más serio ante el aumento de la demanda estacional por la época de fiestas navideñas y de fin de año.

En cuanto a mejorar la relación con los aliados estadounidenses, Biden recurrió a una serie de reuniones bilaterales. En su encuentro con el presidente francés, Emmanuel Macron, el presidente estadounidense se disculpó por la manera en la que se llevó adelante la negociación del AUKUS pero no dió un paso atrás con respecto a la construcción de submarinos para Australia:

“Lo que hicimos fue torpe. No se hizo con mucha gracia. Tenía la impresión de que habían sucedido cosas que no habían sucedido, pero quiero dejar claro que Francia es un socio extremadamente, extremadamente valorado. Extremadamente, es una potencia en sí misma”

La respuesta de Macron muestra que ambos países siguen manteniendo muchos intereses en común, más allá de lo que ellos definieron como una “puñalada en la espalda”:

“Para mí, lo importante es que en las últimas semanas hemos construido acciones muy concretas para reforzar la asociación en el Sahel. Se ha aclarado lo que significa la defensa europea y su total compatibilidad con la OTAN, pero también lo que significa la soberanía europea y su importancia para su seguridad global, y ésta es una aclaración extremadamente importante”.

Otro miembro de la OTAN con quien se había deteriorado la relación bilateral es Turquía. Biden se reunió con Erdogan para intentar recomponer la relación. Por un lado, Estados Unidos le pide un mayor respeto a los derechos humanos, cuestión que la semana pasada casi termina con la expulsión del embajador estadounidense y otros 9 embajadores occidentales. Por otro lado, Turquía requiere la compra de nuevos aviones F-16 con el excedente de la inversión que hizo en el programa F-35, del cual fue expulsada por haber comprado misiles antiaéreos a Rusia. Ambos temas fueron tratados en la reunión y quedaron en continuar la negociación.

En otra reunión al margen del G20, se emitió un comunicado entre Estados Unidos, Francia, Alemania y el Reino Unido, en el cual Biden se compromete a volver a la mesa de negociación del Acuerdo Nuclear con Irán. El nuevo compromiso estadounidense sería que no se retirarán del acuerdo, a menos que Teherán viole el pacto. Esto sucede dos días después que el principal negociador iraní anuncia que Irán estaría dispuesto a volver a negociar hacia finales de Noviembre.

Un impuesto global

Uno de los logros de la diplomacia estadounidense en este G20 fue lograr el apoyo de las otras naciones para el establecimiento de un impuesto mínimo global a las grandes empresas del 15%. La medida fue aprobada al finalizar el primer día del G20, pero entrará en vigencia lentamente hasta ser efectiva en 2023.

Si bien es un paso adelante para evitar la competencia desleal que las guaridas fiscales realizan contra los otros estados, el proyecto tiene algunas desventajas que ya hemos comentado antes. El porcentaje del 15% es muy cercano al que cobran estas guaridas fiscales y lejano de la mayoría de los estados, la recaudación de este impuesto favorece principalmente a las economías más grandes, entre otras.

La posición rusa

El presidente ruso, Vladimir Putin, no asistió personalmente al encuentro. En su lugar participó el canciller, Sergei Lavrov, quien mantuvo las reuniones bilaterales con otros estados. Sin embargo, Putin participó del plenario mediante videoconferencia.

En su mensaje, Putin realizó un análisis de la situación económica mundial, haciendo incapié en el aumento de los déficit presupuestarios durante la pandemia:

“Mientras que en 2017-2019, el déficit presupuestario promedio fue de alrededor del 3.8 por ciento del PIB, creció al 11.2 por ciento en 2020 en medio de la pandemia. Este año, aunque ligeramente más bajo, el déficit presupuestario sigue siendo bastante alto, con un 8,7 por ciento. Me gustaría señalar que Estados Unidos representará el 40 por ciento de los déficits presupuestarios de los países del G20 combinados en 2020-2021. Digo esto porque todos entendemos muy bien que el estado de la economía estadounidense es lo que determina el estado de la economía global.”

