Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Sistema multilateral e integración regional en un mundo en transición

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Sistema multilateral e integración regional en un mundo en transición

El miércoles 9 de Diciembre tuvimos el octavo y último diálogo del ciclo “Pensar la Unidad Sudamericana hoy”, coordinado por Mariana Vázquez y el auspicio del Centro de Estudios en Ciudadanía, Estado y Asuntos Políticos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Podés ver el video completo aquí:

El título del octavo diálogo fue “Sistema multilateral e integración regional en un mundo en transición”. Los participantes fueron Cecilia Nahón, Directora Ejecutiva Alterna por Argentina y el Cono Sur en el Banco Mundial, Mario Cimoli, Secretario Ejecutivo Adjunto de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), y Pablo Tettamanti, Secretario de Relaciones Exteriores de la República Argentina.

Cecilia Nahon

Estamos atravesando la peor recesión en un siglo. Una crisis humanitaria y ambiental sin precedentes.
Es una crisis sincronizada. 93% de las economías del mundo entraron en recesión, el comercio cae un 20% y la inversión 40%.
Es una crisis persistente. Surgió con un shock abrupto, pero la recuperación es parcial, heterogénea. Los sectores más dependientes del contacto les cuesta recuperarse más, por lo que no se resuelve sólo con políticas de estímulo.
Es profundamente regresiva. El impacto no es igualitario, la capacidad de respuesta de cada estado es diferente. Las economías más avanzadas invirtieron en promedio 20% para contener el impacto, las emergentes 6% y las más pobres 2%.
América latina es la región más impactada por la crisis, en parte por el alto nivel de endeudamiento que contaba la región.

Hay un cierto reimpulso, revitalización, del multilateralismo, de la cooperación internacional. La pandemia está forzando un nivel de cooperación que es positivo. A pesar de las diferencias ideológicas y políticas, hay una oportunidad para que el sistema multilateral responda. Oportunidad que tiene que ser reforzada. Deberíamos trabajar para aumentar el nivel de ayuda multilateral y de financiamiento. Un “pacto de solidaridad global”, como lo llamó el presidente. Tenemos la oportunidad de un momento “Bretton Woods”.

También hay una crisis de pensamiento, de los paradigmas. Hay problemas estructurales de la economía mundial que no eran comprendidos por el pensamiento económico dominante. Las políticas redistributivas deben estar sobre la mesa. El sistema no puede seguir funcionando como lo hacía hasta ahora. Este debate está generando una reconfiguración sobre cuales son las políticas que pueden generar una reconstrucción. Hay quienes sostienen una restauración, otros trabajamos sobre una idea de “Reconstruirnos de una mejor manera”.

¿En qué manera tenemos que ser mejores? En eso América Latina tiene que participar para definirlo.

5 componentes de la agenda latinoamericana para poder influir en esto, desde nuestra identidad:
1) Deudas sustentables. Hay un problema enorme de endeudamiento global. Se discute en el G20 y el FMI la construcción de una arquitectura financiera mundial que permita reestructuraciones de deudas más balanceadas, transparentes.
2) Igualdad de género. La crisis no es neutral en términos de género, hay que elaborar políticas públicas en esta área.
3) Cambio climático. Es necesaria la sustentabilidad en términos ambientales, por lo que es necesario una coordinación regional. Necesitamos financiamiento para una transición a tecnologías verdes.
4) Diversificación productiva. Informática, turismo, manufacturas, hay que fomentar el crecimiento en nuevos sectores agregando innovación y tecnología.
5) Repensar el rol de Estado. Se necesitan estados activos, con capacidad de gestión. La integración regional no la van a hacer los mercados, sino los Estados.


Mario Cimoli

Tenemos que reforzar el multilateralismo. Tenemos que fomentar la integración regional. Pero las fuerzas a nivel global y regional no van en ese sentido.

Los países con pauperización de los sectores medios tienden a cerrarse, sustituir importaciones. Hay países que la juegan individualmente, otros de manera regional. Asia con China, es un proceso regional, o Europa, o EEUU con México y Canadá.

Hay tensiones en el sistema que tienden a una recuperación de soberanía y políticas nacionales por los actores más importantes. Lo regional se ve en políticas industriales y de desarrollo tecnológico. Las políticas de industrialización, en China, Euro o EEUU, son políticas de Estado, no cambian con cada gobierno.

Hay que repensar las instituciones que regulan el comercio a la luz de lo que está pasando. Los derechos de propiedad intelectual también tienen que repensarse. La relación entre el sistema financiero y la economía real también hay que repensarse.

La digitalización, sirve para profundizar estos procesos regionales/nacionales. América Latina la enfrenta desarticulada. Las cadenas de valor son diferentes, el tipo de trabajo es diferente y hasta los modelos de negocios cambian con la digitalización.

Uno tiene que volver a coordinar políticas industriales. Crear un buen sector de industira de la salud. La economía de cuidado. Los sectores energéticos son fundamentales, hay que construir cadenas. Para todo esto hay que repensar el acuerdo público-privado.

No hay soluciones tan claras a la crisis. El mundo que está viniendo es tan distinto que hay que repensarlo a la luz de la nueva situación.


Pablo Tetamantti

La COVID ha permitido que se hagan evidente temas que ya estaban ahí. Mucho del panorama que estamos describiendo existía de antes de la COVID, con ella tan sólo se aceleró.

El sistema multilateral tiene a Europa en el centro. Fue pensado al terminar la Segunda Guerra Mundial para una cincuentena de países, no para los 193 de la ONU actual.

Hay mucha disconformidad con cómo funciona ese sistema. Cuando uno habla de la crisis de lo multilateral, en verdad se refiere a lo multinacional. Porque los Estados Nación ya no están controlando muchas cosas, la economía por ejemplo.

¿Estamos marchando hacia un sistema como el Brexit o como el RCEP? ¿Es el mundo de la Unión Económica Euroasiática, del RIC y BRICS? Muchas cosas han cambiado. Hay varios actores que están tratando de cambiar las reglas de juego. EEUU busca mantener el sistema como está. Si cambian las reglas, Europa ya no será el centro. Rusia vuelve a reclamar su sitio, no quiere cambiar las reglas y tener que reconvertirse. China llevó adelante un proyecto de muchas décadas para integrarse a este sistema, de cambiar las reglas también debería volver a adaptarse.

Países como la Argentina sí están interesados en cambiar las reglas. Tenemos que revisar nuestra historia con estas reglas de juego impuestas para ver si jugamos bien. La ALADI sigue viva. El Mercosur ampliado como base de la UNASUR sigue ahí. Lo que ha desaparecido en la región es el diálogo, no las instituciones.

América Latina va a tener que decidir si esperamos cuál es el nuevo juego y sus reglas o si tratamos de llevar una voz a este debate y tener presencia en la discusión del juego.

A la falta de diálogo se suma falta de financiamiento y problemas de infraestructura (canal bioceanico, cuenca del plata). Si no lo decidimos regionalmente, estas cuestiones pueden ser decididas por fuera.

Así como en la Guerra Fría había una confrontación Este/Oeste, también había un debate Norte/Sur. Eso dio lugar al asistencialismo internacional.

El COVID demostró que este mundo no funciona. Muchas de las necesidades presentadas de por los países intermedios, la idea que nadie se salva solo, fue demostrada por esta enfermedad.

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Enrique Dussel Peters

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Enrique Dussel Peters

El miércoles 16 de Septiembre tuvimos el segundo diálogo del ciclo “Pensar la Unidad Sudamericana hoy”, coordinado por Mariana Vázquez y el auspicio del Centro de Estudios en Ciudadanía, Estado y Asuntos Políticos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). A continuación las intervenciones de Enrique Dussel Peters, coordinador del Centro de Estudios China-México de la UNAM.

Primera Intervención

Muchas gracias, Mariana, por la invitación. Un placer estar con Verónica y Leandro en este panel. China es un enorme reto para América latina y el Caribe. Ha logrado en 40 años lo que América Latina ha soñado en los últimos 40 años, por no decir más tiempo. Es un enorme reto socioeconómico. En 2019- 2020 el producto interno bruto per cápita de China será mayor al de América Latina y al de sus principales países. Algo que hace 40 años hubiera sido completamente impensable.  Esto es real; no este no es un juego pirotécnico o un juego estadístico. El que ha ido a China habrá visto que el nivel de vida de la clase media, de la clase alta, e incluso en el sector rural, ha aumentado en forma dramática. El reto es también político. Y comprenderlo implica también comprender  el pensamiento socialista con características chinas. Es también un reto conceptual. El debate sobre una supuesta nueva guerra fría yo diría que confunde más que esclarece.

China ya es la economía más grande del mundo desde 2014. Y China está desintegrando a la región del Mercosur y a sus países. Lo mismo está pasando en el Caribe y en otras regiones del mundo.  Si Raúl Prebisch viviera diría “Oye pues, acá tenemos un claro caso de la relación centro-periferia: el 3% de las exportaciones de América Latina a China tienen un nivel tecnológico medio y alto. Mientras que el 60 por ciento de las exportaciones chinas a América Latina tienen un nivel tecnológico medio y alto. China está exportando autos, autopartes, telecomunicaciones, etcétera y nosotros estamos exportando materias primas, de la soja a muchos otros, sin valor agregado. Es un típico caso de una relación centro-periferia. China está crecientemente desintegrando a las subregiones. Buena parte del comercio entre Argentina y Brasil fue sustituido por China, lo mismo por cierto está pasando entre Estados Unidos y México y entre El Salvador y Guatemala, entre muchos otros.

Hay debates interesantes acerca de cómo América Latina pareciera o podría beneficiarse de las tensiones entre Estados Unidos y China. Esto no se verifica empíricamente, pero hay mucha gente que dice nos vamos a ver inundados por las inversiones de muchos países, como Estados Unidos, etcétera.

China es, según el Fondo Monetario, desde 2014, la principal economía del mundo. China ha generado hasta el 2018 2 millones de empleos. En la argentina es uno de los principales generadores de empleos a través del comercio, de la inversión y de proyectos de infraestructura. El tema de nuevas condiciones laborales, tensiones, problemas, errores, horrores, pero enormes oportunidades es un tema absolutamente desconocido.

En México están muy de moda los llamados jugos verdes. Se trata de un jugo de naranja al que se le echa nopal y le pones jengibre y al final de cuentas es una ensalada, ensalada líquida muy saludable. En los estudios sobre China están muy de moda los juegos verdes. Es decir, empezamos hace 500 años y las relaciones culturales son importantes, y por cierto que el comercio porque los vemos todos los días, no nos olvidemos de Huawei y terminamos con la cooperación entre China y América Latina es muy importante. Mi argumento es en contra de estos jugos verdes que son en el 2020 completamente irrelevantes ante la concreción del diálogo que ya existe entre América Latina y China. China es el segundo socio comercial de la región, el primero de países como Argentina, Brasil, Chile, Perú, entre otros. China se ha convertido en la principal fuente de financiamiento en el caso de Argentina. Otro tema relevante es el de la inversión extranjera directa. China es el motor de la inversión directa en América Latina en los últimos 4 o 5 años. El último tema es el de los proyectos de infraestructura. Los proyectos de infraestructura son cualitativamente diferentes a la inversión. Un proyecto infraestructura es un servicio en donde el cliente que puede ser el gobierno de Buenos Aires dice “quiero construir una carretera”. Siempre queda en la propiedad del cliente y no del proveedor, una empresa gringa, china o japonesa. Sobre cada uno de estos temas hay debates específicos en contra de un jugó verde donde al final planteamos propuestas bastante irrelevantes. Segundo concepto el de la omnipresencia del sector público chino. Es una forma del gobierno central: ciudades, municipios y provincias que compiten entre sí bajo el liderazgo del partido comunista chino.  Por eso es importante leer a Xi Jinping en 2020, más allá de si uno está de acuerdo o no. Eso genera una constelación política, social y económica de la mayor relevancia. El cien por ciento de las empresas que desde Argentina hasta México realizan proyectos de infraestructura son todas empresas públicas que compiten entre sí. No es una estructura jerárquica como pudo haber sido en la Unión Soviética y en otros países. El tercer concepto tiene que ver con que China, hoy en día y desde 2013, está planteando un proyecto de globalización con características chinas. Es un proyecto cultural con institutos confucios.  Es un proyecto económico, por supuesto, con nuevas instituciones bajo el paraguas de la iniciativa de la franja de la ruta, el concepto de una comunidad con un futuro común es de la mayor relevancia y, particularmente, es un proyecto de largo plazo. Es un proyecto al 2035 y al 2050 y ahí el diálogo con Leandro será interesante, en cuanto a cuál es el proyecto de largo plazo de Estados Unidos, proceso cambia de tuits a tuits.

Conclusiones. Yo les diría entonces “bienvenidos a integrarse a debates y discusiones especializadas que existen en América Latina sobre los dramáticos retos que implica China para la región, en múltiples ámbitos” y yo les hablaría en contra de un creciente autismo en el medio académico, pero también en Washington. Y termino con el concepto de nuevas relaciones triangulares, es decir, la tensión entre Estados Unidos y China va a continuar en el largo plazo. Y hay terceros países, por eso este concepto de nuevas relaciones triangulares, terceros países como Argentina, México, pero también Japón y la India.Y tendrán que conocer a detalle lo que sucede en Estados Unidos y en China para tomar decisiones puntuales. De otra forma nos va a ir muy mal. Gracias.