Putin identifica en estos déficits desorbitados, principalmente el estadounidense, la causa de la inflación que sufrimos a nivel mundial y el peor escollo para la reactivación post-pandemia:

“El estímulo excesivo se ha traducido en una falta generalizada de estabilidad, precios crecientes de bienes y activos financieros en ciertos mercados como energía, alimentos, etc. Una vez más, los importantes déficits presupuestarios de las economías desarrolladas son la principal causa de estos desarrollos. Con la persistencia de estos déficits, existe el riesgo de una alta inflación global en el mediano plazo, lo que no solo aumenta el riesgo de menor actividad empresarial sino que refuerza y ??exacerba la desigualdad que también se mencionó hoy.”

Como solución al problema del déficit no propuso austeridad, sino:

“normalizar las políticas presupuestarias y monetarias, mejorar la calidad de la gestión de la demanda en la economía y actualizar las prioridades económicas, y priorizar principalmente la superación de la desigualdad y el impulso del bienestar público.”

En cuanto a la pandemia, sostuvo que hay proteccionismo y una competencia deshonesta que impide que todo el mundo pueda acceder a las vacunas. Para mejorar la circulación y favorecer el restablecimiento de lazos comerciales y turísiticos propuso “instruir a los ministerios de salud del G20 para que aborden la cuestión del reconocimiento mutuo de los certificados nacionales de vacunación en el plazo más breve posible.”

En respuesta a la presión estadounidense y europea para aumentar el suministro de gas, Putin respondió que el mercado energético es un juego de a dos:

“Suministrar energía asequible a los consumidores es extremadamente importante y nuestros colegas acaban de hablar de ello. Me gustaría añadir que la estabilidad de los mercados energéticos mundiales depende directamente de la conducta responsable de todos los participantes del mercado, tanto los productores de energía como los consumidores de energía, teniendo debidamente en cuenta los intereses a largo plazo de cada una de las partes.”

Argentina: la deuda y la transición ecológica

El presidente argentino, Alberto Fernández, también participó personalmente de la reunión del G20 en Roma. Viajó acompañado por el ministro de Relaciones Exteriores, Santiago Cafiero,  y el de Economía, Martín Guzmán. Entre los tres llevaron adelante una serie de encuentros bilaterales con el objetivo de mejorar la posición de negociación argentina con el FMI, en cuanto a la deuda contraída por el gobierno anterior.

Fernández se reunió con la canciller alemana Angela Merkel, con el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, con el presidente francés, Emmanuel Macron, con el presidente del Gobierno español Pedro Sánchez, con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen y mantuvo un encuentro virtual con Vladimir Putin, el presidente de Rusia. La estrategia es reunir la mayor cantidad de apoyo posible de los países europeos, que cuentan con una participación importante en el FMI. Sin embargo, no pudo realizar una bilateral con Joseph Biden, siendo que Estados Unidos es el principal accionista del FMI. Pero pudo lograr un encuentro casual donde expresaron su voluntad de una pronta reunión.

Con respecto al FMI, Fernández sostuvo una bilalteral con la Directora Gerenta del FMI, Kristalina Georgieva en la embajada argentina en Roma. La reunión fue considerada buena y continuará el diálogo el lunes Martín Guzmán, cuando se reuna con Julie Kozack, la vicedirectora para el Hemisferio Occidental del FMI.

El discurso de Alberto Fernández el primer día del G20 se enfocó en la deuda y de cómo debe mejorarse el sistema financiero internacional:

“La deuda externa que mi gobierno heredó con el Fondo Monetario Internacional y que hoy estamos afrontando es un claro ejemplo de lo que está mal: única en la historia por su monto y por sus condiciones de repago, aprobada para favorecer a un gobierno en la coyuntura, acaba condenando a generaciones que miran impávidas el destino que les ha sido impuesto”

En este caso, considera que la deuda también es un juego de a dos. No sólo es responsabilidad de quién pide el préstamo, sino también del organismo que lo autoriza e impone las condiciones de pago:

“son tan responsables los que se endeudaron sin atender las ruinosas consecuencias sobrevinientes, como los que dieron esos recursos para financiar la fuga de divisas en una economía desquiciada”

En el segundo día, Fernandez vinculó el tema del financiamiento internacional con el de la acción para evitar el cambio climático, una antesala a la reunión COP 26 a la que asistirá en Glasgow a partir del lunes.

“La justicia ambiental requiere justicia financiera global. Sin financiamiento sostenible no habrá desarrollo sostenible. Los recursos para la implementación del Acuerdo de París siguen siendo insuficientes, especialmente para los países más desfavorecidos.”

También resaltó la desigualdad con la que los países afrontan la transición a una economía más verde, marcando la diferencia entre los más desarrollados y los que están en desarrollo.

“Son los países desarrollados quienes más se beneficiaron del uso intensivo de los recursos ambientales del planeta durante los últimos siglos. Por eso es esencial el concepto de responsabilidades comunes pero diferenciadas. Los países que produjeron la mayor huella ambiental son los mismos que dominan las tecnologías que pueden reducir el impacto de la producción sobre el medio ambiente. Esta transición tendrá sobre ellos un efecto positivo, no solo en materia ambiental, sino sobre la producción y el empleo.”

Y destacó que los países de ingresos medios, como la Argentina, son quienes más tienen para perder en esta transición:

“Para nosotros el impacto de esta transición puede ser negativo en términos de cohesión social. Al mismo tiempo y dada la primarización de nuestras exportaciones, es imprescindible que las nuevas reglas ambientales estén respaldadas en evidencia científica para que no constituyan una barrera injustificada al comercio. El deterioro de la casa común reclama revisar sus cimientos. No es suficiente con una renovación cosmética.”

No parece haber un resultado claro de esta reunión del G20. El impuesto global mínimo a las grandes empresas es un acuerdo palpable, aunque de dudosa eficacia. Lo que deja en claro esta reunión en Roma es que todos los países, desarrollados o no, coinciden en identificar las amenazas globales. Pero el abordaje de estos problemas sigue siendo difícil a escala global si no se tiene en cuenta las asimetrías entre los distintos actores.

John Williamson: el economista que bautizó al “Consenso de Washington”

John Williamson: el economista que bautizó al “Consenso de Washington”

por Carlos M. Vilas

El pasado mes de mayo murió el economista John Williamson, a los 83 años. Inglés de nacimiento, desarrolló su labor académica en instituciones de su país de origen, Canadá y Estados Unidos. Fue asesor de la Secretaría del Tesoro del gobierno británico y posteriormente del FMI. Autor y coautor de una importante cantidad de libros sobre microeconomía, economía internacional, finanzas, comercio internacional, tipos de cambio, teoría económica. Durante casi cuarenta años integró el Instituto de Economía Internacional (IIE) de Washington DC, posiblemente el principal “tanque de pensamiento” de política económica internacional de los gobiernos de Estados Unidos desde los años ochenta hasta la crisis de 2007-2008.

Sin embargo el renombre de Williamson no se debe a su vasta producción bibliográfica ni a sus desempeños institucionales, sino a un breve artículo publicado por el IIE en 1990 en una recopilación de sus trabajos sobre el ajuste estructural en Latinoamérica: What the Washington Consensus Means by Policy Reform, algo así como “Qué es, para el Consenso de Washington, la reforma de las políticas”. A poco andar el artículo, en realidad su título, se convirtió en una especie de manual del buen neoliberal. “Consenso de Washington” devino una especie de click que, pulsado, garantizaría casi por default el éxito de las reformas. El Sésamo ábrete del ajuste, la estabilidad económica y la recuperación del crecimiento. O casi.

Williamson declaró muchas veces haberse sorprendido de su éxito y no hay por qué no creerle. Su texto simplemente resume en diez puntos el conjunto de políticas que los gobiernos del Reino Unido a partir de Thatcher, de Estados Unidos desde Reagan y las agencias multilaterales de crédito sobre las que uno y otro gravitaban, venían recomendando o imponiendo, según se mire, a los gobiernos pesadamente endeudados que acudieron a pedir auxilio a partir de la crisis detonada por la suba de tasas de interés de la FED en 1979. No hay en el contenido del artículo originalidad teórica ni una contribución específica, acorde con la tesitura general de su obra.