Segunda Intervención

La discusión sobre una nueva  guerra fría, de nuevo, personalmente me parece que tiene muy poca funcionalidad y, sobre todo, que obstaculiza la comprensión puntual y concreta de la República Popular China, que tiene poco que ver con la Unión Soviética, con la Rusia actual, etcétera. Al menos que uno se vaya a un grado de generalidad donde la guerra fría se refiere a tensiones entre países. Bueno, si eso es la guerra fría pues entonces mejor uno puede regresar al imperio romano y la guerra fría hace 2000 años. Lo estoy ridiculizando. Creo que la mejor invitación es a tomarnos en serio lo que está sucediendo desde 2017 en Estados Unidos, lo que está planteando China en los últimos 10, 15 años en términos globales, y las nuevas características de estas tensiones que tienen poco que ver con la guerra fría de los 50-60. Ni Rusia ni la Unión Europea están al nivel económico de innovaciones, con un proyecto de globalización cultural, con institutos, con financiamiento, con una capacidad macroeconómica. Rusia está muy lejana e incluso la Unión Europea.

La discusión es qué hacemos para agregar valor en el segmento de la extracción de la soja y del aceite de la soja exportado a China. Ésa es la discusión y ahí hay debates en Argentina, Brasil, Perú, México.

Termino con la última pregunta del proyecto de China en el largo plazo. Insisto, parece que es un proyecto muy poderoso. Ojo, muy destructivo del medioambiente, con poca visibilidad de temas sociales, pero donde claramente se plantea al 2035-2050 triplicar el PBI con base en la innovación,en donde el  50% del PBI chino, es propiedad del sector público. No existe un país entre los top 20 en donde el producto interno bruto tengo un 3 por ciento, en China es el 50. Si no entiendes este concepto del sector público en China no vas a hacer ni turismo, ni intercambio académico, etcétera.

Dos o tres temas breves. Uno el tema de los recursos naturales y China, que apareció. Con Jorge Katz, querido colega de la CEPAL, hemos hecho varios escritos al respecto. Hace poco escribí un libro sobre cadenas globales de valor. Yo les diría que hay una versión muy primitiva, mal entendida, de Raúl Prebisch, donde desarrollo en materias primas es igual a subdesarrollo. El problema de Argentina es que tiene soja, el problema de Venezuela es que tiene petróleo, eso es falso. Los chinos nos dirían: me encantaría tener tu petróleo, tu gas, tu agua. El tema es situar segmentos de cadenas globales de valor en tiempo y en espacio y es algo muy diferente en contra de esta visión de que todos tenemos que industrializarnos y todos tenemos que tener una planta de Intel. Falso. Bienvenidos a un análisis de cadenas globales de valor.  El problema de América Latina no son los recursos naturales, sino que no tenemos capacidad, en términos de desarrollo. El problema es cómo le agrego valor, tecnología, empleo, salarios, innovación, que es lo que está haciendo China a la soja que ya tengo.

Y la segunda discusión tiene que ver con una creciente exigencia, particularmente de la administración Trump, de exclusividad. “O estás con China o estás conmigo”. Esto es una nueva relación triangular desde hace muy poquito. Y yo creo que así están prácticamente todos los países.

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Soberanía sanitaria, derecho a la salud e integración sudamericana

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Soberanía sanitaria, derecho a la salud e integración sudamericana

El miércoles 25 de Noviembre tuvimos el séptimo diálogo del ciclo “Pensar la Unidad Sudamericana hoy”, coordinado por Mariana Vázquez y el auspicio del Centro de Estudios en Ciudadanía, Estado y Asuntos Políticos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Podés ver el video completo aquí:

El título del quinto diálogo fue “Soberanía sanitaria, derecho a la salud e integración sudamericana”. Los participantes fueron Pía Rigirozzi,  profesora de política internacional en la Universidad de Southampton, Carina Vance Mafla, ex secretaria ejecutiva del Instituto Sudamericano de Gobierno en Salud de UNASUR y ex Ministra de Salud de Ecuador, y Nicolás Kreplak, Viceministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires y ex Viceministro de Salud de la Nación.

Pía Rigirozzi

Los fracasos en el regionalismo no son de suma cero. Hay momentos en que la coyuntura cambia y los compromisos regionales con ellos. Hay momentos en que el regionalismo tiene estructuras de oportunidad mayor. La estructura actual nos permite pensar la política nacional y la regional como un continuo posible.

El debate sobre soberanía sanitaria cobra un protagonismo central por la crisis del COVID 19.  Trae consigo la necesidad de discutir las oportunidades que los mecanismos regionales puedan ofrecer para garantizar que los gobiernos reciban las vacunas, que haya una distribución o adquisición equitativa y que no haya políticas discriminatorias.

Las demandas de soberanía sanitaria desde los estados se refiere a moderar el impacto del precio de los medicamentos, reducir dependencias extranjeras y garantizar el acceso universal a los medicamentos.

Toda emergencia sanitaria es una prueba para los organismos internacionales. El Coronavirus se da en un contexto de competencia geopolítica entre China y Estados Unidos.

Hay mucho campo para pensar cómo la soberanía sanitaria puede recrearse a partir de los organismos internacionales. Hay mucho legado, hay mucha infraestructura de cooperación en UNASUR, MERCOSUR, para reforzar la soberanía sanitaria. Pero el COVID se suma a otras epidemias como el Dengue, Chikungunya, Malaria, etc.

Los organismos internacionales son importantes porque pueden generar marcos normativos y permiten generar redes internacionales de expertos

Carina Vance Mafla

La gran pregunta es cómo lograr cambios sostenibles. ¿Cómo logramos democracias verdaderamente participativas? Podemos debatir el rol de los organismos internacionales, pero esto es lo medular.

Esta pandemia nos pone el reto de pensar qué es lo que tenemos que cambiar. Las inequidades se siguen profundizando. Conocemos el daño del cambio climático, poniendo en peligro la existencia de la especie, y sin embargo no hay voluntad política para el cambio.

En el Ecuador tenemos la experiencia del presidente Moreno que cambió su plan de gobierno en su propia toma de poder. ¿Cómo podemos asegurarnos que esto no se repita? La integración regional ha sido traicionada por quienes prefirieron intereses comerciales y la concentración de la riqueza en las elites.

En la OMS el 20% de sus fondos son para uso general, el año pasado bajó a 16%. El resto lo aportan los países a diferentes fondos para los usos que más convienen a sus intereses, o por privados que plantean sus propias prioridades.

En Ecuador hay 40.000 muertes en exceso, un 50% más que el año pasado, debido a las políticas tomadas por el gobierno.

Tenemos que pensar en la salud en este proceso de determinación social para revertir el curso que llevamos. Debemos lograr la movilización social para estos cambios. Cuestionar nuestro modelo de desarrollo, que no es sostenible. Hay que pensar la salud como protección social.

Nicolás Kreplak

La pandemia recrudeció situaciones que capitalismo viene generando en América latina de manera muy cruel. Reconstruir la discusión sobre el acceso a los medicamentos con patentes presentes, con precios usureros, con una solución que llegue solamente cuando haya una medicación que lo pueda solucionar, nos aleja mucho de la realidad sanitaria de los pueblos.

Cuando hablamos de soberanía, hablamos de autodeterminación de los pueblos, de construcción de un proyecto de vida distinto. Necesitamos de los organismos internacionales y de la articulación con otros países, pero eso no es suficiente.

No me pasó nunca que tuviera respiradores todo el invierno para los que lo necesitaran. Todos los inviernos tuve situaciones en los que no alcanzaban los respiradores para gente con falta de capacidad respiratoria. Necesitamos que el Estado tenga herramientas para el control de lo que está sucediendo. Las respuestas que dimos fue para generar estas herramientas. Fuimos construyendo capacidad de tomar decisiones para el Estado. Una fue reconstruir el sector público por sobre los otros sectores.

Desde UNASUR y MERCOSUR se promovió la compra en conjunto de medicamentos.

La principal herramienta que tuvimos para la pandemia fue caminar los barrios. Se pensó que el programa Detectar era una cuestión de usar el PCR para ver si la gente tenía o no la enfermedad. Lo que hicimos fue cerrar los barrios y hacer un trabajo casa a casa, llevándole comida. Esto lo hicimos en todo el Conurbano. Nos encargamos que tuviera llegada el Estado, con el IFE y la ayuda a las PyMES.

Cuando pensamos en soberanía sanitaria, estamos pensando en una bandera peronista de siempre, en la soberanía política. Necesitamos soberanía política para tener justicia social. Y para llegar a eso tenemos que discutir la independencia económica.

La tecnocracia sanitaria ha pensado que puede aplicar un mismo plan de salud en cualquier lugar del mundo. La salud y la educación no son servicios que los Estados dan al pueblo, sino derechos que los pueblos han conquistado.

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Políticas exteriores de los países sudamericanos e integración regional

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Políticas exteriores de los países sudamericanos e integración regional

El miércoles 11 de Noviembre tuvimos el sexto diálogo del ciclo “Pensar la Unidad Sudamericana hoy”, coordinado por Mariana Vázquez y el auspicio del Centro de Estudios en Ciudadanía, Estado y Asuntos Políticos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Podés ver el video completo aquí:

El título del sexto diálogo fue “Políticas exteriores de los países sudamericanos e integración regional”. Los participantes fueron María Cecilia Miguez, profesora UBA/FLACSO/CONICET, Miriam Gomes Saraiva, profesora de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro y miembro del Foro Brasileño de Política Internacional, Hugo Ruiz Diaz, ex Ministro Asesor de Relaciones Internacionales de la República de Paraguay, Camilo Lopez Burian, profesor UDELAR , y Karla Diaz Martinez, abogada e investigadora, ex coordinadora alterna del GMC MERCOSUR.

María Cecilia Miguez

Comenzó por recordar de dónde venimos. El volantazo de la Alianza Cambiemos en la inserción internacional. El sector financiero, el sector energético concentrado y el agronegocio, presionaron por un cambio en la politica exterior, más allá del cambio ideológico. También recordó el peso de la deuda externa en la formulación de la política exterior.

En cambio, el voto con el que gana el gobierno del Frente de Todos se identifica con la región, lo que genera una necesidad de cambiar la identidad de la política exterior. El gobierno está en tensión entre la presión de la pesada herencia y el movimiento latinoamericanista.

Contexto global: disputa geopolitica entre EEUU y China, potenciada por la pandemia.

El gobierno argentino tuvo una gestión exitosa de la pandemia, en tanto pudo mantener el sistema de salud atendiendo a la población.El gobierno de Macri se habia alineado con EEUU, Trump y Bolsonaro. Especialmente alrededor del tema Venezuela, o el traslado de la embajada de Tel Aviv a Jerusalem.

Fernández sostiene una posición de resolución pacífica de las controversias. Por eso se aleja del Grupo de Lima, pero no se va.

Hay un ala más pragmática y otra más confrontativa en el gobierno. Hoy la cancillería es manejada por los moderados, frente a una latinoamérica más hostil al momento de asumir el poder. Los gobiernos peronistas suelen mezclar el pragmatismo con la confrontación.

Hay una tensión entre ordenar y transformar la política exterior. Esto se ve con la negociación con los acreedores y con el FMI. La negociación con el FMI es necesaria por la deuda de 44.000.000 USD, que fue la apuesta de Trump en Macri para mantener el control de la región. La relación con Brasil es difícil por la diferencia ideológica con ese gobierno, por lo que es necesaria una posición pragmática.

Por otro lado, necesitamos apoyo de tipo económico para llevar adelante las transformaciones ideológicas.

La Argentina probablemente entre al proyecto de La Franja y la Ruta de China. Al mismo tiempo, EEUU comanda el BID con su presidente. El financiamiento de infraestructura en la región viene de alguna de estas fuentes, por lo que es necesaria la relación con ambos.

Si la agenda tienen que ser más pequeña, bilateral, pero más activa, está bien. Las agendas del Mercosur y de la región deben incluir algunos temas fundamentales:

  • Solución pacifica de controversias
  • Defensa de la Democracia
  • Bienes naturales comunes
  • Género

Miriam Gomes Saraiva

El gobierno de Bolsonaro fue una coalición de muchos grupos nuevos. Un núcleo duro de ultra derecha junto a militares, evangélicos, liberales (en lo económico), ruralistas, pro-armas, anti-corrupcion (lava jato). Todos liderados por la figura de Bolsonaro.

En cuanto a la política exterior, el canciller no tiene seguidores en Itamaraty, viene del riñon ideológico de Bolsonaro. El ministerio deja de ser central en la política exterios, la cual queda a ser definida por los intereses de varios actores.

La restructuración de la política exterior fue un equilibrio entre los pragmáticos, enfocados cada uno en su área de interés.
En Derechos Humanos se ubicaron los conservadores evangélicos. En medioambiente los negacionistas del cambio climático, los militares y los grupos infralegales de la Amazonia. El acercamiento con Israel fue encabezado por los evangélicos pentecostales y hacia EEUU fue la extrema derecha. La exportacion de commodities hacia los BRICS y CHINA fue definida por los ruralistas y las políticas de libre comercio por los liberales.

Estos grupos ven a la política  exterior como un confrontamiento con enemigos.

Los nuevos aliados, no son Estados, sino gobiernos de derecha: EEUU, Hungria, Polonia.