El impacto provino del nombre de la cosa, ciertamente un suceso editorial, no de la cosa misma. Apunta a la convergencia de recomendaciones de políticas de ajuste estructural formuladas por el FMI, el Banco Mundial y la Secretaría del Tesoro del gobierno estadounidense: tres agencias radicadas en la ciudad de Washington –al igual que el IIE en el que Williamson laboraba-. Las dos primeras acordaban las condiciones y los desembolsos; la Secretaría del Tesoro adelantaba, con la discreción del caso, autorización política o rechazo político a la operación, en función de una variedad de factores que iban más allá de lo estrictamente financiero. El rol determinante del gobierno de Estados Unidos en el rediseño del esquema de tratamiento de las deudas había sido prefigurado por los llamados “plan Baker” y “plan Brady”. El primero, elaborado por James Baker (Secretario del Tesoro y luego de Estado durante las presidencias de Ronald Reagan y George Bush); el segundo, por Nicholas Brady en 1989-90, Secretario del Tesoro durante esas mismas presidencias.

Ese fue el famoso Consenso: acuerdos entre el gobierno de Estados Unidos y las agencias multilaterales de crédito en cuyos directorios ese gobierno tenía poder decisorio. La ambigüedad del título del artículo de Williamson habilitó curiosas interpretaciones del consentimiento prestado por los deudores peticionantes. Consenso hubo, es cierto, pero las condiciones en que tomadores y prestamistas consensuaron, y las condiciones que consensuaron, explicitaban una marcada asimetría en materia de grados de libertad.

Los diez mandamientos del Consenso planteaban 1) disciplina fiscal; 2) racionalización y reorientación del gasto público; 3) reforma tributaria; 4) liberalización financiera; 5) tipos de cambio unificados y competitivos; 6) liberalización del comercio; 7) promoción de la inversión extranjera directa; 8) privatización de las empresas estatales; 9) desregulación amplia de los mercados; 10) garantías a los derechos de propiedad (Williamson 1990). Fueron más allá del enfoque monetarista y de corto plazo de los programas de estabilización que el FMI venía imponiendo desde los años cincuenta (Brenta 2013). Planteaba la necesidad de una profunda reestructuración de la economía y por consiguiente del conjunto de las relaciones sociales, con impacto fuerte en la organización institucional. Como ha sido señalado por una amplia y variada literatura, la reasignación de recursos implicó cambios profundos en las relaciones de poder entre grupos sociales, regiones y sectores. Se esperaban como resultados la recuperación de la competitividad externa y el reinicio del crecimiento en un ambiente de estabilidad macroeconómica. El Estado, hecho responsable de la crisis, debía limitarse a proveer de seguridad jurídica y política a la propiedad privada y a las transacciones entre los agentes de la economía y a garantizar el efectivo respeto del nuevo marco normativo presidido por la vigencia más amplia de la oferta y la demanda. También ha sido señalado que la recuperación del crecimiento fue insostenible en el mediano plazo, y con un costo elevado en términos de incremento de la pobreza, fractura del aparato productivo y los mercados de trabajo, fragmentación social, desigualdad, desnacionalización de la matriz socioeconómica y financierización de la economía (Vilas 2011).

Por encima de una variedad de formulaciones, aquellas premisas normativas apuntaban a un objetivo sustantivo que, desde el default de la deuda de México en 1982, adquirió prioridad: permitir la continuidad del esquema de fuerte endeudamiento externo que había caracterizado a la década anterior y que la mora en los pagos por el alza de las tasas de interés ponía en riesgo. Ese endeudamiento había sido estimulado por encima de toda prudencia por los bancos al borde de la quiebra por la crisis de sus deudores. La ejecución de las reformas fue la condición para el regreso de estos a los mercados financieros internacionales. La reestructuración y el refinanciamiento de sus pasivos permitieron dar continuidad a los pagos externos a costa de mayor endeudamiento, alejando el peligro de bancarrota que un default generalizado podría haber significado para los bancos acreedores y el sistema financiero internacional en su conjunto. Si el detonante del nuevo enfoque fue coyuntural –la crisis mexicana y las que le siguieron en los ochentas- el contexto estructural habilitó la permanencia del enfoque aun cuando el desenvolvimiento ulterior del sistema financiero global habría de generar cambios profundos en los escenarios y en los actores (Roos 2019).

Con los mandamientos del Consenso pasó algo parecido a lo de los mandamientos bajados del Monte del Sinaí y en general en todas las religiones –y el neoliberalismo, qué duda cabe, lo es-: una cosa es el dogma, de validez pretendidamente eterna, por lo tanto inmutable, y muy otra su implementación; vale decir, la distancia que usualmente media entre la teología, incuestionablemente un asunto de fe al margen de toda consideración terrena, y la pastoral, un asunto de prácticas efectivas, usualmente más condicionado por la historicidad de la vida diaria, las circunstancias específicas, las debilidades humanas. Con un enfoque claramente teológico, Williamson predicó las bondades del Consenso y abogó por su adopción “por todo el espectro político”, ignorando los vericuetos y las sinuosidades de los senderos de la realidad política (Williamson 1993). Sabedor de los muchos fracasos del recetario, intentó una tímida reformulación o enmienda que, como generalmente ocurre, se parecía demasiado al modelo original como para ser tomado en serio (Williamson 1998).

1980 y 1990 fueron las décadas de auge del Consenso de Washington y de quien así lo bautizó. Los resultados recogidos habrían de dar paso al “post Consenso de Washington” y al reconocimiento de un rol más activo para el Estado, aunque sin desmarcarse de la teología original (Stiglitz 1998, 2003; Vilas 2000). Varios países de América del Sur ensayaron vías más o menos heterodoxas, más o menos exitosas, de resolver sus agudos problemas de empobrecimiento, desigualdad, desintegración, intentando, esta vez sí y en serio, ir “más allá del Consenso de Washington”.

Por encima de estos vericuetos, se mantiene vigente el sistema de condicionalidades cruzadas que se escondía detrás del ingenio editorial de Williamson. Ahora ya no incluye solamente a organismos domiciliados en Washington. La globalización financiera también engloba a ese sistema. En 2014 el Club de París condicionó la aprobación del acuerdo propuesto por Argentina para refinanciación de su deuda al consentimiento del FMI e implícitamente del gobierno de Washington. Una hábil y exitosa negociación política del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y la construcción de alianzas, habilitaron la aprobación. Hoy, a días de vencer aquella prórroga, nos encontramos en la misma situación, con la complejidad adicional de que en 2014 Argentina no era deudora del FMI, ahora lo es. Duro esto de tener que negociar con un policía que es también acreedor de uno. Duro y dificil. No imposible.

Ya John Williamson no está entre nosotros. El Consenso de Washington, reciclado y reformateado, sí. El FMI y en él la decisión definitoria de la Casa Blanca, también


 

Referencias

  • Brenda, Noemí (2013) Historia de las relaciones entre la Argentina y el FMI. Buenos Aires: EUDEBA.
  • Roos, Jerome (2019) Why not Default? The Political Economy of Sovereign Debt. Princeton NJ: Princeton University Press.
  • Stiglitz, Joseph (1998) “Más instrumentos y metas más amplias para el desarrollo. Hacia el consenso post-Washington”. Desarrollo Económico 151:691-722.
  • Stiglitz, Joseph (2003) “El rumbo de las reformas. Hacia una nueva agenda para América Latina”. Revista de la Cepal 80:7-40.
  • Williamson, John (1990) “ What the Washington Consensus Means by Policy Reform”. En Latin America Adjustment: How Much Has Happened? Washington DC: Institute for International Economics.
  • Williamson, John (1993) “Democracy and the «Washington Consensus». World
    Development 21 (8) 1329-1336.
  • Williamson, John (1998) “Revisión del Consenso de Washington”, en L. Emmerij y J. y Núñez del Arco, comps. El desarrollo económico y social en los umbrales del siglo XXI. Washington DC: Banco Interamericano de Desarrollo:51-55.
  • Vilas, Carlos M. (2000) “¿Más allá del «Consenso de Washington»? Un enfoque desde la política de algunas propuestas del Banco Mundial”. Reforma y Democracia. Revista del CLAD18:25-76.
  • Vilas, Carlos M. (2011) Después del Neoliberalismo: Estado y procesos políticos en América Latina. Remedios de Escalada, Pcia. Buenos Aires: Ediciones de la UNLa.

Fernández consigue apoyo europeo frente al FMI

Fernández consigue apoyo europeo frente al FMI

por Manuel Lozano

El domingo 9 de mayo el Presidente de la República Argentina, Alberto Fernández, inició una gira por diversos países de Europa, que implica visitas a Portugal, España, Francia, Italia y el Vaticano. En la misma busca apoyo en la renegociación de la deuda que el país tiene con el Fondo Monetario Internacional y a donde también espera generar consensos respectos a la liberación de las patentes de la vacuna contra el COVID-19.