Argentina deja de ser el socio estratégico con la elección de Fernandez. Con Uruguay hay un distanciamiento que se inició con el Frente Amplio y Lacalle Pou no buscó acercarse

Bolsonaro trabajó para desarmar la UNASUR y crear el PROSUR. Pero luego dejó de prestarle atención porque no hay un interés económico en la región. Con China hay agresiones políticas, pero intereses económicos comunes.  Con Venezuela, la parte política busca intervenir, pero son los militares que se niegan. Con respecto al Acuerdo Merco UE, los liberales están a favor, pero la ultra derecha, nacionalistas y conservadores, no.

Brasil pasa a ser visto como un país difícil para tratar. Tiene un comportamiento confrontativo con los organismos internacionales. No se sabe quién puede ser un interlocutor válido para negociar.

Aunque cambie el gobierno de Brasil, la política exterior ya no será lo que era. No vuelve la confianza que se perdió. Los nuevos actores que desplazaron a Itamaraty no van a querer volver al silencio.

Hugo Ruiz Diaz

En Paraguay la política exterior se caracteriza por dos elementos: la Hostilidad (desestructuración y ataque o agresiones a procesos como el Venezuela, Cuba, Nicaragua, etc.) y la Subordinación directa (a la oligarquia agroexportadora, a la narcopolítica, al exterior). Se ataca a todo lo que sea un proceso de integración, se busca una autonomía casi absoluta y limitar la participación en un bloque regional.

La participación paraguaya en los organismos internacionales busca confrontar con Venezuela y Cuba. Uno de los hechos más notorios fue en 2019 cuando Abdo y Piñera participan del acto en la frontera colombiana para ingresar a Venezuela y derrocar a Maduro.

Hay una subordinación a la política de EEUU como nunca se había visto. Ninguna decisión de política exterior se toma sin consultar con la Embadaja de EEUU. Como consecuencia, hay un acercamiento con Colombia. El mayor centro de inteligencia del Cono Sur está en Asunción, con toda una gran infraestructura para el espionaje y seguimiento. Hay tropas militares norteamericanas en Paraguay, en la frontera con Brasil. También hay un alineamiento con la política brasilera, dada la coincidencia ideológica.

El relacionamiento con Israel también es señal de esta subordinación. También la hostilidad hacia Rusia y China, en el contexto de la competencia geopolítica. Paraguay es el único país que rompió relaciones con Venezuela y reconoció como embajador al delegado de Guaidó.

El Frente Guazú hace su propio despliegue político de relacionamiento con China y Rusia, llegando a establecer políticas exteriores autónomas y contradictorias con el gobierno.

Ahora, el Estado Paraguayo ya no cuenta con el apoyo del gobierno argentino ni boliviano. Esto cambia el panorama en una región en disputa. Es casi imposible que el gobierno paraguayo plantee un acercamiento a la CELAC, sin embargo empezó a reducir su participación en el Grupo de Lima y se está comenzando a negociar la vuelta de los médicos cubanos.

Camilo Lopez Burian

Es un momento de coyuntura crítica, no sólo para Uruguay, sino para toda la región. El Coronavirus y el cambio de gobierno llevan al Uruguay a tener discusiones donde se replantea la idea del país como la Suiza de América.

Los políticos sostienen la idea de Uruguay como lugar excepcional. Esto es erróneo, sin embargo está de vuelta gracias al tema de la pandemia.

Uruguay tiene un sistema político estable, venía de un crecimiento económico importante, pero igualmente ganó la oposición y dió un giro a la derecha. Apareció una ultra derecha nacionalista, antiglobalista, similar al Bolsonarismo. Esa derecha es parte de la coalicion de gobierno y es el tercer partido.

A pesar de la pandemia, el gobierno sigue adelante con sus políticas de ajuste para un control económico y político de la población.

La coalición había puesto a un colorado liberal globalista como canciller, como contrapartida a esta derecha. Pero a los 4 meses el canciller renuncia y abandona la política, poniendo en crisis la política exterior.

En cuanto a la pandemia, Uruguay tiene un éxito relativo dada la baja cantidad de casos y muertes, por contar con un buen servicio de salud.

Este discurso de Uruguay como diferente a la región, busca hacerlo atractivo para que vengan extranjeros. Hay una retorica muy fuerte para comenzar una agenda externa diferente al Mercosur. Se busca internacionalizar la normativa del Acuerdo Mercosur – UE para aplicarlo antes que en los otros países miembros. Se presenta como que no hay diferencias con China y con EEUU y busca tener un dialogo con las potencias (China, EEUU, UE) por su cuenta.

Karla Diaz Martinez

Hay un estado de desintegración regional, caracterizado por una desarticulación del andamiaje institucional, fragmentación, creación de instituciones alternativas y el aislamiento de una de las partes: Venezuela.

La política exterior de Venezuela apuesta por las relaciones SUR-SUR: nuevas embajadas en África, apuesta por un mundo multipolar, mejora de la relación con los países del Caribe y la integración regional (Mercosur, ALBA, UNASUR y CELAC).

La exclusión de Venezuela del Mercosur fue un precursor del ataque al país. Es un antecedente que debilita la institucionalidad regional y la seguridad jurídica de la región. La UNASUR es un espacio desmantelado, con muchos de los países denunciando el tratado constitutivo. El Grupo de Lima es un grupo informal que se creó para desestabilizar a Venezuela, ante la imposibilidad de crear mayorías en la OEA. El PROSUR no ha servido para mucho, en especial durante la pandemia que azota a la región.

La relación con los países de Asia ayudaron a la situación de aislamiento regional, como el caso de Iran, China, Vietnam o India. Con Europa hay una relación cambiante, por un lado hay cooperación y busqueda de contactos, por otro hay sanciones económicas. Turquía es otro socio importante en el ámbito comercial.

Hay una perspectiva positiva, con respecto a la recuperación de la embajada venezolana en Bolivia con la que se normalizan las relaciones. Hay una relación positiva con Argentina y el Grupo de Puebla.

La política exterior de Venezuela se enfoca en la defensa de la soberanía y la búsqueda de mitigar los problemas producidos por la crisis económica inducida por las sanciones económicas.

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Leandro Morgenfeld

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Leandro Morgenfeld

El miércoles 16 de Septiembre tuvimos el segundo diálogo del ciclo “Pensar la Unidad Sudamericacna hoy”, coordinado por Mariana Vázquez y el auspicio del Centro de Estudios en Ciudadanía, Estado y Asuntos Políticos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). A continuación las intervenciones de Leandro Morgenfeld, Investigador adjunto del CONICET y co-coodinador del Grupo de Trabajo de CLACSO “Estudios sobre Estados Unidos”.

Primera Intervención

Muchas gracias a Mariana y a Federico por la invitación. Y, a través de ellos, a la gente del Observatorio del Sur, del CEAP, de AERIA y de CLACSO, que también estaban invitando a este encuentro. La verdad es que entre todas las ocupaciones de estas semanas es una grata alegría estar acá compartiendo con tanta gente, con Verónica y por supuesto con Enrique y con otros colegas que veo que están participando.

En primer lugar,  voy a recoger muy brevemente el guante, ya que Mariana planteó este debate sobre si corresponde o no hablar, retomando lo que venían discutiendo en el primer encuentro, de una nueva guerra fría, y Verónica también lo tomó. Yo voy a decir como historiador que no me gusta la idea, o por lo menos me parece que sería problemático seguir hablando o hablar de una continuidad de la guerra fría. Cuando pensamos en la guerra fría, estamos pensando en un periodo histórico muy concreto, que va si queremos de 1945 o 1947, cuando Truman lanza la doctrina de la contención, hasta la disolución de la Unión Soviética en el año 91. Y si bien, es cierto, como Verónica recién enumeraba, que hay una serie de elementos comunes con aquella época, lo clave es que no hay una confrontación, creo yo, entre dos regímenes económico- sociales como había en aquel momento. No hay una serie de países coordinados en torno a Estados Unidos, defendiendo un proyectó, un regimen capitalista contra otros países socialistas. Sin meternos en la discusión sobre qué tipo de socialismo había, si eso era socialismo, etcétera. Entonces me parece que sí, que estamos en una etapa de confrontación, en una nueva bipolaridad, que hay una disputa estratégica claramente entre Estados Unidos-China y muchos otros actores, pero con una diferencia, me parece sustancial, con ese otro periodo. Pero no voy a hablar de eso específicamente, sino que voy a hablar de un tema más mucho de coyuntura: las elecciones en Estados Unidos.

Dentro de las próximas siete semanas, por lo menos, creo que el mundo entero va a estar observando qué van a votar más o menos unos 150 millones de personas, que van a elegir al gobierno de un país que se atribuye el rol de gendarme planetario. Alguno dijo una vez que en las elecciones de Estados Unidos no deberían votar solamente los norteamericanos, sino que tendríamos que votar todos porque se elige una suerte de gobierno mundial. Y me animo a decir que el 3 de noviembre no va a terminar la historia de las elecciones en Estados Unidos.

En primer lugar, ésta es una elección bastante particular en Estados Unidos. Es cierto que Trump dijo “es la elección más importante de toda la historia de “Estados Unidos” hace pocos días, exagerando, como suele hacer él, pero es una elección muy singular porque se da en un momento en el cual la hasta ahora principal potencia planetaria está atravesando una cuádruple crisis. Es decir, el escenario es totalmente distinto al que teníamos hasta febrero de este año. En los últimos seis meses Estados Unidos es el epicentro de la crisis de la pandemia, y de la crisis sanitaria a nivel global, con más de 200 mil muertos y más de 7 millones de contagiados confirmados. Está atravesando una profundísima crisis económica. EEUU tenía en febrero la tasa de desocupación más baja desde la posguerra, de los últimos 70 años: 3.5%. Prácticamente nadie dudaba de que Trump iba hacia una casi segura reelección, la bolsa creciendo como nunca, el desempleo más bajo que nunca, el partido demócrata que había abortado la posibilidad de una propuesta digamos novedosa de izquierda que generaba mucho entusiasmo en torno a Bernie Sanders se abroqueló atrás de Biden, de un candidato poco carismático. Entonces a finales de febrero y principios de marzo todos los analistas decían que Trump tiene el camino allanado a la reelección. Este escenario cambió. Dos meses después, en abril, la desocupación era de 14,4%, la más alta desde los años 30, y ningún presidente norteamericano logró la reelección en esas condiciones económicas. Sólo por mencionar una de las variables, el FMI dijo hace pocas semanas que Estados Unidos va a caer 8 por ciento este año. Piensen ustedes que en la peor crisis de los últimos 70 años, la del año 2009, después la crisis del 2008, cayó un poco más de un punto el PBI en Estados Unidos. El fondo monetario dijo que va caer el 8 por ciento este año.

Además, una crisis social a partir del asesinato de George Floyd que desató una oleada de protestas como no veíamos de los años 60 y que contra lo que algunos pronosticaban no desapareció. Siguen las protestas y ya pasaron cuatro meses Es decir que se trata de una situación inédita, de un clima social que no veíamos desde finales de los años 60, sumado a una creciente crisis política en la cual vemos un establishment, incluso bipartidista, a eminentes representantes del partido republicano que dicen no hay que votar a Trump sino a Biden. Esta es la situación que hace de esta elección una elección muy particular y con final abierto.  Esto ha estado modificándose en los últimos días. Así como en febrero todos decían que lo más probable era que gane Trump. Todo presidente norteamericano que va por la reelección casi siempre la consigue, el último que no lo consiguió fue hace 28 años (George Bush padre), en los últimos 70 años sólo tres presidentes no lograron la reelección. Le va bien a la economía, cumplió buena parte de las promesas que hizo, aunque a nosotros no nos guste, existe una base de apoyo muy consolidada, va a ser reelecto. En el medio de esta cuádruple crisis cambió la situación y en julio todo el mundo y todas las encuestas decían que Trump no tiene posibilidades de ser reelecto por lo que les mencionaba antes. Veíamos promedios de encuestas de 10, 12, 14 puntos arriba a Biden, y todos decían que ahora salvo que ocurra un milagro va a ganar Biden las elecciones. Algunos decíamos “ése es el escenario más probable pero no nos olvidemos de lo que ocurrió en el 2016”, cuando prácticamente nadie creía que Trump tenía posibilidades de ganarle a la candidata del establishment que era Hillary Clinton.

En los últimos días la situación cambió. La economía está mostrando un rebote. La discusión es sobre cuán profundo va a ser. La tasa de desempleo que en abril les dije que había subido a 14,4% por ciento, que en realidad es mayor porque hay más cuestiones técnicas por las cuales tenemos muchas más decenas de desocupados que los que indican las encuestas oficiales, pero esa tasa se redujo al 8 4%, que fue el último indicador. Y sin duda, además de apostar a esta rápida recuperación económica, por eso los republicanos y Trump están impulsando dejar de lado todo tipo de políticas de confinamiento, es decir dejar lo sanitario de lado para lograr una reactivación económica que genere condiciones de una posible reactivación y reelección.  El tema de poder anunciar antes del 3 de noviembre por lo menos que se tiene la vacuna. Vemos que hay una carrera global. También Rusia y China en las últimas horas acaban de anunciar que en noviembre empezarían ya con la vacunación masiva. Bueno, Estados Unidos o el gobierno norteamericano por lo menos pretende hacer ese anuncio de antes las elecciones. Queda poco tiempo, quedan siete semanas, pero sin duda por supuesto las elecciones y la suerte electoral tienen que ver con las expectativas y con cómo muestra Trump o no muestra que puede encabezar la salida de los dos epicentros de la crisis: el tema económico y el sanitario.

En este sentido, para decirlo rápidamente y para poner blanco sobre negro, el final es absolutamente abierto. Además Estados Unidos tiene un sistema electoral muy anacrónico, muy obsoleto, quizás de los más anti democráticos de todo el mundo, donde no gana el que tiene más votos, sino que el que gana es el que gana en el colegio electoral. Recuerdo que hace cuatro años Trump ganó con casi 3 millones de votos menos que Hillary Clinton y, sin embargo, arrasó con el colegio electoral. La elección no es obligatoria. En el 2016 voto el 55 % ciento de la gente habilitada. Fíjense que en Argentina el año pasado en las elecciones presidenciales voto el 81 %. Trump ganó, llegó a la presidencia con el apoyo del 27%. Hablo de los mayores habilitados para votar. Cuando uno ve las encuestas y dicen que a Trump lo apoyó el 40% y lo repudió el 60%, hay que considerar que mucha de esa gente que lo repudia, sobre todo los jóvenes, después no va a votar. Entonces es más compleja la situación y mucho más compleja en el escenario de pandemia donde el voto presencial, como se vio en las últimas semanas en buena parte de las primarias, es más complejo. Por eso Trump está tratando de impulsar el mecanismo de supresión del voto, que es algo que los republicanos en general usaron en los últimos años, que es tratar de que los más pobres sobre todos los afrodescendientes, las minorías, los latinos, no vayan a votar, no ejerzan ese derecho. La elección es en un día laborable, hay que inscribirse, es complejo, no hay un documento nacional de identidad, no hay un padrón único, etcétera. Trump está tratando de bloquear todo lo posible, con el jefe del correo que puso él, la posibilidad del voto anticipado. Con respecto al voto por correo, dijo que eso va a ser “un mecanismo de un fraude masivo” y hace pocos días, el 20 de agosto, dijo “estas van a ser las elecciones más fraudulentas de toda la historia”. Con esto cierro y paso a Estados Unidos con América Latina.

La semana que viene empieza una nueva etapa en este proceso muy singular de elecciones en Estados Unidos, porque el martes que viene va a ser el primero de tres debates presidenciales. Va a haber uno el martes que viene y dos en octubre. En este terreno Trump tiene todas las de ganar. Ya vimos hace cuatro años el desastre que produjo contra Hillary Clinton. Trump es especialmente bueno en esa arena y Joe Biden es especialmente malo. Trump es el presidente más longevo en llegar a la casa blanca, pero Biden es cuatro años mayor, tiene 77 años. En síntesis, mi hipótesis es que el proceso electoral que se está realizando con estas particularidades está desprestigiando más a Estados Unidos y es una expresión, por un lado, de este proceso de declinación hegemónica de Estados Unidos, pero al mismo tiempo, potencialmente puede acelerar ese proceso de transición hegemónica. Es decir, la imposibilidad de que Estados Unidos siga mostrándose como el faro de la democracia, el faro de la república, el faro institucional a nivel global, cosa que utilizó como una de sus herramientas y sus armas ideológicas durante todo el periodo de la guerra fría, ya que planteábamos analogías. ¿Por qué digo esto? Porque Trump dice “yo no sé si voy a reconocer el resultado las elecciones” y es cada vez más probable que si pierde por poco, termine habiendo un escándalo político institucional aún mucho mayor que el de las fraudulentas elecciones del año 2000. Aquellas elecciones se definieron con una intervención de la Corte Suprema, cuando el presidente Bush hijo ganó el estado de la Florida, el mayor, el más importante de los “swing States”, donde votan millones de personas. Hubo semanas de debate y ese estado, además, oh casualidad, lo gobernaba Bush, hermano menor del aspirante republicano. También esto ocurrió hace cuatro años cuando Trump perdió el voto popular, pero ganó en Pensilvania, en Michigan y en Wisconsin, por apenas 77 mil votos, con denuncias de fraude por varias decenas de miles de votos y esto es probable que ocurra a gran escala y ya se está anticipando con el tema del voto por correo.

En cuanto al vínculo con América Latina, o cómo impacta este proceso electoral y lo que puede ocurrir en Estados Unidos para América Latina, me parece que hay que entenderlo como parte del proceso de transición hegemónica global que se venía debatiendo en el encuentro anterior y en este encuentro. La disputa entre Estados Unidos y China se está dando en todos los frentes, en todas las regiones y, por supuesto, también en América Latina. Estamos discutiendo quién invierte en la región, quién financia a la región, quién comercia con la región, quién aporta tecnología, por eso la lucha por el 5G que se vio en varios países de la región va a ser clave los próximos años. Quién acapara las materias primas de la región, quién instala bases militares o científicas y quién ejerce influencia política. Todo eso en esta región que, como recordaba sucintamente Verónica recién, fue parte de lo que Estados Unidos tradicionalmente desde la Doctrina Monroe llamó su patio trasero, su área exclusiva de influencia. Todo eso está siendo desafiado. Hoy China es primero o segundo socio comercial de casi todos los países de la región, prestamista, inversor y hasta, como en el caso de Argentina, tiene algunas bases que se discuten, como por ejemplo la base de prospectiva científica que hay en Neuquén. Esta pregunta se hace mucho ¿Qué le conviene a América Latina?¿Que gane Trump, que consiga la reelección o que gane Biden? Acá voy a decir sólo un par de cosas: ambos tienen el mismo objetivo estratégico, aquel que se planteó en la estrategia de Seguridad Nacional de diciembre de 2017 que mencionaba Verónica. Si Estados Unidos pretende seguir siendo una potencia hegemónica global tiene que sostener a lo que ellos llaman el hemisferio occidental, es decir todo el continente americano como su exclusiva área de influencia. Por eso dice que China y Rusia no son aceptables en esta región. Claro que lo hacen con estrategias diferentes. La estrategia de Trump es una estrategia mucho más bilateralista y mucho más apelando al hard power, al poder duro. La estrategia de Biden, en cambio, creo que va a ser con matices, pero una estrategia más parecida a la de Obama, es decir apelar al multilateralismo y apelar al smart power, al poder inteligente, aquel que había planteado Obama de vincular mecanismos de hardpower y de softpower. Un ejemplo de lo de Trump lo tenemos con lo que acaba de pasar este fin de semana en la elección del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en la cual, rompiendo la tradición de los últimos 60 años desde 1959, impuso a su candidato Mauricio Claver Carone.  Y lo hizo sacando a un latinoamericano y poniendo a una figura clave, no solamente su asesor de seguridad nacional sobre el hemisferio occidental de la Casa Blanca, sino además a un descendiente de familias cubanas con muchísimo peso en el estado de la Florida, entre los sectores anticastristas y antibolivarianos de La Florida. Y eso tiene que ver con un ojo que está poniendo Trump no solamente en la cuestión estratégica de no dejar que China avance financiando a los países de la región como está ocurriendo, sino también en dar un guiño para ganar en el estado de la Florida, donde se impuso por el 1 por ciento en el 2016 y es un estado donde, hasta hace pocas semanas, iba cinco puntos arriba Biden, y hoy las últimas encuestas indican que hay una diferencia de 1 o 2 puntos por ciento. Quizás es el estado que vuelva a definir las elecciones. Un ejemplo de un mecanismo de softpower, quizás el que puede implementar Biden en caso de ganar, puede ser a convocar a las cumbres de las Américas. La del año 2021 es la primera después de 25 años que se va a hacer en Estados Unidos. Trump ni vino a la última cumbre de las Américas de 2018 en Perú. Es el primer presidente norteamericano que no participó en la cumbre de las Américas. Es más, no hizo ningún viaje a América Latina salvo cuando vino a la Argentina en el marco de la cumbre del G20.

Sobre ese proceso lo que hay que decir es que el problema no es mirar quién le conviene a América Latina, si  Biden o Trump sino por qué, pensar por qué y trabajar por qué. Me parece que la gente del Observatorio del Sur Global y Mariana tienen un rol clave. Es pensar por qué América Latina está absolutamente descoordinada en el marco de este proceso de disputa hegemónica. Lo peor que puede hacer la región es lo que acaba de mostrar el fin de semana pasado, que es no mostrar una estrategia conjunta para vincularse con EEUU pero también con el resto de las potencias extra hemisféricas.

Hay que reflexionar sobre la profunda debilidad que tiene América Latina por haber abandonado todos los mecanismos de coordinación política que supo construir en los últimos años: la UNASUR, la CELAC, los bloques políticos alternativos como el ALBA. Esta descoordinación explica su mayor debilidad. Creo que es fundamental que nuestra América recupere una estrategia de convergencia regional y me parece que, como lo intentó hacer la Argentina proponiendo una estrategia de confrontación en el BID con el grupo de Puebla, me parece que retomar esa senda y profundizarla es el mecanismo para salir de esta parálisis en la cual caímos en los últimos años, producto del avance de gobiernos de derecha.

Segunda Intervención

Hay cuatro preguntas. Las voy a trata de contestar muy sucintamente.

Efectivamente acá faltó, y es muy necesario, incorporar a Rusia que es otro actor clave, que vuelve a tener un protagonismo como no tenía Rusia al principio, en la posguerra fría. A Trump se le pueden decir muchas cosas, pero no es un loco  como aparece en la superficie, sino que tiene una estrategia de instalación internacional, una estrategia de política exterior que responde a determinados sectores de la clase dominante norteamericana, para decirlo rápidamente al sector americanista que confronta contra el sector globalista. En cuanto al vínculo con China propuso él, discutiéndolo incluso con el propio Henry Kissinger, que acá todos conocen, una movida geopolítica bastante interesante que tiene que ver con que Estados Unidos, para frenar el avance de China, no iba a seguir con la estrategia globalista de Obama, es decir los tratados del libre comercio, sino tratar de acercarse a la Rusia de Putin para provocar una separación entre Moscú y Pekín. Es algo similar a lo que impulsó Kissinger como secretario de Estado en los años 70, que fue romper el eje sino-soviético reconociendo la China de Mao para confrontar a la economía soviética. En este caso sería al revés: acercarse a Putin para confrontar con China.

Y aquí hay un elemento interesante en el que sí podemos ver una continuidad con la Guerra Fría. En el establishment político norteamericano sigue existiendo una rusofobia, es decir una enorme resistencia a cualquier tipo de acercamiento con Rusia. Desde que Trump ganó el 8 de noviembre de 2016 y hasta que asumió en enero, se hicieron todo tipo de campañas para tratar de mostrar que Trump había ganado por la famosa trama rusa, por el apoyo de Putin. Se decía que Trump no iba a poder tener una política exterior defendiendo los intereses desde Estados Unidos porque iba a ser extorsionado por el propio Putin. Eso fracasó. Hoy vemos que la alianza y el entendimiento entre Moscú y Pekín siguen incrementándose, por lo tanto Estados Unidos no fue exitoso

Para tomar el otro debate. Hay muchos que se confunden, imaginan que la Rusia de Putin tiene algo que ver con la Unión Soviética y salvo en los fantasmas norteamericanos, en esta idea de que hay un peligro comunista, esto no es así. Y lo mismo, para provocar un poco hay que decir que la China de Xi Jinping no tiene nada que ver con la China de Mao, por más de que siga al frente de China lo que se llama partido comunista. Hoy creo que ya nadie discute que lo que hay en China es un capitalismo, por supuesto con características singulares. Una de estas características es la estatalidad mucho más fuerte, etcétera, pero no hay una confrontación como decía antes entre dos regímenes. China no desarrolla ni propone el comunismo.

Con respecto a la segunda pregunta sobre la victoria de EEUU en la elección del BID.  Trump es un enorme peligro para la región en su prédica injerencista y en su incremento del presupuesto militar, en su aumento de las sanciones contra los gobiernos de los países no alineados, como el de Cuba, como el de Venezuela. Es un gran peligro para la región pero al mismo tiempo una oportunidad porque Estados Unidos con un presidente como Trump, un presidente xenófobo, misógino, un presidente que en estos días está abrazándose con los policías que hace dos semanas casi matan de siete tiros a Jacob Blake en Wisconsin, es decir que avala a los supremacistas blancos. Les cuesta mucho con un presidente como Trump seguir ejerciendo lo que históricamente se llamó el imperialismo moral en Estados Unidos. Y les pongo un ejemplo. Esta semana se conoció una encuesta de Gallup que dice que antes de la pandemia el 45 por ciento de los ciudadanos norteamericanos estaba satisfecho con Estados Unidos, hoy es el 13 por ciento. Lo mismo ocurre desde que asumió de Trump a nivel mundial. En todos los países de América Latina creció fuertemente el sentimiento anti norteamericano. Ni hablar de la Argentina donde esto es histórico, pero pasa en todos los países del mundo, que cae la imagen de Estados Unidos, desde que Obama fue reemplazado por Trump.  Por lo tanto creo que hay más debilidades en esta conducción que propone, en esta estrategia que propone EEUU.

Muy rápidamente la tercera pregunta. Con respecto a esta alternativa de profundizar la unidad regional cuando tenemos esta disputa entre distintos polos. Para decirlo rápidamente, conviene mucho más a una región como América Latina que no estemos en un esquema unipolar o unimultipolar como hubo al inicio de la posguerra fría en los años 90.  Si hay más actores de peso en el escenario internacional disputándose en todos los órdenes, eso genera condiciones de posibilidad para tener una política exterior, una política regional más autónoma. Condición de posibilidad sí, pero no es suficiente. De hecho América Latina está transitando un período ahora, en los últimos 4 o 5 años, de desorganización regional. Pero nos conviene que no haya una única potencia, que haya varios polos en disputa, en un proceso de transición hegemónica para tener potencialmente una política exterior y una estrategia inserción internacional más autónoma.