Portugal

La comitiva conformada por el Ministro de Economía, Martín Guzman, el Canciller, Felipe Solá, entre otros, arribó el lunes 10 a su primer destino: Lisboa, capital de Portugal. Allí, Fernández mantuvo una reunión bilateral con el Presidente Marcelo Rebelo de Sousa y al día siguiente, el lunes fue recibido por el Primer Ministro Antonio Costa.

El tema central fue la cuestión del FMI, con especial énfasis en los sobrecargos que el organismo establece para la tasa de interés en los países que han superado su cuota de endeudamiento. El Presidente Fernández destacó el apoyo de Portugal en esta discusión que Argentina tiene con el organismo acreedor, con el objetivo de obtener una mejor situación para su país pero también buscando modificar algunas reglas del sistema financiero internacional, ante esta situación de sobretasas. Problemática que Portugal ha atravesado y que hoy la Argentina debe enfrentar con el pago de 952 millones de dólares para este año.

Otro de los temas abordados fue la relación entre el Mercosur y la Unión Europea, destacando la necesidad de avanzar en temas donde no haya contradicciones, como por ejemplo el cambio climático.

España

Luego la comitiva presidencial se trasladó a España. En Madrid, Fernández se reunió con su par Pedro Sanchez así como también con el Rey Felipe VI. Allí se buscó profundizar el apoyo en la renegociación de Argentina con el FMI y se oficializó la futura visita del presidente español para el 8 y 9 de junio próximo. Visita que tiene como objetivo la consolidación de un acuerdo estratégico entre ambos países, buscando la obtención de inversiones españolas en Argentina que se enmarcan dentro de un plan para América Latina que busca invertir más de 4.500 millones de euros.

Francia

Más tarde, se trasladaron a Francia, donde el Presidente se reunió con su par Emmanuel Macron. Obtuvo un fuerte apoyo por parte del mandatario francés respecto a la situación con el FMI pero fundamentalmente con el Club de París, al cual Argentina debe afrontar un vencimiento el próximo 30 de mayo de 2.900 millones de dólares. Así lo destacó Macron:

“Francia está a su lado, y queremos que Argentina hable de manera constructiva con el Club de París, lo que será muy importante para el conjunto de la población.”

En la sede de la Embajada Argentina en Francia, Fernández se reunió con un grupo de empresarios franceses que tienen inversiones en Argentina. Entre ellos se encontraron Arnaud Breuillac (Total), Laurent Dassault (Dassault), Eric Scotto (Akuo Energy), Christel Bories (Eramet), David Corchia (Total Eren), Raphael Latz (Louis Dreyfus Company), Jean-Louis Girodolle (Lazard) y Facundo Etchebehere (Danone).

Vaticano

Finalizado su paso por Francia, el Presidente Fernández se trasladó hacia Italia. Primero mantuvo una cálida reunión en la Ciudad del Vaticano con el Papa Francisco.

El encuentro con el sumo pontífice duró menos de media hora y el comunicado de la Santa Sede destacó:

“nos centramos en la situación del país, con especial referencia a algunos problemas como la gestión de la emergencia pandémica, la crisis económico-financiera y la lucha contra la pobreza, destacando, en este contexto, el importante aporte que la Iglesia Católica ofrecido y sigue asegurando”.

Luego Fernández se reunió con Pietro Parolin, un hombre de mucho peso en el Vaticano y lo acompañaron el canciller Felipe Solá y el secretario de Culto Guillermo Olivieri. También estuvo presente el Monseñor Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede.

Italia

El jueves 13, el Presidente se reunió con su par de Italia, Sergio Mattarella, y por el premier, Mario Draghi. Allí, los mandatarios analizaron la situación global y la evolución epidemiológica de ambos países, en el marco de la pandemia del COVID-19, y a su vez destacaron la importancia de fortalecer la relación bilateral.