Para cerrar, lo último que creo que tiene que hacer Argentina para no depender de Estados Unidos es que tengamos una relación de complementariedad subordinada con China. Creo que es la peor estrategia para la Argentina y para cualquier país de la región. Es una estrategia donde se profundizan las diferentes asimetrías, se profundiza la dependencia. La única posibilidad que tenemos como región, como condición necesaria pero no suficiente, es coordinar una política exterior y los 33 países si queremos de la CELAC, discutir con Estados Unidos, con Rusia, con China, con la Unión Europea, qué tipo de relación política, económica, militar, diplomática, tenemos que establecer.

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Verónica Pérez Taffi

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Verónica Pérez Taffi

El miércoles 16 de Septiembre tuvimos el segundo diálogo del ciclo “Pensar la Unidad Sudamericacna hoy”, coordinado por Mariana Vázquez y el auspicio del Centro de Estudios en Ciudadanía, Estado y Asuntos Políticos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). A continuación las intervenciones de Verónica Perez Taffi, Presidenta de la Asociación de Estudios de Relaciones Internacionales Argentina.

Primera Intervención

Quería agradecer al Observatorio, la invitación de Mariana, a Sebastián, a Federico y  a quienes me acompañan en este diálogo. Y a todos los participantes. Muchas gracias.

Quisiera ir por dos lugares. Primero un punto que retoma un poco la discusión del anterior diálogo, que recién mencionaba Mariana. El preguntarnos si estamos en una nueva guerra fría. Y, en segundo lugar, voy a hacer alguna nota de referencia a los análisis desde la polaridad. Por esos dos lugares voy a ir.

Voy a comenzar con una anécdota que tiene que ver con José Paradiso por allá por  la década del 90. Después de tantos ríos de tinta decretando la muerte de la guerra fría, fue la primera persona que insistía en tener el reparo al respecto del fin de ese ciclo. Esto sin soslayar los dramáticos cambios que se produjeron en el mundo a partir de la caída del muro de Berlín, y desde el desmembramiento, disolución, implosión, y múltiples términos que dan cuenta de lo sucedido en la Unión Soviética.  Lo que planteaba José Paradiso en aquel momento era que esos reparos tenían que ver con que, si uno de los protagonistas de este largo ciclo de la guerra fría se mantenía incólume, se podía esperar la rehabilitación de ciclos de tensión, una y otra vez.

En segundo lugar, lo que quiero mencionar es otro dato que está a favor de la continuidad, a pesar de la pregunta, que tiene que ver con la existencia de residuos activos. Residuos activos desde la década del 90, como por ejemplo Afganistán, en diferentes escenarios y, sobre todo, a partir de la década de 2000. Podemos mencionar varios escenarios, si quieren después podemos hablar de eso, donde se rehabilitó el ciclo de tensión particularmente entre Estados Unidos y ahora Rusia.

En tercer lugar, la Guerra fría fue un ciclo único e irrepetible. Fue un ciclo de confrontación ideológica donde dos grandes superpotencias ofrecían diferentes tipos de organizaciones políticas y económicas. Una confrontación ideológica sustentada sobre una base militar. Aun cuando podemos sostener que fue un ciclo único e irrepetible, no podemos descartar la posibilidad de encontrar algún o algunos elementos comunes. Todo ejercicio de análisis o de interpretación histórica no puede soslayar la comparación o la utilización del método comparativo.

En cuarto lugar, en algún momento de la guerra fría,  los estrategas norteamericanos establecieron parámetros para la política exterior norteamericana y estos parámetros tuvieron que ver con dos grupos de tres actores cada uno. Una es la denominada trilateral, que involucraba a Estados Unidos, Europa y Japón y el otro era el triangular que involucraba a Estados Unidos,  a la Unión Soviética y a China en ese entonces. Lo que podemos observar hoy es el desplazamiento del trilateral y la rehabilitación del triangular. Para muchos, con Estados Unidos tramitando su declive, su retirada o su repliegue; para otros todo lo contrario. Esto con Rusia reposicionándose en diferentes escenarios aquí y allá y con China marchando hacia la cima, sin prisa, pero sin pausa.

La política mundial que observamos no se reduce a ese triángulo, contiene otros escalones, contiene otros lotes, en el que encontramos Estados como grandes poderes como el Reino Unido, Francia, Alemania y después tenemos un conjunto de otros Estados que han incrementado su gravitación a nivel internacional por su ubicación geopolítica, por sus trayectorias históricas, por sus identidades ideológicas y políticas, por sus relaciones con los grandes poderes. Acá podemos mencionar a la India, Arabia Saudita, a irán, a Turquía.  Y después tenemos un gran conjunto de Estados bastante diverso que deben decidir sobre los roles que van a desempeñar en este escenario: si van a desempeñar roles autonómicos o si van a desempeñar roles alineándose con algún o algunos poderes.

La mención a la guerra fría o la nueva guerra fría parece no ser caprichosa ni antojadiza. También en relación con esto podemos observar que en la nueva estrategia de seguridad nacional, el presidente de EEUU Donald Trump, allá por diciembre de 2017l mencionaba en primer lugar que una de las amenazas para los intereses norteamericanos y al orden mundial que Estados Unidos intenta sustentar, eran Rusia y China. En la nueva estrategia de Seguridad Nacional. se menciona a Rusia y a China como potencias revisionistas, que había que neutralizar. Esto nos lleva a pensar, esta idea de neutralizar o limitar la presencia de estas potencias, a preguntarnos si con esto no se está redituando, algo de esto escuché en el diálogo anterior, una nueva estrategia de contención, esa que fue tan propia en el período de la guerra fría. Si pensamos en que va a ser una nueva estrategia de contención quizás también podemos pensar que América Latina se va a transformar en el primer escenario para los Estados Unidos. Una región donde Estados Unidos nunca toleró la presencia o injerencia de potencias extra continentales. Acá vuelvo a cítar a José Paradiso, obviamente, con un artículo que él escribe hace mucho tiempo, en el que indicaba que ningún análisis de nuestra región podría evitar tener en cuenta una estructura geopolítica particular de América Latina, que un análisis de América Latina no podía soslayar tener en cuenta su cohabitación con una potencia hegemónica de alcance global y su situación periférica. Estados Unidos tuvo como norma, por lo menos desde el siglo 19, el evitar la injerencia de potencias extra continentales valiéndose de la doctrina Monroe, del uso unilateral de esa doctrina con este propósito

Lo podemos ver desde finales del siglo XIX. Para muchos la aventura francesa se produjo por una distracción en Estados Unidos, mientras llevaba a cabo su guerra de secesión. Ya en el siglo XX, la política de la buena vecindad o del buen vecino también estuvo dirigida a los propósitos de neutralizar la presencia alemana, pero también obviamente no puedo no mencionar el hecho de que muchas de las fuerzas democráticas de la región ya habían mostrado su descontento, su irritabilidad, su irritación en realidad, por las sucesivas intervenciones de los Estados Unidos en la región. Después de la segunda guerra mundial, y cuando se empieza un período de guerra fría, obviamente vamos a ver la utilización de la doctrina Monroe con mayor intensidad. Sin embargo, esto no pudo evitar la presencia rusa, no pudo evitar el éxito de la revolución cubana. pero Estados Unidos no se podría permitir otra Cuba. Por lo tanto de ahí en más vamos a observar tantos esfuerzos por limitar y/o condicionar el desenvolvimiento que, con diferentes matices, intentaron muchos de nuestros países para una política autonómica o independiente. Obviamente las oligarquías regionales y los militares en ese entonces fueron los aliados incondicionales de estas políticas que restringían la autonomía y que evitaban cualquier tipo de relacionamiento, incluso comercial, con potencias extra regionales.

Esto se liga finalmente con aquello que José Antonio Sanahuja decía en el diálogo pasado, con esta patología que presenta la disciplina de las relaciones internacionales al insistir en los análisis desde la polaridad. Discutimos desde el principio de la década de 2000 dentro de la disciplina cómo es la estructura,cómo es el reparto del poder a nivel internacional y ahí vamos a tener diferentes conceptualizaciones: que el mundo es uni-multipolar, que es interpolar, es apolar, es no polar, que es múltiplex, que es policéntrico, y me quedó corta. La única nota que quería decir  respecto de esto, es que esta concentración en la polaridad y el analizar al sistema internacional desde la polaridad, es algo que se arrastra como patología dentro de la disciplina. Pero lo llamativo del tema es que se arrastra de la mano de teorías hegemónicas. Por lo cual, lo último que quería decir era que, para analizar al sistema internacional, para analizar a la región, sobre todo, no perdamos de vista la posibilidad de realizar estudios que tengan en cuenta las trayectorias históricas, que tengan en cuenta las identidades y que los análisis de la polaridad nos pueden conducir a tener que elegir entre Rusia y China, o entre Rusia, China y Estados Unidos.

Segunda Intervención

En otra oportunidad hice referencia al tema de los análisis de la polaridad, a que esa insistencia desde la polaridad, esta confrontación en la guerra fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos, había dejado de lado otra historia, que quizás era la historia principal. Esa historia  tenía que ver con la descolonización de lo que en la guerra fría se llamó “el tercer mundo”. Y no fue casual. Lo que podemos recuperar de esa historia de descolonización son principios dentro de ese mundo que calaron profundo y que creo que se tienen que recuperar. En la guerra fría fue el no alineamiento, fue el regionalismo y fue el principio de no intervención. Algo que de alguna manera nuestra región termina discutiendo, rearmando y exportando. Entonces eso en primer lugar.

¿Qué dejaría afuera hoy un análisis centrado en la polaridad? Si nos centramos en la polaridad, como dije antes, terminaríamos teniendo que elegir entre China y Estados Unidos fundamentalmente. Pero no me quiero olvidar de ese triángulo rehabilitado. Con respecto a esta pregunta que hago, sobre si estamos o no en guerra fría. Fue una pregunta y difícilmente pueda dar una respuesta, pero lo que sí puedo observar es la rehabilitación de ese triángulo. Y no lo digo yo; también lo dice esta nueva estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos. Entonces no me parece un dato menor, porque la región tiene que repensarse, tiene que repensar su propia identidad, tiene que repensar la latinoamericanidad, rediscutir si latinoamericanidad o sudamericanidad. Tiene que discutiir muchas cosas. Entonces, si nos concentramos en que tenemos que elegir entre uno y otro, también se van a perder esos principios que fueron tan importantes y esa otra historia durante la guerra fría.

Por último, sobre este triángulo. Se trata no solamente de actores que tienen capacidad sino voluntad de actuación global. Hay una gran diferencia con el resto de las potencias. De alguna manera lo que quiero decir es que muchos de los otros escalones se van a dirimir en sus propias regiones. La pregunta es qué va a pasar con la nuestra, teniendo en cuenta todo esto que traté de recoger desde el pasado, haciendo una lectura desde una trayectoria histórica de larga duración y de una perspectiva crítica.

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Geopolítica de los recursos naturales e integración sudamericana

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Geopolítica de los recursos naturales e integración sudamericana

El miércoles 28 de Octubre tuvimos el quinto diálogo del ciclo “Pensar la Unidad Sudamericana hoy”, coordinado por Mariana Vázquez y el auspicio del Centro de Estudios en Ciudadanía, Estado y Asuntos Políticos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Podés ver el video completo aquí:

El título del quinto diálogo fue “Geopolítica de los recursos naturales e integración sudamericana”. Los participantes fueron Mónica Bruckman, Dra. en Ciencia Política y profesora de la Universidad Federal de Rio de Janeiro, y Amado Boudou, ex-Vicepresidente de la Argentina y ex-Ministro de Economía y Finanzas. Mariana Vazquez realizó la presentación del tema y estuvo a cargo de la moderación.

Mónica Bruckman comenzó explicando que los procesos de integración regional comienzan a plantear la necesidad de pensar la geopolítica de los recursos naturales, a partir de la recuperación de la teoría de la dependencia y de la teoría del imperialismo. Tiene una relacion directa con el planteamiento de una soberanía regional, a partir de 2008, pero se hace más fuerte hacia 2011-2012.

La disputa por los recursos naturales estratégicos es la característica principal del sistema capitalista mundial. Esto puede verse en la “Guerra contra el terrorismo” y su relación con los recursos naturales. Para EEUU, el acceso a los recursos naturales estratégicos son una necesidad de Seguridad Nacional, por lo que todos los recursos del Estado están disponible para ello. Pero estos recursos naturales no se encuentran dentro de sus fronteras, sino que están principalmente en África y América Latina. Sus políticas de defensa se reservan el derecho de utilizar la fuerza unilateralmente para mantener su seguridad nacional y, por lo tanto, el acceso a estos recursos.

¿Qué es un Recurso Natural Estratégico? Algunos lo asocian a la produccion y reproducción de la Vida. Otros sólo a la generación de energía nuclear. Pero su principal característica es la escasez. Esto le da la dimensión estratégica. La demanda de la economía mundial sobre estos recursos o su participación en ciclos tecnológicos que van a dominar la producción.

Estos recursos cambian con el tiempo. El carbón era estratégico en el sigo XIX y hoy ya no lo es.

Para establecer políticas efectivas sobre el uso de los recursos naturales estratégicos, debemos tener instrumentos adecuados de inventario y gestión de estos recursos.

En 1/3 de los minerales estratégicos, EEUU depende entre 100% y el 90% de las importaciones. En otro tercio entre 90 y 50%. Principalmente estas importaciones vienen de China, África  y países de América.

China en 2008 ya se convierte en el principal socio comercial de la mayoría de los países de América latina. China asume los 5 principios de Coexistencia Pacífica (de la Conferencia de Bandung) para su relación con América latina. Pero la región sólo logra profundizar su reprimarización de exportaciones, especialmente en los últimos 5 años, donde se le suma un proceso de desindustrialización. Debido a la correlación política, Argentina toma relevancia para lograr con China una relación de beneficio mutuo. China propone negociar con la región completa, en conjunto, para disminuir la inestabilidad política y tener una relación a largo plazo.

La alianza entre China y Rusia, junto a la Nueva Ruta de la Seda, sirve para reestructurar Eurasia. La crisis del COVID 19 aceleró la inversión en este proyecto. ¿De dónde van a salir los recursos para este proyecto? Pues de América latina, especialmente del Sur, ya que cuenta con grandes reservas de litio, niobio, cobre, plata, oro, etc.

África también esta repensando su integración para negociar con China, igualmente hace el sudeste asiático. Pero América Latina va a contramano, no avanza en su integración.

América del Sur cuenta con el 28% de las reservas mundiales de agua dulce. Pero estos recursos son compartidos e interdependientes, por lo que deben ser gestionados en conjunto.

El Siglo XXI es el siglo del Litio. Hay 3 ciclos tecnológicos que reconfiguran la industria mundial y necesitan del litio:

  • Baterías recargables de todo dispositivo electrónico portátil
  • Vehículos eléctricos
  • Cambio de matriz energética

Estos ciclos tecnológicos pueden durar entre 30 y 40 años, generando gran demanda durante este tiempo. Por lo que permiten la planificación a largo plazo. El 83% de las reservas mundiales están en Sudamérica y China consume el 39% de la producción. Se espera que la demanda mundial se triplique para 2025.

Más del 68% del mercado de materias primas está en mano de especuladores. Hay un proceso de financierización de las materias primas, en forma de commodities.

Estamos perdiendo el momento para fortalecer nuestro lugar tras los cambios en el sistema internacional. Va a haber un momento de gran tensiones sociales tras el COVID 19, y esta tensión impulsará a los movimientos sociales que promuevan la soberanía y los proyectos de desarrollo.

 

Amado Boudou

Las crisis son cómodas para el capitalismo. Hay muchas chances de que se reconfigure y se mantenga el sistema, como lo hizo en 2008, y no que caiga el sistema por el COVID19.}

Nosotros deberíamos ver la China de principios del siglo XIX para entender nuestra situación en el sistema internacional. La firma de tratados desiguales y el Siglo de la Humillación es lo que tenemos que ver como ejemplo para no repetir. La constitución de la soberanía de las 20 patrias chicas creadas tras el proceso de independencia fue en contra de la creación de una Patria Grande. Si bien se trabajó mucho por la integración en la UNASUR, desde lo militar y lo económico, hoy en día se acabó con todo eso.

Con la institucionalidad supranacional que funciona desde Washington, no tenemos chance de hacer lo que debemos en este contexto. Desde acá se aceptan las decisiones tomadas desde los países centrales sobre nuestros recursos y nuestros procesos de industrialización. Necesitamos crear nuestra propia institucionalidad supranacional regional para proteger estos procesos y recursos. Para esto tenemos que lograr espacios de reflexión y disputa de sentido por fuera de los gobiernos. Los necesitamos para generar estas instituciones, en cuanto se recupere la capacidad estatal.

Seguimos viviendo en una etapa de Imperialismo. Éste opera de manera indirecta, impone sus leyes y cortes a través del Lawfare. Logramos decirle no a Bush y su proyecto imperial en 2005, pero EEUU pudo imponerse más adelante con tratados de bilaterales.

¿Cómo es posible que no haya más obra pública de escala binacional o supranacional en la región? Este era el rol del Banco del Sur. Argentina no puede pensarse sin Brasil y viceversa. América del Sur no puede pensarse sin ese eje. La obra pública que enlaza los países es lo que permite la integración. Y esta debe llevarse adelante con empresas regionales.

La pospandemia la juegan las grandes empresas hoy. Avanzan tratando de sacar partido. ¿Cómo será la pospandemia? ¿Va a haber más explotación? Tenemos que acabar con la etapa de acumulación por disposición que comenzó en los 90’s. Las cumbres iberoamericanas les dieron ventaja a España en las privatizaciones en los países de la región. Las tarifas de servicios y tasas de interés tienen que ser variables de desarrollo y no de enriquecimiento de algunas empresas.

Pensar la Unidad Sudamericana hoy |América del Sur hoy. Integración, desarrollo y acuerdos comerciales

El miércoles 14 de Octubre tuvimos el cuarto diálogo del ciclo “Pensar la Unidad Sudamericana hoy”, coordinado por Mariana Vázquez y el auspicio del Centro de Estudios en Ciudadanía, Estado y Asuntos Políticos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Podés ver el video completo aquí:

El título del cuarto diálogo fue “América del Sur hoy. Integración, desarrollo y acuerdos comerciales”. Los participantes fueron Viviana Barreto, miembro de REDES Amigos de la Tierra/Uruguay y directora de proyectos de la Fundación Friedrich Ebert, Osvaldo Alonso, director nacional de Política Comercial Externa del Ministerio de Desarrollo Productivo de Argentina, y Kjeld Jakobsen, especialista en Cooperación y Relaciones Internacionales. Federico Montero, director del Observatorio del Sur Global, realizó una presentación del tema y la moderación estuvo a cargo de Mariana Vazquez.

Viviana Barreto hizo un repaso histórico sobre las estrategias de negociación  comercial internacional. La crisis del 2008 provocó un estancamiento en las negociaciones de la ronda de Doha de la OMC y surgió la idea del Megaregionalismo. Como ejemplo de esto puso al Tratado Trans Pacífico, que buscaba reforzar el esquema de globalización capitalista para contrapesar el crecimiento de los BRICS y el RCEP chino. Al llegar Trump al gobierno, EEUU abandona el TTP y vuelve al bilateralismo.

Estas negociaciones se hacen a medida de las grandes trasnacionales, que son las que establecen las cadenas globales de producción. El capitalismo neoliberal fue el hábitat perfecto para el desarrollo de estas compañías. No tiene tanta relevancia la negociacion de los aranceles, sino las políticas estatales sobre las actividades de estas empresas: servicios, comercio electrónico, comunicaciones, sistemas financieros o el rol de empresas publicas y los monopolios estatales.

La actividad económica en Latinoamérica es principalmente primaria y cuando participa en una cadena lo hace en el primer eslabón de la industria. La inserción económica internacional de los países latinoamericanos ha sido promovida por el mercado que profundiza nuestra producción primaria extractiva.

A partir del 2015, con la elección de Macri y la asunción de Temer, hay una vuelta al Mercosur neoliberal. Se abandona el modelo de Regionalismo Postneoliberal que funcionó en la década anterior. Volvió el empuje a la vinculación unilateral con el Norte, por lo que se relanza la negociación con la UE. Este acuerdo sigue el proceso de negociación, a través de la “revision legal”. Hay un problema de falta de democracia la negociacion del acuerdo.

La vigencia del acuerdo con la UE impediría las políticas de desarrollo necesarias para la industrialización local. El acuerdo tiene contenidos con potenciales impactos en las políticas públicas. Por ejemplo, se le permite participar a las empresas europeas en servicios postales y encomiendas como en las compras públicas, que incluye a los fármacos. El comercio electrónico se está negociando fuera del ojo público.

Osvaldo Alonso realizó un análisis económico de la situación mundial por la pandemia del COVID-19. Latinoamerica ya venía ralentizando su tasa de crecimiento. Desde el 2014 el endeudamiento ha sido importante, promedio 15% del PBI. El mundo está endeudado 3 veces el monto del PBI mundial. Con la pandemia, la caida del PBI promedio mundial es del 5%.

De acuerdo a Alonso, éste no es un ciclo económico común. No hay un mercado que permita un avance técnológico nuevo que cambie el ciclo. Hasta el año pasado se discutía sobre la emisión monetaria. Hoy nadie la discute. Lo que se dice es que no hay que cerrar mercados. Pero todo el mundo, principalmente el Norte, está poniendo aranceles o medidas para arancelarias.

Los mitos económicos decían que la apertura iba a permitir las inversiones, crear empleo y recibir transferencia tecnológica. Nada de esto sucedió.

Latinoamerica enfrenta una situacion de vulnerabilidad. Ninguno de los grandes bloques abren su mercado, por lo que hay que tener un análisis de impacto de todo lo que se quiera firmar. No se sabe cómo va a rebotar la economía. No es necesario discutir libre comercio en un momento en que no hay calma sistémica. Hay que discutir la coordinación de políticas macroeconómicas, comerciales, ambientales, desde la región.

Kjeld Jakobsen reflexionó sobre el papel de la derecha latinoamericana en la integración regional. Al principio, la derecha participó en la creación del Mercosur y de la UNASUR. ¿Por qué luego quieso desarmar todo?
Buscaba favorecer los intereses empresariales a través de políticas neoliberales encaradas desde estos organismos. Pero éstos intereses no fueron lo suficientemente fuertes como para evitar que se desarme, porque tiene otro proyecto. No de integración, sino de subordinación económica.

La integración de los pueblos requiere la integración de la infraestructura. Las empresas encargadas de esos proyectos fueron destrozadas con la ayuda del Departamento de Estado de los EEUU. Más allá de sus prácticas de negocios, se frenó su contribución a la infraestructura regional.

Actualmente, ni la Alianza del Pacífico, ni la Comunidad Andina ni el Mercosur avanzan en la integración. La estrategia es fortalecer el agronegocio y vincularse directamente con EEUU. Hasta el punto en que Brasil ahora va a importar etanol de EEUU.

El acuerdo MERCOSUR-UE tiene los mismos perjuicios que tenía el ALCA. ¿Es necesario hacer un acuerdo de esta dimensión, con todas las áreas que abarca, sólo para vender algo más de carne a Europa?

La compras públicas siempre han favorecido el desarrollo local. Ahora van a intervenir las empresas europeas. Lo mismo con la propiedad intelectual, denominación de origen, etc.


La derecha busca otros acuerdos similares con Corea o Singapur, que son altamente industrializados. La idea es formar el camino para un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos.

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Alejandro Simonoff

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Alejandro Simonoff

El miércoles 2 de Septiembre tuvimos el primer diálogo del ciclo “Pensar la Unidad Sudamericacna hoy”, coordinado por Mariana Vázquez y el auspicio del Centro de Estudios en Ciudadanía, Estado y Asuntos Políticos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). A continuación, las intervenciones de Alejandro Simonoff – Docente e Investigador del Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales y del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata

PRIMERA INTERVENCIÓN

Gracias Mariana.Es un gusto poder compartir con ustedes este evento, esta convocatoria del Observatorio del Sur Global. En primer lugar quiero agradecerte lainvitación. Es un placer compartir con Jose antonio y con Beatriz Bissio esta charla. En cierta medida las exposiciones me allanaron parte del camino, así que trataré de ser lo más breve posible. Para pensar la autonomía, una de las cuestiones que me parece básica que nos tenemos que preguntar es ¿cuáles son los modelos de gobernanza global que están en disputa? Tomando tal vez a los neorrealistas, podríamos empezar diciendo queexiste cierta disputa,digamos, por la jerarquía internacional, y que esto afectaría en principio la capacidad de poner reglas, con lo cual en un modelo de abstracción muy alto podríamos entender que estaríamos en una buena posición. Sin embargo, no lo percibimos así. Hay que considerar entonces cuáles son las características que la anarquía del sistema, por llamarlo de alguna manera, tiene, a partir de la interacción de distintos actores nacionales, globales, transnacionales, internacionales. Eso sería una primera cuestión.

La segunda cuestión que me parece importante hacer notar es que siempre la autonomía estuvo en cuestionamiento, siempre estuvo en jaque. Lo estuvo en la guerra fría, a partir de la existencia de la Doctrina de la Seguridad Nacional, y en la posguerra fría a partir del avance de lo que Rodrick denominó hiperglobalización. Sin embargo, lo que podemos ver hoy es que ese proceso de hiperglobalización, como bien explicó José, es un proceso de integración internacional, de mercados, de bienes de capital, pero no de mano de obra, que se convierte en un fin en sí mismo eclipsando a las políticas nacionales. Es decir que la hiperglobalización nos presenta en principio un modo de gobernanza global en donde, por decirlo rápidamente, el pato de la boda son los Estados Nacionales, a favor de las empresas transnacionales y de las grandes potencias.

También tenemos que este proyecto, que va a ser impulsado a partir del Consenso de Washington fundamentalmente y de las reformas impulsadas tanto a nivel global como en distintas escalas nacionales , en el fin de la guerra fría, que tiene un punto máximo de mayor consolidación a partir de los famosos tratados transatlánticos, transpacífico, acuerdos TISA, es el mojón más alto en el cual han llegado este tipo de propuestas, donde claramente se puede observar el reino del poder transnacional con mucho menos Estado.