Las reuniones anteriores dieron su fruto el viernes, cuando Fernández se encontró con la titular del FMI, Kristalina Georgieva,en el hotel Sofitel, ubicado en Vila Borghese, Roma. Esta reunión fue positiva, exploratoria y continuará con el trabajo de los equipos técnicos. En palabras de Georgieva:

“Nos comprometimos a continuar trabajando juntos en un programa respaldado por el FMI que puede ayudar a Argentina y a su gente a superar estos desafíos, fortaleciendo la estabilidad económica, protegiendo a los más vulnerables y sentando las bases para un crecimiento más sostenible e inclusivo” (…) Tomé nota de la solicitud del presidente Fernández de reformar la política de sobrecargos del FMI y consultaré con nuestros miembros sobre este tema”

De esta manera, en una gira de cinco días, el Presidente Fernandez sumó apoyos significativos para lo que significa una difícil negociación por la problemática que afecta a los argentinos que es la deuda externa contraída por la gestión de Mauricio Macri y también se permitió conversar con líderes europeos sobre la situación epidemiológica y la posibilidad de distribuir más equitativamente a nivel global las vacunas contra el COVID-19.

Argentina y el futuro del capitalismo financiero

Argentina y el futuro del capitalismo financiero

¿No saben los acreedores del país que la única opción es entre una reestructuración ordenada y una reestructuración desordenada?

Por Joseph E. Stiglitz

Fuente: The Nation: https://www.thenation.com/article/world/argentina-debt-finance-capitalism/

No hay noticias de que el mundo esté pasando por una pandemia, y que la pandemia esté teniendo un impacto sin precedentes en la economía global. Mientras que aquí en los Estados Unidos la tasa de desempleo real se eleva al 25 por ciento o más, la pandemia ha tenido un efecto aún más devastador en los países menos desarrollados de todo el mundo. Debido a la pobreza, sus niveles básicos de salud ya son más bajos, sus ciudadanos viven en condiciones más abarrotadas y menos sanitarias, sus sistemas de atención médica carecen de la capacidad para lidiar con el gran aumento en el número de pacientes y tienen muchos menos recursos para hacer frente Los efectos sanitarios y económicos de una pandemia prolongada. Podemos esperar un aumento en el número de países que enfrentan reestructuraciones de deuda, especialmente entre los que ya están sobrecargados de deuda.

Por eso es tan importante lo que le pasa a Argentina. Las luchas de Argentina para reestructurar su deuda con BlackRock, Pacific Investment Management Co y los otros acreedores importantes del país nos contarán mucho sobre la naturaleza del capitalismo financiero del siglo XXI y la mentalidad y la moral de los acreedores: ¿valoran el dinero sobre la vida? ¿Seguirán siendo miopes, una miopía tan claramente demostrada en el período previo a la crisis financiera de 2008? ¿Se apegarán a su retórica reciente acerca de la “responsabilidad social” y van más allá de solo velar por los intereses de los accionistas? ¿O es solo retórica?

Una dosis leve de racionalidad indicaría precaución al tratar de empujar a Argentina más allá del punto de la razón. Argentina ha hecho una oferta a sus acreedores que está en los límites exteriores de lo que es sostenible, es decir, con estimaciones razonables de tasas de crecimiento y otras variables relevantes, una suma que Argentina posiblemente podría devolver. Tradicionalmente, los acreedores han pedido más que eso, razón por la cual la mitad de todas las reestructuraciones de deuda terminan siendo seguidas por otra reestructuración de deuda dentro de los cinco años. Los acreedores proporcionan muy poco alivio, y generalmente lo hacen demasiado tarde. Nadie gana con tales estrategias. Las personas en el país deudor sufren y los acreedores no recuperan el dinero con el que contaban. Mucho mejor aceptar una reestructuración sostenible de la deuda.

Si los informes públicos sobre las negociaciones son correctos, sugiere que los acreedores de Argentina no se han adaptado a las nuevas realidades de la pandemia, aunque simplemente no parece posible que vivan en una burbuja tal que no estén al tanto de lo que está sucediendo. , que la noticia de la pandemia y sus devastadoras consecuencias económicas no les ha llegado.

Pero ni siquiera se han ajustado al cambio en el panorama mundial después de la crisis de 2008. Hace mucho tiempo, el FMI solía actuar como la agencia de cobranza de los acreedores, mostrando poca preocupación por los efectos de sus políticas sobre la pobreza. En esta época pasada, el mundo en sí estaba posiblemente menos preocupado por la sostenibilidad o el crecimiento inclusivo. Pero en el mundo posterior a 2008, el FMI se ha convertido en un defensor de ambos, argumentando que una mayor igualdad conduce a un mejor desempeño económico.