A esta posición vamos a observar que le surgen diversos tipos de reacciones. La primera dentro del propio núcleo occidental, dentro de la propia tríada occidental, que es un poco lo que ha explicado Jose recién. Se trata de la existencia, de la aparición de una alternativa reaccionaria, igualmente neoliberal. Si bien rechazan el multilateralismo y son proteccionistas, lo cierto es que buscan imponer reglas de mercado salvajes como si fuese el Far West, por decirlo de alguna manera. Esto lo vemos ejemplificado en figuras como la de Trump. Pero no solamente Trump. Como bien explicó José, Europa estállena de pequeños Trump articulados por Banon desde Bruselas. Lo mismo podría decirse a escala regional con Bolsonaro y otros fenómenos menos visibles pero no menos extremos, que comparten una serie de principios, valores y de gobernanza global, a pesar de tener un discurso pretendidamente antiglobalista. De hecho hay algunas señales que me parece que hay que estudiar con mucho detenimiento. A modo de ejemplo, la reforma del Tratado de  Libre Comercioentre EEUU, Canadá y México. Allí hay elementos para observar.Por ejemplo,la liberalización comercial, de barreras arancelarias, está sujeta a la existencia de determinado tipo de salario, que no ganen menos de 14 dólares para tal cosa o la restitución a nivel nacional del carácter de la conflictividad con respecto a las inversiones, que era algo que el primer acuerdo había abandonado y que acá se restaura. Son elementos como para observar y para poder ver qué es lo que se estaría diseñando por parte de estos sectores.

Por otro lado tenemos lo que podemos llamaruna emergencia externa, que tiene que ver con el manejo de China. Si bien es cierto que China no se presenta como una reformuladora  de reglas globales, sino más bien como una modificadora, no tiene porobjetivo cambiar el sistema, sino más bien producir ciertas reformas en él. En esta propuesta, a diferencia también de ese modelo hiperglobalista impulsado por la tríada occidental, hay un mayor lugar del Estado y esto obedece básicamente también a una serie de conformaciones y debates que existen en la propia China, y que tienen que ver con algunos conceptos que deberíamos tratar de trabajar y familiarizarnos más, como el concepto deTianxia, que es un poco el retorno digamos del neoconfucianismo a las relaciones internacionales y que viene de la mano del ascenso de China. Pero también combinado con otros elementos que China prohijó durante la guerra fría como, por ejemplo, los cinco principios de la coexistencia pacífica y en donde el Estado parecería ser tendría un lugar un poco más importante que lo que en el esquema de hiperglobalización tendrían. También es cierto que hay otra cosa que me parece que hay que mirar con respecto a esto, que es que para que exista una guerra fría es necesario que existan dos dispuestos a pelearse. Alguien que es muy astuto, tan astuto como reaccionario como lo es Henry Kissinger, señaló hace mucho tiempo que tal vez deberíamos también estudiar otra cosa de China. No sólo la cuestión conceptual, sino también el go, y no el ajedrez, porque eso marca una cuestión también muy importante de cómo los chinos operan en la práctica de la acción política.  El Go, junto conTianxia, llevan digamos a pensar la política de una manera diametralmente opuesta a la que estamos acostumbrados en Occidente, también en la periferia de Occidente, como en nuestro caso, o en el mundo central parece que esos son elementos que son importantes para mirar en esa cuestión.

Hay todo un discurso que ya estaba presente en las fases inmediatamente anteriores, unos 4 o 5 años atrás, de crisis del orden internacional liberal. Ahí podemos recorrer todo el abanico de autores de relaciones internacionales, desde los propios neo institucionalistas  de la línea de Nye, o incluso otros de las corrientes más críticas, como puede ser Harvey, que plantea tan claramente el hecho de que ese orden está en retroceso y que es necesario repensar esas situaciones.

Ahora ¿cómo hacemos para pensar la autonomía? ¿Cómo se podría expresar la autonomía en este marco?

Me parece que un recurso interesante esvolver a las fuentes, volver a autores como Juan Carlos Puig, para poder tener algunos lineamientos que nos puedan establecer ciertos parámetros para poder entender qué es lo que está aconteciendo. Y para no hacerlo demasiado abstracto, me parece que una cuestión interesante que se puedeconsiderares iniciativas que el reciente gobierno argentino de Alberto Fernández desde que asumió en diciembre del año pasado ha ido tomando. Estas iniciativas plantean, me parece, algunas cuestiones interesantes.

Puig caracteriza el modelo de autonomía heterodoxa sobre la base de tres cuestiones: el modelo económico puede o no coincidir con las expectativas de la metrópoli; que nunca se deben alterar los lineamientos estratégicos de la metrópoli; y en tercer lugar que el país periférico sepa diferenciar cuándo está en juego el interés estratégico del bloque y cuando el de la metrópoli.

Obviamente que estos dos últimos puntos que están muy marcados por la guerra fría, también están diluidos por el estado global en el cual nos encontramos. Para hacer una comparación, si hacemos remembranzas históricas, más que en la guerra fría yo pensaría más en las fases de la época de la disputa inter-imperialista de fines del siglo XIX y que van terminando en una conformación bipolar que terminó con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Porque como muy bien explicó José Sanahuja, tenemos un momento de cierta pluralidad de Estados, de alternativas, la aparición de los emergentes, etc.

En ese sentido lo que tenemos es que el modelo de desarrollo, por lo menos en lo discursivo, aunque también me parece en algunas cuestiones prácticas, se ha mostrado en el caso del gobierno argentino como impulsando un modelo de carácter neodesarrollista o, si ustedes quieren, neokeynesiano, para utilizar un paraguas más amplio. Se diferencia claramente del modelo anterior, impulsado por la administración de Macri, que era mucho más funcional a la tríada occidental, un modelo de acumulación financiera donde también ocupa un lugar importante un proceso de primarización de nuestras exportaciones. Obviamente era un modelo, y eso también hay que señalarlo, que es mucho más funcional tanto al modelo de la híper globalización, como al modelo de Trump, como al modelo chino. En este sentido, tendríamos que esas tres cuestiones estaríande alguna manera en tensión con el horizonte que se vislumbra.

Dicho eso, también es cierto que hay cierta dosis interesante en el gobierno de Alberto Fernández, de algunas cuestiones como por ejemplo en el anuncio que ha hecho el gobierno de la producción de la vacuna de Oxford. Podríamos estar percibiendocómo el gobierno entiende la incorporación de parte de la estructura económica argentina a las cadenas de valor globales. Esto se ve enel proceso de negociación donde el gobierno buscaba, como lo ha señalado el ministro de salud, acceso, precio y acceso a tecnología. Me parece que esos tres elementos podrían estar marcando una estrategia que se puede replicar en otros campos, no exclusivamente en el campo de las farmacéuticas.

Con respecto a las cuestiones de los lineamientos estratégicos y teniendo en cuenta lo que señalamos recién, no es una guerra fría. Tampoco es una situación de competencia cooperativa, como en los inicios de la fase imperialista, cuando se sentaban en una mesa, distribuían continentes, etcétera Estamos en una fase intermedia entre esos dos elementos. Esto también nos lleva a hacernos algunas preguntas que van al fondo de la cuestión con respecto al concepto de autonomía.

Aquíqueremos plantear una cuestión que nos parece interesante. Nosotros siempre concebimos a la autonomía como una especie de híbrido entre la producción del Mainstream occidental y las condiciones locales. Y no lo planteamos en el sentido de falta de originalidad, sino en el sentido de esehíbrido como creación de nueva realidad (como existe en Buenos Aires- una milanesa napolitana, cosa que en Italia no podría existir).

Ha habido recientemente un trabajo de Dawisson Belem Lopes que es muy interesante, con respecto a la política externa de Brasil, que me ha llevado también a reflexionar sobre esta cuestión de la hiperglobalizacion y las estrategias autonomistas. En ese trabajo, Dawisson señala un hecho que me parece interesante ya que marca las políticas autonomistas que fueron seguidas por gobiernos brasileños previos al golpe contra Dilma Rousseff, como políticas antioccidentales, o mejor dicho utiliza el término políticas con un sentido orientalista.

Esto resulta interesante porque tienen que ver con que durante esos momentos, gobiernos como el PT, siguieron, para garantizar la autonomía, un poco de una manera oscilante con las distintas alternativas o posicionamientos que existen a nivel global: coqueteando un poco con China y un poco con Occidente. Obviamente que, en el caso de Brasil la profundización de la relación con los emergentes fue más grande a partir de la estructura de los BRICS claramente, y en ese sentido digamos ahíél resalta la existencia de la continuidad de los cinco principios de la coexistencia pacífica, como elementos centrales para entender la política de vinculación con China.

La otra cuestión, decíamos, tiene que ver con separar el interés del bloque, del de la potencia hegemónica. Acá es interesante hacer un contraste de las agendas de seguridad entre el gobierno conservador de Macri y el gobierno de Alberto Fernández. Para ello tenemos que ver tres niveles: la política global, la política de seguridad regional y la política de seguridad a nivel doméstico. Con respecto a la seguridad a nivel global,la administración de Macri se plegó a la estrategia de este “neoliberalismo reaccionario”, como caracteriza Nancy Fraser a la expresión de Trump. Argentina comenzó aconsiderar a Hezbollah como una organización terrorista, cuando antes había mantenido una posición más neutral a partir de utilizar una caracterización basada fundamentalmente en los parámetros que fijaban las Naciones Unidas.  La otra cuestión tiene que ver con la gestión regional. El caso que me parece ejemplar en ese sentido es la cuestión de Venezuela, donde claramente Macri nuevamente se alinea con las políticas de Trump, a partir de la integración y de una manera muy activa en el grupo de Lima. En elnivel local, hay que considerar lo que tiene que ver con la disolución de la separación entre defensa y seguridad interior.Aquí es interesante la posición de Alberto Fernández.

Con respecto a la primera cuestión global y respecto a identificar a Hezbollah como una organización terrorista, ahí el gobierno decidió no cambiar esa caracterización hecha por el gobierno de Macri. Incluso el propio canciller Solá dijo expresamente queno se iba a hacer ningún cambioque traiga a la Argentina algún problema en relación con esta caracterización. Porque obviamente la Argentina sigue necesitando el apoyo de los EEUU con respecto a la definición de las cuestiones referidas al endeudamiento, primero en las fases de negociación con los privados y ahora con el Fondo Monetario Internacional. Distinta ha sido la posición regional, donde el gobierno ha buscado sí más márgenes de maniobra, porque, aunque no se fue del Grupo Lima, sí hizo declaraciones tratando de establecer cierta distancia, lo que no implicaba una aproximación a las posiciones que tienen en Caracas. De hecho el mejor ejemplo que podemos dar es el informe hecho por la Cancillería, en el cual claramente el gobierno argentino le reclama a Maduro poner fin al régimen de hostigamiento a opositores. Se establece una cierta diferencia con el Grupo de Lima, que ha tenido una actitud más intrusiva,  más violatoria del principio de no intervención. El otro dato que también resulta importante es la integración de la Argentina del llamado Grupo de Contacto, donde si estarían más cobijados dentro de lo que podría ser una estrategia más del bloque occidental, para llamarlo de alguna manera y menos por este grupo reaccionario que impulsan Trump y compañía.

Luego, con respecto a la diferenciación entre defensa y seguridad interior, claramente en el mensaje de asunción marcó que esto era algo que la Argentina debía reafirmar las leyes del congreso y los decretos reglamentarios. Salió ahora en abril creo este decreto reglamentario que ordena nuevamente la cuestión de prohibir el involucramiento de las fuerzas armadas en la seguridad interna.

Finalmente veamos la relación con China, que es una gran incógnita. Argentina dio un paso significativo en el segundo mandato de Cristina Fernández,al firmar la asociación estratégica integral, que es el reconocimiento de la aparición de una nueva variable en la política externa argentina. Desde el fin de la segunda guerra mundial hay dos ejes claros en la construcción de la política exteriorque forman un triángulo con Argentina, Brasil y EE. UU. Este triángulo es la cancha de juego principal, por decirlo de alguna manera, de la política exterior argentina, donde los diversos gobiernos juegan más activamente, menos defensivamente. De un lado y del otro, los gobiernos autonomistas más del lado regional, los gobiernos más proclives al alimento conEEUU obviamente, y se alineanmás de ese lado..

Ahora lo que tenemos es que la aparición de China es una variable más. Lo que se constituye en un rombo y ahí hay una de las preguntas que tengo para hacerme que también es importante.Durante ese triángulo la relación con Brasil fue siempre muy importante. La aparición de China, por un lado, estimula determinados sectores de la economía que no son necesariamente los sectores más prochinos en nuestras sociedades, y que además también es un diluyente muy importante de los elementos de cooperación. Si uno mira el crecimiento, el aumento de la presencia de China en nuestro comercio internacional, hay que ver como correlato una disminución del comerciointrarregional. Las manufacturas que dejamos de comprar a Brasil, se las compramos a China.Lo mismo ocurre con Brasil para con nosotros. Esto debilita también la materialidad de un instrumento tan importante como el MERCOSUR.