El FMI ha esbozado recientemente lo que Argentina puede pagar de manera sostenible, una verdad incómoda que los acreedores del país desearían ignorar. Del mismo modo que les gustaría ignorar el nuevo papel que desempeña el FMI, con la esperanza de que si aguantan lo suficiente, la política tradicional prevalecerá. La vieja rutina es la siguiente: los acreedores se apoyan en el Tesoro de los Estados Unidos, que luego se apoya en el FMI, que se apoya en la Argentina, hasta que finalmente el país grita “tío”. Bueno, ese ya no es el libro de jugadas del FMI, y los acreedores también deben desecharlo.

La primera oferta hecha por BlackRockpidió que Argentina pague aproximadamente el doble de lo que el FMI había determinado que el país podía pagar. Evaluar una oferta implica evaluar lo que los economistas llaman el “valor temporal del dinero”, o cuánto valdrá un dólar en el dinero de hoy en algún momento en el futuro. La reestructuración de la deuda requiere posponer los pagos que un país no puede hacer hoy, agregándolos a los pagos en el futuro. Evaluar estos pagos futuros con una tasa de descuento del 5 por ciento (recuerde, las tasas de interés de hoy son cercanas a cero, e incluso el rendimiento adicional de los activos más riesgosos ha bajado enormemente. También tenga en cuenta que se supone que la reestructuración de la deuda es sostenible, de modo que los pagos futuros no deberían ser tan arriesgados), los acreedores le pedían a Argentina que pagara una enorme prima por el derecho a aplazar. Si bien la oferta posterior del grupo encabezado por BlackRock fue mejor,

Se especula mucho sobre por qué los acreedores de Argentina están actuando de una manera tan obstinada, primero no negocian de buena fe, luego hacen ofertas que están tan fuera de contacto con la realidad, demorando tácticas que eventualmente forzaron un incumplimiento técnico el 22 de mayo. ¿Saben que la única opción es entre una reestructuración ordenada y una reestructuración desordenada? La agitación en los bonos de los mercados emergentes será particularmente costosa para muchos de los acreedores, que poseen no solo bonos argentinos sino también bonos de muchos otros países.

Se supone que los acreedores como BlackRock son maestros en el análisis de riesgos. ¿No conocen los riesgos de preguntar qué hay más allá de lo que es sostenible? La ironía es que el jefe de BlackRock, Larry Fink, en su famosa carta abierta a los CEO, enfatizó correctamente la importancia de la sostenibilidad: “… con el impacto de la sostenibilidad en el retorno de la inversión, creemos que la inversión sostenible es la base más sólida para el cliente”. carteras en el futuro “. Pero mientras se estaba enfocando en la sostenibilidad ambiental a largo plazo, lo mismo podría decirse con más fuerza aún para la sostenibilidad económica.

¿Es que los acreedores son lentos para adaptarse a este nuevo mundo, con la esperanza de que si juegan duro durante el tiempo suficiente, desaparecerá? Tal vez les preocupa que si son blandos con Argentina, terminarán teniendo que conformarse con menos en la avalancha de reestructuraciones que se avecinan. Quizás Argentina se vea obligada a pagar el precio para que sus acreedores puedan mantener su reputación de tipos duros sin mucha humanidad.

Las crisis de la deuda han sido, por supuesto, una característica del sistema financiero global durante las últimas cuatro décadas. En lo que puede ser una historia apócrifa, el negociador principal en una crisis anterior fue el legendario Bill Rhodes de Citibank. En algún momento, cuando los acreedores estaban jugando su habitual juego de riesgo financiero, Rhodes supuestamente dijo: “Está bien, es suficiente”. Hoy parece que nos falta un líder en la comunidad financiera que pueda desempeñar ese papel. Alguien que comprende las realidades de la pandemia y el nuevo orden financiero.

Si se tratara de una historia sobre Argentina, sería lo suficientemente interesante. Pero esta es también la historia del capitalismo financiero del siglo XXI. No es demasiado tarde para que la historia tenga un final feliz. Espero que si.