Pero volviendo a China. En la cuestión de la revisión de la asociación estratégica integral que planteó Macri, rápidamente China demostró con todas las capacidades que tenía que esto no iba a ser un proceso fácil. De hecho, no lo fue, y de hecho terminó siendo una revisiónmucho menos ambiciosa que la planteada originalmente. La base de observación espacial siguió estando, las represasCepernic- Kirchner fueron reducidas en escala pero no fueron abandonadas, lo cual era una era decisión del gobierno argentino, e incluso la idea del gobierno de abandonar la inversión china y que llegue inversión europea que fue planteada por marketing en 2016, fue abandonada ya al año siguiente con la visita que Macri hizo a China, cuando prometió 10 años, una década, de relaciones inmejorables. Pasó de decir “no queremos la inversión china”, a decir que “las inversiones eran inmejorables”.

¿Cuál es la dificultad con la que nos encontramos con el aumento de la presencia de China? Por un lado, la declaración del retorno de la doctrina Monroe por parte de la administración deTrump. Siempre es una doctrina, como bien señaló Raymond Aaron, antiimperialista e imperialista en un mismo momento, de un mismo golpe. Es antiimperialista porque dice “no queremos potencias extra hemisfésricas en nuestro continente”, pero el sentido último de esa exclusión es permitir a losEEUU avanzar. Y esto ha dado lugar incluso a la utilización por parte de los funcionarios norteamericanos de toda una retórica antiimperialista contra China. Es muy significativo que cuando El Salvador estableció relaciones con la República Popular China, losdiscursos de los funcionarios del Departamento de Estadoestaban hablando del imperialismo chino, etc., como en otras épocas. Y acá también hay otra cuestión que me parece importante. China desplazó a Brasil como principal socio comercial de la Argentina durante esta crisis, y además China dio lugar a lo que llamamos  “diplomacia del barbijo”. Ha desplegado mucho la cooperación. Sehicieron alrededor de 32 vuelos por parte de la empresaAerolíneas Argentinas para traer insumos médicos y cinco buques llegaron ya a la Argentina con provisiones sanitarias, incluso están instaladas acá acerca de La Plata. Acá más cerca de mi facultad hay un predio dondeestán todas esas cosas que vinieron de China  A partir de allí, China también presionó por cosas que están dentro de la agenda de seguridad de los EEUU, básicamente la extensión de la empresa Huawei y el acceso al 5G. De hecho hubo reuniones entre funcionarios de esa empresa, de la empresa Huawei, y funcionarios de la Cancillería que muchos señalaron que los había tomado por sorpresa. El otro dato también importante es la renovación del swap para la cuestión de la deuda.

Y yendo al último punto, que es la cuestión regional. La prioridad regional siempre ha sido en el discurso autonomista una cuestión importante. Acá nos encontramos, como dijimos primero con un problema, que es el rol disolvente de China que dificulta, por decirlo alguna manera, ciertas materialidades necesarias a la hora de construir un discurso político. El discurso político de buena voluntad por sí sola no nos sirve. Pero no es lo único que está tirando al Mercosur. Lo otro que está tirando al Mercosur es la globalización, a partir del acuerdo con la Unión Europea. Ese acuerdo fue firmado, por lo menos desde el lado argentino, sin ninguna consulta a los sectores involucrados. Es un tipo de acuerdo que, si uno mira los antecedentes, no es para nada beneficioso para las naciones periféricas,  y claramentetenía como objetivo incorporar a la Argentina a las reglas de la hiperglobalización. En ese sentido el gobierno me parece que es menos terminante que en otros aspectos. En la fase preelectoral Alberto Fernández hizo declaraciones en contra, de que había que tratar de cuidar, de evitar las asimetrías del acuerdo, que las tiene y son demasiadas tal vez. Lo cierto es que una vez que asumió el gobierno,ahí no hay declaraciones tan precisas, lascuestiones se vuelven más difuminadas, por decirlo de una manera. De hecho hay una declaración que me parece interesante. Cuando se lanzó el programa del plan estratégico Automotor 2030 dice “nosotros no tenemos problemas con que junto al Mercosur vayamos a unirnos a la Unión Europea, en la medida en que esa decisión no afecte a nuestra industria”. Eso fue lo que señaló el año pasado.

Ahora bien, la mayoría de las terminales que están radicadas en Argentina son de origen europeo. Por lo tanto digamos, el acuerdo significaría, entre otras cosas, que de fábricas pasarían a ser depósitos de auto. Eso alteraría en sí mismo uno de los bienes más importantes que la argentina tiene: ser uno de los 30-29 países que tienen construcción de automotores a nivel global. Entonces ahí tenemos nuevamente una tensión en el Mercosur, que históricamente ha sido elemento tan importante para la construcción de una alianza regional, porque es cierto que no hay salidas individuales en estos temas.

Para concluir. Tenemos más preguntas que certezas con respecto a la cuestión de la autonomía. Porque es una escena de transición. No hay teoría que subsista a la transición; las teorías se hacen en momentos estables. Muchos de nosotros fuimos formados en pensaren la integración regional como elemento fundamental. Quiero plantear la pregunta de si no deberíamos pensar en horizontes más amplios que en la mera región.Apuntar más a alianzas con el Sur Global que con la región. Me parece que ése es un elemento para pensar. No lo estoy afirmando, pero sí creo que es algo para pensar. De hecho eso la Argentina lo ha demostradocuando, a partir de la decisión del gobierno de Bolsonaro y de Paraguay y Uruguay de profundizar este rol de ingreso a la híper globalización,queriendo avanzaren las negociaciones con Corea del Norte y con otros países,Argentina dijo“en estos acuerdos no nos vamos a  sumar”. Para poder pensar una política exterior de carácter autonomista, la primera cuestión que debemos pensar es en tener un análisis o un diagnóstico adecuado de cómo funciona el sistema internacional. No debemos comprar espejitos de colores de ningún sentido. Ni como aquellos que entienden esa relación con una naturaleza ingenua, como nos tocó padecer en estos últimos cuatro años.Ni tampoco entenderlo como una amenaza total.Tenemos que convivir con eso y poder tener en claro cuál es la permisividad internacional. Y, por otro lado, tener una combinación de estrategias que combinen cooperación con otros Estados, que nos permitan llevar adelante nuestros principales intereses, teniendo en cuenta las condiciones internas y externas y los medios de acción de un estado periférico.

SEGUNDA INTERVENCIÓN

Quiero plantear dos o tres cuestiones respecto a una cosa que planteó José, que me parece interesante: la cuestión de cuán eurocéntrico o euro descentralizados somos. En realidad, me parece que, como enseñan Canclini o muchos otros, nuestra conducta, nuestra condición es híbrida. Tampoco nos quieren mucho como para ser parte de Occidente. Basta leer el libro de Hamilton para darse cuenta de cuál es esa mirada sobre nuestras particularidades. Y en definitiva también es cierto que la cuestión central es el sistema westfaliano.Los Estados que no se ajustaban a esa perspectiva desaparecieron o los hicieron desaparecer. Esa sería la primera cuestión.

Después, con respecto a la autonomía heterodoxa que hubo una pregunta recién. La autonomía heterodoxa ya no significa poder hacer cualquier cosa en cualquier momento, como entendieron sus críticos posteriores. La autonomía tiene que ver  con capacidades limitadas, porque de hecho se diferencia de la autonomía secesionista como punto extremo de la realización de la autonomía. Países que no tienen las capacidades suficientes no pueden realizarlo. Y de hecho ahí está la clave para entender la autonomía. La autonomía tiene que ver con un sistema internacional, con capacidades de un Estado periférico y con voluntad política. Son estos tres elementos los que Puig ya articula a su modo. En ese sentido también la autonomía heterodoxa está en dialéctica con el bloque, con el lugar al que pertenece. No existe la autonomía sin pertenecer a un bloque. El problema principal con el que nos encontramos hoy es que seguimos hablando de bloque hegemonizado por EEUU o no o ¿hay un cambio? Y ahí empieza a abrirse un ramillete de opciones. No solamente si hay o no cambios, sino en el caso de que el cambio se afirmase ¿cómo va a ser ese cambio? ¿Va a ser pacífico? ¿Va a ser violento? ¿Se cumplirá la maldición de Tucídides? ¿No se cumplirá? Y, por otro lado, lo predominante en un futuro de cambio, es cómo van a reaccionar nuestros países, sobre todo en esta región donde la influencia de los EEUU sigue siendo importante. Porque si se salta demasiado rápido, la capacidad de protección de lo nuevo va a ser escasa y la capacidad de castigo de lo viejo va a ser mucha. Después estos términos se invierten:  al nuevo emergente ya no le va a interesar sumarnos. Por ende ahí lo que hay que pensar es cuándo será el momento justo. Eso no lo podemos saber; no está claro. Incluso se ve en todos los procesos de negociación, donde todavía hay diferencias abismales entre lo que puede aportar China y lo que necesitamos de Occidente, desde que los recursos del Swap de China son alrededor de 10 mil millones de dólares frente a necesidades de negociar 30.000, 40.000, 50.000 millones de dólares de endeudamiento.

En ese sentido también me gustaría volver un poco con la cuestión de guerra fría, porque también es otra cuestión que me parece interesante de pensar, de ponerlo en crisis. Del retorno de la guerra fría tuvimos noticia por primera vez a través de americanos. Y se planteó no a partir de este escenario, sino del escenario de una hiperglobalización en contra de Rusia fundamentalmente, y la proliferación de violencia por todos lados: en Siria, Libia, Ucrania y en donde el enemigo parecía ser incluso Rusia. Los mismos actores envueltos, 30 años después. Sin embargo, ahí también me parece que hay que pensar tal vez en otros esquemas. La historia no se repite; por lo menos no se repite exactamente igual.  Siempre es distinta. Los veranos y los inviernos se repiten y no son iguales. Y ahí estará nuestra astucia o no de saber cuándo es el momento.

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | La unidad Sudamericana y el desarrollo

Pensar la Unidad Sudamericana hoy | La unidad Sudamericana y el desarrollo

El miércoles 30 de Septiembre tuvimos el tercer diálogo del ciclo “Pensar la Unidad Sudamericacna hoy”, coordinado por Mariana Vázquez y el auspicio del Centro de Estudios en Ciudadanía, Estado y Asuntos Políticos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Podés ver el video completo aquí:

El título del tercer diálogo fue “La unidad Sudamericana y el desarrollo”. Los participantes fueron Damián Paikin, profesor e investigador de la UBA y la UNLa – miembro del Observatorio del Sur Global, Ingrid Sarti, profesora de la Universidad Federal de Rio de Janeiro y ex presidenta del Foro Universitario MERCOSUR, y Pedro Silva Barros, investigador del Instituto de Investigación Económica Aplicada y ex director de Asuntos Económicos de la UNASUR. La presentación y moderación estuvo a cargo de Mariana Vazquez.

Damián Paikin comenzó por recordar la escuela del estructuralismo latinoamericano y las propuestas de la CEPAL para la región. Describió los tres grandes modelos de desarrollo: basado en la industria, en la innovación o en los recursos naturales. Luego presentó las ventajas que la Argentina tiene para cada uno de esos modelos.

Paikin introdujo dos grandes problemas para la región:

  • La relación Mercosur – China
  • La relación Mercosur – Unión Europea

El primero tiene que ver en cómo China ingresó a la región ocupando gran parte de las relaciones comerciales que solían ser intrabloque. El segundo pasa por cómo afectará el acuerdo de libre comercio entre ambos bloques, especialmente al sector productivo industrial.

Ingrid Sarti contó cómo durante los gobiernos progresistas, Brasil era un protagonista de la integración regional. Esta integración debe ser propuesta, pues no es automática ni solamente económica. El proyecto sudamericano de integración a principios del siglo XXI era un proyecto de poder. Una estrategia colectiva para intentar de insertar a la región en el sistema global con autonomía. El objetivo era la reducción de las asimetrías y del lugar periférico que tenía la región.

Este proyecto presentó importantes avances en tanto voluntad política, por ejemplo en la constitución de la UNASUR. Pero la reacción a este intento de cooperación Sur-Sur aniquiló esta organización, debilitó a los BRICS  e impidió la construcción de un espacio regional de poder.

A los 70 años de la CEPAL, a los 30 del MERCOSUR, la región sigue en la periferia del capitalismo y la autonomía sigue siendo un desafío. La compatibilidad entre capitalismo y democracia es cada vez más remota, por lo que la defensa de la democracia es condición necesaria para confrontar al conservadurismo. 

Pedro Silva Barros nos contó sobre el proceso de desintegración económica comercial y de fragmentación política en Sudamérica, que comienza en 2011 pero toma más fuerza hacia 2015. Hay una disminución de la interdependencia económica regional y fragmentación de la estructura de gobernanza. No sólo por la pérdida de la UNASUR, sino que nuevas organizaciones como  PROSUR, el Grupo de Lima o la Alianza del Pacífico, son procesos que no abarcan a toda la región y no tienen fuerte institucionalidad.

En Sudamérica, la integración tiene menos actividad que en Centroamérica, África o la UE. Prosur presenta como una ventaja el que tenga poca burocracia y costo operativo, pero no tiene la actividad necesaria para un periodo de crisis como el actual.

Por otro lado, hay una fuerte polarización política entre los países y dentro de los países, lo que abre el espacio para que sea el reflejo de la tensión mundial entre EEUU y China.

La reprimarización de las economías y de las exportaciones hace que haya más competencia y menos complementariedad entre nosotros.

El vacío, la falta de consulta política a nivel regional, hace más vulnerable a la región a la interferencia de las potencias extra regionales.